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domingo, 4 de septiembre de 2011

UN MÉTODO PELIGROSO, SE ESTRENARÁ EN ESPAÑA EL 25 DE NOVIEMBRE DE 2011


Imagen extraída de La Butaca.net



Os dejo el trailer en español de la película: 
El próximo día 25 de noviembre se estrenará la esperada película UN MÉTODO PELIGROSO, del director David Cronenberg. Protagonizada por Viggo Mortensen, en el papel de Sigmund Freud, Michael Fassbenger, en el papel de Carl Gustav Jung y Keira Knightly, en el papel de Sabina Spielrein, cuenta la historia del descubrimiento sexual y sensual entre la joven Sabina Spielrein y Carl G. Jung, en una época en que Sigmund Freud se había convertido en su amigo y mentor.


Mucho se ha discutido, o más bien poco de lo esencial, acerca de los amoríos que Jung tuvo con algunas de sus pacientes. Desde luego, visto desde un punto de vista externo, y sin conocimiento ni experiencia propia de lo arduo que es seguir la vía de la Individuación, con probidad, estas relaciones extramatrimoniales, que además se dan con pacientes o expacientes, tienen todas las papeletas para ser condenadas como muestras de inmoralidad.

Pero, para quien es capaz de sustraerse de los prejuicios pacatos y baratos de una sociedad pueril, estas dolorosas e insatisfactorias experiencias muestran lo que supone vivir la Individuación con todas sus consecuencias. No debemos olvidar que, las debilidades del hombre muestran también, por ley de opuestos, sus grandes virtudes. Pero encaminarse por los oscuros y penosos senderos de la Individuación, colmados de penurias, dolor y sufrimiento, está reservado sólo a unos pocos. Quienes, por cierto, han comprendido que, la estancia en los trillados caminos de la consciencia, se asemeja mucho a permanecer en las labradas tierras de la Comarca, esto es, en la cándida y feliz ignorancia del pueblerino, donde es impensable cualquier “Evolución de Consciencia”.

Dejo a continuación un fragmento del artículo Jung y la Serpiente, escrito por mi buen amigo y colega Raúl Ortega, terapeuta de orientación junguiana, donde trata e interpreta sub specie aeternitatis, más allá de lo obviedad, la temática sobre la que versa la película que hoy anunciamos. ¡Que lo disfruten!

“Sabina llegó a la (clínica de) Burghölzli en un estado lamentable. Ni siquiera podía mirar a la cara a nadie. Posiblemente se tratara de una esquizofrenia, pero hay quien no concede a sus síndromes, al menos desde el material que se conoce, otro diagnóstico que el de una histeria grave. En cualquier caso, su estado mental estaba seriamente deteriorado. Sin embargo, pudo abandonar la clínica en un año, y pasó a ser colaboradora de Jung, que la alentó a estudiar psiquiatría. Inteligente, avispada, dicen que con una gran carga erótica, menuda y morena. Llegó a realizar trabajos señeros en el campo de la psicología, bajo la supervisión de Jung, como por ejemplo La destrucción como causa del nacimiento, o la tesis doctoral que le sirvió para ingresar en la Sociedad Psicoanalítica de Viena: Un caso de Esquizofrenia. Siempre fue prolífica en el escrito de ensayos y artículos al margen e independientemente de los grandes, hasta su muerte.

El romance se concretó en 1908, con una Sabina de veintidós años. Envueltos en la magia de numerosos sucesos sincronísticos y otros milagros sobrenaturales que hacían aparecer la relación a ojos de los dos como de almas gemelas por fin encontradas, llegaron a la pasión y al sexo, al margen del matrimonio, claro está. Este momento queda registrado en una carta que Spielrein escribió, probablemente a Freud (según nos cuenta Richard Noll ), donde decía:

“Quedé sumida en una profunda depresión, esperando. Ahora llega pletórico (...); ya no quiere reprimir su sentimiento por mí, reconoció que yo era la primera, su mejor amiga (...), y que quería contarme todos sus secretos.”

