lunes, 12 de noviembre de 2018

¿PUEDO INTEGRAR LA SOMBRA?


José González. Psicólogo y terapeuta de orientación junguiana.


Hace ahora tres años y tres meses que publiqué el libro Cómo integrar tu sombra. Se trata del sexto libro de mi autoría y uno de los más vendidos, no solo en España, sino sobre todo en otros países. He recibido mensajes de agradecimiento y, también, algunas críticas que me han servido para reflexionar acerca de lo adecuado del contenido del texto y de la idoneidad de su título.

Si hay algo sobre lo que he reflexionado desde entonces, y de lo que me gustaría escribir ahora en Psicología Profunda y Espiritualidad, es de los diversos malentendidos alrededor del trabajo de reconocimiento y, sobre todo, de integración de los contenidos a los que la psicología junguiana denomina sombra.

La extensión de una actitud ingenua, presente en lo que se ha venido llamando Psicología positiva, con mucho éxito en la cultura occidental, según la cual la consciencia del individuo debe hacerse amiga del enemigo, reconocerlo e integrarlo como parte de sí mismo, ha provocado que, en ocasiones, se malinterpreten las palabras que expreso en mi libro Cómo integrar tu sombra.

Aclaro aquí, por tanto, que al hablar de sombra, como lo hizo el psiquiatra suizo Carl Gustav Jung en su momento, me estoy refiriendo concretamente a aquellos contenidos de lo inconsciente personal, o del inconsciente freudiano, que están presentes en la psique de todo individuo. Se trata, por tanto, de aquellos vicios, vulnerabilidades, modos indeseables de comportarse, deseos insatisfechos no expresados, etc. En definitiva, contenidos reprimidos o suprimidos por la consciencia porque entran en conflicto con la autoimagen que tenemos de nosotros mismos. Dichos contenidos pueden y deben ser reconocidos por la consciencia como pertenecientes a la psique inconsciente personal e integrados en la medida de lo posible. De hecho, este constituye el primer trabajo del proceso alquímico al que los junguianos denominamos proceso de individuación.

Ahora bien, existen contenidos de la sombra colectiva que la consciencia únicamente puede reconocerlos como ajenos a sus propios valores morales, y a su identidad humana, los cuales, en lugar de integrarlos, debe combatirlos. De ahí la importancia de la diferenciación o discriminación entre aquello que el individuo puede y debe integrar, para lo cual debe primero reconocerlo como parte de sí mismo, por ejemplo aspectos indiferenciados o subdesarrollados de su psiquismo (funciones inferiores), de aquellos contenidos que directamente debe combatir con todas sus fuerzas, porque forman parte de la oscuridad del Self.

Por ejemplo, las personalidades psicopáticas y narcisistas malignas son una expresión del mal, como expusimos en un artículo anterior. La consciencia ni puede, ni debe integrar semejantes actitudes malignas, sino, al contrario, debe combatirlas con todas sus fuerzas. El trabajo con las personalidades narcisistas y psicopáticas favorece de hecho el enfrentamiento directo con elementos peligrosos, cuya pretensión es destruir la individualidad, física y/o psíquicamente. También favorece la revisión de los contenidos inconscientes que están presentes en la vinculación con este tipo de personalidades en quienes están involucrados emocionalmente con ellos.

Estas consideraciones se hacen necesarias a la hora de abordar cualquier lectura sobre la sombra. En ocasiones el título ha llevado a confusión a algunos lectores porque les ha generado una expectativa equivocada. El libro es una exposición, desde diferentes ángulos, de los contenidos de la sombra. No tiene la pretensión de ser omnicomprehensivo, y tampoco de servir como guía de autoayuda para integrar la sombra. Ningún libro puede hacer esto. Ni siquiera lo puede hacer un terapeuta. Este, igual que un libro, podría servir de revulsivo y, hasta cierto punto, de guía para la integración de los contenidos de la sombra, siempre que el proceso de individuación se halle "constelado" en la psique del individuo. De lo contrario, ni el mejor libro del mundo sobre la sombra, ni el mejor terapeuta junguiano (si es que esto se puede afirmar así) podrán hacer nada para que el individuo reconozca e integre su sombra.

lunes, 24 de septiembre de 2018

FENOMENOLOGÍA DEL ESPÍRITU. Encuentros con Ovnis y extraterrestres

Fenomenología del Espíritu. Encuentros con Ovnis y Extraterrestres.

José González
Psicoterapeuta de orientación junguiana


Durante el segundo encuentro con Raúl en Huelva el tema central que nos convocó fue lo que podríamos denominar la fenomenología del self. Estuvimos conversando acerca de los encuentros con objetos volantes no identificados y con sus supuestos tripulantes, es decir, con extraterrestres.


Tomamos como punto de partida y referencia la experiencia de un niño en un encuentro OVNI y con seres extraterrestres. La persona es Juan Pérez, con una edad actual de aproximadamente 52 años, que a la edad de 12 años tuvo su encuentro y le produjo semejante conmoción que tardó alrededor de 40 años en que su consciencia asimilara la experiencia y la transformación que supuso para su vida. Le dije a Raúl que había visto una película documental titulada “Testigo de otro mundo” en los cines princesa de Madrid y que me pareció extraordinaria.



