viernes, 30 de abril de 2010

ME ENTREVISTA MOISÉS GARRIDO




Entrevista al científico ambiental, escritor y experto en Psicología Analítica José A. Delgado González (la entrevista completa aquí):


“LA ACTUAL CRISIS GLOBAL NOS OBLIGA A RENOVARNOS INTERIORMENTE”


Texto y fotos: Moisés Garrido Vázquez



“Las emergencias espirituales -asegura el psiquiatra checo Stanislav Grof- pueden definirse como etapas críticas y difíciles de atravesar en una profunda transformación psicológica que abarca todo nuestro ser. Se dan como estados alterados de conciencia, e implican emociones intensas, visiones y otros cambios sensoriales, pensamientos extraños y diversas manifestaciones físicas”. Es evidente que lo inconsciente se manifiesta con más fuerza en momentos de crisis social o de transformación colectiva como el que vivimos actualmente. Ahora, más que nunca, los arquetipos se proyectan al exterior, irrumpiendo las vivencias paranormales y sincronísticas, los sueños recurrentes, los casos de canalización, recuerdos de supuestas vidas pasadas, experiencias extracorpóreas, episodios de conciencia cósmica, etc. Hay una profunda necesidad en el hombre de explorar su ser interior y orientar su destino hacia cuestiones espirituales. Todo este síntoma de renovación psicológica, coincide a su vez con el desmoronamiento de los dogmas teológicos impuestos por las religiones institucionalizadas, cada vez más cuestionadas. La política y la cultura también están atravesando por un serio proceso deconstructivo. No digamos la crisis medioambiental que sufre nuestro planeta clamando urgente ayuda. Y en el campo científico, vemos cómo se resquebrajan viejas ideas reduccionistas para dar paso a un nuevo paradigma más receptivo hacia lo transpersonal y lo holográfico. El papel tan determinante que juega la conciencia en la realidad que nos rodea, como propone la física moderna, posiblemente guarde estrecha relación con todas estas emergencias espirituales que ahora mismo están protagonizando muchas personas. La psique construye la realidad que observamos, pero también la transforma. Mente y materia formando un todo. “La fragmentaridad es una ilusión de la mente: el verdadero estado de las cosas es una totalidad indivisible”, propone el físico David Bohm. De todo ello, nos habla nuestro entrevistado, José Antonio Delgado González (Madrid, 1972), licenciado en Ciencias Ambientales y especialista en Psicología Analítica. En su reveladora obra El retorno al paraíso perdido (Sotabur, 2004), explora aquellos aspectos más profundos de la crisis personal y colectiva, la sombra y las convulsiones sociales, la interrelación entre Anima y Animus y muchas otras cuestiones que tienen que ver con la evolución interior. Ha publicado, también, su novela autobiográfica Encuentros en la oscuridad (Nuevosescritores, 2007), en la que disecciona y expone, sin tapujos, algunos de los más graves escollos de la sociedad moderna: el incremento vertiginoso de las separaciones de pareja, la violencia de género, el materialismo recalcitrante, la carencia de un sentido trascendente y de un contenido espiritual de la vida o la falsa creencia en que la felicidad es proporcionada por los bienes materiales que el hombre atesora. Además, en breve, aparecerá en el mercado su último ensayo novelado titulado El Cristo interior (publicado en febrero de 2011, con el título de La Hermandad de los Iniciados), un viaje al interior del alma humana en donde se dan cita la gnosis, la alquimia, el sexo sagrado, el hermetismo y la astrología, teniendo especial relevancia también el Evangelio de Judas y la figura de María Magdalena.

- Tu libro El retorno al paraíso perdido se estructura en capítulos a modo de grados de evolución en el sendero de la iniciación. Comienzas con la sombra del ser humano, analizando el mal, hasta llegar al despertar de la conciencia. ¿Era tu objetivo marcar la pauta del iniciado, de quien se sumerge en el sendero? ¿De algún modo es una autobiografía?...

- “Como muy bien apuntas, el libro tiene un propósito eminentemente iniciático. Su estructura de doce capítulos divididos en cuatro apartados es ya una señal indicativa de lo que podemos esperar de su contenido: una invitación cartografiada a emprender el viaje del Conocimiento. No creo que pueda concebirse el libro como una autobiografía, en el sentido de una exposición de acontecimientos biográficos. Esto lo puedes hallar en mi novela Encuentros en la oscuridad, en la que sí describo algunas de mis experiencias vitales, combinadas con otras surgidas de una mixtura que aúna productos de mi imaginación creativa y la exposición de los problemas de fondo que afectan a toda nuestra civilización. El retorno al Paraíso Perdido es, más bien, el producto destilado de mi encuentro con mis ancestros, de mi trabajo personal con los arquetipos junguianos, en definitiva, de mi entrada en la cueva o útero materno de la Diosa. Por ese motivo, en ocasiones, dejé a lo Inconsciente que se expresara libremente, siendo mi ego un simple instrumento a su servicio. Fue así como surgió, por ejemplo, el capítulo en el que presento la teoría del sistema psíquico, donde afirmo que la psique puede ser concebida como un sistema abierto y disipativo”.


INVESTIGANDO LA SOMBRA

Según nos explica José Antonio durante la entrevista mantenida en Madrid, cuanto mayor sea el número de individuos que se dediquen a la investigación, a la elucidación y al trabajo con los arquetipos, especialmente con la sombra, desde los más diversos ámbitos del saber, tanto más nos aproximaremos a la ‘masa crítica’ necesaria para que el cambio de consciencia que el espíritu de los tiempos demanda se extienda exponencialmente al colectivo. “El único modo de dominar la sombra es conociéndola. Y, para ello, el individuo debe enfrentarse al conflicto que este conocimiento conlleva. La sombra es la inevitable oposición que toda génesis de un centro de luz, al que llamamos ego, genera. En el camino de iluminación de la sombra, el ser humano ha de comenzar por tomar consciencia de lo que de oscuro y negativo hay en su personalidad, de aquellos contenidos biográficos reprimidos por diversos motivos, retirando las proyecciones que antes espetaba en los demás. Hasta aquí, con autocrítica y cierto trabajo interior, la sombra es susceptible de hacerse consciente sin demasiadas complicaciones”. Asimismo añade: “Ahora bien, cuando la sombra aparece como arquetipo, entonces da lugar a las mayores dificultades, puesto que el individuo se encuentra cara a cara con el mal absoluto, con el reverso tenebroso de Dios. Y esta sí es una experiencia iniciática, a la que no todo el mundo tiene acceso”. Para nuestro entrevistado, es importantísimo tomar consciencia de la sombra de la que cada cual es portador, pues es de la mayor relevancia adquirir una actitud de alerta ante los conflictos colectivos que asedian a occidente, ya que, se quiera admitir o no, nos afectan a todos.

- ¿Crees que el caos en el que está sumergido actualmente el mundo, sobre todo occidente, es señal del emerger de una nueva conciencia colectiva, de un cambio de paradigma psicológico, social, científico y religioso?

- “Sí, estoy convencido de ello y así lo afirmo, no sólo en El retorno al Paraíso Perdido, sino también en mi novela Encuentros en la oscuridad y en gran parte de mis ensayos y artículos publicados en la red. Una experiencia de más de una década con lo inconsciente, tanto en mi mismo, cuanto a través de las crisis existenciales padecidas por mis analizandos, ha afianzado mi originaria intuición”.


EMERGENCIAS ESPIRITUALES

Una crisis de transformación puede desencadenarse por muchos factores, desde una enfermedad o accidente hasta un fracaso sentimental o una pérdida laboral. Lo emocional juega un papel fundamental en toda emergencia espiritual. Precisamente nuestro protagonista atravesó por una amarga experiencia relacionada con una ruptura de pareja que le hizo adentrarse por los derroteros de lo espiritual y transpersonal, sufriendo una profunda transformación interna y descubriendo las graves consecuencias de la escisión entre el hombre interior y la realidad exterior. Su vida cotidiana se vio, de improviso, trastocada. El perturbador proceso tuvo finalmente consecuencias positivas, más bien terapéuticas. “Pasé por una crisis muy tumultuosa con mi pareja y luego vino la separación, con el consiguiente conflicto interior de si volver con ella o no. Encontrándome en esta encrucijada, comencé a estudiar estos temas. Primero me inicié con las obras de Erich Fromm y poco después pasé a Jung, iniciándome con su libro Los complejos y el inconsciente, que lo leí varias veces, para extraer su máximo jugo. Entonces, desde ese momento, me dediqué a estudiar en profundidad la psicología junguiana, viendo que ahí hallaría la clave que necesitaba para comprender todo lo que me estaba pasando a mí y todo lo que estaba sucediendo en el colectivo”. Otro libro fundamental para nuestro protagonista fue el que escribió Jung y Pauli sobre la sincronicidad. “Empecé a enlazar todos los eventos sincronísticos que me sucedían a mí, comprobando a su vez que existía un paralelismo entre lo que sucede en el inconsciente colectivo a nivel psíquico y lo que sucede después en el mundo exterior, esa relación que no es de causalidad, sino de coincidencia significativa”, recuerda con entusiasmo.

