sábado, 1 de marzo de 2014

EL FENÓMENO MÍSTICO: ¿QUÉ ES DIOS?



Proseguimos en esta entrada con las reflexiones sobre el fenómeno místico. Recordemos que la fuente de estos ensayos son los apuntes del curso impartido por Juan Martín Velasco en la Universidad de la Mística de Ávila en el mes de febrero y las anotaciones y ampliaciones realizadas por un servidor. 

Quizá sea la palabra Dios la más vapuleada y mancillada de toda la historia de la humanidad. En nombre de Dios se han cometido las mayores barbaridades que uno pueda imaginar: las Cruzadas, las Guerras Santas, la Santa Inquisición, etc. El propio Nietzsche afirmó que la palabra Dios había sido despojada de su significado convirtiéndose en un fósil. 

Ahora bien, dado que esta es la palabra con la que los hombres se han referido siempre a lo más elevado, no puede sustituirse por otra, sino, más bien, es importante que recobre su verdadero significado. 

Para ello vamos a realizar una síntesis de los elementos comunes a todas la religiones teístas cuando estas se refieren a Dios, es decir, a lo primero y lo superior a todo.

1.       Los sujetos cuando hablan de Dios se refieren a algo absolutamente trascendente. Es lo invisible, lo arcano o el Misterio.

2.    Dios es el totalmente Otro. Es el primero sin segundo, no el último de una cadena de causas segundas. Se trata de lo distinto, de lo desconocido. San Agustín se refiere a Él como el "muy otro", el totalmente otro; Dionisio el aeropagita lo denomina el "superincognoscible".

3.       Por cierto que la Trascendencia no significa lejanía. Se trata de un más allá tanto horizontal, como vertical; es una realidad a la que el hombre solo puede llegar yendo más allá de sí mismo, más allá de su propio pensamiento. La realidad de Dios no puede ser objeto de ningún conocimiento.

4.       Se trata de la Trascendencia en lo más íntimo del sujeto. Cuando el sujeto llega al fondo de sí mismo puede tener consciencia de su Atman, de modo que se de cuenta de que Atman es Brahman. San Agustín lo expresa del siguiente modo: Dios es más elevado que lo más elevado de sí mismo; más íntimo que lo más íntimo de sí mismo. Hablamos, por tanto, de una voluntad que se impone al hombre y al que este debe someterse (islam) o responder incondicionalmente. En el Islam se dice que Dios está más próximo a uno mismo que su vena yugular.
5.       Dios es el Ser por excelencia, es decir, el mismo ser subsistente. No tiene ningún ente por encima. En palabras de Henry Corbin en su libro "La paradoja del monoteísmo" (Pág. 19): "El teomonismo profesa pues no que el Ser divino es el único ente, sino el Uno-ser, y precisamente esta unidad del ser fundamenta y hace posible la multitud de epifanías, que son los entes. (...) El peligro inmanente ya en el primer momento de la paradoja del monoteísmo (o sea, una idolatría metafísica que tiene a Dios por el más alto de los entes) es hacer de Dios no el Acto puro de ser, el Uno-ser, sino un Ens, un ente, aunque esté infinitamente por encima de los demás entes..."

6.      Dios es el Misterio Santo (K. Ranher). Esta expresión se refiere a aquello de lo que no se puede ver, ni saber; aquello que no puede convertirse en objeto de conocimiento. Se trata del numen que fascina. 

7.    Dios es la presencia de la más absoluta trascendencia en lo más íntimo del sujeto (Juan Martín Velasco). Dios se hace presente y se da al hombre. Pero esta presencia no la define la cercanía física, sino que es una presencia que siempre está ahí, en lo más íntimo de uno mismo. Dios es el pronombre de todo nombre. 

8.       La ausencia de Dios moviliza de un modo eficaz la búsqueda hacia delante, pasando por puertas que conducen hacia él.  Al profundizar en la experiencia de la fe, Dios se presenta como el que mira al alma, de modo que quien mira y quien es mirado es el mismo Dios.

