miércoles, 12 de octubre de 2011

¿QUÉ HACE COMPETENTE A UN PSICOTERAPEUTA?

En más de una ocasión he mantenido discusiones sobre la utilidad práctica de atiborrarse de multitud de conocimientos de escuelas y modelos diferentes de psicología. Según parece, al menos eso opinan muchos psicólogos y psiquiatras modernos, de ese modo se puede ayudar mejor al paciente. Por mi parte, expresaba mis serias dudas acerca de esta opinión, porque, según mi experiencia y mi propio punto de vista, lo que ayuda a sanar a un paciente no es lo que el "psicólogo" o el "psiquiatra" saben, sino lo que son.

La primera argumentación que se me objetaba era que, sin un conocimiento teórico de muchas perspectivas, resultaba muy difícil ayudar a un paciente, porque no a todos los pacientes se les puede tratar con el mismo enfoque o paradigma. Para algunos, un tratamiento cognitivo-conductual será lo idóneo; para otros, le tendrá que ser aplicada una terapia psicoanalítica, que profundice en su complejo de edipo; mientras que a otros, lo que les mueve a la consulta es una neurosis noógena y lo que precisan es una nueva perspectiva que les permita encontrarle el sentido a sus vidas. No dudo de que este argumento, completamente lógico y racional, por otro lado, tenga su parte de verdad. Mas, quien no haya recorrido la vía hacia sus profundidades, aquél que se haya limitado a leer, a memorizar y a escribir libros o artículos sobre la relación entre las distintas escuelas, que ha aprendido de memoria, olvidándose de realizar su propio camino, dudo mucho que pueda ayudar a sanar a paciente alguno. Y, lamentablemente, son mayoría los psicólogos que se encuentran en esa situación. Desde mi punto de vista, sólo si el conocimiento de esos diferentes "métodos" es el resultado de un proceso de autoconocimiento, de una realización que brota desde el Ser del individuo, podrá tener cierta utilidad práctica, y sólo en un grado limitado.

Otra argumentación que se me objetaba, al hablar del necesario autoconocimiento, se refería a la necesidad o no de ser "analizado" por un analista, es decir, de ser psicoanalizado por un experto, para poder convertirse uno, finalmente, en un psicólogo competente. Sin embargo, este argumento, razonable y válido, parece olvidar la importancia de la "autoiniciación", la cual no está sujeta a ningún método, ni a la guía de experto alguno: es la propia dinámica del Alma la que provoca la transformación de la consciencia y el acceso a lo inconsciente. De ese fondo insondable puede surgir, como de hecho ha sido así en determinadas personalidades, la guía necesaria para la realización de la Obra que es la realización del Ser que habita en el individuo. De modo que es el "hombre interior", el "analista" interior, si se quiere, el que se presenta al individuo, y le sirve de iniciador y de maestro. Un ejemplo de ello lo constituye Filemón en Carl G. Jung o los gurús de ciertos sabios indios.

Lo mismo cabría decir con respecto a los diferentes caminos espirituales. Ettiene Perrot, en su libro El Camino de la Transformación, a partir de C. G. Jung y la Alquimia, lo expresa del siguiente modo:

"Podemos ahorrarnos el viaje a Oriente e incluso, salvo vocación particular, debemos resistir la tentación del exotismo, la atracción de los espejismos y cultivar en su lugar el hic et nunc, buscando en nuestra propia tierra el alimento espiritual que reclama nuestra estructura de occidentales, de cristianos o de israelitas. El hecho de ser creyentes ateos no cambia para nada nuestra impedimenta hereditaria. “

Y Jung, en Psicología y simbólica del arquetipo dice:

“¿Iríamos a tomar símbolos ya preparados, nacidos en suelo extranjero, impregnados de sangre extranjera, expresados en lenguas extranjeras, para ponérnoslos como un traje nuevo? ¿Mendigos envueltos en prendas reales, reyes disfrazados de mendigos? ¿O bien hay algo en nosotros que nos ordena no entregarnos a la mascarada para poder vernos con nuestros propios trajes?”

Estas palabras son hoy más actuales que nunca, pues estamos en un momento de la historia en que la pérdida del Alma, del contacto con la fuente que mana y que se encuentra en nuestro interior, hace que muchos hombres y mujeres modernos viajen a Oriente, a la India o a China, con la pretensión de importar un camino espiritual que, salvo en los casos de vocación, no resulta ser sino una nueva modalidad de consumismo.  Algo que, por otro lado, ya expresé en otro lugar.

3 comentarios:

Juan dijo...