También protagonizó una curiosa y más que significativa vivencia en el ámbito académico, cuando se preparaba para doctorarse en Psicología por la Universidad Autónoma de Madrid (UAM). En sus propias carnes, sufrió la censura que el establishment universitario tiene hacia determinadas cuestiones heterodoxas del conocimiento, como es el caso de la astrología, la alquimia y el tarot -temas que pensaba abordar en su tesis doctoral únicamente desde el punto de vista de la psicología junguiana-, a pesar de que recibió el apoyo de ciertos profesores de mente abierta. Su determinación fue drástica: decidió no doblegarse a las exigencias académicas y abandonó sus estudios de doctorado para seguir su formación de manera autodidacta, que casi siempre resulta mucho más fructífera que la marcada por el sistema educativo, obsoleto y dogmático en muchos aspectos. “Cuando tenía prácticamente 200 páginas escritas de la tesis doctoral se las presenté a Luis Montiel, mi director de tesis, historiador de la medicina y muy versado en psicología profunda. Me advirtió que estaba tocando asuntos que dentro de las líneas de investigación de la universidad no encajaban. Se salían de la ortodoxia académica. Agregó que si seguíamos adelante por esa línea, nos desprestigiábamos tanto él como yo. Entonces decidí no continuar con el doctorado y publicar mi trabajo investigativo, una vez concluido, como libro. Y eso hice”.


EL 11-S Y SUS CLAVES SIMBÓLICAS

Para el entrevistado, la fecha del 11-S significó un importante hito en el mundo de los arquetipos, incluso hubo acontecimientos astrológicos muy significativos. “No se trata de que la constelación astrológica sea causante de los atentados terroristas, aclara. Este es un asunto muy delicado y es importante ilustrarlo bien, pues de su comprensión depende el que luego se entiendan las relaciones. En primer lugar, la astrología no causa nada, sino que se relaciona de un modo sincronístico, o simbólico, si se prefiere, con lo que tiene lugar en el mundo de la materia. Los gnósticos y los alquimistas expresaban este principio universal aplicable a la astrología en la máxima siguiente: ‘así es arriba, como abajo’. Hoy, gracias a las aportaciones combinadas de Carl Jung y Wolfgang Pauli, esta ley recibe el nombre científico de sincronicidad. Así, respondiendo a tu pregunta, la oposición entre Saturno y Plutón simboliza una lucha entre dos tendencias arquetípicas con connotaciones muy desagradables. No se trata de que dicha oposición provoque la guerra, sino más bien, que, tanto a nivel colectivo, como en la vida privada de cada cual, hay material proveniente de las profundidades más arcaicas de lo inconsciente colectivo que está presto a emerger a la consciencia. Dado que los contenidos de ese estrato son primitivos, y hasta bestiales, la consciencia lucha por mantenerlos en jaque, ocultándolos. Cuando esto sucede dichos contenidos son proyectados al ámbito exterior y se manifiestan en fenómenos y circunstancias que parecen provenir y estar fuera del colectivo humano, como el ataque terrorista que sufrió Estados Unidos el fatídico 11 S. Quizás la imagen arquetípica más elocuente de esta constelación astrológica la constituya la carta del Tarot denominada ‘La Torre’. Traducido a términos sencillos este gran hito arquetípico significa que la pretendida invulnerabilidad y omnipotencia del Ego colectivo de los países que integran occidente, a la cabeza de la cual se encuentra Estados Unidos, ha sufrido un duro golpe que lo ha hecho caer de las alturas de su hybris heroica, es decir, de su inflación, para morder el polvo”. Según explica Delgado, el número 11 es un símbolo de discordia, oposición, enfrentamiento entre tendencias contrapuestas. Lo cual se correlaciona significativamente con el simbolismo de Géminis (los hermanos gemelos). En lenguaje psicológico esto representa la lucha entre el Ego colectivo y el alter Ego, es decir, su sombra. Y esta coincidencia significativa de acontecimientos separados en el espacio y en el tiempo tiene su razón de ser en la constelación de un arquetipo que lleva años actuando: la Diosa en su faceta destructiva. En definitiva, tras todo ello, se vislumbra el desmoronamiento de los pilares sobre los que se sustenta la cultura occidental.

- Reconozco mi escepticismo hacia la astrología. Sin embargo, observo que muchos que os adentráis en el universo junguiano, en el mundo de los arquetipos, de los símbolos ocultos de la psique, dais una gran relevancia al conocimiento astrológico. ¿Qué razones tenéis para mezclar astrología con psicología?

- “Me alegra que me hagas esa pregunta, Moisés. La Astrología es contemplada en el ámbito académico con mucho recelo, considerándola como una pseudociencia. De hecho, cuando cursaba estudios de Astronomía en la facultad de Ciencias, el profesor que impartía la asignatura comenzó su primera clase exponiéndonos la radical diferencia, según su parecer, entre la Astronomía, considerada por él una verdadera ciencia, y la Astrología que concebía como una pseudociencia, más propia de un falso profeta que de un científico serio. Algo parecido sucede con la parapsicología, por ejemplo, que tengo la impresión de que es el nombre moderno para designar a la metafísica. Desde luego que existen numerosos casos de fraude en todo lo relacionado con la Astrología, así como con el Tarot y otras “mancias” similares. Máxime en estos días de oscuridad y caos, donde la inconsciencia y la ignorancia de los principios universales parecen haberse adueñado de buena parte del colectivo. Sin embargo, eso no significa que la astrología, como la parapsicología o la ufología, verbigracia, no puedan ser objeto de un estudio científico riguroso. Ni siquiera la ciencia ortodoxa, rigurosamente académica, se libra del fraude, como bien sabes. Lastimosamente, el prejuicio que acompañaba a mi antiguo profesor de Astronomía está muy extendido y afecta, por igual, al profano y al erudito, al científico y al sacerdote. No obstante, esto no debe ser un obstáculo para el verdadero Científico, para el buscador de la Verdad, puesto que si somos capaces de librarnos de los prejuicios que gravitan en torno a la astrología, nos daremos cuenta enseguida del ingente manantial de formaciones arquetípicas presentes en su simbología, las cuales auxilian al terapeuta a iluminar las consciencias, gravemente turbadas, cuando emerge material procedente del inconsciente colectivo, algo que sucede siempre que se atraviesa una crisis espiritual. Del desconocimiento y de la incompetencia de los legos no es responsable el psicólogo”.


LA MANIFESTACIÓN DE LO FEMENINO

- ¿Qué papel juega en todo este rol de la búsqueda de la verdad la emergencia del arquetipo femenino?

- “Bueno, habría que diferenciar entre lo que está sucediendo en el ámbito de los epifenómenos materiales, es decir, a un nivel manifiesto o consciente, de lo que se está gestando en las capas profundas del Inconsciente Colectivo. Uno de los fenómenos de mayor relevancia en el mundo occidental es, junto a la progresiva preocupación por el deterioro del medio ambiente planetario, el que está teniendo lugar con la mujer moderna. El creciente interés por la igualdad de derechos entre las mujeres y los varones revela un cambio de consciencia cuya trascendencia apenas empezamos a vislumbrar. En el fondo, esto no parece ser sino la manifestación más obvia de la paulatina superación del patriarcado psicológico al que ha estado sometida la humanidad, afectando tanto a las mujeres como a los hombres, desde los remotos tiempos del helenismo. Tal y como he desarrollado en mi último trabajo, Feminismo y Autorrealización, el patriarcado ha minusvalorado la mayor parte de los atributos asociados a lo Femenino y, con ello, ha despreciado y lacerado aquellos valores que son más afines a la personalidad femenina. De ahí que, como afirmo rotundamente en mi ensayo, ha sido la mujer la más perjudicada con la perpetuación de la orientación patriarcal que ha prevalecido, y que aún prevalece en gran medida, en la cultura occidental. Sin embargo, la Era de Acuario muy probablemente se caracterice por la búsqueda de la Verdad, y esa búsqueda no está circunscrita a ningún género, sino que es extensible a toda la humanidad. De modo que, la Individuación de la mujer moderna es la necesaria contrapartida a la unilateralidad que ha caracterizado a los últimos tiempos de la era de los peces. De ello depende, en mi opinión, que la cultura occidental logre sanar su lacerante herida, renovándose interiormente a sí misma. Sobre estas afirmaciones versa gran parte de mi último ensayo novelado titulado En busca del Cristo interior y que espero sea publicado en breve por alguna editorial española. Al menos esa es mi intención.

