jueves, 10 de marzo de 2016

EL DESCUBRIMIENTO DE LA DIMENSIÓN FEMENINA EN LA MUJER CONTEMPORÁNEA


“... has alzado tu pie y has abandonado
el granero de la fertilidad.
Las mujeres de la ciudad ya no hablan más de amor
con sus maridos.
Por la noche ya no hacen el amor.
Ya no están más desnudas delante de ellos
revelándoles sus íntimos tesoros.”
Sacerdotisa Sagrada sumeria. 2300 a de C.
(Durante el descenso de Inanna al mundo
subterráneo de su hermana Ereskigal.)

"Mi aterrizaje en la terapia fue en un momento en el que yo estaba entrando en lo que llamo la fase "L'Oreal de la mujer", "porque yo lo valgo" (no es un término muy científico, pero se da en muchas mujeres), momento delicado porque o te lanzas a los placeres que la vida exterior te ofrece, merecedora de todo, tras tantos años de tiranía contra una misma, "por fin disfrutar, esto es vida", y "¡el mundo es nuestro mujeres" que estamos hartas del patriarcado!; o bien, la vida te lanza hacia dentro de ti porque te va a mostrar lo que verdaderamente vales tú, al igual que lo vale el resto del universo del que eres copartícipe.  Yo había optado por la vía primera (lanzarme a los placeres de la vida), porque no sabía que existía la opción b) (el descubrimiento del mundo de la Diosa), tal cual la estoy viviendo." 

Así definía una de mis pacientes su estado anímico cuando llegó por primera vez a mi consulta. Estaba al borde de la disolución de su matrimonio. Trataba de buscar el amor fuera de su relación matrimonial. Llevaba casada quince años y tenía dos hijos. Tanto ella como su marido llevaban una doble vida sexual y sentimental. Alertada por la situación y por un profundo sentimiento de que algo en su interior no estaba en orden buscó ayuda psicoterapéutica. Llevaba tres años buscando hacer terapia hasta que se decidió acudir a mi consulta. Un sueño que había tenido hacía unas semanas coincidía con uno que yo había relatado e interpretado en mi libro Al final del túnel. Una historia sobre el despertar del alma

Procedía de una familia conservadora, de clase media. En su infancia había recibido muy poco afecto por parte de sus padres. En lugar de amor, su madre expresó rechazo cuando la tuvo en sus manos al poco de nacer porque sentía que no sería capaz de criarla y educarla adecuadamente. Su padre apenas estaba en casa, porque llevaba una doble vida. Ambos progenitores tenían personalidades muy inmaduras. Su madre apenas tenía deseos sexuales, se comportaba con su esposo como si fuese su mamá, y su padre buscó la sexualidad que le faltaba en una amante. La expresión de las necesidades individuales y los impulsos sexuales eran tabú. Su madre se había encargado de explicarle que las mujeres que mantienen relaciones sexuales apasionadas eran unas "putas, unas guarras y unas sucias". Así que, en su relación matrimonial estaba repitiendo el mismo patrón que había introyectado (absorbido de un modo inconsciente) durante su educación. Hasta que, un año y medio antes de nuestra primera sesión, conoció a dos hombres impotentes, uno mayor y otro joven. Y, de pronto, descubre que despierta la libido sexual de ambos. La Diosa irrumpe en su vida de un modo imparable y desconcertante.

Dado que las explicaciones racionales no causaban apenas efecto, decidí buscar una respuesta a su situación por una vía no racional. Le pedí que procurase recordar los sueños, escribirlos y traerlos a la consulta. Esto produjo resultados espectaculares en tan solo unas pocas semanas. Pudo recordar varios sueños que, junto con el primero que trajo a consulta, se convirtieron en una guía para abordar la terapia de un modo adecuado. 

En el primer sueño veía una estancia oscura en la que se respiraba una atmósfera sagrada. De allí partía un túnel infinito desde donde llegaba una luz dorada de un candil. La imagen le parecía que semejaba la del ermitaño de la bajara del Tarot. Una voz masculina le habla del siguiente modo: "buscando puertas / y tú poder hallarlas y tú poder lograrlas" y la voz se despide diciéndole “el Espíritu".

En el segundo sueño circula en el coche con su marido a quien le pide que la apee porque tiene que subir a casa, pues ha quedado con la peluquera. Al bajar del vehículo ve la calle donde ella vivía durante su infancia toda devastada, desértica, sin un alma, y un gran incendio que procede del cielo. No quiere que la vea nadie porque teme que le dirán que estar allí es peligroso. Aún así se decide a subir, si bien lo hace con mucho esfuerzo. Una vez arriba ve un fuego infernal que lo está arrasando todo. En la siguiente escena se ve rezando un Padre Nuestro entre el fuego, el humo y las ramas de unos árboles sin hojas que dificultaban su ascenso. Finalmente, consigue ascender agarrándose a las ramas de los árboles. Unas voces masculinas diabólicas le hablan desafiantes, se ríen de ella y le dicen que no será capaz de subir. Pero ella siente que puede y, con autoridad, se enfrenta a las voces con valentía, al tiempo que reza el Padre Nuestro. De pronto, en mitad de la escena, justo en lo alto, entre dos palos de madera, aparece un gran corazón rojo en un escenario gris que palpita en sincronía con su propio corazón. Las voces desafiantes se alejan mientras ella continúa rezando el Padre Nuestro hasta que desaparecen.