Sabina tenía una capacidad mediúmnica enorme y un fino intelecto para analizar los trasfondos psíquicos; no en vano atravesó su enfermedad psíquica. Jung la apreciaba mucho en todos sus talentos:

“Usted no se imagina cuánto significa para mí la esperanza de poder amar a una persona a la cual no tengo que maldecir y que no se condena a sí misma a asfixiarse en la trivialidad de lo cotidiano”

Entrelazado en esta escandalosa relación con Sabina, que costó, como es imposible que no, indecibles problemas al matrimonio y entre ellos mismos, empezó Jung su descensus ad inferus, su viaje nocturno por el mar del Inconsciente del que acabaría trayendo a la luz el tesoro de su obra. Con esta relación, donde Jung por primera vez se implicaba a fondo con la Hebrea, se abrieron las primeras puertas del Inconsciente Colectivo. De la mano del Eros para con su prima, había nacido el Logos de su vocación médica y los primeros trabajos serios en lo que sería su futura psicología analítica, que se separa abismalmente del psicoanálisis en su profundización esotérica y en su relación con el vivísimo “mundo de los muertos”. De la mano de Sabina aparecieron sus primeras y febriles incursiones en la investigación de los mitos, y la comparación del material clínico con los símbolos legendarios. La primera parte de Transformaciones y símbolos de la libido se destiló del período donde, entre los dos, comenzaba el alejamiento y se recuperaban las proyecciones.

La presión de las exigencias sentimentales de Sabina, que quería tener, cuando menos, un hijo con él (ni qué dudar de que, seguramente, aspiraba a tenerle para ella sola), expectativas que Jung no estaba dispuesto a cumplir, acabaron minando la relación. Luego, más abajo iremos viendo como, este tema era la punta del iceberg de un enfrentamiento más profundo entre los dos.

El doctor, atrapado en un conflicto insoluble, se convirtió a veces en un mentiroso, frente a Freud, a su mujer, a Sabina... Ella se fue llenando de resentimiento, y todos los desentendimientos entre ambos acabaron por abortar la conjunción antes de que él se internara en sus incursiones “científicas” más elevadas, o más profundas, en pos del símbolo y el sentido trascendental, religioso. El mejor Jung, ya estuvo muy lejos de Sabina. Quizás también podríamos decir lo mismo para ella, pues sus trabajos en solitario como profesional fueron de tal talla que influenciaron a maestros como Piaget y Saussure. Pero desde luego aquella avezada y pionera mujer analista, que escribió aquel ensayo sobre las tendencias de muerte de la Psique, que acabó por trastocar los conceptos centrales de Freud (una influencia que él jamás, ingratamente, reseñó), la echamos en falta en su vida posterior.

Discutieron mucho sobre el significado del trabajo que estaban acometiendo, y su fin último. No hay lugar a dudas de que Jung extrajo mucho de lo que después adscribió a la amarga lucha entre anima y animus de estos enfrentamientos, que no sólo fueron dialécticos, llegaron a veces a lo físico.

En efecto, en una carta de 1908 la dinámica anima-animus entre ambos queda suficiente clara:

(...) La complejidad de la situación me fuerza a tomar la iniciativa. Ahora soy yo la que tengo que expresar lo que te está vedado a ti. Me toca a mí adoptar la posición antinatural de hombre y a ti, el rol femenino (...)

Sabina quería llamarle al deseado hijo con Jung, Sigfrido. Su instinto materno se confabulaba con el impulso de su animus para querer parir a su propia masculinidad como héroe hijo, inseminado desde el héroe que ella tenía proyectado en Jung. En efecto, Jung había comenzado una travesía heroica por mérito propio y Sabina con acertada intuición sabía de quién se había enamorado, pero en aquel momento los periplos de los dos estaban cruzados: la aspiración oculta de Sabina era la de elevarse ella misma como Sol victorioso, integrando en sí toda su resuelta masculinidad. Un escrito en su diario de 1911 la delata abiertamente en ésto:

Desafío, porque en la vida he de realizar algo noble y grande. Yo no estoy hecha para lo cotidiano. Para mí se trata de una lucha a vida o muerte (...) Ningún dolor me es demasiado insufrible y ningún sacrificio demasiado grande como para impedirme cumplir con mi destino sagrado.

Y a Jung le tocaba, como ya sabemos, decapitar a Sigfrido y declinar su Sol hasta introducirlo en la matriz primordial de la Gran Madre: el Inconsciente Colectivo. El desentendimiento intelectual y profesional, a nivel de Logos, entre ambos, estaba a priori garantizado. Tanto como el conflicto entre Sabina y Jung como hombre y mujer, en el nivel del Eros.

Uno de los puntos cruciales de esta confrontación, en ese plano intelectual, se dio entre las valoraciones que cada uno le atribuía a lo “artístico” y a lo “científico” como meta individuatoria. Muy seguramente, aquella historia que cuenta Jung en Recuerdos, Sueños, Pensamientos, sobre la voz del anima que pretendía convencerlo de que lo que hacía con su trabajo interior era arte, y no ciencia, proviene de estas discusiones con Sabina, ya a nivel epistolar. La Hebrea se atrincheró detrás de su arte, su amada música, posiblemente para proteger el tesoro de sentimiento de su corazón, dolorido por el fracaso con Carl.