Ahora bien, si ajustamos las lentes y multiplicamos los aumentos, nos daremos cuenta de que la emergencia del aspecto oscuro del arquetipo de la Diosa parece ser un síntoma elocuente de la grave crisis estructural en la que está sumido el modelo o estilo de vida occidental. Tanto Carl Jung, cuanto más recientemente Stanislav Grof, entre otros psiquiatras transpersonales, han evidenciado que la emergencia del arquetipo de la Diosa oscura, identificado con la diosa Kali hindú, o con la egipcia Seckmet, tiene lugar en aquellos períodos de profunda crisis espiritual, tanto a nivel individual, cuanto en el ámbito colectivo o social. Mi experiencia de más de una década en la investigación del inconsciente colectivo me ha mostrado que ambos investigadores estaban en lo cierto. Asimismo, hay un símbolo, asociado al mismo arquetipo, que emerge en los períodos de crisis de sentido, y es el del gran dragón lunar. Este, en algunos de los sueños de mis analizandas, se presenta arrasándolo todo a su paso y sumiendo al mundo en la oscuridad y el Caos, como en una noche de luna nueva. Los hindúes denominan a esta fase arquetípica con el nombre de Kali Yuga y se refieren a ella como a una edad oscura en la que se produce el despertar de la destructividad, la violencia, la enemistad entre los seres humanos, el deseo sexual depravado, el materialismo prosaico y la ignorancia de los principios universales, es decir, la completa carencia de Sabiduría. De ahí mi afirmación de que la emergencia de lo Femenino, en su aspecto oscuro, parece ser un síntoma de una grave crisis estructural que afecta a los pilares sobre los que descansa la civilización occidental. Pero toda crisis encierra en su seno una oportunidad de renovación. Y, en este caso, la oportunidad estriba en saber aprovechar la radical transformación de la consciencia que el encuentro con la oscura diosa plutoniana puede provocar a aquel que esté dispuesto a ser sacrificado, para renacer renovado. Quien ha de morir es, por supuesto, el ego en su ignorancia y estrechez de miras para dar a luz al arquetipo del andrógino. Con ello, mujeres y hombres, habrán de apartar sus intereses egoístas para regir sus vidas de acuerdo al principio universal encarnado en su Ser esencial. Motivo por el cual, dedico un capítulo completo a estudiar este arquetipo plutoniano a través de los símbolos de varias diosas relacionadas con la serpiente o el escorpión, en definitiva, con algunas de las distintas caras con las que se presenta el Dragón Lunar. Y lo hago a sabiendas de que en este arquetipo femenino reside no sólo el veneno que se ha extendido por el mundo como una metástasis, sino también el remedio a ese cáncer que se ha adueñado de toda manifestación vital”.

Posiblemente, ese arquetipo emergente al que alude nuestro entrevistado materialice mejor que ningún otro esa fascinación que hay en estos momentos hacia las culturas ancestrales, la filosofía perenne, las religiones mistéricas, el cristianismo gnóstico, el papel iniciático de María Magdalena como Hieródula (servidora sagrada del templo), etc.

- ¿Percibes ese interés cada vez mayor hacia la sabiduría primordial, tal vez para conocernos mejor a nosotros mismos y descubrir nuestros orígenes?...

- “Así es. Permíteme que te responda con un fragmento extraído de mi libro El retorno al Paraíso Perdido: ‘La recuperación del Hombre y la transformación de la situación actual, sólo es posible regresando a la fuente de la sabiduría primordial. Otrora brotaba a borbotones, su fluir era caudaloso y colmado de vida. Hoy, apenas fluye un pequeño reguero, que con dificultad recorre el rocoso y contaminado lecho por el cual serpentea. Esa Sabiduría de lo Trascendente nace en un determinado momento de la evolución del individuo, y, a través de su efímera y diminuta existencia, es capaz de manifestar la grandeza de lo Eterno. Su primer estadio es la intuición, pero ésta no es sino un pálido reflejo de aquella fuente primordial. De ella surgen todos los dioses y diosas que gobiernan la existencia del Hombre. Esa fuente se llama videncia, comunión con Dios, contemplación de la eterna sabiduría de la vida y reside en los lares más íntimos del alma humana’. El retorno a la fuente, que es una inmersión en el océano de lo Inconsciente Colectivo, verdadero anhelo del ser humano, nos lleva a todos los que nos adentramos en estos parajes de la existencia, a veces inhóspitos, a reencontrarnos con la Verdad. Una Verdad que se conoce desde siempre, como nos muestran los evangelios gnósticos, los misterios pre-cristianos, los sabios orientales, los grandes místicos, los filósofos, etc., pero que debe ser eternamente experimentada y reformulada. A la sencillez del arquetipo del andrógino, del arcaico engranaje del Tao, le acompaña una inabarcable e inagotable exégesis. De modo que, en propiedad, quien retorna al interior de si mismo encuentra el paraíso perdido, el Reino de los Cielos, la luz primordial, la chispa divina de los gnósticos. Así, poco importa desde qué ámbito del saber inicies tu viaje, puesto que, como bien dices, todos convergemos hacia un mismo punto”.

- Los sueños y su trasfondo arquetípico tienen una importancia vital en los temas que estamos tratando. ¿Qué te han aportado en tu particular búsqueda?

- “En efecto, son numerosos los sueños que emergieron desde lo inconsciente colectivo psicoideo hasta el ámbito de mi consciencia, en sincronicidad con los atentados terroristas del 11-S. De hecho, podría decirse que el germen de todo cuanto he escrito y, Deo Concedente, espero escribir en el futuro, está contenido en aquellos sueños, visiones, imágenes y fantasmas. En cierto sentido, gracias a ellos he sido plenamente consciente de la realidad unificada a la que Jung denominó Unus Mundus, un mundo único, en el que materia y espíritu no son sino las dos caras de una misma realidad”.

- El héroe se adentra en los misterios del otro mundo, se transforma, renace a una nueva vida. Es otro de los asuntos que has tocado en tus ensayos. ¿Hablamos de algo meramente simbólico o puede llegar a ser experimentado por todo verdadero buscador o iniciado? ¿Acaso sería el paso del hombre material al hombre espiritual?

- “Al hablar de la entrada del héroe en el otro mundo estoy representando y describiendo simbólicamente un acontecimiento que tiene lugar en todo individuo que sufre una transformación de su consciencia. Desde un punto de vista psicológico, lo que sucede es, como bien dices, una muerte al estado de ser anterior, o sea, al estado ‘hílico’ o material de ignorancia e irresponsabilidad infantil, y un renacimiento al ámbito del Espíritu. Y esto, por definición, es una iniciación. Jung denomina a este proceso Individuación, dando a entender con ello que el objetivo último de toda iniciación es la más completa realización del individuo. También podría decirse que se trata de una muerte del ego y un renacimiento del Rebis Hermafrodítico o Andrógino de la Alquimia, del Anthropos gnóstico, del Atman hindú o del Tao oriental, nombres todos ellos que aluden al arquetipo del Ser o personalidad total. Durante este proceso, la consciencia se hunde en las profundidades de lo Inconsciente Colectivo, desapareciendo durante un tiempo del mundo de la materia, para reaparecer transformada y portando un tesoro de conocimientos a los que tiene acceso aquél que ha convivido con los espíritus de sus ancestros. En definitiva, simboliza una bajada a los infiernos, que es, como digo, una inmersión de la consciencia en lo Inconsciente Colectivo”.


EL EFECTO ACUARIANO

- Por último, señalas que el mito de nuestra Era es el mito de Acuario. ¿En qué consiste la era de Acuario sobre la que tanto se habla?

