miércoles, 10 de abril de 2013

DESMINTIENDO LA TEORÍA DE DARWIN



Durante el último año de licenciatura en Ciencias Ambientales me dieron la oportunidad de realizar un trabajo sobre la evolución. En aquel entonces, ya hace más de una década, llevaba inmerso en la obra del psiquiatra suizo C. G. Jung cerca de seis años e intuía que la teoría neodarwiniana estaba equivocada en sus fundamentos. Es más, cuando nos enseñaban que la naturaleza se regía por una serie de leyes que justificaban la supremacía del más apto, aquello me producía escalofríos, por no decir náuseas. Sin embargo, aún no disponía de suficiente formación académica como para expresar en qué estaba equivocada la teoría de la evolución de Darwin. Además, ¿quién era yo?, un estudiante de último curso de Ciencias Ambientales, para rebatir una teoría que, según decían mis profesores de Biología, Ecología y Zoología, era el mejor marco de explicación posible de la evolución de las especies, incluida la humana. 

Sin embargo, un año más tarde, después de haberme licenciado, comencé a investigar en numerosos campos para escribir una serie de artículos y ensayos. Así, después de cuatro años de investigación, logré publicar mi primer libro, titulado “El retorno al ParaísoPerdido. La renovación de una cultura”, una obra que tuvo escasa repercusión y paso casi sin pena ni gloria ante algunas librerías virtuales. En sus 359 páginas trataba de exponer todas aquellas intuiciones que, durante mis años de formación como científico ambiental, no pude expresar porque aún era estudiante y, por lo tanto, era considerado, no sin parte de razón, un incompetente. 

Entre los muchos temas que abordé en ese libro, uno de ellos fue el de la teoría de la evolución neodarwiniana. Y entonces escribí lo siguiente:

“Los actuales estudios en materia de evolución se apoyan en la teoría neodarviniana, que reúne la teoría de la selección natural descrita por Charles Darwin a finales del siglo pasado y la genética de poblaciones desarrollada a lo largo del siglo XX. Según la teoría de Darwin, los seres vivos han de adaptarse al ambiente en el que viven, seleccionándose ciertos caracteres que los hacen más aptos para la competición y la explotación de los recursos, caracteres que se transmitirán a la descendencia. La genética de poblaciones, por su parte, muestra cuáles son los mecanismos de transmisión hereditaria. (…) La evolución es el resultado de ciertos cambios en las frecuencias alélicas de los genes de las poblaciones.  Estos cambios tienen su origen en tres mecanismos distintos: 1. Deriva genética: se trata de una fluctuación al azar de los alelos, de una generación a la siguiente (…) 2. Flujo génico: transferencia de genes de una población a la siguiente; 3. Selección natural: Los cambios del ambiente dirigen las frecuencias alélicas.”

“Esta teoría confiere suma importancia al mecanismo de la selección natural, de modo que son los cambios producidos en el ambiente los que determinan los caracteres de un ser vivo. Y, además, los cambios que sufren los organismos han de ser graduales (…) Sin embargo, el registro fósil parece sugerir que las especies permanecen en un estado de estasis evolutivo y, cuando cambian, no lo hacen de un modo gradual –como indica el gradualismo darviniano- sino por mediación de un salto puntual repentino. Además, la selección natural no conduce siempre y en toda circunstancia a la mejora de un rasgo o carácter. “

“Parece como si una explicación de la evolución basada en la idea de un proceso de selección de los caracteres mejor adaptados (…) fuese demasiado restringida.”

Cuando escribí estas líneas, era un joven muy prudente porque empezaba mi trayectoria profesional como científico. Sin embargo, ya entonces, pensaba, como ahora, que la evolución de las especies formulada por Darwin, y defendida por el stablisment científico, era una patraña, resultado de una cosmovisión colectiva del mundo, completamente enfermiza, por brutal y desalmada. Con los años me fui dando cuenta de que esa “teoría” es, en realidad, un mito que representa el estado de desarraigo anímico del hombre contemporáneo.
Pero, lo peor de todo es que, tras abandonar la universidad por las patrañas que en ella enseñaban, en el año 2009 regreso a ella para estudiar la carrera de Psicología, y me encuentro que la historia se vuelve a repetir. La mitología darviniana se ha extendido como un cáncer y alcanza de igual modo a la Psicología, donde predomina un enfoque conductual y cognitivo,  y observo con espanto cómo los mismos principios son aplicados para explicar la psicología del hombre. 

Gracias a Dios, van apareciendo cada vez más voces que preconizan la barbarie y la estulticia que parecen predominar en el ámbito académico. Una de esas voces, que parecen predicar en el desierto, es la del Biólogo Máximo Sandín; y otra es la del Psicólogo y Catedrático de Oviedo, Marino Pérez. Con ellos les dejo. Espero que lo disfruten.



4 comentarios:

Christian Rodway dijo...

Hola José Antonio:
Gracias por tu comentario.
Lamentablemente la situación en Chile no es muy diferente de la que muestras en tu entrada de hoy.
Un gran abrazo, Christian

Fernando V.T. dijo...

Hola, Jose Antonio.