A medias como buen mentor y para desembarazarse de un problema que por momentos se le hacía demasiado grande, Jung alentó la proximidad de Sabina a Freud y al círculo psicoanalítico oficial. Tras la ruptura de éste con Freud, prefirió la ya prometedora analista quedarse del lado de este último, muy probablemente no sólo por razones intelectuales, sino por auxilio en un padre protector...y quizás también como venganza.

La función inferior, que ya empezaba a dar cuenta de qué significaba en su desarrollo y su futura identidad, que ya empezaba a tener rasgos de personalidad y vocación bastante definidos, aún enfrentaba a las funciones superiores con odio y saña, reclamando la primacía ahora para ella. Superar el aspecto negativo del anima, que exige para sí toda la atención de la conciencia como compensación a su anterior olvido, es uno de los pasos más difíciles y cruciales en el camino de Individuación.

A partir de 1909, el romance va apagándose, quedando sólo la controvertida amistad.

Sabina se casó en 1912 con el también judío ruso Dr. Pawel Scheftel, aunque la comunicación con Jung continuó hasta 1919. Acabó regresando a Rusia y centrando su vocación en la psicología infantil. Escribió muchos artículos, fue prolífica aún bajo las prohibiciones de Stalin. Murió fusilada por los nazis en Rostov en 1942.”

lunes, 26 de abril de 2010

FREUD ACUSADO DE CHARLATÁN

Al hilo de la polémica noticia publicada por Gerardo Lissardy en el BBC Mundo, según la cual el filósofo francés Michel Onfray afirma que "el psicoanálisis es comparable con una religión y su capacidad de curar a la gente semejante a la de la homeopatía", voy a publicar, en esta entrada, un comentario sobre el aparato psíquico de Freud, que presenté como práctica para la asignatura de Historia de la Psicología. Para la mejor comprensión del texto aconsejo la lectura del libro de Sigmund Freud, Compendio del psicoanálisis, una de sus últimas obras. En especial, el capítulo referido al aparato psíquico.

El filósofo Michel Onfray, sin experiencia alguna en el terreno de la psiquiatría, ni en el campo de la psicoterapia se despacha con la siguiente afirmación: "el psicoanálisis cura tanto como la homeopatía, el magnetismo, la radiestesia, el masaje del arco plantar o el exorcismo efectuado por un sacerdote, cuando no una oración ante la Gruta de Lourdes."

Huelga decir que estas afirmaciones no tienen más validez que la de mostrar el punto de vista desde el cual enfoca un filósofo racionalista, que, además, es lego en el psicoanálisis. La misma validez le asistiría a aquel que afirmara la inexistencia, por ejemplo, de la mecánica cuántica sin ser físico o practicar la Física.

El lector interesado puede informarse, a través de opiniones de psicoterapeutas y psiquiatras competentes y profesionales, en la web de Raúl Ortega o en el blog de Maribel Rodríguez.


SOBRE EL APARATO PSÍQUICO DE SIGMUND FREUD

Contexto: A tenor de las afirmaciones sobre la existencia de un aparato psíquico conformado por dos instancias, denominadas Ello (Id) y Super-yo, con las que se relaciona el Yo, el texto pertenece, con toda seguridad, a un autor psicoanalítico. Dado que el tema, que se desarrolla en el texto, es una descripción de dicho aparato psíquico, que intenta armonizar las dos concepciones tópicas freudianas, se trata de un psicólogo del inconsciente de la primera mitad del siglo XX. Aunque podemos rastrear el interés por el inconsciente en autores de finales del siglo XIX, como Schelling, Nietzche, Goethe, y, en general, en los filósofos románticos, no fue hasta principios del siglo XX, cuando el término Inconsciente adquiere entidad propia y originalidad, gracias a la figura de S. Freud. Así, el estudio sistemático del Inconsciente, como una entidad distinta de la conciencia, tuvo lugar a principios del siglo XX. Por lo tanto, si nos fijamos en la descripción de las instancias psíquicas, así como en la relación entre las mismas, podemos suponer que el texto pertenece al propio fundador del psicoanálisis, Sigmund Freud, siendo, de hecho, un fragmento de alguna de sus últimas obras.

