miércoles, 1 de agosto de 2018

ASPECTOS TRANSPERSONALES EN LA PSICOPATÍA



ASPECTOS TRANSPERSONALES EN LA PSICOPATÍA


José González 
Psicoterapeuta de orientación junguiana.

Hace en estos momentos unos dos años y medio que comencé a investigar el trastorno de la personalidad psicopática. Mis últimas publicaciones y mis escasas intervenciones en público han tenido como centro de atención la psicopatía y el narcisismo. En especial, me he dedicado a profundizar en los aspectos "personales" de estos trastornos de la personalidad, no solo por un interés intelectual y personal, sino, en especial, por una necesidad profesional. Un porcentaje muy elevado de los pacientes a los que atiendo en consulta me participa que su problema fundamental gira alrededor de la toxicidad en las relaciones de pareja o amorosas. De hecho, el motivo de consulta habitual suele ser el siguiente: "estoy atrapado en una relación de pareja que me hace sufrir enormemente y no sé qué hacer". La formación de un vínculo traumático; la sensación de sentirse "atrapado/a" en un situación sin salida (indefensión aprendida); la impresión de vivir en un constante "carrusel emocional" que se inicia con un tremendo sentimiento de amor, como si se hubiera encontrado por fin la anhelada alma gemela, seguido de una serie de maltratos emocionales, a veces con terribles consecuencias, una "sensación de que estoy perdiendo la cabeza y el control de mi vida", así como la vivencia de una terrible celotipia, motivada por constantes triangulaciones que la pareja mantiene con otras personas, ideas o cosas, y que termina con una re-captación que sitúa a la persona en un nuevo inicio del círculo vicioso; y la comprensión final de haber sido estafado, utilizado/a como testaferro de actividades ilegales (desconocidas por la persona) o haber recibido falsas denuncias por violencia de género, como un medio de extorsión y manipulación emocional y/o financiara, constituyen algunos ejemplos de lo que sucede en el seno de muchas relaciones tóxicas.

En estas relaciones es habitual encontrar a un/a psicópata o un/a narcisista. Y esto, hasta cierto punto, es esperable. Ahora bien, uno podría pensar que, en el otro lado de la ecuación relacional, deberíamos encontrar a una persona con rasgos infantiles de personalidad, como por ejemplo personalidades dependientes, neuróticas o con graves déficits emocionales. Y, si bien en algunos casos esto es así, hay personas que no presentan estas características y sin embargo están atrapadas en una relación con un/a narcisista o un/a psicópata. A veces la relación se inició cuando la persona atravesaba una crisis: después de una separación o de un divorcio, de una muerte de un ser querido, tras la pérdida de un trabajo estable; o bien, después de un traslado del lugar de residencia a un país extranjero. Las personalidades psicopáticas tienen un instinto depredador que les permite saber cuándo una persona está en un momento de máxima vulnerabilidad para aprovecharse de esa situación. En algunos artículos, y en ensayos de divulgación, algunos autores, entre los que me incluyo, afirmamos que una de las características definitorias del psicópata es su incapacidad para empatizar. Si bien esto es cierto, conviene realizar en este punto una matización importante. La empatía está compuesta por tres componentes diferentes. Dos de ellos son cognitivos o mentales y el tercero es emocional. Dichos componentes son:

  1. La habilidad para identificar el estado emocional de otra persona.
  2. La capacidad para asumir la perspectiva y el rol del otro. 
  3. La capacidad de experimentar la misma emoción que el otro está sintiendo.

Los dos primeros componentes están agudizados en los psicópatas, mientras que el tercero de ellos está completamente ausente. De lo que son incapaces los psicópatas y los narcisistas malignos es de experimentar la misma emoción que siente el otro.



Dicho esto, como primer paso en la muerte de una etapa y la preparación para el nacimiento de una nueva, después de una relación con una/un narcisista o una/un psicópata, es imprescindible el CONTACTO CERO. Ahora bien, esta acción resulta insuficiente para la auténtica transformación.

