miércoles, 29 de abril de 2015

RESEÑA AL LIBRO "CINE Y ESPIRITUALIDAD. El viaje del héroe en Avatar y en otras películas de ciencia ficción."



RESEÑA DEL LIBRO "CINE Y ESPIRITUALIDAD. El viaje del héroe en Avatar y en otras películas de ciencia ficción." 
  
Por Fernando Sánchez. Psicólogo especialidad clínica. Candidato a analista junguiano por la SEPA.


Este libro encierra un llamamiento y una advertencia para todos aquellos que, como yo, comparten un vivo interés por la toma de conciencia y una preocupación creciente  por el futuro de la Humanidad y de la Naturaleza” (J.A Delgado González. El Retorno al Paraíso Perdido.)

José Antonio es un autor profundamente concienciado y comprensivo con las singularidades y la crisis colectiva que estamos atravesando en este momento. Sus obras, “El Retorno al Paraíso Perdido”; “Al Final del Túnel”; “La hermandad de los Iniciados” y ésta que presentamos hoy “Cine y Espiritualidad”, son esfuerzos lúcidos de mostrar y clarificar a través de la psicología analítica, la gnosis, la alquimia y la astrología  como el mundo material, es decir, el ámbito de lo consciente, lo observable y lo manifestado, se gesta y vertebra en las capas profundas del inconsciente colectivo.

La importancia de la concienciación de las implicaciones que los elementos, movimientos y contenidos colectivos tienen en la psique individual no es simplemente un interés curiósitas. Es una necesidad vital. Ya que en los fenómenos que observamos en el mundo físico, material, subyace un factor psíquico, de los cuales las manifestaciones observables son únicamente su expresión más superficial.

 Mi intención es descorrer algunos velos que cubren un ámbito de la psique que está funcionando en todos nosotros, con un vigor extraordinario, en la oscuridad de la vida de cada cual.” (José A. Delgado González. El retorno al Paraíso Perdido).

 Esta dimensión  inconsciente se expresa con mayor vehemencia en momentos de crisis social o de transformación colectiva como el que vivimos actualmente.

 “Es una situación anímica horrible. En un estado mental así, el inconsciente incita con vehemencia hacía el arquetipo de la muerte y el renacimiento, en el sentido de la espiritualización gnóstica, de la individuación.” (Dice el junguiano Raúl Ortega en el libro de José Antonio Delgado,  Cine y Espiritualidad. El viaje del héroe en Avatar y en otras películas de ciencia ficción. )

Jake Sully, personaje principal en Avatar, muestra esta situación anímica del hombre occidental actual, vacío, sin rumbo, inmerso en una crisis de sentido, sin herramientas para afrontar el vacío de su propia existencia, en la necesidad de encuentro y búsqueda del sentido verdadero de su vida. En momentos como este, los arquetipos se expresan con potencia, proyectándose al exterior, irrumpiendo en forma de vivencias sincronísticas, sueños lúcidos, experiencias numinosas, que invitan a las personas a realizar un cambio profundo. Es común ver en personas que, tras una crisis, enfermedad  o el padecimiento de una situación disruptiva, comienzan un proceso de transformación, profundo, real, comprometido, en la que la mayoría refiere la re-lación con una dimensión más profunda que reconoce en sí y que dota a la vida de un nuevo sentido en sus vidas.

Estos trabajos, lejos de ser meras aproximaciones teóricas a conceptos filosóficos, religiosos  o psicológicos, cobran importancia, por los contenidos que está sacando a la luz. José Antonio, nos muestra, nos advierte, preocupadamente, de la situación en la que estamos, en una profunda crisis ecológica, económica y sobre todo, una profunda crisis que atañe a los valores espirituales sobre los que se ha cimentado la cultura occidental, en la cual, el hombre ha “perdido el contacto con sus potencias espirituales”. Lejos de quedarse en el análisis o la reflexión intelectual, nos propone, un cambio, un camino, un proceso de transformación, la necesidad de transitar hacia un nuevo estilo de vida, mediante una renovación del sistema de valores imperante en nuestra sociedad actual, materialista, patriarcal, desacralizada, a partir de un compromiso y un proceso de cambio con uno mismo.