- “Bueno, en realidad, esta idea no es nueva. Hace ya algunas décadas que ciertos grupos de tinte ocultista apuntan que nos encontramos transitando hacia una Nueva Era. Desde un punto de vista astronómico, el punto vernal, que es el punto de corte de la proyección del ecuador terrestre sobre el plano de la eclíptica, se está desplazando desde la constelación de Piscis hasta la de Acuario. Este fenómeno simboliza, según una interpretación astrológica, una transición desde la era de los peces, en la que se ha desarrollado el cristianismo, hasta la era del aguador, que habrá de abrevar con el aqua sapientiae a todo aquel que se embarque en el conocimiento de sí mismo. Estoy convencido de que esta sincronicidad cósmica se correlaciona significativamente con la búsqueda personal de la Sabiduría, entendida ésta como el Conocimiento o Gnosis de los principios universales o patrones arquetípicos allende el mundo de la manifestación. El mundo de la materia, que concierne a la acción y al cambio, tiene su razón de ser precisamente en esos principios universales. Y estos patrones o arquetipos están siendo reformulados bajo una terminología científica, acorde con el nuevo zeitgeist. Mientras que la era de los peces se ha caracterizado por la dominación de la religión cristiana y el conocimiento de la divinidad sólo podía, supuestamente, hallarse en la Iglesia por intermediación de los vicarios de Dios en la tierra, las clases sacerdotales, en la era de acuario la Sabiduría o la Gnosis no estará circunscrita, en mi opinión, a ningún contenedor material, valga decir institucional, sino que serán los individuos quienes experimentarán la divinidad en el interior de si mismos. Esto trae consigo, por lo tanto, una completa revisión y reestructuración de los pilares espirituales sobre los que descansa occidente. Dicho así, todo esto parece muy bonito. Pero el hercúleo trabajo de demolición y posterior reconstrucción que semejante empresa implica, lo conoce bien aquel que se ha visto ante la necesidad vital de llevar a cabo dicha titánica tarea. La unión del sustrato lunar, femenino, de lo inconsciente con la consciencia es una labor formidable”.

No cabe duda de que estamos protagonizando un momento crucial en la historia de nuestra civilización. La crisis global traerá cambios significativos en todos los niveles. El proceso de transformación colectiva está en su momento más álgido. Cada individuo debe tomar conciencia de la realidad en la que vive y actuar consecuentemente, por eso no debe seguir anclado a tendencias sociales y culturales caducas, manteniendo su intelecto aletargado y a merced de los mandatarios. La actitud crítica es necesaria, pero hacia todo, religión y ciencia incluidas. A su vez, mantengámonos receptivos a los nuevos paradigmas que ampliarán nuestros conocimientos y que posiblemente sirvan de preludio a un futuro en el que la crisis haya quedado definitivamente superada, Deo Concedente. No olvidemos que, quizás, estemos atravesando un profundo proceso terapéutico a escala global. ¿No siente usted, atento lector, los síntomas en su propio ser?...

Para consultar los trabajos de José A. Delgado González:

(Anexo 1)

“Una paciente soñó con unos alienígenas que se introducían en su cuerpo y la poseían, pese a sus esfuerzos por expulsarlos. Se despertó con una sensación de terror. Al profundizar en el análisis se pudo observar que esta mujer había reprimido ciertos comportamientos reprobables, proyectándolos en las personas de su entorno. El autoengaño era tal y su actitud frente a sus propios complejos inconscientes la alejaba tanto de sí misma, que el sueño reprodujo, en la escena de los alienígenas, la parte de sombra que se negaba a ver. Como tantos otros, nuestra persistencia en mantener nuestras oscuridades fuera del foco de luz de la conciencia acaba por provocar situaciones que generan conflictos y, de ese modo, se emponzoñan las relaciones interpersonales. Ese esfuerzo por evadirse, tapar u ocultar los verdaderos motivos de un determinado comportamiento se produce por la angustia y el miedo que genera enfrentarse a ellos. Pero al mantenerlos en la sombra, estos cobran fuerza, son investidos por un poder inconsciente que los hace apoderarse (posesión) de la conciencia”.

(EL RETORNO AL PARAÍSO PERDIDO, Cap. I: Introducción al lado oscuro de la psique)

(Anexo 2)

“El héroe es el hombre o la mujer que ha sido capaz de combatir y triunfar sobre sus limitaciones históricas personales y locales y ha alcanzado las formas humanas generales, válidas y normales. De esta manera, las visiones, las ideas y las inspiraciones surgen prístinas de las fuentes primarias de la vida y del pensamiento humano (…) El héroe ha muerto en cuanto hombre moderno; pero, como hombre eterno -perfecto, no específico, universal- ha vuelto a nacer. Su segunda tarea y hazaña formal ha de ser volver a nosotros transfigurado y enseñar las lecciones que ha aprendido sobre la renovación de la vida”.

(Joseph Campbell, El héroe de las mil caras)

(Anexo 3)

“Todas las manifestaciones de la crisis ecológica actual no serían sino el reflejo del estado de la psique inconsciente del Individuo (todos los hombres y mujeres) Moderno. Y, tal como sucede con los problemas psíquicos individuales, estos se han de transformar con la necesaria toma de conciencia. Y esto no se produce a menos que se adopte una actitud psicológica de profundización”.
(José A. Delgado González)

(Anexo 4)

- ¿Quién eres? ¿Cuál es tu nombre? –Preguntó Juan a su extraño visitante.
- Soy aquel daimon que quiere el Mal y genera el Bien. He recibido muchos nombres. Algunos me han llamado Satán, Diablo, Señor Oscuro, Satanás, etc… Otros, que han captado mejor mi esencia, me han denominado Lucifer. Pero incluso esos no acaban de comprender mi paradójica esencia. Tú puedes llamarme Abraxas. Soy el puente entre dos mundos, el Dios de las controversias. Dos rostros poseo y, sin embargo, pocos son los que me conocen…
- ¿De dónde procedes?
- Del mundo de lo no manifestado…
(Encuentros en la oscuridad, págs. 130-131)

(Anexo 5)

Según José A. Delgado, existen tres prejuicios principales en la cultura occidental:

1) La linealidad de la historia. Vemos la historia como una línea continua, olvidándonos de lo cíclico. Allende los acontecimientos lineales existen ciertos patrones que se repiten continuamente a lo largo de la historia y eso en la cultura occidental está bastante denigrado, precisamente por una insostenible carencia de Sabiduría.
2) La ortodoxia cristiana. Cuando enfocamos el tema religioso, parece que todo tiene que centrarse en la ortodoxia, cuando en realidad antes del Concilio de Nicea ya existían bastantes movimientos, sobre todo los gnósticos, que trataban la religión de manera más profunda. El gnosticismo es la línea mística del cristianismo, mientras que la ortodoxia es más bien la exotérica.
3) La post-modernidad. Es un error considerar al ser humano independientemente de la naturaleza, como si pudiera observarla desde fuera sin intervenir en ella, cuando realmente es parte integrante de la misma.


lunes, 26 de abril de 2010

FREUD ACUSADO DE CHARLATÁN

Al hilo de la polémica noticia publicada por Gerardo Lissardy en el BBC Mundo, según la cual el filósofo francés Michel Onfray afirma que "el psicoanálisis es comparable con una religión y su capacidad de curar a la gente semejante a la de la homeopatía", voy a publicar, en esta entrada, un comentario sobre el aparato psíquico de Freud, que presenté como práctica para la asignatura de Historia de la Psicología. Para la mejor comprensión del texto aconsejo la lectura del libro de Sigmund Freud, Compendio del psicoanálisis, una de sus últimas obras. En especial, el capítulo referido al aparato psíquico.

El filósofo Michel Onfray, sin experiencia alguna en el terreno de la psiquiatría, ni en el campo de la psicoterapia se despacha con la siguiente afirmación: "el psicoanálisis cura tanto como la homeopatía, el magnetismo, la radiestesia, el masaje del arco plantar o el exorcismo efectuado por un sacerdote, cuando no una oración ante la Gruta de Lourdes."

Huelga decir que estas afirmaciones no tienen más validez que la de mostrar el punto de vista desde el cual enfoca un filósofo racionalista, que, además, es lego en el psicoanálisis. La misma validez le asistiría a aquel que afirmara la inexistencia, por ejemplo, de la mecánica cuántica sin ser físico o practicar la Física.

El lector interesado puede informarse, a través de opiniones de psicoterapeutas y psiquiatras competentes y profesionales, en la web de Raúl Ortega o en el blog de Maribel Rodríguez.