Esta transformación precisa de la asunción de todo lo sucedido y de la comprensión simbólica, dentro de un proceso de individuación, de la relación que termina y del sufrimiento padecido en ella (un duelo por la muerte simbólica de la persona con la que se tuvo una relación y de la relación misma). Por tanto es insuficiente el contacto cero sin una revisión de los patrones arquetípicos activados durante una relación de pareja, de amistad o familiar, que provocaron el encuentro (y la situación vivida) y delinearon el desarrollo de la relación. En definitiva, quedarse exclusivamente en los aspectos personales de una relación -algo imprescindible durante un cierto tiempo y, en algunas personalidades, probablemente siempre-, puede provocar en determinadas personalidades que la consciencia continúe inserta en la red de maya de las proyecciones de contenidos inconscientes, personales y transpersonales. De ahí la importancia de comprender, también, qué contenidos transpersonales han favorecido y/o precipitado el encuentro y el desencuentro en determinadas personalidades. Como el proceso de individuación es cada vez más extraño, a muchas personas estas consideraciones no  les serán de utilidad y hasta pueden resultarles contraproducentes. De ahí que la mayor parte de mis últimas publicaciones sobre psicopatía y narcisismo maligno solo versaran acerca de los aspectos personales, patrones de comportamiento relacionales y/o de lo estrictamente biográfico. Solo en aquellos casos en los que una cirugía psíquica se hace necesaria para extirpar el cáncer psicopático se hará un trabajo que contemple los aspectos transpersonales de la psique.


Así también la propia dinámica de una relación tóxica no siempre tiene como protagonista a un narcisista o un psicópata. Esto es fundamental que se comprenda, porque hay una tendencia a considerar que toda relación tóxica implica la presencia de una/un narcisista o psicópata (comprensible porque la cultura en la que vivimos carece de Amor y, por lo tanto, de experiencia auténtica del Misterio, de comprensión de cómo este Misterio se manifiesta en la vida individual y colectiva, incluso en una vida sinsentido) algo que es completamente erróneo.


Afortunadamente, los psicópatas son pocos, entre el 1% y el 5% de la población, dependiendo del país del que se trate, y los TNP también son relativamente escasos entre la población general. De ahí que las probabilidades de encontrarse con un psicópata o con un narcisista no son tan altas como a veces se pretende. Lo que sí impera es una cultura y una sociedad con rasgos narcisistas y psicopáticos. Una cultura que ensalza el egocentrismo, la puesta en escena, la extrema extraversión, la reificación de las personas, la manipulación de la información, la mentira, la calumnia, el deseo de poder y el individualismo radical, entre otros rasgos, y que parece estar favoreciendo en la cultura occidental una reacción compensatoria de carácter tribal-colectivista, igualmente terrible porque está empoderándose de la consciencia de millones de personas (especialmente mujeres, aunque también de muchos hombres) como en su momento sucedió con la ideología nazi. Nos referimos, por supuesto, a la "ideología de género" a la que suelo denominar también "ideología feminazi", porque es el arquetipo femenino (yin) el que está apoderándose de dichas consciencias. La consciencia poseída por el arquetipo se unilateraliza, se convierte en dogmática y fundamentalista, y arremete contra todo aquello que se encuentre fuera de los márgenes estrictos del sesgo cognitivo-emocional defendido por los acólitos de dicha ideología. En toda ideología sucede un fenómeno muy interesante: la consciencia cree que es totalmente libre y que desde esa libertad defiende una serie de valores e ideas que, por supuesto, considera buenas; en este caso, que el género se construye socialmente, sin tener en consideración lo que la biología, la genética, la psicología y la antropología han demostrado a este respecto y que hacen insostenible la defensa de la hipótesis constructivista del género. Por supuesto que la defensa de esta hipótesis falsada o refutada por la ciencia, conviene también a ciertos sectores políticos para acceder a la esfera de la educación y realizar, ya desde la infancia, un efectivo lavado de cerebro en los niños, desplazando la patria potestad de los padres en la educación de sus hijos. Una estrategia semejante a la que utilizan, por cierto, los psicópatas con sus hijos. Ahora bien, si se mira más de cerca, lo que sucede desde un punto de vista psicológico es que la consciencia está siendo poseída y dominada por una idea, de la que la consciencia no se puede desprender, porque esa situación psíquica le es del todo inadvertida. La consciencia individual es esclava de una idea por la que es capaz de sacrificar los valores propiamente humanos. De ahí que "toda guerra es siempre una guerra santa".