Desde la modernidad, sustentado en el mito del progreso y la ciencia,  el hombre se ha distanciado de la naturaleza, posicionándose por encima y fuera de ella, estableciéndose en las urbes, concibiendo ésta como una amenaza y algo que tenía que controlar y domesticar. Hoy estamos en una grave y severa crisis ecológica y energética. La Tierra está dañada: aguas contaminadas, océanos,  desertización, cambio climático, atmósfera, disminución de especies vegetales y animales o la sobrepoblación humana, son fenómenos que no escapan a las advertencias de la comunidad científica. La acción humana  y la explotación desmedida de los recursos naturales, sustentada por una cosmovisión materialista de la realidad y una actitud dominante y posesiva del hombre, están dinamitando los recursos de la tierra y el equilibrio del hombre consigo mismo y  su medio. 

El hombre occidental ha perdido la relación con la naturaleza, el medio ambiente, pero igualmente con su naturaleza  interior, su alma.  Relegado al horizonte de lo material, al mundo sublunar, se encuentra encerrado, perdido, sin rumbo, esclavizado en cárceles de mármol, que inducen seguridad ficticia, llamadas sociedades de bienestar y consumo, que le invitan coercitivamente a destinar su tiempo de vida a satisfacer necesidades (gran parte de ellas, inducidas artificialmente por el sistema mediático) reviviendo esquemas de funcionamiento propios de la primera infancia, que no hacen sino alimentar una sensación de omnipotencia e inflación, propia del niño que se encuentra sobreprotegido por la madre.

Pero, esta forma de vida no permite el desarrollo pleno del individuo. No satisface sus anhelos de verdad, de explorar su ser interior, de adentrarse en el Mysterium de la existencia, amén de ser  profundamente destructiva.  Esta crisis esta magistralmente expuesta en la película Avatar. Las actitudes del hombre actual, son similares a los terrícolas que llegan a Pandora,  para dominarla y explotar su material precioso. Esta búsqueda de poder, riqueza y seguridad, les hace desenfocarse, perder perspectiva de la profundidad de la realidad en la que viven. La reflexión que nos invita la película y el libro, es que dañando la naturaleza, “destruimos la posibilidad de conectar con lo más profundo y elevado de nosotros mismos”.

Esta situación está mostrando  la situación mitológica de Prometeo. El hombre actual, desacralizado, concibe su progreso y su conocimiento ajeno a la divinidad.

 “Desafiando al dios supremo, el celestial Zeus, Prometeo intenta favorecer a los hombres entregándoles el fuego —robado a los dioses— símbolo sagrado, que dependiendo de cómo se utiliza, puede iluminar o quemar” “El fuego, permite iluminar a los que actúan de acuerdo a su conciencia, en sentido espiritual,  proporcionándoles elevación a niveles de dimensiones espirituales (de paz interior)….pero, sin ésta, para el inconsciente, se torna en llamas del infierno”.

Restando poder a los dioses, se vislumbra una forma de conocimiento, desprovista de cualquier elemento relacionado con la divinidad: el conocimiento científico. Ante tal ofrenda,  Zeus envía un castigo a Prometeo por su rebeldía y por no haber respetado la hegemonía divina, encadenándolo y torturado día tras día en el Cáucaso por un cuervo que le comía las entrañas, al igual, que su desobediencia, trae como consecuencia una serie de maleficios contra los hombres. La reflexión sobre el mito, ampliamente expuestas en el libro, nos obliga a preguntarnos si esa aspiración inherente y connatural al ser humano, que aspira al Conocimiento con mayúsculas y a la evolución personal y colectiva, es posible sin la presencia de la divinidad y la dimensión trascendente, a la que el hombre tiende naturalmente. 