SOBRE EL APARATO PSÍQUICO DE SIGMUND FREUD

Contexto: A tenor de las afirmaciones sobre la existencia de un aparato psíquico conformado por dos instancias, denominadas Ello (Id) y Super-yo, con las que se relaciona el Yo, el texto pertenece, con toda seguridad, a un autor psicoanalítico. Dado que el tema, que se desarrolla en el texto, es una descripción de dicho aparato psíquico, que intenta armonizar las dos concepciones tópicas freudianas, se trata de un psicólogo del inconsciente de la primera mitad del siglo XX. Aunque podemos rastrear el interés por el inconsciente en autores de finales del siglo XIX, como Schelling, Nietzche, Goethe, y, en general, en los filósofos románticos, no fue hasta principios del siglo XX, cuando el término Inconsciente adquiere entidad propia y originalidad, gracias a la figura de S. Freud. Así, el estudio sistemático del Inconsciente, como una entidad distinta de la conciencia, tuvo lugar a principios del siglo XX. Por lo tanto, si nos fijamos en la descripción de las instancias psíquicas, así como en la relación entre las mismas, podemos suponer que el texto pertenece al propio fundador del psicoanálisis, Sigmund Freud, siendo, de hecho, un fragmento de alguna de sus últimas obras.

Resumen: Como se ha mencionado previamente, el texto trata del aparato psíquico, realizando una descripción de las tres entidades psíquicas que, según el autor, componen dicho aparato: el Ello o Id, el Yo y el Super-yo. Además, el autor trata de armonizar dicho modelo estructural con un segundo modelo topográfico, en el que diferencia entre consciente, preconsciente e inconsciente, considerando a estos últimos como cualidades de los procesos psíquicos. Atribuye el estado inconsciente al Ello, que es una instancia psíquica conformada por instintos innatos heredados; el Super-yo, relacionado con el proceso civilizador, es una instancia psíquica normativa, conformada por la introyección de las normas parentales. Naturalmente, no sólo influyen en la formación del Super-yo las características propias de los padres, sino también del entorno familiar, social y, en definitiva, de las normas culturales y raciales que ellos perpetúan. Así pues, el Super-yo es, según el autor, preconsciente, en tanto que es, por un lado, susceptible de ser consciente y, por el otro, parcialmente inconsciente. En tanto que el Yo, determinado por las vivencias propias del individuo, siendo en parte consciente, está íntimamente ligado a lo preconsciente. Finalmente, y pese a la dificultad de distinguir con claridad las diferencias entre el Id y el Yo, más allá de la cualidad (preconsciente e inconsciente), que le es propia a cada instancia en particular, el autor sostiene que, si aceptamos sus tesis, la investigación psicoanalítica pone de manifiesto la existencia de una instancia inconsciente, el Ello o Id, cuyos procesos siguen leyes distintas que las que rigen en el yo preconsciente. El autor denomina proceso primario a las leyes que rigen en el Ello y proceso secundario a las leyes del Yo preconsciente.

Ampliación del significado: Aunque en el texto no se menciona, el autor explica la armonización de la teoría estructural de la personalidad, concepción que ganó en importancia para Freud, con su modelo topográfico de la mente, entendido como un conjunto de espacios mentales diferentes. La teoría estructural, como se ha dicho antes, sostiene que la personalidad está formada por tres sistemas mentales. El primero, el Id o Ello es innato, irracional, conformado por instintos y orientado a su satisfacción. El segundo, es el Yo aprendido, racional y orientado hacia la realidad. El tercero es el Super-yo irracional y moralista, compuesto por imperativos morales heredados, influencias del pasado heredadas de los demás (familia, sociedad, raza y cultura), por tradición. La teoría topográfica es descriptiva y dinámica, diferenciando entre tres espacios mentales diferentes: el preconsciente, que contiene pensamientos fácilmente accesibles; el consciente, coincidente con el habla cotidiana y el pensamiento de los filósofos; el inconsciente, formado, por un lado, por pensamientos reprimidos, previamente incorporados a la consciencia, pero que dejaron de ser conscientes por ser desplazados al inconsciente, y, por otro lado, por contenidos que han permanecido intactos en el Ello, o sea, instintivos e innatos. En el texto, ambas teorías son armonizadas, de tal manera que lo preconsciente, consciente e inconsciente se entienden como cualidades psíquicas aplicables a las tres estructuras de la personalidad en las que, según Freud, se compone el aparato psíquico. Freud, que comenzó su investigación tratando de enfocar la psicología desde la fisiología, con el tiempo y después de un “heroico” auto-análisis, abandonó el reduccionismo organicista, defendido en su inconclusa obra el Proyecto, para descubrir, que las verdaderas causas de la conducta, son sucesos psicológicos. De hecho, el tema central que se aborda en el texto –la estructura y funcionalidad el aparato psíquico- fue inaugurado por Freud y constituyó un paso decisivo para comprender que, la personalidad, no está únicamente formada por la conciencia, como defendían los psicólogos de la conciencia, entre los que destaca Wundt, sino que existe otra entidad, a la que Freud denominó lo inconsciente, que estaba sujeta a leyes distintas, a las que llamó proceso primario. Esta inédita concepción de lo inconsciente, como un sistema estructural y dinámico, compuesto principalmente, aunque no exclusivamente, por contenidos reprimidos, dio lugar al nacimiento del psicoanálisis. Freud reunió alrededor suyo a un nutrido círculo de discípulos, entre los que destacan Alfred Adler, O. Rank, S. Ferenczi y Carl Gustav Jung. Sin embargo, algunos de ellos disidieron de las ideas originales planteadas por Freud, especialmente en su idea de la sexualidad como la “piedra angular” de su teoría psicoanalítica. Así, A. Adler, en su Psicología individual, subrayó la importancia de los sentimientos de inferioridad y la “voluntad de poder” sobrecompensatoria, rechazando el énfasis de Freud en la sexualidad. Sin embargo, será Carl Gustav Jung, su príncipe heredero, un psiquiatra suizo de prestigio internacional, el más importante de los disidentes de Freud. Según Jung (2002), la libido no es exclusivamente sexual, entendiendo por ella una suerte de elan vital que puede manifestarse de múltiples formas, entre ellas en la sexualidad. Asimismo, entendía que lo inconsciente no era un vertedero de contenidos reprimidos, sino un organismo autorregulador con una función homeostática para con la consciencia. Para Jung (2002), el inconsciente tiene una función compensatoria para con la consciencia. Asimismo, para este autor, el inconsciente freudiano es de naturaleza biográfica, en el sentido de que contiene contenidos que no son conscientes, en parte reprimidos, en parte olvidados, pero que están relacionados con la trayectoria vital del individuo. A este inconsciente Jung lo denomina inconsciente personal o individual. El inconsciente personal se asienta sobre una estructura inconsciente mucho más amplia, universal, que nos conecta con la serie filogenética, de nuestros antepasados, a la que denominó lo inconsciente colectivo. Los constituyentes estructurales de este inconsciente colectivo los denominó arquetipos. Para Jung, los arquetipos son los correlatos psíquicos de los instintos y se manifiestan en la consciencia en forma de imágenes. A estas imágenes, Jung las denominó Imágenes primordiales o primigenias. Asimismo, Jung creía que Freud era excesivamente materialista, lo que le hacía reducir toda expresión cultural a instintos sexuales sublimados, y olvidando la creatividad del espíritu humano (Jung, 2002). Esta visión pesimista del ser humano se debía, probablemente, al sufrimiento de sus últimos años como consecuencia del cáncer de mandíbula que padeció, por un lado, y a la carnicería que supuso la Primera Gran Guerra, por otro.

Discusión: Si bien el tema tratado en el texto ha tenido, según el manual de Thomas Leahey, una repercusión enorme en el siglo XX, más allá del ámbito psiquiátrico y psicológico, y términos como represión, libido o subconsciente, se utilizan en el lenguaje cotidiano, parece que buena parte de los críticos modernos, en el ámbito de la Psicología, opinan que el psicoanálisis freudiano debería considerarse como una reliquia de la Psicología y de la Psiquiatría. Sin embargo, no cabe duda de que el legado freudiano, si bien modificado y adaptado a los problemas del ser humano de hoy, permanece en las escuelas psicoanalíticas predominantes en la actualidad (como por ejemplo la Tradición analítica del Yo, desarrollada por M. Klein, D.W. Winnicot y E. Erikson), otras escuelas de orientación dinámica (como las de psicoterapia breve, basadas en los planteamientos de Ferenczi y Rank); además, ha influido en muchas otras escuelas de psicoterapia (como la terapia Gestáltica de F. Perls, o el Análisis existencial de V. Frankl) (Feixas & Miró, 1993). De hecho, autores como Carl Gustav Jung, como hemos visto, pese a diferir radicalmente del psicoanálisis de Freud, continúan mostrando un especial interés en lo inconsciente. Asimismo, la corriente moderna de la Psicología Transpersonal, cuyas bases se asientan, en gran medida, en la Psicología Analítica de Jung y su teoría de los arquetipos, entiende que la psique es un sistema complejo semejante a la luz, y divide, por consiguiente, en diferentes “bandas” o “espectros” a la personalidad total (formada por consciente e inconsciente) (Grof, 1988). De esta suerte, el psicoanálisis freudiano continúa teniendo validez, siempre que no se desvíe de la región del espectro psíquico que es capaz de observar. Al igual que la Psicología Transpersonal de Stanislav Grof, la Psicología Integral propuesta por Ken Wilber (2005), tiene una concepción espectral de la psique. Si en algo están de acuerdo la mayor parte de los psicoterapeutas modernos es en que Freud fue un pionero en el estudio de lo inconsciente, incidiendo en la importancia de tener en consideración a lo Inconsciente, en la práctica psicoterapéutica.