Continuará en la segunda parte de este artículo.







jueves, 17 de mayo de 2018

EL PSICÓPATA EN LA EMPRESA. Segunda Parte.



EL PSICÓPATA EN LA EMPRESA. Segunda Parte.


José González

Psicólogo y terapeuta de orientación junguiana.


 
En la primera parte de este artículo publicado en Psicología Profunda y Espiritualidad describimos el modus operandi de un psicópata en una organización. Vimos que el psicópata evalúa y estudia a los diferentes actores buscando cómo le pueden ser útiles, para convertirlos en sus seguidores, y escudriña para buscar sus puntos débiles para aprovecharse de ellos de cara a manipular, engañar, provocar enfrentamientos y deshacerse de aquellas personas que finalmente descubren su perverso juego de poder.



No obstante, el efecto que provoca entre las distintas personas y departamentos con los que se relaciona es diferente. Podemos clasificar a los distintos actores dentro de la trama orquestada y protagonizada por un psicópata del siguiente modo (Garrido, 2016):



·         Los seguidores: Se trata del grupo de personas que se pondrán del lado del psicópata. Dentro de este grupo encontraremos a su vez a dos subtipos diferentes de personas.



o    El primer subtipo es el de los patronos, protectores o facilitadores y está conformado por aquellas personas que se encuentran en lo alto de la cadena de mando y que suelen tener un trato ocasional con el/la psicópata. La función que cumplen es especialmente importante para el/la psicópata dado que son quienes le respaldarán y protegerán contra los ataques de los otros miembros de la organización. Habitualmente tienen una concepción muy positiva del/la psicópata, han sido embaucados y engañados convenientemente por este/a, mostrándose frente a ellos como una persona capaz y con iniciativa, por lo que consideran que es el principal responsable de los avances y éxitos conseguidos en el departamento del que forma parte. De ahí que tengan un especial interés en  mantener al psicópata y, llegado el caso, en promocionarlo a puestos de mayor responsabilidad y poder. En ocasiones, la propia dinámica organizacional favorece la proliferación y/o perpetuación de psicópatas en la empresa, algo que tiende a suceder cuando el ambiente y/o la cultura empresarial son psicopáticas: se premia el rápido ascenso, la ganancia a corto plazo, se silencian las actuaciones inmorales y se castiga a las personas que ponen de manifiesto los abusos, el acoso y la violencia psicológica y/o física.

o   El segundo subtipo está conformado por peones y monos voladores. Este subtipo le es muy útil al psicópata por el poder que pueden llegar a tener en momentos críticos para la supervivencia o aumento de prestigio y protagonismo de aquel. Los peones son un grupo de apoyo conformado por empleados de igual categoría o de un nivel inferior en la jerarquía de poder con los que el/la psicópata tiene un trato habitual. Estos son relativamente fáciles de manipular por las características de personalidad que pueden presentar: personas muy ingenuas, con poca formación, habitualmente menos inteligentes que el psicópata y muy fácilmente manipulables. El psicópata los utiliza para influir sobre las actitudes y opiniones de otros empleados, así como para distorsionar la comunicación y el funcionamiento del departamento en beneficio propio. Dentro del subgrupo de peones hallamos también a personas que, a pesar de haber sufrido el juego manipulativo del psicópata, y a veces incluso sabiendo que están frente a una persona malvada que les ha perjudicado, actúan como facilitadores del daño a terceras personas. Habitualmente se trata de personas inseguras y temerosas de perder su puesto de trabajo, que llevan muchos años en la misma empresa y han decidido "no pringarse por nadie". Esta facilitación del daño puede producirse bien porque le sirve voluntariamente de informador al psicópata sobre asuntos personales o profesionales de terceras personas a sabiendas de que la información que proporcione va a ser tergiversada por el psicópata para perjudicar a otra/s personas; bien por miedo a que el psicópata "la tome con él/ella" prefiere ser cómplice en el perjuicio de otra u otras personas; bien porque omite decir la verdad a sus superiores sobre las artimañas manipulativas del psicópata cuando estos le preguntan para averiguar la verdad de lo sucedido con alguno/os de sus compañeros de trabajo; por último, porque se niega a descubrir/denunciar ante sus superiores jerárquicos y/o responsables de recursos humanos las mentiras, engaños, manipulaciones y tergiversación de la información que el psicópata comete para perjudicar a terceras personas cuando aquellos le requieren para hacerlo.  Los monos voladores son personas que el psicópata utiliza para obtener información de terceros, dañar la reputación de otros compañeros, provocar enfrentamientos o dañar emocional o socialmente a sus detractores con la finalidad de desestabilizar y destruir su reputación en la empresa. Estos, a diferencia de los peones, cometen actos inmorales contra terceras personas en nombre del psicópata.