La propuesta de Avatar, amplificada en el libro de José Antonio, consiste en la vuelta a un conocimiento experiencial, al encuentro en la profundidad de uno mismo con el alma y su mundo, en el cual, el individuo comienza a replantearse todo lo aprendido y a ver las cosas desde un nuevo prisma a modo de conversión. 

“Cuanto mayor sea el número de individuos que se dediquen a la investigación,  ala elucidación y al trabajo con los arquetipos, especialmente con la sombra, desde los más diversos ámbitos del saber, tanto más nos aproximaremos, a la-masa crítica- necesaria para que el cambio de conciencia que el espíritu de los tiempos demanda se extienda exponencialmente al colectivo” nos dice José Antonio en El retorno al Paraíso Perdido.
 
Este proceso se ha denominado en la mitología como el camino del héroe, equivalente al proceso de individuación descrito por la psicología analítica. Avatar es un mito moderno, que muestra el viaje del héroe en la personificación de Jake Sully, que va tomando conciencia del proceso de individuación, a través de del tránsito de distintos ritos, que le van llevando a cumplir su más alto destino.

Este proceso puede describirse como el proceso a través del cual, “la conciencia del ser humano recorre los oscuros abismos de lo inconsciente y recupera las cualidades que había proyectado en el ámbito exterior”, a través de un proceso alquímico que consiste en “solve et coagula” que consiste en disolver y volver a unir, retomar la proyección para integrarla de nuevo.

Igualmente, consiste en “la aproximación lenta a los contenidos y funciones de la totalidad psíquica (el sí mismo) y su acción irremediable sobre el yo” (Jacobi, J), en última instancia a la autorrealización del Sí mismo, a través de la progresiva integración de opuestos. La integración completa, la totalidad, implica la integración del lado femenino de la psique, el estado edénico, el Reino de la gran Madre (o el lado femenino de Dios).

El acceso de Jake Sully a Pandora, un mundo arquetípico, es el comienzo de la relación con el mundo inconsciente. Al héroe le supone una profunda conmoción,  provocando una especie de “segundo nacimiento”, una experiencia de reencuentro, muerte y renacimiento, al entrar en contacto con la dimensión espiritual, sacrificando su conciencia colectiva, racional y con ello todos los valores colectivos, antropocéntricos y egoístas propios de esta época. Lo que en psicología analítica se describe como la máscara. Por lo tanto, el camino del héroe comienza con una gran prueba, una pérdida, un cambio,  una salida a un nuevo mundo desconocido una dimensión más allá de lo físico, el universo espiritual.

“…El héroe mitológico abandona su choza o castillo, es atraído, llevado o avanza voluntariamente hacia el umbral de la aventura…” (J. Campbell)

Podemos encontrar distintos escenarios arquetípicos que muestran esta situación, como la salida de Egipto de Moisés, la partida de Parsifal, el viaje de Parsifal o el comienzo del vuelo de Ícaro. Debiéndose entender como mensajes transmisores de la vía maestra para huir de la dimensión horizontal de lo material, lo mundano y terrenal, propias de la infancia y la adolescencia psicológica, para incorporar el aire, la dimensión vertical y el cielo. Es decir, un proceso psíquico en el cual el héroe se aleja de la madre real, del paraíso materno, adentrándose en los dominios de la Gran madre (Pandora) y recuperar el estado edénico conscientemente.

En el inicio del contacto con el inconsciente, con Pandora, Jake esta aterrado, mostrando que el primer contacto del yo con el inconsciente es vivenciado como violento y amenazante, en cierta medida, dañino y peligroso para el equilibrio propio. Es una experiencia numinosa, semejante a los miedos y peligros que experimentaban los hombres primitivos con los fenómenos naturales. Es entrar en contacto con los peligros del alma humana.