9.       El sujeto religioso, cuando llega a serlo, no sigue la vía de la demostración, puesto que Dios no es un objeto. El ser humano que experimenta la presencia de Dios se hace consciente de que él no viviría sin Dios. Esta presencia tiene dos aspectos:

a.       Se trata de  una presencia inobjetiva. Es Dios quien me mira y, al mismo tiempo, es Dios quien se mira a través de mí.
b.      Presencia no añadida. Ella está en el origen de mí mismo. Se trata de una presencia originante, es decir, una presencia que me hace ser continuamente (creación continua). Dios es siempre previo a lo que podamos conocer de Él. De ahí que se trata de un reconocimiento de aquello que nos hace sujetos. Esto es lo que hace que el hombre sea hombre (creado a imagen y semejanza de Dios). Dios, al crear al hombre, lo crea sujeto que puede reconocer o rechazar esta presencia, por lo que lo sitúa a su mismo nivel al darle la libertad de elegir. De algún modo estamos llamados o convocados a esa presencia, pero podemos elegir rechazarla. Por lo tanto, conocer a Dios es reconocerle y reconocer su llamada a ser. 

10.   El hombre es todo oídos frente a Dios. Se trata de una Presencia que invita a ser conocido o reconocido pero no obliga a ello.

11.   El encuentro de esa presencia con nosotros sucede en el más profundo centro. Si la vida está dedicada a lo más externo de la existencia no hay posibilidad de encuentro en lo más profundo. Una vida extravertida supone una distracción de uno mismo. 

12.   Toda adicción impide el encuentro con Dios y el reconocimiento de la trascendencia. Podemos entender la adicción como la identificación con cualquier objeto externo o interno que no sea Él. 

Por lo tanto, Dios es siempre primero. Después, el individuo puede ponerse en contacto con Él y, entonces, se produce el Encuentro. Antonio Machado lo expresa de un modo muy bello en Proverbios y Cantares, que dedica a José Ortega y Gasset:

El ojo que ves no es
ojo porque tú lo veas;
es ojo porque te ve.

Para dialogar
preguntad primero;
después... escuchar.

Todo narcisismo
es un vicio feo,
 y ya viejo vicio.

Mas busca en tu espejo al otro
al otro que va contigo.

Entre el vivir y el soñar
hay una tercera cosa.
Adivínala.

Ese tu Narciso
ya no se ve en el espejo
porque es el espejo mismo.


2 comentarios:

Anónimo dijo...

Una descripción de Dios (de Ron Kruger)
Ron Kruger tuvo una experiencia cercana a la muerte muy profunda. En ella hace la siguiente descripción de Dios:

http://www.nderf.org/Spanish/ron_k_ecm.htm

UN BIEN MAYOR

Parte 1, Capítulo 3

EL CONSEJO DEL AMOR

Es el centro de todo lo visto y lo no visto. Una radiante fuerza inimaginable como una luz brillante en todas direcciones desde una trinidad de espíritus. La luz es infinitamente más brillante que el Sol, aunque no hiere al mirarla. El color desafía una descripción específica, pero describirlo como una combinación de blanco y plateado está cerca.

Los tres espíritus eran como mi entidad: separados, pero conectados de alguna forma. Ellos eran uno y se comunicaban como uno. Tenían la misma forma general que mi entidad también, pero no tenían rasgos faciales distinguibles. El espíritu central flotaba ligeramente por encima de los demás cada lado.

Su primera comunicación telepática (me doy cuenta ahora) fue la más importante. Llegué a entender que esta trinidad no es Dios, exactamente. Son más como la Trinidad, Son la encarnación omnipresente de la Fuerza Imparcial. La fuerza que ellos dominaban no es una composición, sino que un todo autosuficiente. Es la “primera causa”. No conoce bien o mal. Es neutral. Aunque es tangible y omnipresente, la Fuerza Suprema no es un ser, sino que un principio. Este es el espíritu del principio al que los musulmanes sufi se refieren como “Más allá del más allá” o “Más allá de Alá”. Es amor perfecto – incondicional y universal. Describirlo es difícil, porque describirlo es darle estructura y nada estructurado puede ser ilimitado o infinito. Así que cada vez que tratamos de definir a Dios dentro de los parámetros de nuestras mentes estructuradas, usando palabras estructuradas y pensamientos estructurados para imaginar seres estructurados nos equivocamos. Sólo la Trinidad entiende completamente a la Fuerza. Nosotros sólo podemos sentirla.