·         Los detractores: Se trata de aquellas personas que critican al psicópata y están en su contra. Dentro de este grupo encontramos tres subgrupos de personas:



o    Los perspicaces: Son personas que detectaron desde el comienzo al psicópata, tachándolo de "mala persona" o de "hijo/a de puta".

o  Los "tránsfugas" o "conversos": Personas que anteriormente fueron seguidores del psicópata, pero que se dieron cuenta posteriormente de su auténtica actitud y se posicionan decididamente en su contra.

o  Policía organizativa: Subgrupo compuesto por auditores, profesionales de recursos humanos, responsables de seguridad en el trabajo o psicólogos que, por su formación y experiencia, detectaron el juego del psicópata desde el principio. Por desgracia, normalmente su información no les permite influir sobre la dirección para actuar en consecuencia con el psicópata.





Bibliografía:



-Garrido Genovés, V. (2016). El psicópata. Un camaleón en la sociedad actual. Valencia: Ed. CientoCuarenta

martes, 24 de abril de 2018

LOS SUEÑOS EN EL DIAGNÓSTICO DE LA PSICOPATÍA. Segunda parte



LOS SUEÑOS EN EL DIAGNÓSTICO DE LA PSICOPATÍA.
 Segunda parte

José González.
Psicólogo y terapeuta de orientación junguiana.




En nuestro artículo anterior  sobre los sueños en el diagnóstico de la psicopatía, publicado en Psicología profunda y espiritualidad, presentamos un sueño de un paciente cuyo impacto en su consciencia fue tan extraordinario que aún lo recordaba incluso después de haber transcurrido más de tres décadas. Como vemos en el caso que nos ocupa, estos sueños de marcado simbolismo arquetípico suelen dejar una "huella" indeleble en la memoria  de quienes lo han tenido. Como vimos, dicho sueño es una expresión del ambiente en el que Pedro había permanecido durante los primeros veinte años de su vida. Reproducimos aquí dicho sueño para facilitar la comprensión del artículo: 


 "Me encuentro en un espacio subterráneo, oscuro y en el suelo hay llamas. El lugar se me parece mucho al infierno, tal como lo relatan en el cristianismo. A mi alrededor hay muchas personas, algunas me son conocidas, otras no, pero es como si estuvieran sin vida. De pronto miro hacia lo alto y veo a una figura inmensa, una especie de demonio de color rojo, que me provoca un miedo espantoso. De las manos de ese demonio penden unos hilos que terminan en la espalda de las personas que estamos en esa especie de infierno. Recuerdo que me desperté espantado."