Cuando Jake accede a Pandora, es atacado por una pantera negra prehistórca (el guardián del umbral) y al huir se adentra mas en el bosque. El inicio de la exploración se hace en la noche. El héroe tiene que descender a los infiernos y penetrar en un espacio desconocido. Con ello comienza la fase alquímica de la nigredo, que tras sucesivas destilaciones y purificaciones elimina sus impurezas.  

El trabajo con la sombra nos confronta con el aspecto sombrío del alma. La importancia reside en la toma de conciencia de todos los aspectos propios que hemos negado y reprimido, que proyectamos en los demás, asumiendo que esos elementos pertenecen a nosotros. Esta toma de conciencia nos permite entender el potencial destructivo y dañino que reside en nosotros, como potencial, y ELEGIR. Integrar la sombra que cada uno porta, permite trascender el estado de conciencia estrecho, que nos circunscribe y ata a un cerco de la realidad limitado, ya que en última instancia es una posición defensiva respecto a la totalidad de la que somos parte, autootorgándose e identificándose con valores nobles, legítimos, propios de los ambientes sociales y familiares a los que pertenecemos. Es importante abandonar esa actitud psicológica obsoleta, ya que en última instancia obstaculiza el proceso de maduración psicológica del individuo.

De alguna manera, esta nueva actitud psicológica, implica, rescatar el mito de Quirón. Avatar es el mito del héroe civilizador, el rey herido que precisa curar su herida, a través de la sombra individual, confrontarnos con la colectiva, que se nutre de los dogmas, la estrechez de mira y la ignorancia del yo. Es sintomática la alusión continua en la película a la vista y a la capacidad de Ver: “No ves” “Te veo” 

Empezar a ver significa tomar conciencia de que vivimos en un mundo vivo más grande, que nos engloba, una totalidad que nos abarca y todo lo contiene, del cual formamos parte y que tenemos que aprender a relacionarnos y vivirlo como parte propia. Es el Anima Mundi (también llamado Unus Mundus, Mundus Arquetypus, Mundus Imaginabilis o Inconsciente colectivo según la tradición) . Jung dijo una vez: “La psique no está en nosotros sino que nosotros estamos en la psique”. Estamos insertados-inmersos en una psique cósmica mayor que nosotros, en la cual, cada uno de nosotros somos una pequeña parte de ella. Esto implica (y es uno de los grandes hallazgos de Jung), la idea de humanidad como parte de ese patrón cósmico, de esa gran psique. Pandora, es real. Ese mundo existe, no es una película. Los Na`vi son el mundo daimónico que la ciencia ha desterrado, pero que aún co-habitan en los recónditos mundos del alma, del que el omnipotente hombre moderno, ya no recuerda nada. Es en ese mundo donde se muestran los arque-typos, los patrones que subyacen y dotan de entidad y REALIDAD, esta dimensión en la que vivimos los humanos. 

Ante esta toma de conciencia, nuestro héroe, Jake Sully, se ve ante la necesidad de sacrificar su conciencia racional, orientada hacia el éxito y el logro de objetivos marcados por el modelo cultural de la época, para reconciliarse consigo mismo y con su mundo. El jake antiguo, da lugar a un nuevo Jake. Esta renuncia implica necesariamente relegar la conciencia moldeada en los valores colectivos por la vivencia del alma y el contacto con su mundo. Esta situación aparece representado en la película, en la lucha a vida o muerte entre Jake, el héroe trasformado y el coronel quaritch, una lucha titánica contra la conciencia colectiva patriarcal, que obstaculiza el contacto y entendimiento profundo con la realidad.

Durante esta batalla, Jake recibe la ayuda de Eywa, el espíritu divino que gobierna la vida de Pandora, para derrotarlo, lo que muestra que la transformación personal, la renovación, depende del Sí mismo. El proceso de individuación, el viaje de regreso del héroe, tiene como finalidad promover una renovación. Dar nacimiento a un hombre nuevo. La conciencia yoica, ciega, debe morir para dar paso al arquetipo del sí mismo, que implica que el yo se alinea, refleja el verdadero yo, el Sí mismo. Esto se ve en la película cuando Jake monta al gran pájaro rojo.