Bibliografía:

- Feixas, G.; Miró, M.T. (1993). Aproximaciones a la psicoterapia. Barcelona: Paidós.
- Ferrándiz Lloret, A.; Lafuente Niño, E.; Loredo Narciandi, J.C. (2001) Lecturas de Historia de la Psicología.Madrid: UNED.
- Grof S. (1988). Psicología transpersonal: nacimiento, muerte y transcendencia en psicoterapia. Barcelona: Kairós.
- Jung, C.G. (2002). Los Arquetipos y lo Inconsciente Colectivo. Obras completas. Volumen 9/I. Madrid: Trotta.
- Leahey, T. H (2005) Historia de la Psicología. Madrid: Pearson Prentice Hall.
- Wilber, K. (2005). El espectro de la conciencia. Barcelona: Kairós.


martes, 20 de abril de 2010

HIPATIA. PARADIGMA DE LA HIJA DEL PADRE

En esta entrada prosigo mi comentario sobre la película AGORA, del cineasta español Amenábar. En este sentido, mi buen amigo Raúl Ortega ha publicado un esclarecedor artículo, titulado Si Hipatia de alejandría levantara la cabeza..., en el que examina, entre otras cosas, a la figura de Hipatia en el marco de la psicología. He seleccionado el siguiente fragmento, que servirá como punto de partida para una amplifiación, que continuaré en una próxima entrada. Por ahora, disfruten del texto:

"Estamos obligados a plantearnos la cuestión de hasta dónde hubiera llegado el recuerdo de Hipatia si su muerte hubiese sido distinta. Si una horda cristiana descontrolada no la hubiera linchado ¿habría honrado su memoria el fanatismo cientifista de la Ilustración, o la habría despreciado como supersticiosa, si acaso hubiera tenido noticias de ella a través de la obra de Teón y del epistolario del obispo de Ptolemaida? Porque, como ya sabemos, es Sinesio el mejor informador que tenemos acerca de quién era ella realmente, y él nos devuelve la imagen de una mistérica, de una filósofa en el sentido que se llamaban filósofos los alquimistas. Desde luego no de una científica racionalista tal y como hoy entendemos eso. Acceder a la Hipatia puramente matemática sería sólo posible a través de su producción estrictamente académica, y ese es un trabajo forense hercúleo. Primero, porque ya en el siglo X la Suda nos advierte que sus trabajos se han perdido. Segundo, porque aún habiendo sido capaces hoy de rastrear y rescatar cierto monto, separar nítidamente el texto original del añadido por los comentaristas, y diferenciar entre sí a éstos es a menudo todo un rompecabezas. Por ejemplo, en el Almagesto, la distinción entre la aportación de Teón y la de su hija crea disensiones entre los investigadores. Al respecto de la a menudo indiferencible obra de uno y otra, Clelia nos dice:

“En todo caso, las obras en las que Hipatia participa estarían reflejando no tanto sus intereses personales como los de su padre, en la medida en que las aportaciones de la filósofa aparecen vinculadas a los trabajos iniciados por Teón“.

En una imagen muy gráfica, aunque demasiado simplista, podríamos decir que el espíritu de Teón está a la sombra de los grandes pensadores que le precedieron y que el de Hipatia lo está a su vez de Teón. En realidad, al investigador psicólogico no le hace falta rastrear con lupa los escritos tardoantiguos para percatarse de cuál es la energía psíquica que crea una constelación familiar así, y ningún dato más necesita de los que ya dispone hace rato para diagnosticar con precisión qué arquetipo es el que está activado en la vida de Hipatia, conformando su carácter y su obra. Es una potencia precisamente muy presente en la sociedad griega (por razones que expondremos luego), y es bonito decir que en honor a ello fue bautizado como prototipo atenea, la hija de Papá. Es muy divertido el guiño que nos hace la misma Historia, al haber empujado al poeta Maurice Barrés a escribir una obrita titulada “La virgen asesinada”, donde se sube en 1888 al concurrido carro de la versión muy libre sobre las historias de nuestra querida filósofa (precisamente contando las cosas de un modo bastante similar al guión de Ágora), en la que le cambia el nombre a Hipatia por el de Atenea.

En un comentario que yo mismo hice a la obra de Shinoda Bolen, expuse mi propia versión del síndrome atenea de este modo [4]:

“La diosa Atenea prestó su nombre a la gran ciudad de Atenas, la patrocinó, y también fue protectora de Esparta. Dos ciudades que enarbolan para la Historia sendos estandartes de la masculinidad: la concentración y profundidad del pensamiento y la pasión guerrera. Así como Esparta y Atenas fueron hermanas y fueron rivales, el pensamiento y la guerra incluso cuando no se llevan bien siguen siendo siameses inseparables. Esto es lo que nos transmite la imagen de la diosa y sus atributos, con su casco, su escudo y su lanza como símbolos guerreros, y su mochuelo como símbolo de conocimiento: un compendio unificado de las cualidades masculinas más determinantes invistiendo a una mujer. Con esta mezcla de géneros, y siendo también una deidad promovedora de la virginidad, a veces no resulta inmediato distinguir una personalidad Atenea de una Artemis. De hecho, hay un subgrupo especial de ateneas que procede de artemisas, donde el pensamiento y la intelectualidad se han solapado a la intuición. Pero la encarnación más frecuente de esta diosa es la mujer decididamente solar, no lunar, cuyo elemento es más la cultura y la civilización que la salvaje Naturaleza, y que se apoya antes en cualidades conscientes como la estrategia y la voluntad que en la recepción pasiva de información desde lo inconsciente. Siendo tan guerrera como Artemisa, mientras ésta lucha casi exclusivamente por preservar su individualidad a salvo de las coacciones sociales y garantizarse el suficiente poder frente al medio que le permita a su naturaleza expresarse sin cortapisas según le venga en gana, Atenea, para quien el medrar en sociedad es vocacional, a menudo también se embarca en arduas y sonoras competiciones por el placer del triunfo en sí, y con avidez de mando, popularidad y reconocimiento. Mientras Artemisa no es raro que sea huérfana (literalmente), en el centro de la personalidad de Atenea, escondida más allá del casco y el escudo, suele haber una tierna feminidad que se alimentó de niña de una profunda relación con el padre, fascinada por sus cualidades intelectuales y sus habilidades técnicas, en la que el latente lazo erótico cedió su lugar a un casto compañerismo, y donde ella empezó a encarnar el carácter de un prometedor hijo varón que continuaría la misión de su padre. Esto suele ocurrir cuando la mujer ya nace con una fuerte complexión masculina implícita en su inconsciente, que puja por salir y abrirse hueco a través de la personalidad femenina (y en la relación con el padre encuentra la primera excusa), pero también hay casos en que Atenea es en realidad una Afrodita educada por sus mentores para el combate. De una forma o de otra, Atenea no es unisex. Su personalidad masculina lo es más que Artemisa, y su personalidad femenina también. Es dos cosas a la vez, lo cual es especialmente problemático. El varón que emerge desde lo inconsciente puede llegar a convertirse en un violento tirano con el ego femenino. A veces le exige a la mujer perfección inhumana, por ejemplo, y es el responsable en último término de la temible anorexia. No sólo a favor de sus intereses profesionales, sino también por las necesidades de su feminidad, Atenea se resiste a la soledad y busca siempre abundantes relaciones masculinas, estando su entorno ricamente entretejido de amigos, colegas, socios y mentores. Pero su pragmática frialdad varonil sostiene un muro que hace imposible un acercamiento verdaderamente íntimo. Sólo un héroe, que supere mil pruebas impuestas, se encontrará con la ternura y la entrega que está guardada con siete sellos en su corazón, un suceso que, desde luego, no ocurre frecuentemente. En alguna ocasión, Atenea se rompe en sus dos mitades, y se convierte en una agresiva ejecutiva de día y en una adicta a prácticas de sumisión sexual de noche.