Encuentro algo contradictorio tu mensaje José, en tanto en cuanto siempre has puesto el acento en lo aristocrático del camino de individuación. Por otro lado el mensaje cristiano ha quedado obsoleto quizás por que se basaba en una visión Pre_Racional "Wilber" en la medida que la diosa Razón ha ocupado su lugar bastante alejada del pensamiento mágico. Por tanto la perdida del contacto con el alma presupone la irrupción de los instintos mas primarios, o en su contrapunto una importación del mensaje Oriental.

Cual es la salida ?. Si es aristocrático el camino de individuación, lo Oriental es una mala elección, y la Razón impera por exceso, que le queda al pueblo abducido por asuntos que se le escapan a su propia voluntad ?.

José Antonio Delgado dijo...

Hola Juan M.:

Muchas gracias por tu comentario. Te respondo en dos comentarios.

Sí, parece contradictorio lo que digo, pero, en realidad, es paradójico. Me explico. El camino de la individuación, cuando digo que es "aristocrático", me refiero a varias cosas:
1. Que son pocos los "llamados" a seguir esta vía de profundización en sí mismos. Muchas personas pasarán por esta vida sin conocerse a sí mismos, más que de un modo superficial. No re-nacerán al mundo del espíritu. O, como diría E. Fromm: Muchos morirán sin haber nacido.
2. Que es el resultado de una "vocación", de una "llamada", de un "despertar del Alma". Puede ser buscado (puede uno trabajar en allanar el camino) o puede suceder sin que se busque (como una especie de revelación de la vocación). Por lo tanto, para aquél que ha sido convocado la individuación lo ha elegido a él, constituyendo su meta, su "proyecto vital".

En cuanto a lo de que el mensaje cristiano ha quedado obsoleto... No considero que el mensaje de Cristo haya quedado obsoleto, en ningún caso. Lo que considero que han quedado obsoletos son dos asuntos: 1. La necesidad de integrar la sombra (el mal): Primero, reconociendo, tomando consciencia de las oscuridades que cada uno de nosotros albergamos en nuestro interior (en lugar de proyectarlas fuera); Segundo, manteniendo en nuestro interior la tensión de los opuestos psiquicos sin identificarnos con uno, ni con otro (finalmente, será una entidad supraconsciente la que nos auxilie a unificar ambos contrarios); 2. Reconocer e integrar lo femenino, en especial, el aspecto sensual y sexual de lo Femenino.

Y digo todo esto porque esos son los escollos que yo mismo he encontrado en mi propio proceso (y que he observado, tanto en conversaciones con colegas y amigos, cuanto en personas que han llegado a mí, precisamente con esos conflictos) y luego los he reconocido en la sociedad.

José Antonio Delgado dijo...

Cuando afirmo el problema que supone la identificación del hombre con la Razón, el creer que con el uso del pensamiento racional se puede resolver el vacío existencial, la pérdida del Alma, como algunas mentes modernas (ancladas en la época de la Ilustración) piensan, me refiero a que, precisamente, ese es uno de los mayores escollos en la evolución de la conciencia o Individuación.

Vengo observando desde hace algunos años que, mientras muchas personas se alejan cada vez más de una visión cristiana obsoleta, rígida y estéril, otras, en cambio, abrazan una versión cristiana renovada, que bebe de fuentes antiguas y, muy especialmente, de los místicos cristianos (San Juan de la Cruz o Santa Teresa de Jesús, por ejemplo). Con esto quiero decir que las grandes religiones son "correas de transmisión", como las denomina Wilber, o "grandes sistemas psicoterapéuticos" que diría Jung, custodios de un saber ancestral totalmente válido para muchos hombres y mujeres de hoy. Para quienes ese camino, el de la religión cristiana, musulmana o judía, les sirve como fuente en la que abrevar, y gracias a la cual seguir una vida religiosa, nada hay que decir al respecto, y esa sería una vía válida para ellos. Pero, para quienes ese camino no les es viable, puede que encuentren en su propio interior la expresión de símbolos transformadores (coincidentes en muchos casos con los de la tradición cristiana, en otros, con algunos símbolos más antiguos o, incluso, relacionados con otras tradiciones no cristianas), hallando así su "propio mito", único e irrepetible.

Por otro lado, salvo en los casos de vocación, de llamada, el consumo de símbolos y rituales indios, chinos, japoneses, filipinos, africanos, etc., considero que es, más bien, uno de los signos o señales del estado de decrepitud espiritual en el que se encuentra esta época en que vivimos. De igual modo, los intentos de realizar rituales de iniciación por medio de metodologías, más o menos arbitrarias, para inducir una "iniciación", una muerte y un renacimiento espiritual, están condenados también al fracaso. Pues la iniciación viene propiciada por la propia dinámica del Alma, por el encuentro con la interioridad, y no por sustitutos externos, más o menos artificiosos.

Un saludo