Al margen de la función compensatoria del sueño, que advierte a la consciencia de que está viviendo en una atmósfera psicopática (diabólica, en el sueño), los sueños de niñez suelen contener semillas simbólicas que se desarrollarán en el futuro destino de quien los tiene. Por supuesto, dado lo poco diferenciada que se encuentra la consciencia en la niñez, dicho sueño no puede ser comprendido sino cuando el yo está suficientemente consolidado como para "digerir" y "asimilar" aquello a lo que dicho sueño apunta y expresa en un lenguaje simbólico. Por ese motivo, el trabajo de análisis e interpretación se produjo cuando el paciente me relató su sueño rondando ya la cincuentena. Un sueño terrible que anticipa una iniciación en los oscuros dominios del inframundo, en donde rige un padre oscuro y terrible de carácter plutoniano. Se trata del reino de Hades, "el invisible", dios de los muertos, conocido por su extrema cólera y su terrible crueldad. En la mitología su reino era descrito como un lugar invisible, sin salida salvo para los que creían en las reencarnaciones, perdido en las tinieblas y el frío, frecuentado por monstruos y demonios que atormentan a los muertos. En la cosmología azteca el dios de los infiernos lleva a la espalda el sol negro de la noche y tiene por animales simbólicos a la araña y la lechuza. Este sol negro es la antítesis del sol de mediodía (símbolo de la vida triunfante) y simboliza lo maléfico y devorador de vida. Para los alquimistas el sol negro es una representación de la materia prima, no trabajada, ni puesta en vías de evolución. Desde un punto de vista psicológico se trata del hombre que vive en el estado más primitivo y animal, en su estado más elemental; también, por cierto, alude al mal, a la oscuridad saturnal. Se relaciona, por tanto, con la nigredo, etapa de oscuridad de la consciencia, de confusión y desorientación, asociada a la vivencia de cierta melancolía, y en la que tiene lugar la descomposición y putrefacción de la materia prima. Esta etapa se relaciona con la iniciación a los misterios de la naturaleza y, en sentido psicológico, con el acceso al descubrimiento de lo inconsciente colectivo y sus contenidos: los arquetipos. En otras palabras, quien accede al mundo de Hades, aquel que desciende a lo profundo de los infiernos, entra en contacto con las semillas de desarrollos futuros y descubre aquellos valores que están ausentes en la sociedad y cultura en la que vive y cuyo desarrollo compensa y completa a la consciencia colectiva.
                    
Por tanto, a las personas que forman parte de la constelación familiar que gira alrededor de un psicópata, que describimos en la primera parte de este artículo siguiendo al Dr. Hugo Marietan, podemos añadir un cuarto elemento:

-Personas, normalmente hijos/as, que pueden iniciar un proceso de individuación presionados por un ambiente externo dominado por un sol negro. Para que esto suceda se tienen que dar varias condiciones o requisitos: a) Una personalidad resiliente y con capacidad de transformación interna (metanoia); b) Presencia de alguien, ajeno a la constelación familiar, con quien la persona pueda relacionarse durante la niñez y/0 adolescencia-juventud, que le ayude a conocer todo el abanico de emociones humanas -que faltan cuando un psicópata domina a una familia- y que le guíe en el descubrimiento de sí mismo. Además, puede darse también la circunstancia de que la acción psicopática del progenitor psicópata tenga lugar fuera del ámbito familiar y/o que su efecto se vea "amortiguado" por una persona excepcionalmente dotada para ejercer de madre/padre, incluso con un/a psicópata como pareja, lo que favorecería la individuación en el/la hijo/a. Todos estos factores forman parte de un proceso resiliente por lo que podríamos simplificar afirmando que este es el factor fundamental para que se pueda producir el inicio de una individuación en el seno de una familia con un progenitor psicópata.

No es fácil que todas estas condiciones se presenten a la vez, por lo que el inicio de un proceso de individuación en el seno de una familia regentada por un psicópata resulta más bien excepcional. No obstante, por más excepcional que resulte, puede ocurrir y, de hecho, ocurre.

En ocasiones, los sueños anuncian la proximidad de una personalidad psicopática en los inicios de una relación. Así sucedió con Beatriz, una inmigrante de 40 años que había venido a España unos meses atrás, había conseguido un trabajo y estaba formalizando su situación. Beatriz conoció a Julio, un joven que ella describe como "encantador", siempre dispuesto a ayudarla con la convalidación de sus estudios y con todo lo referente a la burocracia necesaria para legalizar su situación en España. Julio se mostraba siempre muy atento, resolvía cualquier problema que le pudiera suceder y le hacía sentirse segura y protegida. En una ocasión, mientras trabajaba como camarera durante jornadas interminables, Beatriz comenzó a padecer de lumbalgia. Como su médico no le daba la baja laboral, Julio se presentó con ella en el médico y, tras hablar con este, consiguió que le concedieran la baja a Beatriz. A pesar de que Julio le parecía encantador y muy atento, Beatriz tuvo el siguiente sueño en los comienzos de la relación:

"Un hombre horrible, como demoníaco, con un aparente "retraso mental", me persigue. También me persiguen todos los hijos que tengo con él, que son muchos e igual de horribles que él. Me siento muy asustada y no comprendo cómo es posible que me una a esta bestia y, además,  que tenga tantos hijos con él. Intento escapar de ellos pero corren detrás de mí." Este sueño fue tan vívido que nunca me olvidaré de él. No pude comprender su verdadero significado hasta que me sentí atrapada en la relación con mi expareja.