En el tercer y cuarto sueños aparecen las imágenes de una mujer anciana, de una tarotista y de una sacerdotisa que conoce los misterios de la naturaleza. 

Los sueños, además de ser sintomáticos y, por lo tanto, una herramienta para el diagnóstico, son simbólicos. Apuntan a un sentido que va más allá de sí mismos y que está fuera del alcance de las palabras y de la explicación racional. El lenguaje de lo inconsciente es arcaico y natural. Produce de un modo espontáneo, al margen de los acontecimientos y de la consciencia racional, fragmentos de mitos, leyendas y cuentos como dramas personales. Están referidos a la relación que mantiene la consciencia de la persona con su propia profundidad y pueden ponernos en contacto con una fuente de sabiduría natural que reside en todos nosotros. 

Durante el análisis e interpretación de las imágenes de sus sueños le dije a mi paciente que tenían un carácter sagrado. Que había que tomarlos muy en serio porque expresaban unas necesidades profundas, suprapersonales, que podían ser tanto o más importantes que las necesidades biológicas. No importaba que esas imágenes oníricas no se pudiesen traducir de un modo sencillo a términos racionales. Pues su propósito era orientar y ampliar la consciencia en un proceso mucho más profundo que parecía impulsarla hacia un punto central de carácter divino. Un Centro que daría un Sentido profundo a su vida. 

El primero de los sueños se está refiriendo a la realidad espiritual a la que, en Psicología Analítica, denominamos inconsciente colectivo o espíritu de la profundidad. Le indica con claridad que, más allá del mundo consciente, hay una realidad profunda, sagrada, de la procede una luz trascendente a la consciencia. Y que ella está convocada a descubrir aquella luz, a escuchar la voz de la profundidad que se convertirá en la guía de su vida.

El segundo sueño es anticipatorio u orientador y adelanta lo que va a suceder en los años siguientes. Comienza un camino en solitario que la conduce hacia el pasado, en una regresión a etapas infantiles, que es en donde quedó su vida interior estancada. Un incendio lo arrasa todo, lo que simboliza un período de crisis y de transformación de todas las esferas de su vida. Como esa situación le hizo atravesar momentos de tristeza y de sufrimiento, con un estado anímico depresivo, ciertas voces, tanto internas, procedentes de su animus u hombre interior diabólico, cuanto externas, provenientes de sus familiares, amigos o allegados, le decían que la terapia tenía que evitar que sufriera y hacerla sentirse bien, y, dado que estaba triste y deprimida, tenía que abandonarla cuanto antes porque no le convenía. Aún así, mi paciente, como anticipaba el sueño, se enfrentó a sus pensamientos sobre el abandono de la terapia, así como a las personas que le aconsejaban dejar el análisis oponiéndose o dificultando el proceso de transformación que estaba experimentando. Con una actitud religiosa consiguió enfrentarse a aquellas voces que se oponían a la renovación y, después de vivir una auténtica Pasión, tuvo un encuentro genuino con el Cristo interior simbolizado por el Corazón rojo, que palpita entre los maderos  de la Cruz. El descubrimiento del Amor auténtico, del sentirse soportada, consolada y amada por Cristo fue vivido por la paciente como un auténtico milagro.

En los sueños tercero y cuarto comienzan a aparecer imágenes de la Diosa que simbolizan la importancia de renovar una actitud religiosa que había sido reprimida, no solo por mi paciente, sino también por la sociedad de nuestro tiempo desde hace muchos siglos. La actitud religiosa femenina la remitía simbólicamente a la antigua diosa de la vida y de la embriaguez sexual y emotiva, así como a su consorte, amante y víctima, que eternamente muere y renace: Dionisos. El mito que estaba desplegándose en lo inconsciente de esta mujer se corresponde con el arquetipo de la diosa griega Perséfone o con el de la diosa sumeria Inanna, con el que dábamos comienzo nuestro artículo. 
La mujer que deseaba lanzarse al mundo para vivir su femineidad sin conocerse a sí misma, descubrió la realidad profunda que guiaba sus pasos, sintiéndose nutrida por una fuente de sabiduría interior que brotaba de un manantial instintivo de feminidad. Así describe su estado anímico después de seis meses de terapia:

"Al principio, mi búsqueda de Dios era un modo de poder dejar de responsabilizarme de mi vida porque en el fondo de mi ser era secretamente insegura y temerosa de todo, y eso (mi búsqueda de Dios) me proporcionaba algo a lo que agarrarme. Y aunque era buscadora, aún no lo había encontrado. Y puesto que no soy dogmática y necesito sentir, no podía engañarme. Seguía abierta al misterio con verdadera humildad.
En el fondo de mí, en mi aparente equilibrado desenfreno, yo sabía que había algo que no estaba en orden conmigo misma, más allá de los convencionalismos sociales por los que no me regía en absoluto. Sucedía en mi interior: yo estaba traicionando a ese algo que estando en mí, estaba por encima de mí. Y ese algo a su vez era un eje en mí que tenía una fuerza que me atraía sin poder escapar, y que a su vez no lograba alcanzar.
En pocas semanas, la terapia pone frente a mí gran parte de lo que yo no quería ver. (En estos momentos, eso sigue produciéndose). Por ejemplo:
Había pasado mi vida odiando a mi padre y con una gran agresividad contenida frente a mi madre, y fui capaz de convertirme simultáneamente en lo peor de cada uno en un "abrir y cerrar de ojos"; a la vez era amante y esposa despechada, arpía y espía con derecho a todo para preservar lo que para mí era de mi posesión (mi marido). Y con derecho a todo lo que me pudiera ofrecer la vida, que para eso era mujer (vida A y vida B, cohabitando en mi perpetuo desasosiego).
Con los sueños una verdadera odisea. Cada cosa que soñaba, pasaba del inconsciente al consciente y se manifestaba en mi vida real. Me asustaban esas fuerzas; hasta llegué a pensar que soñar era malo, y si no soñaba, al menos no se manifestaría el mal. Solo podía convocar eso en mis sueños. Todo lo peor.
Hasta que pude ver que mi realidad externa era fiel reflejo de todo aquello que yo había estado toda mi vida reprimiendo, negando, ocultando y juzgando. Y en esos momentos mi vida se desmoronaba. Todo mi desorden interno se reflejaba fuera.
El psicoanálisis va haciendo que vea una tras otra mis sombras, y los muros que caen uno tras otro; te despoja de todo. Me resistía, en una lucha carnal contra una parte de mi y contra mi terapeuta que con firmeza y a la vez flexibilidad, tenía bien fuerte agarrada la cuerda, haciendo la tensión justa y exacta soportable por mi ego en cada momento.
Mi sufrimiento y mi prepotencia eran brutales. Y cuando ya no tienes donde agarrarte, todo lo que tienes y has logrado con tanto esfuerzo en esta vida te das cuenta de que no te sirve en este camino hacia tu Verdad, ni sabes quién eres, pero sí quién no deseas ser,  todo estalla en mil pedazos, una implosión en silencio y sucede el milagro. El acceso a la verdadera realidad. Una verdad trascendente que da un sentido de plenitud a tu vida.
Ahora podemos ir por cualquiera de mis recovecos. Ya no tengo miedo. Los sueños son para mí algo imprescindible. Voy comprendiendo sola algunos aspectos. Y me ayudan muchísimo.
Solo conociendo lo máximo que habita en mí podré evitar, si Dios así lo quiere, ese fatídico final que los hombres llamamos destino. E intentar entregarme y entregar a los demás lo mejor desde ese mágico lugar que hay en mí, y por encima de mí, y que lo llamaremos Amor, pero que es más que amor (porque es un estado de consciencia ). Es una forma de ser y estar en el mundo cada minuto de mi vida."


He descrito el descubrimiento de lo femenino en una mujer contemporánea porque es el dilema que hoy impregna las almas de millones de personas, hombres y mujeres. La sexualidad, el impulso que arrastra hacia la expresión de la individualidad femenina y la necesidad de afecto y de apoyo seguro son necesidades de carácter arquetípico. Durante muchos siglos han sido consideradas como negativas, malignas y diabólicas por una cosmovisión que adora los valores masculinos en detrimento de lo femenino arquetípico. En palabras de E. Whitmont  "el culto a una divinidad como masculina o femenina expresa un sistema de valores existencial y una forma de percepción en la que un género arquetípico prevalece sobre otro en el plano psicológico, siendo tan convincente y determinante para las mujeres como para los hombres. (...) El menosprecio de lo femenino tiene pues sus raíces en tendencias dinámicas de la psique (arquetipos) más elementales que las modas pasajeras o los prejuicios intelectuales."

En una cultura androlátrica (adoradora de un sistema de valores masculino) como la nuestra, que menosprecia el género arquetípico femenino, el Amor parece haber abandonado la vida íntima de las personas. Solo redescubriendo, aceptando e integrando los valores de la Diosa (arquetipo femenino), la fertilidad volverá de nuevo a los graneros, las mujeres y los hombres volverán a hablar de amor con sus cónyuges, harán el amor apasionadamente y se les revelarán los profundos misterios de la femenino. 

Autor: José Antonio Delgado González
Psicólogo y terapeuta de orientación junguiana




Bibliografía:

Delgado González, J.A. (2014). Al final del túnel. Una historia sobre el despertar del alma. Chesterton: Delgado González editor.

Delgado González, J.A. (2014). La hermandad de los iniciados. Chesterton: Delgado González editor.

Delgado González, J.A. (2015). CINE Y ESPIRITUALIDAD. El viaje del héroe en Avatar y otras películas de ciencia ficción. Chesterton: Delgado González editor.

Harding, E. (2005). Los misterios de la mujer. Simbología de la luna.  Barcelona: Obelisco.

Whitmont, E. C. (1998). El retorno de la diosa. El aspecto femenino de la personalidad. Barcelona: Paidós Junguiana.