Escribo este comentario porque la dicotomía Darwinismo-Creacionismo hace ya muchos años que me importa;

Esta es mi opinión, por lo que pueda valer:

1) El Darwinismo "original" presumía que la experiencia vital se transmitía de padres a hijos. Esta presunción, ya recogida en su hipótesis evolucionista por Lamarck, era tan considerada una "hipótesis razonable" en el XIX, que ni a Lamarck ni a Darwin les planteó un rechazo social del nivel que sí se lo planteó el haber atentado (Ambos) contra el creacionismo bíblico en "El origen" de las especies.

2) Lo "socialmente divertido" de la situación postdarwiniana es que despues de que la teoría de la selección natural, a trancas, barrancas y mamporros, ganara la dura batalla cientifica como "mejor propuesta sobre la evolución" (llevando el creacionismo biblico a un nivel "poético-Simbólico", en el mejor de los casos), el siglo XX "tumbó" la hipotesis de la transimisión de la experiencia vital de padres a hijos.

3) Y el siglo XX tumbó esta hipótesis por su irreductible convicción de que no cabe ciencia que no se soporte en evidencia material (Como no, esto es el materialismo). La tumbó, ni mas ni menos, porque en el siglo XX se demostró que el ADN (Soporte de "toda" transmisión genética desde una óptica materialista) pasa "intacto" de padres a hijos (Salvo mutación aleatoria). Cosa esta de la que, por supuesto, ni Lamarck ni Darwin tenian ni la menor idea.

4) Y... ¿Que pasó entonces?... Pues que la ciencia materialista se agarró como a un clavo ardiendo a la mutación aleatoria como única, y por supuesto maravillosa, explicación de la generación natural de nuevas formas de vida. Y así se creó el NEO-Darwinismo; Ni mas mas, ni mas menos. Y es duro tragarse la hipotesis de que la naturaleza hace aparecer un ojo en un ser vivo descartando "Todo lo que se le plantee aleatoriamente que no sea un ojo"; Verdaderamente sí, es duro pero... O se aceptaba esto, o se volvia a la "solución" creacionista biblica y se retiraban las estatuas de Darwin de todas las Universidades y... ¡Cielos!.. Eso era mas duro aun. Al fin y al cabo, solo era cuestión de echarle cientos de millones de años a esta "Ruleta biológica"; Se "tienen" millones de año "De sobra".. ¿O no?

5) Y aquí llega mi modesta opinión, y me atrevería a decir que si "Darwin levantara la cabeza" el sería "de los míos": La "Verdadera Ciencia" (Aquella para la cual el mundo material es parte, pero no toda la realidad), la verdaderda Ciencia tiene que encontrar una hipótesis "presentable" de la transmisión de la experiencia vital de padres a hijos. Si no, es mejor quedarse en el simbolismo poético de La Biblia.

6) Pero, y termino, es que existe una propuesta así, y desde los años 90. El biólogo inglés Rupert Sheldrake la construyó entonces (Hoy, tendra cerca de 70 años). Y de nuevo es "divertido" comprobar como esta admirable persona ha conseguido mantenerese como biólogo academico en el establishment cuando el establishment solo se ha pronunciado contunedentemente sobre su teoría demandando que "Se quemen sus libros". Admirable tipo Rupert sí, admirable tipo.

Y volviendo al "centro" de tu blog, solo quiero decir aquí, que la propuesta de Sheldrake se proyecta hasta la esencia del mas limpio gnosticismo. Así lo hace, proponiendo esto: "TODA la experiencia vital de TODO ser vivo queda almacenada y siempre "A disposición" de las formas de vida relacionadas con ella (Fuera de este mundo material "claro", aqui solo se ven las consecuencias)
¿Alguien, con "vocación gnóstica", ha podido encontrar una idea mas plausible y mas bella sobre el sentido de la vida en todo el siglo XX?

Pues eso, es todo por mi parte, un saludo para ti y para todos los seguidores del blog,

Fernando V.T. (Madrid)

José Antonio Delgado dijo...

Hola a todos, y bienvenidos!!

Christian, muchas gracias por tu comentario. Parece que esta es la situación en la que nos encontramos ahora. Para utilizar la expresión de Goethe, tomada después por Jung, se trata del espíritu de la época, de ese que se manifiesta a través de la opinión de muchos. En fin...

Un abrazo

José

José Antonio Delgado dijo...

Estimado Fernando;

Gracias por tu participación en este blog, y por tus comentarios tan certeros, y bienvenido.

Fíjate que ayer mismo le respondía a un amigo en Facebook acerca de las dos personas que, que yo sepa, han propuesto un "nuevo" paradigma para el estudio de la evolución:

Rupert Sheldrake y Fritjov Capra. El primero, podría adscribirse a un neo-vitalismo, y el segundo, está más bien dentro del paradigma sistémico.

En el libro El retorno al Paraíso Perdido, hablo también de la hipótesis de Rupert Sheldrake sobre la resonancia mórfica y los hábitos de la naturaleza, y lo relaciono con los arquetipos de lo Inconsciente Colectivo de la teoría de C. G. Jung.

Pero, claro, esto es "herético" desde el punto de vista del stablishment, y hasta me ha costado la "amistad" de algunos antiguos amigos y profesores.

Pero, en fin, ya sabemos que el espíritu de la época actúa como un auténtico prejuicio, que más vale no cuestionar públicamente, si no quiere uno ser objeto de exclusión.

Un saludo muy cordial

José A.