Jake vence al padre material, Saturno, el Coronel Quaritch, acompañado en todo momento de su ánima, Neytiri, convirtiéndose en el líder de los omaticaya. Como dice José Antonio en su libro, el proceso de individuación es la realización del Dios mismo, mercurius, la expresión de lo superior en lo inferior, la divinidad en el mundo material. Implica necesariamente la vivencia y comprensión profunda de que la única realidad es Dios y nada fuera de Él. 

Toda la película de Avatar es una apología de la Imaginación Verdadera, como forma de entrada en contacto con la realidad del alma (psique), es decir, nos expone la necesidad de recuperar el contacto con el alma y a través de ella, acceder al mundo velado a la que ella pertenece. Descrita ya por Paracelso: “Imaginatio Vera et non Phantastica”, se convirtió como un medio validado por los alquimistas y las tradiciones neoplatónicas y cabalistas, especialmente a partir del renacimiento. Rescatada por Jung  para la mente moderna, la utilizo consigo mismo y sus pacientes denominándola, Imaginación Activa.                                                                                 

 M.L. von Franz, discípula directa de Jung, la describe acertadamente de la siguiente manera:Es una forma de meditación en la cual uno entra en contacto con los habitantes de su mundo interno”.
 
En una cultura que ha devaluado ontológica y epistemológicamente (otra manifestación de su aspecto patriarcal) la imaginación como dueña de la falsedad y el error, especialmente a partir de la época cartesiana y el desarrollo del método racional, el uso de la imaginación verdadera implica dotar a la psique y a la imagen de realidad. 

Jung decía: “Imagen es alma”

Lévi-Strauss: “Los símbolos son más reales que lo real que simbolizan”

La imaginación cumple así una función de trascender el mundo físico. “Empezar a ver”, “Despertar” a esa dimensión natural que nos engloba, nos re-encuentra con nosotros mismos. Este proceso descrito en el libro de José Antonio, y escenificado en la película Avatar, se presenta no sólo como una necesidad, sino también una responsabilidad para volver a conectarnos a nuestras potencias espirituales de un modo consciente y, de igual modo, ser conscientes del peligro que supone no hacerlo en términos colectivos.

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miércoles, 8 de abril de 2015

TERTULIA EN EL ATENEO DE MADRID

¿CÓMO SE RECREA EL ALMA EN EL CINE?


Sábado, 25 de abril de 21:00 a 22:30
ATENEO DE MADRID


Tertulia sobre el Cine como espacio de recreación del alma. Con la participación de:


- José Antonio Delgado González, Escritor especializado en Psicología junguiana,  autor y editor del  libro "CINE Y ESPIRITUALIDAD. El viaje del héroe en Avatar y en otras películas de ciencia ficción"; 

-Juan del Santo, Cineasta y actor. Protagonista en el largometraje FLOW

-Fernando Sánchez Rodríguez, Psicólogo clínico y Candidato a Analista Junguiano en la Sociedad Española de Psicología Analítica;


La tertulia es coordinada por Juan Antonio López Benedí, Doctor en Hermenéutica y organizada por María Victoria Caro Bernal.

Algunos de los temas que se tratarán durante la tertulia son los siguientes:

-El Cine como vehículo de patrones de comportamiento, valores y cosmovisiones.

-La película Avatar como una expresión o reflejo en la gran pantalla de la situación anímica del hombre occidental contemporáneo: pérdida de sentido de la vida y, por lo tanto, crisis existencial; necesidad de búsqueda de la esencia, de aquello que hace al hombre ser lo que es; encuentro con el misterio.

