lunes, 12 de abril de 2010

ENCUENTROS EN LA OSCURIDAD. CAPÍTULO SEXTO. EXTRAÑOS VISITANTES.

Con esta nueva entrada doy comienzo a una serie de publicaciones, que se seguirán a lo largo de los próximos días, y que contendrán el Sexto Capítulo de mi novela ENCUENTROS EN LA OSCURIDAD.

Los lectores del blog interesados en recibir los últimos ejemplares de esta novela, podrán solicitarla a través del correo electrónico jose_antonio_delgado_gonzalez@hotmail.com, o bien, respondiendo a este mensaje, por un precio especial de 6 euros, a los que hay que añadir los gastos de envío. Dado que el número de ejemplares es muy reducido, se respetará el estricto orden de solicitud hasta fin de existencias.






Capítulo 6.

Extraños Visitantes


De nuevo, con la partida de Isis, Juan se quedó solo.
El estado de soledad comenzaba a resultarle tan reconfortante
interiormente que se había convertido en
una necesidad. La soledad era su mejor aliada en aquel
lugar, recluido del mundo exterior. De hecho, la febril
actividad de los hombres hacía tiempo que le era ajena,
precisamente desde que fuera encarcelado, cumpliéndose
aquel fallo de la jueza que lo juzgó por su
agresión a la mujer que residía en las inmediaciones
de su hogar de antaño.
En esa soledad, tan cara para Juan, retirado incluso
de la actividad del resto de los reclusos, con quienes
apenas tenía trato, fue donde comenzó a meditar
acerca de su estancia en aquel lóbrego y lejano lugar.
Y, sin embargo, la maldición de la condena al reclutamiento,
al apartamento de la sociedad, como si de un
retiro forzoso se tratara, se estaba convirtiendo para
Juan en una bendición, pues gracias a ese retiro, Juan
pudo encontrarse a sí mismo. Él era consciente de la
suerte que había tenido por haber contado con una
confidente como Isis. Una auténtica guía en los oscuros
laberintos de uno mismo. Ella le ayudó a renovarse
como individuo y a sanar las muchas heridas que lo
habían condenado a comportarse como un auténtico
vándalo. Era consciente de que sin su ayuda se hubiera
precipitado al vacío, y el caos y la barbarie hubieran
despedazado su personalidad, rompiéndola en añicos.
Había sido testigo en el interior de la cárcel de
multitud de casos con ese dramático fin. Muchos reos
eran castigados por crímenes horrendos, pero no se les
ofrecían los medios para poder realizar el duro trabajo
que supone una renovación. Y, para colmo, había
quienes, incluso con esos medios, no podrían nunca
salir de su caótica situación. Su interior era oscuro cual
noche de luna nueva y su enfermedad se había extendido
tanto por su alma, que se hacía imposible la transformación
de su personalidad, sin que la vida de la persona
corriera peligro. Pero ¿acaso las personas no se
darán cuenta de que los así llamados delincuentes son
la expresión de una sociedad maltrecha, corrupta y enferma?
¿No serán conscientes de que la cultura moderna
es fuente de epidemias psíquicas? ¿Serán tan inconscientes
los mandatarios de las naciones como para
ignorar su profunda implicación en la perpetuación de
esa carcoma que, cual metástasis, hace presa del alma
del ser humano contemporáneo? ¿Y acaso pensarán
que aniquilando a los delincuentes se aniquila el mal
que padecen? ¿Serán tan miopes como para no ver que
el mal reside en los más íntimos lares de cada uno de
los miembros de la sociedad? Pues el colectivo no es
otra cosa que la acumulación de individuos. De modo
que si la sociedad, en su conjunto, está enferma, entonces,
también lo estarán cada uno de los individuos
que la conforman. Y si esto es así, una solución factible
y realista no sería otra que la renovación de cada
uno de los individuos que forman parte de esa sociedad
maltrecha. De nada sirve culpar al vecino de los
males de los que uno mismo es portador. Si se quiere
real y sinceramente el ser humano, se habrá de empezar
la Obra por uno mismo, como individuo portador
de un mal colectivo.
En efecto, fue una mujer quien lo condenó al retiro
y una mujer la que lo orientó en la senda del conocimiento
de sí mismo. Ella era la enfermedad y su cura,
el veneno y su remedio, la condena y la salvación, pues
encerraba en sí misma la unión de todos los opuestos.
Paradoja de las paradojas. ¿Sería acaso Dios una mujer?
Pareciera como si así fuese. Para Juan, Dios ya no
era una entidad desconocida y difusa que estaba allí
arriba, en el Cielo, sin saber muy bien de quién o de
qué se trataba realmente. Tampoco Dios había muerto
para él, pues quién sino Él lo había guiado en los
momentos de mayor desesperación y oscuridad.
Comenzó a darse cuenta de hasta qué punto Dios
residía en su interior, como lo estaba en el interior de
todo ser humano. En realidad, Juan, a través de la meditación,
y gracias a una actitud renovada, dio nacimiento
a Cristo en él. Nada más grande había en el
universo que Él, pues el universo mismo era Cristo. Y,
sin embargo, era tan diminuto que podía representarse
como un punto matemático. Era grande y pequeño
al mismo tiempo; el todo y la nada residían en Él. Acaso
lo encontraba en una foto de los animales y plantas
que estudiaba en su celda, quizá en el agua que
fluía por arroyos y ríos que, ahora, sólo podía ver en
imágenes; o, tal vez, en los maravillosos paisajes de
los documentales que le permitían presenciar como
parte de su formación de licenciado. La Naturaleza
toda era divina. Sí, Dios debía ser mujer. O, cuanto
menos, Andrógino, Masculino y Femenino al mismo
tiempo. Debía poseer todas las cualidades de ambos
arquetipos. En este momento, Juan recordó que los
orientales entendían a Dios como camino, sendero o
vía y, también, como sentido y lo llaman Tao. En efecto,
era representado como la unión del Yin (lo Femenino,
Oscuro, Húmedo, el lado norte de la montaña)
y el Yang (lo Masculino, Claro, Seco, el lado sur de la
montaña). Sí, ese era Dios —se decía a sí mismo Juan.
De pronto, algo distrajo su atención y lo sacó del
estado de contemplación en el que se había sumido.
Era el funcionario de prisiones que, de cuando en cuando,
lo visitaba para traerle libros que pudieran interesarle.
Él era el único que se había preocupado por la
evolución de Juan de un modo sincero y con él había
formado unos fuertes lazos de amistad.