Beatriz me relató este sueño años después de que la relación con Julio hubiera terminado y cuando ya había rehecho su vida con una nueva pareja. El sueño compensa la fascinación que Beatriz sentía conscientemente y muestra que, la persona con la que estaba empezando a intimar, no era el hombre encantador que parecía ser. Se había constelado en la psique de Beatriz el arquetipo plutoniano y había atraído a su vida a un psicópata. El sueño anuncia que todo aquello que ella "geste" con el psicópata tendrá las mismas características que el "progenitor". Esto se manifestó de la siguiente manera: Julio utilizó a Beatriz como testaferro para solicitar varios préstamos y la incluyó en una empresa de fontanería. Beatriz tenía la ambición de aumentar  su nivel de ingresos y vivir mejor que hasta entonces. Pero Julio, cuando Beatriz se dio cuenta de con quién se había juntado y se quiso separar de él, la entrampó en un conjunto de deudas que aún en la actualidad continúa pagando. Al hijo que tuvieron juntos lo sometió a un terrible lavado de cerebro hasta que las defensas psíquicas del niño sucumbieron y consiguió quedarse con su custodia. A día de hoy, varios años después de la separación, Beatriz sigue pagando las deudas que le ha dejado Julio, y no puede ver a su hijo por el trabajo constante de manipulación que el progenitor psicópata ha estado haciendo con médicos, psiquiatras, psicólogos, abogados y jueces. El "retraso mental" al que alude el sueño y que relaciona con una cualidad demoníaca es la "carencia de conciencia moral" del psicópata, la falta de escrúpulos y la imposibilidad de empatizar. Literalmente se trata de un "déficit de humanidad". Esto nos recuerda al término que el psiquiatra inglés James Cowles Prichard utilizó para referirse a lo que hoy conocemos como psicopatía: "moral insanity" (locura moral).

En próximos artículos desarrollaré este y otros casos similares.




miércoles, 11 de abril de 2018

EL PSICÓPATA EN LA EMPRESA. Primera parte.



EL PSICÓPATA EN LA EMPRESA. Primera parte.

José González. Psicólogo y terapeuta de orientación junguiana. 



Lucía es una persona cordial, simpática, amable, segura de sí misma, inteligente y muy responsable. Para sus superiores es su mejor empleada. Brillante, con don de gentes, no se pone nerviosa ante circunstancias de mucho trabajo y algunos de sus compañeros hablan maravillas de ella. Todo hacía creer que Lucía era una empleada extraordinaria, una coordinadora excelente y una compañera leal. Al menos eso era lo que creían sus directores.

El departamento de la empresa en el que Lucía trabaja, sin embargo, es conocido por todos los empleados porque en él se respira una tensión extraordinaria. Los trabajadores mantienen una actitud de suspicacia ante sus compañeros y reina una desarmonía general que sorprende a los recién incorporados. Algunos años atrás una compañera veterana había estado de baja durante un año por depresión.

Alberto, un empleado que se incorpora por primera vez al puesto de trabajo junto a otros dos compañeros, ha sido debidamente informado durante la entrevista de que, el departamento al que se va a incorporar ha sufrido un cambio y, necesitan personas nuevas que no estén "contaminadas" por el ambiente previo a la restructuración.

El primer día de trabajo, Alberto coincide en el departamento con Lucía y con otros cuatro compañeros, además del jefe de departamento. Recibe una cordial bienvenida por parte del jefe y de todos sus compañeros. Sin embargo, Alberto percibe que algo no marcha bien. Lucía es demasiado amable y cercana el primer día de trabajo y le hace preguntas muy personales: ¿Estás casado? ¿Dónde vives? ¿Cuántos años tienes? ¿Qué formación tienes? ¿Por qué trabajas aquí? ¿Has trabajado antes en esta empresa?¿Conoces a los jefes de la empresa? ¿En qué otra empresa del sector has trabajado? ¿Conoces a fulanito de tal empresa? Lucía no paraba de hacerle preguntas esgrimiendo una actitud seductora y tremendamente encantadora. Alberto comienza a sentirse incómodo pero no puede confrontarla porque está siendo muy amable y siente que tiene que corresponder a esa amabilidad.