La leyenda nórdica que relata la rebelión de la walkiria Brunilda contra el belicoso dios Wotan, a favor del amor y la pareja, nos cuenta un proceso de liberación del ego femenino de la cárcel en que se ha convertido un complejo paterno despótico. Pero también hay casos donde la respuesta a un conflicto de esta naturaleza que se ha vuelto desagarrador es justo la inversa: avanzar resueltamente por el sendero de la varonilidad, y ser cada día más Atenea. Espaldas anchas, caderas estrechas. Madre soltera de una numerosa colección de libros“.

Considero la función intuitiva de Teón muy poderosa, más aún que su intelecto (por eso lo aprecio como a un personaje más importante que aquél que la Matemática ha sido capaz de ver en él), siendo en Hipatia la función intelectual (aquella que proyecta en su padre, y que la mantiene atada a él) más determinante de su carácter, pero no tanto que eclipse completamente a su intuición. Siendo atenea una aristócrata académica nata, y artemisa una sacerdotisa desde el momento de nacer, Hipatia representa una mezcla de ambas, como una magnífica expresión de las dos potencias es el platonismo, su lugar por ende natural. Mientras que Teón es, digamos, más mágico, más lunar, que su hija.

Por la misma complexión sexual de este tipo, que se mantiene a menudo en soltería y castidad al sentirse ya psicológicamente casada con el padre-animus desde niña, y porque la práctica del neoplatonismo (como toda escuela espiritual que se precie) imponía la sophrosyne (la contención instintiva, la abstinencia, a favor del autoconocimiento), se entiende perfectamente que Hipatia se mantuviera tozudamente virgen. Todas las consideraciones feministas vertidas al respecto hasta hoy huelgan por no ser más que pura charlatanería sin fundamento. Es más: si de algo podemos quejarnos en Hipatia es precisamente de su escasa autonomía frente al poder que desde dentro tiene en ella la figura paterna. Además, todo el desarrollo intelectual de que es capaz la mujer atenea contrasta con la forma dependiente, asustadiza e infantil en que suele permanecer su sentimiento, capaz a veces de enamorarse (si se lo permite) con un estilo muy ingenuo y espiritual de personajuchos de mediocre talla pero gran habilidad embaucadora, o que contengan algunos matices que a ella le animen a proyectar (supersticiosamente) su idolatrada imaginería paterna. Aunque, como apunté arriba, a veces ese paso es necesario (y el inconsciente urde tan preciosas como efectivas tramas celestinescas para lograrlo) a la hora de escapar del padre personal, con tal de que los consiguientes decepción y divorcio no se hagan esperar demasiado.

Un tema muy polémico y delicado imbricado con todo esto es que el síndrome atenea no es raro que convoque, sincrónicamente, incidentes relacionados con los abusos masculinos. Sobre este tema, demasiado espinoso para abordarlo aquí, invito a la lectura de los libros “Adicción a la perfección” y “Los frutos de la virginidad” de la ilustre atenea Marion Woodman.

María Dzielska dice: “Una gran cantidad de mujeres de la Antigüedad y del primer período bizantino se dedican al estudio de la filosofía. La era neoplatónica produce un gran número de mujeres consagradas a la filosofía“. Cuando el paradigma de las sociedades es filosófico, y empuja a sus ciudadanos a exprimirse la cabeza en pos de las realidades más abstractas, en pos del espíritu, el Logos Spermatikos penetra con su embriagador perfume en todas las concavidades del alma femenina de ese tiempo, convocando muchas vocaciones en su dirección. El Logos es una manifestación del animus tan atrayente para la mujer como una fiesta de camisetas mojadas lo es para lo masculino, capaz incluso de anteponerse a la instintiva atracción femenina por la maternidad y la familia. La filosofía, especialmente la platónica, es una efectiva máquina de incentivar feminidad de tipología atenea, por eso su prevalencia se disparó en la Grecia clásica, la helenística y con la expansión del discurso neoplatónico. En el paradigma mitológico, religioso, medra más el carácter lunar de la tipología artemisa, y bajo la égida del cientifismo el animus queda atrapado en la forma de un amante que promete mucho y luego resulta insatisfactorio, al escindirse el principio masculino “mente” del supraordinado “espíritu”."

(Fuente: http://www.odiseajung.com )

miércoles, 14 de abril de 2010

ENCUENTROS EN LA OSCURIDAD. CAPÍTULO SEXTO (continuación)

En esta entrada continuamos con la publicación del Sexto Capítulo de mi novela ENCUENTROS EN LA OSCURIDAD. El diálogo que aparece en el texto constituye un ejemplo de la técnica de meditación que C. G. Jung denominó Imaginación Activa. Así, vemos que, por más que les resulte extraño, y hasta inconcebible, a los racionalistas y/o intelectuales modernos, el conocimiento no se limita a lo aprendido gracias al esfuerzo personal del ego. Existe un medio a través del cual se obtiene un Conocimiento (gnosis) que no depende de la voluntad egoica. Pero, para ello, primero hay que estar abierto -y disponer de una intuición afinada-, ya que "es difícil llenar una taza que ya está colmada".

Como dije en mi entrada anterior, los lectores del blog interesados en recibir los últimos ejemplares de esta novela, podrán solicitarla a través del correo electrónico jose_antonio_delgado_gonzalez@hotmail.com, o bien, respondiendo a este mensaje, por un precio especial de 6 euros, a los que hay que añadir los gastos de envío. Dado que el número de ejemplares es muy reducido, se respetará el estricto orden de solicitud hasta fin de existencias. Los interesados en recibir mi libro que no residan en España, pueden consultarme el modo de conseguirlo enviándome un correo.

Podéis escuchar la entrevista (pinchando en el icono de la nota musical) que la emisora de radio PUNTO RADIO me hizo, para el programa "Luces en la oscuridad", quienes así lo deseen.


CAPÍTULO SEXTO. EXTRAÑOS VISITANTES (continuación)


—¡Querido Discípulo! ¡Hijo del Universo! Escucha
con atención todo cuanto te voy a revelar acerca
de la naturaleza del Mal. Hay quienes opinan que Dios
es pura Bondad, que en él reside el Bien Supremo y
que encaminando sus pasos hacia Él conseguirán encarnar
una vida virtuosa, pero en verdad te digo que
esos que así piensan yerran en algo que es de lo más
fundamental, pues la maldad no es un atributo ajeno
a Dios. El Mal es la cara opuesta de Dios, su otro rostro.
En Él residen ambos opuestos, tanto la Bondad
cuanto la Maldad. Ninguno de ellos existiría sin el
Otro. ¿Acaso al día no le sigue la noche? ¿No es la Luz
opuesta a la Oscuridad y, sin embargo, gracias a su
opuesto se da la paradoja de su existencia? Presta mucha
atención a lo que te diga ahora, pues de ello habrás
de extraer gran Sabiduría: se llega a la Luz a través
de la Oscuridad, y al Bien a través del Mal. Ese Mal
que desgarra las entrañas, que compone la tensión de
los opuestos que se separan y luchan entre sí. Esa guerra
entre los elementos contrarios es la madre de todo
Bien. Muerte y destrucción, escisión y distanciamiento
son atributos del Mal de cuyo seno aflorará la semilla
del Bien. Confusión y caos son los prolegómenos
del nacimiento de lo nuevo. Lo nuevo es la
Totalidad, que se reorganiza y ordena sólo a través de
la desorganización y del Caos. Medita largamente sobre
estas enseñanzas, para que extraigas de ellas el máximo
jugo y mantén oculto lo que te he revelado a los
ojos del común de los hombres, pues doctrina tan penetrante
y sagrada enturbiará sus mentes, confundirá
sus escasas capacidades de discernimiento y será fuente
de incomprensión y malentendidos.
—¿Quién eres? ¿Cuál es tu nombre? —Preguntó
Juan a su extraño visitante.
—Soy aquel daimon que quiere el Mal y genera el
Bien. He recibido muchos nombres. Algunos me han
llamado Satán, Diablo, Señor Oscuro, Satanás, etc...
Otros, que han captado mejor mi esencia, me han denominado
Lucifer. Pero incluso esos no acaban de comprender
mi paradójica esencia. Tú puedes llamarme
Abraxas. Soy el puente entre dos mundos, el Dios de
las controversias. Dos rostros poseo y, sin embargo, pocos
son los que me conocen. Unos dicen de mí que soy
rígido, severo, recto, frío, controlador y constringente
y sólo unos pocos me conocen como el dios de la orgía,
la sexualidad, los excesos, el ardor de la pasión y
el furor erótico, pues represento el límite y su ruptura,
el control y el caos; domino y liberto, moldeo y deshago,
estructuro y destruyo; soy el más anciano y el
más joven; los hombres obtienen de mí la diplomacia,
la elegancia y las posesiones materiales que tanto se
afanan en amasar; de mí obtienen sus más íntimos deseos
y todas las consecuencias de lo deseado. A través
de mí conocen los hombres el mundo de arriba y el de
abajo, la luz y la oscuridad, lo anterior y lo posterior,
el Todo y la Nada, el poder y la debilidad, la Materia
y el Espíritu; de mí consiguen el ensalzamiento y la
miseria, la cúspide y las honduras, la dilatación y la contracción,
el cielo y el infierno. ¡Querido Discípulo! Escúchame
con atención: sólo aquél que esté libre de deseos
obtendrá de mí los dones más divinos. Quién no
ansíe nada, lo tendrá todo. Aprende y graba estas palabras
para que sean norma de tu vida. Aquellos que
se afanan por ascender a lo más alto, terminarán cayendo
y su caída los conducirá a un abismo tanto más
hondo, cuanto más alto se hayan elevado. Ésta es mi
ley. Busca siempre la norma de la medianía. En el equilibrio
hallarás la Virtud.