—Hola, Juan, te traigo un libro que creo puede
interesarte. Se titula El Diablo.

A Juan se le pusieron los pelos de punta y un escalofrío
recorrió todo su cuerpo.

—Muchas gracias. Ahora mismo me voy a poner a
leerlo.

—De nada, Juan, espero que te guste. Hasta luego.

Apenas hubo recibido el libro comenzó a leerlo
como un poseso, olvidándose incluso de despedirse
de su amigo. Devoraba cada página como si su vida
dependiera de ello y en sólo dos días ya lo había completado.
En ese libro se hablaba del simbolismo del
Diablo, de su relación con el Dios Saturno y el planeta
del mismo nombre, así como del lado oscuro y turbio
de Dios. Meditando sobre lo que en ese libro se decía,
Juan tuvo una visión que lo dejó sumido en lo más
profundo de sí mismo. La imagen de un geniecillo, de
un daimon, apareció ante su mirada interior y comenzó
a hablarle en un lenguaje extraño y enigmático.

5 comentarios:

Miguel_Tao dijo...

Saludos Juan Antonio, podrías decirme ¿Cuánto cuesta el libro?
Por curiosidad, este capítulo es autobiográfico.

Gracias por adelantado al solventarme ambas dudas.

Miguel_Tao dijo...

Vaya, en el post de arriba dices el precio. Por lo que anulamos el comentario sino te importa.