Resumen: Como se ha mencionado previamente, el texto trata del aparato psíquico, realizando una descripción de las tres entidades psíquicas que, según el autor, componen dicho aparato: el Ello o Id, el Yo y el Super-yo. Además, el autor trata de armonizar dicho modelo estructural con un segundo modelo topográfico, en el que diferencia entre consciente, preconsciente e inconsciente, considerando a estos últimos como cualidades de los procesos psíquicos. Atribuye el estado inconsciente al Ello, que es una instancia psíquica conformada por instintos innatos heredados; el Super-yo, relacionado con el proceso civilizador, es una instancia psíquica normativa, conformada por la introyección de las normas parentales. Naturalmente, no sólo influyen en la formación del Super-yo las características propias de los padres, sino también del entorno familiar, social y, en definitiva, de las normas culturales y raciales que ellos perpetúan. Así pues, el Super-yo es, según el autor, preconsciente, en tanto que es, por un lado, susceptible de ser consciente y, por el otro, parcialmente inconsciente. En tanto que el Yo, determinado por las vivencias propias del individuo, siendo en parte consciente, está íntimamente ligado a lo preconsciente. Finalmente, y pese a la dificultad de distinguir con claridad las diferencias entre el Id y el Yo, más allá de la cualidad (preconsciente e inconsciente), que le es propia a cada instancia en particular, el autor sostiene que, si aceptamos sus tesis, la investigación psicoanalítica pone de manifiesto la existencia de una instancia inconsciente, el Ello o Id, cuyos procesos siguen leyes distintas que las que rigen en el yo preconsciente. El autor denomina proceso primario a las leyes que rigen en el Ello y proceso secundario a las leyes del Yo preconsciente.

Ampliación del significado: Aunque en el texto no se menciona, el autor explica la armonización de la teoría estructural de la personalidad, concepción que ganó en importancia para Freud, con su modelo topográfico de la mente, entendido como un conjunto de espacios mentales diferentes. La teoría estructural, como se ha dicho antes, sostiene que la personalidad está formada por tres sistemas mentales. El primero, el Id o Ello es innato, irracional, conformado por instintos y orientado a su satisfacción. El segundo, es el Yo aprendido, racional y orientado hacia la realidad. El tercero es el Super-yo irracional y moralista, compuesto por imperativos morales heredados, influencias del pasado heredadas de los demás (familia, sociedad, raza y cultura), por tradición. La teoría topográfica es descriptiva y dinámica, diferenciando entre tres espacios mentales diferentes: el preconsciente, que contiene pensamientos fácilmente accesibles; el consciente, coincidente con el habla cotidiana y el pensamiento de los filósofos; el inconsciente, formado, por un lado, por pensamientos reprimidos, previamente incorporados a la consciencia, pero que dejaron de ser conscientes por ser desplazados al inconsciente, y, por otro lado, por contenidos que han permanecido intactos en el Ello, o sea, instintivos e innatos. En el texto, ambas teorías son armonizadas, de tal manera que lo preconsciente, consciente e inconsciente se entienden como cualidades psíquicas aplicables a las tres estructuras de la personalidad en las que, según Freud, se compone el aparato psíquico. Freud, que comenzó su investigación tratando de enfocar la psicología desde la fisiología, con el tiempo y después de un “heroico” auto-análisis, abandonó el reduccionismo organicista, defendido en su inconclusa obra el Proyecto, para descubrir, que las verdaderas causas de la conducta, son sucesos psicológicos. De hecho, el tema central que se aborda en el texto –la estructura y funcionalidad el aparato psíquico- fue inaugurado por Freud y constituyó un paso decisivo para comprender que, la personalidad, no está únicamente formada por la conciencia, como defendían los psicólogos de la conciencia, entre los que destaca Wundt, sino que existe otra entidad, a la que Freud denominó lo inconsciente, que estaba sujeta a leyes distintas, a las que llamó proceso primario. Esta inédita concepción de lo inconsciente, como un sistema estructural y dinámico, compuesto principalmente, aunque no exclusivamente, por contenidos reprimidos, dio lugar al nacimiento del psicoanálisis. Freud reunió alrededor suyo a un nutrido círculo de discípulos, entre los que destacan Alfred Adler, O. Rank, S. Ferenczi y Carl Gustav Jung. Sin embargo, algunos de ellos disidieron de las ideas originales planteadas por Freud, especialmente en su idea de la sexualidad como la “piedra angular” de su teoría psicoanalítica. Así, A. Adler, en su Psicología individual, subrayó la importancia de los sentimientos de inferioridad y la “voluntad de poder” sobrecompensatoria, rechazando el énfasis de Freud en la sexualidad. Sin embargo, será Carl Gustav Jung, su príncipe heredero, un psiquiatra suizo de prestigio internacional, el más importante de los disidentes de Freud. Según Jung (2002), la libido no es exclusivamente sexual, entendiendo por ella una suerte de elan vital que puede manifestarse de múltiples formas, entre ellas en la sexualidad. Asimismo, entendía que lo inconsciente no era un vertedero de contenidos reprimidos, sino un organismo autorregulador con una función homeostática para con la consciencia. Para Jung (2002), el inconsciente tiene una función compensatoria para con la consciencia. Asimismo, para este autor, el inconsciente freudiano es de naturaleza biográfica, en el sentido de que contiene contenidos que no son conscientes, en parte reprimidos, en parte olvidados, pero que están relacionados con la trayectoria vital del individuo. A este inconsciente Jung lo denomina inconsciente personal o individual. El inconsciente personal se asienta sobre una estructura inconsciente mucho más amplia, universal, que nos conecta con la serie filogenética, de nuestros antepasados, a la que denominó lo inconsciente colectivo. Los constituyentes estructurales de este inconsciente colectivo los denominó arquetipos. Para Jung, los arquetipos son los correlatos psíquicos de los instintos y se manifiestan en la consciencia en forma de imágenes. A estas imágenes, Jung las denominó Imágenes primordiales o primigenias. Asimismo, Jung creía que Freud era excesivamente materialista, lo que le hacía reducir toda expresión cultural a instintos sexuales sublimados, y olvidando la creatividad del espíritu humano (Jung, 2002). Esta visión pesimista del ser humano se debía, probablemente, al sufrimiento de sus últimos años como consecuencia del cáncer de mandíbula que padeció, por un lado, y a la carnicería que supuso la Primera Gran Guerra, por otro.