Toda la semana transcurre de la misma manera. Lucía continúa haciendo preguntas a Alberto, indagando en su vida profesional y privada, y, al mismo tiempo, investigándole en las redes sociales. Intenta acceder a su facebook y lee todo cuanto está publicado en las redes sociales sobre Alberto. Al principio, este se sintió halagado ante semejante bombardeo de elogios e interés por parte de Lucía. Sin embargo, en seguida se percató de los motivos por los cuales Lucía estaba tan interesada en él. Alberto estaba siendo estudiado y evaluado por una psicópata. Quería conocer a Alberto lo mejor posible para saber si representaba algún tipo de amenaza, así como el modo en que podría serle útil para convertirlo en un seguidor suyo.

No cabe duda de que fuera de las instituciones penitenciarias y de los hospitales psiquiátricos resulta difícil identificar a un psicópata. Además, la inmensa mayoría de las personas ni siquiera concibe que una "persona" así pueda existir. En realidad, a las personas comunes nos resulta muy difícil de imaginar cómo un ser humano puede provocar tantísimo sufrimiento a su alrededor a propósito y sin el más mínimo atisbo de culpa o responsabilidad. A veces decimos de la actuación de un psicópata (cuando no sabemos que lo es) que es propia de un "hijo de puta" o de "una mala persona". Desgraciadamente, de esa ingenuidad se sirven los psicópatas para seleccionar a su presa. Lo cierto es que resulta tan difícil de comprender la existencia de este tipo de "personas" que incluso el término "psicópata" resulta controvertido. Sin embargo es precisamente en la vida cotidiana, en las organizaciones y empresas, en el arte, en la filosofía, la medicina, el sacerdocio, en las instituciones del Estado como la Guardia Civil, la Policía Nacional, el Consejo General de Poder Judicial o en las empresas de Seguridad Privada y, por supuesto, en el seno de una familia, en donde podemos y debemos intentar identificar a un/a psicópata subclínico/a, cotidiano/a o integrado (aquel/lla que no ha cometido actos delictivos) lo antes posible.

El modus operandi de un/a psicópata en los diferentes ámbitos en los que se encuentra sigue siempre una misma pauta de acción. Cuando se trata de una empresa o una organización sigue el siguiente orden (Garrido, 2016):

Primera etapa. Entrada en la organización: Los psicópatas pueden acceder a una empresa de un modo mucho más sencillo de lo esperable. Los C.V. se pueden manipular fácilmente para quien es un maestro de la manipulación y, además, muchas veces no se comprueba su veracidad. Asimismo, los responsables de recursos humanos rara vez tienen la formación y el entrenamiento suficiente para detectar a un/a psicópata, y sucumben con facilidad a su gran encanto y a su extraordinaria fuerza de convicción, por lo que dan la imagen de ser el candidato ideal. De hecho, tres son las habilidades principales que se buscan en una empresa u organización:

  1.       Habilidades de relación: Ser buen comunicador, tener don de gentes y capacidad de adaptación a diferentes personas y entornos.
  2.      Inteligencia.
  3.      Responsabilidad.

Un psicópata, como vimos en el caso de Lucía, no tiene ningún problema en dar esa imagen.

Segunda etapa. Evaluación. Cuando el/la psicópata ha accedido a la organización comienza a estudiarla con detenimiento. Evalúa a los integrantes de la empresa, cuales son los procesos de interacción y la cultura de la organización. Acto seguido, observará a los diferentes miembros con detenimiento con un único objetivo: cuales le serán de utilidad. Una vez discriminadas aquellas personas que tienen más poder, las que son técnicamente más hábiles, las que tienen información privilegiada o disponen de acceso a recursos de la empresa comenzará su labor de seducción y manipulación para convertirlas en sus seguidoras. Para lograr su objetivo utilizan la comunicación directa y personal, saltándose con frecuencia la cadena de mando.