Y antes de pedirte la novela, otra cuestión que espero no te importe responder.
Me recomendarías este libro, si yo fuera una persona bastante racional,con una agnosticismo casi puro para todo lo no comprobable y que pese o con esto, me considere inteligente?
¿O sería mejor iniciarme con algún otro libro?

De esta temática sólo leí la mente holotrópica, novela la cual me dejó que desear.

GRACIAS

José Antonio Delgado dijo...

Hola Miguel:

Gracias por tu participación.

Bueno, escribí la novela de tal modo que fuese accesible prácticamente a todos los públicos. Ahora bien, por su contenido, tiene varios niveles de lectura, tanto literal, cuanto simbólico.

Remitiéndome a los comentarios de los lectores que ya han leído la novela, "desde luego no deja indiferente".

Si quieres, puedes pinchar en la foto del libro que está a la derecha del blog, donde están anunciados mis libros, y te remitirá a un comentario que ha publicado la revista digital soria y mas sobre la novela.

Si te ha interesado el libro al que haces referencia, imagino que te refieres al de Stanislav Grof,creo que sí te interesará encuentros en la oscuridad, desde luego.

Un cordial saludo

José Antonio

Miguel_Tao dijo...

Bien, pues te envío un correo electrónico para que me informes sobre la forma de pago.

Por lo que me dejó de desear, me refiero a que se podía esperar algo más del libro.
Por ejemplo, toda la novela se basa en el gran sufrimiento que nos causa el simple hecho de nacer, y toda la novela estuve esperando el capítulo de la cesaria, ya que lógicamente, ese proceso de alumbramiento paliaría notablemente el trauma.
Pero página tras página me acabé el libro y tal capítulo no existía.

También creo que lo consideré como con demasiado relleno y poco contenido, pero lo leí hace ya más años de los que mi memoria permite acordarme.

José Antonio Delgado dijo...

Hola Miguel:

Con respecto a lo primero que me dices, te he enviado a tu correo particular las instrucciones para pedir el libro. No obstante, las hago aquí explícitas para quienes tengan la misma duda que tú.

1. Enviarme un correo electrónico a la dirección de esta entrada con el nombre completo y dirección postal a la que se desee recibir el ejemplar.
2. Una vez recibido el correo con los datos postales, se procede a su envío por correo certificado contrarrembolso.
3. El precio total es de 6 euros a los que hay que sumar los gastos de envío que cobra correos (unos 6 euros).
4. Suele tardar una semana en llegar, aunque esto depende de la localidad a la que se envíe.

Se admiten sugerencias con respecto a la formas de pago.

Y, con respecto a tu comentario sobre la historia de Stanislav Grof, es cierto lo que dices con respecto a la cesárea. En ciertos aspectos de la hipótesis perinatal de Grof no estoy de acuerdo con el autor. Me da la impresión de que mezcla churras con merinas. Sin embargo, sus investigaciones y sus aportaciones, en general, son valiosas.

Hay un libro de Stanislav Grof, quizás el más completo, que se titula PSICOLOGÍA TRANSPERSONAL, en el que aborda el asunto de la cesárea y otros otros tipos de partos. Mas, como digo, una cosa es el ámbito psicoideo de lo Inconsciente, o sea, lo Inmanifestado, y otra es el ámbito fenoménico o lo manifiesto.

En el correo que te he enviado a tu dirección te remito a una web en la que puedes encontrar información sobre cómo iniciarte en el ámbito de la psicolgía trans-personal.

Mi libro El retorno al Paraíso Perdido surgió de mis investigaciones originales, y cuyo objetivo inicial era servir como tesis doctoral en psicología, aunque esto se vio truncado por incompatibilidad entre el ámbito académico y mis ideas, mucho más prácticas. Así que, este libro es interesante porque recoge lo esencial de la psicología analítica, y vá un paso más allá. Además, es interesante para aquellos que les haya gustado o estén interesados en el simbolismo de la película AVATAR. Les ayudará a entender mejor el sentido profundo de la película.

Gracias por tu participación nuevamente.

Un saludo cordial

José