- Avatar como apología de la Imaginación Verdadera, es decir, de un tipo de meditación a través de la cuál la consciencia del ser humano puede entrar en contacto con el alma, mediante una visualización y un diálogo con los personajes interiores.

- El viaje del héroe como invitación y reflejo de lo que el hombre occidental está llamado a hacer si no quiere sucumbir a su capacidad destructiva;

-Toma de consciencia de los siguientes aspectos que están muy presentes en la película Avatar, y en otras películas:

1. La capacidad destructiva del hombre, es decir, la sombra o lado oscuro de la personalidad humana; el estado de dualismo o fragmentación del hombre contemporáneo;
2. La necesidad de tomar consciencia de los aspectos femeninos de la naturaleza humana y no humana: el arquetipo de lo Femenino o la Diosa, y de integrarlos;
3. La transformación de la imagen de Dios que el hombre ha heredado de las tradiciones religiosas monoteístas patriarcales. El Dios que presenta Avatar es un Dios paradójico, un Dios que es al mismo tiempo Masculino y Femenino, una paradójica unión de contrarios.

Os agradeceríamos la invitación a esta tertulia a aquellos de vuestros contactos que puedan estar intersados.  La entrada es libre y gratuita.
  

domingo, 5 de abril de 2015

¿QUÉ SON LOS ARQUETIPOS? ACLARACIONES



Como el post anterior ha dado pie a varios comentarios y, entre ellos, observé algunos malentendidos fundamentales he decidido realizar una nueva entrada tratando de explicar, de un modo sencillo y conciso, algunas ideas que tal vez sirvan para aclararnos. 

Gracias Christian Rodway por el ejemplo que traes a colación. Muy acertado. Así es, cuanta más vivencia de los arquetipos tanto más puede aumentar la comprensión de los mismos. Precisamente, en estos días estaba debatiendo el tema, peliagudo por cierto, de cómo se desvirtúa el mensaje de las personas que han tenido una experiencia directa o una revelación de tipo espiritual por quienes  lo estudian y, también, por aquellos que se dicen seguidores suyos. Esto es algo que ha sucedido en muchas tradiciones, y como ejemplo tenemos la cristiana. El mensaje original es comprendido, en su esencia esotérica, por un pequeño grupo de personas que han vivido una experiencia similar, y el resto tiene acceso a los retazos exotéricos. En fin, un asunto complejo. Como dice Joseph Campbell:


”Es imposible comunicar una experiencia a alguien que no ha tenido la experiencia. Tratar de comunicar la experiencia de esquí de montaña abajo es imposible para alguien que nunca ha estado en esquís. Tratar de comunicar la experiencia de ser en el amor cuando le pasa a la gente que nunca han conocido de esta experiencia es inútil. No se puede hacer. Puedes hablar sólo por analogía. Para un sistema de símbolos mitológico el trabajo debe estar operando en el campo de una comunidad de personas que han tenido esencialmente análogas experiencias; de lo contrario, nada está pasando allí.”

Introduzco esto, un poco de soslayo, porque me da pie a realizar unas breves apreciaciones sobre los comentarios anónimos que han dejado sobre lo que entienden por "arquetipo". En dichos mensajes, el autor se está refiriendo a modelos de comportamiento manifiesto, que se observan en grupos diversos, y que, en efecto, tienen que ver con arquetipos. Ahora bien, hay un malentendido fundamental en lo que expresa, que de hecho convierte al arquetipo en estereotipo, lo que es un ejemplo de degradación de una realidad "metafísica" o "espiritual" en el plano comportamental. Es algo muy propio del intelecto, especialmente cuando se extrae de contexto.