La Trinidad llegó a entender los paradójicos poderes de la Fuerza y, por lo tanto, se convirtió en la manifestación intelectual de la Fuerza. Llamen a esta Trinidad como quieran, pero ningún nombre es apropiado, porque al dominar los secretos de la Fuerza, perdieron su identidad individual. Sólo ellos tres saben quiénes son, o dónde. Son completamente espíritu, total luz y total amor.

Esta Fuerza Suprema permanece indefinible mientras tratemos de describirla dentro del marco de nuestra experiencia. Pero lo intentaré.

Anónimo dijo...

(CONTINUACIÓN...)

Imaginen, si pueden, que esta fuerza sin forma era completamente infinita y dispersada en todas partes a través del infinito. Aunque es perfecta, singular, y un todo, por el bien de lograr una retórica clara, debo describirla con tres propiedades. Es universal, incondicional y benevolente. Al ser benevolente más allá de nuestra comprensión causó que la fuerza deseara otras cosas que amar, así que se atrajo a sí misma con un poder y velocidad tan tremendos, causando una concentración extrema de pura energía y provocando una implosión, lo que fusionó energía en moléculas que hoy conocemos como “materia”. Con respecto a esto, todo lo que existe es como una pieza fragmentada de esta Fuerza Suprema. El resto, como dicen, es historia.

Así que, la simple respuesta al más grande misterio de todos es el común cliché “Dios es amor”.

Esta Fuerza Suprema de Puro Amor no puede pertenecer a ningún espíritu o entidad de espíritus, ni siquiera a la propia Fuerza. Se siente, se acepta y se entiende (en distintos grados) por cada espíritu, pero el conocimiento completo de su naturaleza exacta sólo es conocido por la Trinidad. La Trinidad es el conducto de las aplicaciones parciales e imparciales del Amor. En este aspecto, la Trinidad es Dios.

Describir a Dios como la Trinidad o entidad, sin embargo, pierde el foco. “Dios es un espíritu y debe ser adorado como un espíritu”. Es la fuerza benevolente del amor en nuestras almas y tiene poco que ver con nuestra apariencia física.

Al contrario, le hemos dado forma a Dios a nuestra imagen y le hemos asignado un pronombre. Esta humanización de Dios es lo inverso de cómo le atribuimos características humanas a un ratón y lo llamamos Mickey. Antropomorfizamos a Dios. Dios no es él, ella o aquello. Dios es Lo que es. Pero debido a las restricciones de nuestro lenguaje y dentro del marco de nuestra referencia, debemos usar algunos pronombres, así que uso el común “Él”.

La imagen de Dios con forma humana sentado es un trono es un falso ídolo, de la misma calaña que un becerro de oro. Una barba blanca y larga y todas las otras imágenes físicas que creamos para describir a Dios son simples puntos de referencia. ¿Por qué un ser que puede darle forma al Universo con Su pensamiento necesita herramientas tan simples como manos? La única forma en que nosotros podemos crear es con nuestras manos, así que imaginamos a Dios con manos. Lo que hace el hombre en todos sus ídolos es crear una imagen con la cual pueda relacionarse personalmente (Mientras más estudio religiones, más sospecho que lo único que el hombre ha adorado alguna vez es a él mismo). ¿Podría ser que la confusión y conflicto sobre la naturaleza de Dios sea provocada por sintaxis, traducciones e interpretaciones? ¿Podría la frase “a Su imagen” haber sido originalmente “a Su imaginación”?