Tercera etapa. Manipulación. Una vez conocida la cultura y familiarizado/a con los pormenores de los miembros de la empresa que el/la psicópata considera útiles (debemos recordar aquí que el/la psicópata cosifica a las personas, es decir, para él o para ella las personas no son sino cosas  que pueden utilizar o tirar cuando ya no le sirven) da comienzo un proceso de manipulación de las redes establecidas para la difusión de información errónea con el objeto de promocionarse. Este proceso lo realiza con una destreza sorprendente y sin ser descubierto/a. La desinformación (manipulación de la información) suele incluir comentarios intencionados acerca de su competencia y lealtad a la empresa y a los demás miembros, al tiempo que desacredita y desprestigia a aquellos que están bien considerados en la empresa. El/la psicópata manipula las redes de información para lograr aumentar su reputación, desacredita a sus compañeros y, algo especialmente importante, y que explica el caso con el que dábamos comienzo, para crear conflictos y rivalidades entre diferentes miembros de la organización que al psicópata le interesa enfrentar para que tengan menos oportunidades de descubrir su "juego". Es habitual que el psicópata no acuda a reuniones colectivas para no verse expuesto/a a los diferentes miembros que él/ella ha manipulado individualmente, quienes le exigirían explicaciones para clarificar muchas de sus manipulaciones, lo que perjudicaría su imagen positiva en la organización.

Cuarta etapa. Confrontación. En esta etapa se manifiestan la violencia interpersonal y el abuso ejercidos por el psicópata. En esta etapa se producen tres procesos:
1.       El psicópata abandona a los seguidores que ya no le resultan útiles. Tanto en un sentido social, como psicológico. Desaparece de golpe la proximidad generada por el psicópata en su etapa de manipulación. Las víctimas acusan psicológicamente este golpe, si bien sienten un alivio ante la carga que suponía la interacción con el psicópata. Por supuesto estas personas no comprenden la naturaleza nefasta de la persona a la que habían apoyado.
2.      Algunos "peones" empiezan a darse cuenta de qué va todo este juego. Descubren que la persona que consideraban "su amigo" es en realidad un farsante, que les ha estafado, e indignados y encolerizados le desafían abiertamente. Por desgracia, muchas veces es demasiado tarde para ellos porque el psicópata se les ha adelantado y ha neutralizado su curso de acción. Mediante los contactos que el psicópata tiene con personas que se encuentran en una posición superior de la jerarquía organizativa, este ha difundido información sesgada que les desacredita. Así, cuando los "peones" se quieren defender se encuentran frente a unos superiores que, seducidos y manipulados convenientemente por el psicópata, tienen la opinión de que son ellos los incompetentes y desleales, incapaces de apreciar a una persona con talento (como es el psicópata). El psicópata ha hecho un trabajo excelente puesto que la campaña de descredito dio comienzo mucho antes de que los peones se dieran cuenta de la difamación de "su amigo"; bien, porque ya no le son útiles, bien porque sospecha que han descubierto su juego y, por tanto, ha planificado cómo librarse de ellos y protegerse de sus deseos de venganza. Por supuesto que semejante conjunto de traiciones, manipulaciones, celos, envidias y conflictos internos entre los diferentes compañeros de trabajo que el psicópata genera con su actuación tienen como consecuencia el descenso de la moral del departamento afectado y la desintegración de la unidad de trabajo. Por desgracia, los jefes no terminan de comprender la verdadera razón de que esto se produzca. En estos momentos, no es extraño que se produzca un cambio de personal con la intención de reestructurar toda la situación y, de paso, con toda probabilidad desaparecerán los enemigos del psicópata, o bien que este sea promocionado. Precisamente en esa situación de restructuración se produjo la incorporación de Alberto, la persona a la que nos referimos al principio de este artículo.
3.  Por último, los protectores del psicópata serán ellos mismos traicionados. La manipulación, el engaño y la estafa se dirigen tanto a las personas, como a toda la estructura de poder. Cuando esto ha sucedido, el psicópata querrá cambiar de aires, pero no sin antes llevarse una buena indemnización, conocimientos y contactos.


En la segunda parte de este artículo hablaremos de los efectos del psicópata en las diferentes personas con las que interacciona dentro de la empresa, así como de las actitudes que dichas personas pueden adoptar en relación al psicópata y al resto de miembros del departamento.


Bibliografía:

-Garrido Genovés, V. (2016). El psicópata. Un camaleón en la sociedad actual. Valencia: Ed. CientoCuarenta.