Debemos tener en cuenta, en primer lugar, que el término arquetipo, dentro de la psicología analítica, surge de la experiencia en el ámbito clínico. Por lo tanto, se trata de un concepto psicológico para expresar determinados hechos psíquicos que el psiquiatra (y el psicólogo) encuentra, en principio, en el trabajo psicoterapéutico. Por cierto que, dichos arquetipos, son los constituyentes de una instancia o dominio de experiencia psíquica que recibe el nombre de Inconsciente Colectivo. El término, desde mi punto de vista, no es muy feliz, pero es importante comprender que Jung lo utiliza para recuperar ese ámbito de la experiencia e introducirlo de nuevo en la corriente científica de su época. Sea como fuere, lo cierto es que está aludiendo a un dominio de la experiencia que, como he dicho en el texto, aún sigue estando muy alejado de la consciencia pública. 


El arquetipo, como Jung lo describe en el texto que aparece en el post anterior, es una realidad viva, autónoma (es decir, no dependiente de la voluntad consciente del hombre) y numinosa (ejerce un poderoso efecto mágico o fascinante sobre la consciencia). De hecho, es el núcleo de aquellos motivos (versiones repetidas) que aparecen en los más diversos mitos, cuentos y folclore de los pueblos de todo el mundo. Así, por ejemplo, encontramos el motivo del "sacrificio de los inocentes" no solo en la historia de Jesús, sino, también, en la de Moisés. De igual modo, hallamos otro motivo frecuente en el héroe que es engullido por un monstruo marino (Leviatán, una ballena, etc.) tanto en el relato de Jonás, cuanto en el cuento de Pinocho.

El hecho de que el arquetipo sea autónomo, es decir, que tenga vida propia, es especialmente importante. Resulta un grave malentendido el pretender que el hombre, con su propia voluntad, pueda manejar un arquetipo a su antojo. Esto supondría que la consciencia tiene un peso y un poder superiores a lo inconsciente, cosa que está más que demostrado por la experiencia clínica que no es, ni mucho menos, así. De hecho, la realidad es, en verdad, la contraria. Es la consciencia, especialmente si es muy primitiva, la que puede ser dominada por lo inconsciente (y, por lo tanto, por un arquetipo) y no a la inversa. En el vídeo al que estamos aludiendo, Jung expresa esto con mucha claridad, y pone el ejemplo del enamoramiento y de la persona que acaba diciendo  "por Dios, Dr., ayúdeme a librarme de esta mujer", cuando un hombre es literalmente atrapado en una relación con una mujer que "no le conviene". 


Pongamos otro ejemplo. El arquetipo de la sombra o de la oscuridad y maldad inherentes a la naturaleza humana. Es un error conceptual grave pretender que el arquetipo es algo que el hombre usa para convertir a un ser humano en un criminal. El arquetipo puede "poseer" a un individuo y convertirlo en un criminal, y una vez  atrapado por el influjo del arquetipo, podría aprender el modo de llevar a cabo en la práctica ese comportamiento criminal. De nuevo, es importante tener en cuenta la autonomía del arquetipo y su carácter numinoso.

Dado que la sombra o el reverso tenebroso es consustancial a la naturaleza humana,  todo ser humano puede llegar a exteriorizarlo o manifestarlo si las circunstancias lo propician. Cuanto más inconsciente sea el hombre de esta realidad, tanto más peligroso se torna para sí mismo y para los demás. La inconsciencia le hace pensar al hombre, con una ingenuidad mal disimulada, que la maldad pertenece a "otros ", que son "malvados, trastornados o enfermos mentales ", y que por supuesto nada tienen que ver con uno, dice el ingenuo, puesto que ese uno nunca haría nada de lo que hace el enfermo, el trastornado o el malo. Y ahí se sigue sin reconocer que, la barbarie del mundo, y de un hombre concreto, le está interpelando a todo hombre o mujer. Seguimos manteniendo una situación mental y un nivel de consciencia demasiado primitivo como para reconocer  la capacidad de hacer el mal dentro de uno mismo, y no digamos ya el de mantenerlo en jaque y combatirlo en uno mismo.  Esto, en la práctica, significa que la consciencia del hombre que realiza un comportamiento positivo es importante que reconozca en si mismo la capacidad de hacer lo contrario; el hombre tiene la oportunidad de controlar el mal siempre que lo reconozca en él mismo, le dé expresión interna (por ejemplo, mediante un diálogo interior), luche con esa tendencia contraria al bien y, también, se enfrente directamente a sus tendencias destructivas. Cuanto más autoconsciente sea el hombre de su capacidad para hacer el mal, estará en mejores condiciones para hacer frente y para soportar las tendencias destructivas que anidan en su interior. La realidad social y el estado del mundo actual no hacen sino reflejar esta realidad.