lunes, 12 de abril de 2010

ENCUENTROS EN LA OSCURIDAD. CAPÍTULO SEXTO. EXTRAÑOS VISITANTES.

Con esta nueva entrada doy comienzo a una serie de publicaciones, que se seguirán a lo largo de los próximos días, y que contendrán el Sexto Capítulo de mi novela ENCUENTROS EN LA OSCURIDAD.

Los lectores del blog interesados en recibir los últimos ejemplares de esta novela, podrán solicitarla a través del correo electrónico jose_antonio_delgado_gonzalez@hotmail.com, o bien, respondiendo a este mensaje, por un precio especial de 6 euros, a los que hay que añadir los gastos de envío. Dado que el número de ejemplares es muy reducido, se respetará el estricto orden de solicitud hasta fin de existencias.






Capítulo 6.

Extraños Visitantes


De nuevo, con la partida de Isis, Juan se quedó solo.
El estado de soledad comenzaba a resultarle tan reconfortante
interiormente que se había convertido en
una necesidad. La soledad era su mejor aliada en aquel
lugar, recluido del mundo exterior. De hecho, la febril
actividad de los hombres hacía tiempo que le era ajena,
precisamente desde que fuera encarcelado, cumpliéndose
aquel fallo de la jueza que lo juzgó por su
agresión a la mujer que residía en las inmediaciones
de su hogar de antaño.
En esa soledad, tan cara para Juan, retirado incluso
de la actividad del resto de los reclusos, con quienes
apenas tenía trato, fue donde comenzó a meditar
acerca de su estancia en aquel lóbrego y lejano lugar.
Y, sin embargo, la maldición de la condena al reclutamiento,
al apartamento de la sociedad, como si de un
retiro forzoso se tratara, se estaba convirtiendo para
Juan en una bendición, pues gracias a ese retiro, Juan
pudo encontrarse a sí mismo. Él era consciente de la
suerte que había tenido por haber contado con una
confidente como Isis. Una auténtica guía en los oscuros
laberintos de uno mismo. Ella le ayudó a renovarse
como individuo y a sanar las muchas heridas que lo
habían condenado a comportarse como un auténtico
vándalo. Era consciente de que sin su ayuda se hubiera
precipitado al vacío, y el caos y la barbarie hubieran
despedazado su personalidad, rompiéndola en añicos.
Había sido testigo en el interior de la cárcel de
multitud de casos con ese dramático fin. Muchos reos
eran castigados por crímenes horrendos, pero no se les
ofrecían los medios para poder realizar el duro trabajo
que supone una renovación. Y, para colmo, había
quienes, incluso con esos medios, no podrían nunca
salir de su caótica situación. Su interior era oscuro cual
noche de luna nueva y su enfermedad se había extendido
tanto por su alma, que se hacía imposible la transformación
de su personalidad, sin que la vida de la persona
corriera peligro. Pero ¿acaso las personas no se
darán cuenta de que los así llamados delincuentes son
la expresión de una sociedad maltrecha, corrupta y enferma?
¿No serán conscientes de que la cultura moderna
es fuente de epidemias psíquicas? ¿Serán tan inconscientes
los mandatarios de las naciones como para
ignorar su profunda implicación en la perpetuación de
esa carcoma que, cual metástasis, hace presa del alma
del ser humano contemporáneo? ¿Y acaso pensarán
que aniquilando a los delincuentes se aniquila el mal
que padecen? ¿Serán tan miopes como para no ver que
el mal reside en los más íntimos lares de cada uno de
los miembros de la sociedad? Pues el colectivo no es
otra cosa que la acumulación de individuos. De modo
que si la sociedad, en su conjunto, está enferma, entonces,
también lo estarán cada uno de los individuos
que la conforman. Y si esto es así, una solución factible
y realista no sería otra que la renovación de cada
uno de los individuos que forman parte de esa sociedad
maltrecha. De nada sirve culpar al vecino de los
males de los que uno mismo es portador. Si se quiere
real y sinceramente el ser humano, se habrá de empezar
la Obra por uno mismo, como individuo portador
de un mal colectivo.
En efecto, fue una mujer quien lo condenó al retiro
y una mujer la que lo orientó en la senda del conocimiento
de sí mismo. Ella era la enfermedad y su cura,
el veneno y su remedio, la condena y la salvación, pues
encerraba en sí misma la unión de todos los opuestos.
Paradoja de las paradojas. ¿Sería acaso Dios una mujer?
Pareciera como si así fuese. Para Juan, Dios ya no
era una entidad desconocida y difusa que estaba allí
arriba, en el Cielo, sin saber muy bien de quién o de
qué se trataba realmente. Tampoco Dios había muerto
para él, pues quién sino Él lo había guiado en los
momentos de mayor desesperación y oscuridad.
Comenzó a darse cuenta de hasta qué punto Dios
residía en su interior, como lo estaba en el interior de
todo ser humano. En realidad, Juan, a través de la meditación,
y gracias a una actitud renovada, dio nacimiento
a Cristo en él. Nada más grande había en el
universo que Él, pues el universo mismo era Cristo. Y,
sin embargo, era tan diminuto que podía representarse
como un punto matemático. Era grande y pequeño
al mismo tiempo; el todo y la nada residían en Él. Acaso
lo encontraba en una foto de los animales y plantas
que estudiaba en su celda, quizá en el agua que
fluía por arroyos y ríos que, ahora, sólo podía ver en
imágenes; o, tal vez, en los maravillosos paisajes de
los documentales que le permitían presenciar como
parte de su formación de licenciado. La Naturaleza
toda era divina. Sí, Dios debía ser mujer. O, cuanto
menos, Andrógino, Masculino y Femenino al mismo
tiempo. Debía poseer todas las cualidades de ambos
arquetipos. En este momento, Juan recordó que los
orientales entendían a Dios como camino, sendero o
vía y, también, como sentido y lo llaman Tao. En efecto,
era representado como la unión del Yin (lo Femenino,
Oscuro, Húmedo, el lado norte de la montaña)
y el Yang (lo Masculino, Claro, Seco, el lado sur de la
montaña). Sí, ese era Dios —se decía a sí mismo Juan.
De pronto, algo distrajo su atención y lo sacó del
estado de contemplación en el que se había sumido.
Era el funcionario de prisiones que, de cuando en cuando,
lo visitaba para traerle libros que pudieran interesarle.
Él era el único que se había preocupado por la
evolución de Juan de un modo sincero y con él había
formado unos fuertes lazos de amistad.

—Hola, Juan, te traigo un libro que creo puede
interesarte. Se titula El Diablo.

A Juan se le pusieron los pelos de punta y un escalofrío
recorrió todo su cuerpo.

—Muchas gracias. Ahora mismo me voy a poner a
leerlo.

—De nada, Juan, espero que te guste. Hasta luego.

Apenas hubo recibido el libro comenzó a leerlo
como un poseso, olvidándose incluso de despedirse
de su amigo. Devoraba cada página como si su vida
dependiera de ello y en sólo dos días ya lo había completado.
En ese libro se hablaba del simbolismo del
Diablo, de su relación con el Dios Saturno y el planeta
del mismo nombre, así como del lado oscuro y turbio
de Dios. Meditando sobre lo que en ese libro se decía,
Juan tuvo una visión que lo dejó sumido en lo más
profundo de sí mismo. La imagen de un geniecillo, de
un daimon, apareció ante su mirada interior y comenzó
a hablarle en un lenguaje extraño y enigmático.