Discusión: Si bien el tema tratado en el texto ha tenido, según el manual de Thomas Leahey, una repercusión enorme en el siglo XX, más allá del ámbito psiquiátrico y psicológico, y términos como represión, libido o subconsciente, se utilizan en el lenguaje cotidiano, parece que buena parte de los críticos modernos, en el ámbito de la Psicología, opinan que el psicoanálisis freudiano debería considerarse como una reliquia de la Psicología y de la Psiquiatría. Sin embargo, no cabe duda de que el legado freudiano, si bien modificado y adaptado a los problemas del ser humano de hoy, permanece en las escuelas psicoanalíticas predominantes en la actualidad (como por ejemplo la Tradición analítica del Yo, desarrollada por M. Klein, D.W. Winnicot y E. Erikson), otras escuelas de orientación dinámica (como las de psicoterapia breve, basadas en los planteamientos de Ferenczi y Rank); además, ha influido en muchas otras escuelas de psicoterapia (como la terapia Gestáltica de F. Perls, o el Análisis existencial de V. Frankl) (Feixas & Miró, 1993). De hecho, autores como Carl Gustav Jung, como hemos visto, pese a diferir radicalmente del psicoanálisis de Freud, continúan mostrando un especial interés en lo inconsciente. Asimismo, la corriente moderna de la Psicología Transpersonal, cuyas bases se asientan, en gran medida, en la Psicología Analítica de Jung y su teoría de los arquetipos, entiende que la psique es un sistema complejo semejante a la luz, y divide, por consiguiente, en diferentes “bandas” o “espectros” a la personalidad total (formada por consciente e inconsciente) (Grof, 1988). De esta suerte, el psicoanálisis freudiano continúa teniendo validez, siempre que no se desvíe de la región del espectro psíquico que es capaz de observar. Al igual que la Psicología Transpersonal de Stanislav Grof, la Psicología Integral propuesta por Ken Wilber (2005), tiene una concepción espectral de la psique. Si en algo están de acuerdo la mayor parte de los psicoterapeutas modernos es en que Freud fue un pionero en el estudio de lo inconsciente, incidiendo en la importancia de tener en consideración a lo Inconsciente, en la práctica psicoterapéutica.

Bibliografía:

- Feixas, G.; Miró, M.T. (1993). Aproximaciones a la psicoterapia. Barcelona: Paidós.
- Ferrándiz Lloret, A.; Lafuente Niño, E.; Loredo Narciandi, J.C. (2001) Lecturas de Historia de la Psicología.Madrid: UNED.
- Grof S. (1988). Psicología transpersonal: nacimiento, muerte y transcendencia en psicoterapia. Barcelona: Kairós.
- Jung, C.G. (2002). Los Arquetipos y lo Inconsciente Colectivo. Obras completas. Volumen 9/I. Madrid: Trotta.
- Leahey, T. H (2005) Historia de la Psicología. Madrid: Pearson Prentice Hall.
- Wilber, K. (2005). El espectro de la conciencia. Barcelona: Kairós.