De lo dicho antes se desprende que tampoco se  puede "romper un arquetipo" voluntariamente, ni mucho menos. Sí puede romperse la consciencia, por cierto, o ser inundada por lo inconsciente en lo que clínicamente se denomina brote psicótico. De hecho, el término esquizofrenia hace alusión a la ruptura en fragmentos de la personalidad de un individuo.

Jung dice en el texto antes citado que el problema de nuestra época es el alejamiento de la consciencia (de la mente racional, si queremos) del sustrato instintivo/espiritual. Y, para curar ese estado de disociación o escisión -lo que se relaciona con  las epidemias psíquicas que el hombre moderno padece- , el médico psiquiatra prescribe una relación renovada con esa instancia psíquica a la que él denomina Inconsciente Colectivo y, por lo tanto, una relación consciente con los arquetipos. Esto equivale a decir que se precisa un viaje heróico a las profundidades para tomar contacto con la fuente o con el Misterio. En otras palabras, que el alma humana es una puerta de acceso al  Misterio insondable, y en esa alma los arquetipos  se manifiestan en forma de símbolos.

La simple observación externa de ciertos patrones de comportamiento, la descripción externa del modo en que algunos arquetipos se expresan en la vida de las personas, es importante, sin duda, pero no cambia un ápice la realidad interior del observador. El verdadero trabajo está en observar esos arquetipos, no sólo en grupos, en el cine, en el teatro, en los cuentos, en los mitos, en las teorías científicas, etc.,  que también es importante, sino, sobre todo, en la vida individual de cada uno. Para ello, la consciencia se pone en una situación de apertura hacia una realidad que está más allá de ella (la realidad del alma), una realidad que es autónoma y que es orientadora (orienta a la consciencia en un proceso de individuación o realización de la Totalidad del individuo). En otras palabras, la consciencia deja de creerse la dueña y señora de su destino, y comienza una relación dialéctica (un diálogo) con ese Otro, que se expresa de un modo polimórfico y polifacético, que habita en él (como habita en todo ser humano).  

Uno de los peligros de la mentalidad occidental/occidentalizada es el de querer "utilizar" los arquetipos para su propio beneficio; el de querer conquistar el alma, para hacer  lo que al yo le venga en gana. La instrumentalización y utilización pragmática y yoica de este conocimiento, degrada el arquetipo y lo transforma en estereotipo; y la realidad viva del símbolo en un mero atavío despojado de vitalidad, es decir, mera pose. Desgraciadamente, podemos observar esto en prácticamente cualquier ámbito de la experiencia, desde aquellos cursillos de fin de semana que prometen la iluminación express, pasando por el desprecio de la realidad anímica que el racionalismo desencantado realiza (por ejemplo, en la negación de toda realidad trascendente); y, en la política, so pretexto de un estado aconfesional, tratar de introducir una espiritualidad laica, cometiendo una contradicción en sus propios términos.

Para finalizar, creo que es importante reseñar aquí que, desligar los conceptos del contexto en el que fueron expresados para tratar de definir una serie de hechos y sucesos, y utilizarlos de un modo pragmático sin comprender el sentido y la realidad a la que se refieren, puede provocar muchos malentendidos. Como un  colega dijo en una ocasión: "un texto sin contexto es un pretexto para decir cualquier cosa".