En dicho documental el director Alan Stivelman se dirige a la localidad en la que vive el contactado Juan Pérez, en Argentina para hablar con él sobre la experiencia que tuvo y la repercusión de dicha experiencia en su vida. Lo primero que me llamó poderosamente la atención fue que Juan, a la edad de 52 años, aún no había asimilado aquel numinoso suceso. Cuándo hablaba de lo que le había sucedido hacía 40 años, aún le temblaba la voz y le costaba expresar en palabras lo que sentía. Rompía a llorar y cuando le preguntaban si hubiera preferido no haber tenido aquella experiencia respondía con una rotunda afirmación. La vivencia de aquél extraordinario suceso provocó que su vida se transformará en la de un ermitaño que vivía solo y alejado del mundo, sintiendo una terrible pesadez por aquella experiencia, que parecía haberlo hundido. Juan, en el documental, afirmaba que, después del encuentro OVNI, su vida había cambiado profundamente y tenía sueños premonitorios desde entonces. Él se sentía diferente y las personas de su alrededor lo tenían por alguien extraño y loco. Sin embargo, en el documental, vemos la importancia que tiene ayudar a una persona que ha tenido una experiencia semejante a asimilarla y a sacarle del aislamiento, ayudándole a que comprenda que hay otras personas que también han experimentado una vivencia semejante. Al mismo tiempo, el documental nos muestra que resulta fundamental que la persona se integre en una comunidad que comprenda el significado de aquella extraordinaria experiencia.

Este documental y su contenido extraordinario nos dio pie a Raúl y a mí para iniciar una conversación alrededor de lo que podríamos denominar la fenomenología del espíritu.

Una de las críticas que hicimos a la conclusión a la que llegaba el director del documental fue que para Alan aquella experiencia vivida por Juan podía explicarse a través de una experiencia interior transferida en la realidad exterior. Básicamente esta es la tónica de la mayoría de los psicólogos Jungianos, que explican la experiencia de lo numinoso a través del mecanismo de proyección de los contenidos del inconsciente colectivo. Sin embargo, Jacques Vallée lo explicaba de un modo diferente, al hablar de otros mundos o de otras dimensiones, haciendo alusión a la física cuántica. Esta última explicación se ajusta en nuestra opinión mucho más a la realidad del fenómeno. Si bien yo mismo, en la mayoría de mis escritos, hablo de la proyección de los contenidos de lo inconsciente colectivo en la realidad manifiesta, y por lo tanto hago una explicación de carácter inmanentista,  soy consciente, al igual que Raúl, de que las experiencias como las de Juan no pueden explicarse únicamente a través de imágenes simbólicas y de experiencias subjetivas. El espíritu de la profundidad y los arquetipos constituyentes de dicho espíritu no pueden entenderse únicamente desde el punto de vista de una psicología subjetiva, sino que aluden por sobre todo a una dimensión o a un mundo que se encuentra allende las fronteras de lo subjetivo. Se trata de lo que podríamos denominar el reino de Dios o del mundo de las ideas perfectas de Platón. Y este mundo es un mundo objetivo, una realidad metafísica, que puede manifestarse, como de hecho lo hace, en esta realidad material, pero que no pertenece a esta realidad sino que la trasciende. En el alma también puede manifestarse está realidad metafísica en forma de sueños, por ejemplo. Dichos sueños pertenecen a una categoría diferente a la de los sueños personales, de ahí que, cómo vemos en el documental a través del anciano sabio de la tribu guaraní, se denominan sueños verdaderos, o bien, grandes sueños. En estos sueños se manifiesta lo Real, es decir, aquellos arquetipos que forman parte del espíritu de la profundidad como diferentes atributos de Dios. Sucede de un modo semejante a cuando se realiza una meditación como es la imaginación activa. Sin embargo, no en todos los casos en los que se realiza una imaginación activa se convocan contenidos de lo inconsciente colectivo. En ocasiones, al igual que sucede con los sueños de carácter personal, las imágenes se refieren a aspectos subjetivos que nada tienen que ver con las auténticas imágenes arquetípicas en las que el self se manifiesta a la consciencia del hombre. Podríamos expresarlo de un modo conciso del siguiente modo: en la más profunda inmanencia se hace presente lo absolutamente trascendente.




Por eso, en la mayoría de los encuentros con ovnis, estos tienen una dimensión material y no solo simbólica. En este punto estuvimos reflexionando Raúl y yo acerca de la enorme diferencia entre la realidad del espíritu y el ámbito de la abstracción intelectual. Para muchos intelectuales, y también para muchos junguianos, ambas realidades o dimensiones tienden a identificarse. Sin embargo, para nosotros hay una diferencia cuantitativa y cualitativa entre el ámbito de la abstracción intelectual, en donde cabría la opción del símbolo y la reflexión alrededor de lo simbólico, de un lado, y el mundo de lo Real entendido como el ámbito de lo divino que tiene un carácter metafísico. Este último mundo puede hacerse presente en esta realidad inmanente, como le sucedió a Juan en su experiencia OVNI. Dicha experiencia puede perfectamente entenderse como una experiencia de Dios. No como una proyección de contenidos inconscientes en la realidad objetiva, sino como una manifestación de lo Real en este mundo fenoménico.

Tras esta reflexión alrededor de la realidad de Dios y del mundo trascendente de lo Real, Raúl trajo a colación las imágenes qué dibujó un paciente suyo tras haber tenido un contacto OVNI que experimentó junto a su padre y a su madre y que había intuido bastantes horas antes de que sucediera, advirtiéndoselo a sus sorprendidos padres. Nuevamente estuvimos reflexionando acerca del mundo de lo Real, y de cómo en su paciente se había manifestado en este mundo material.

En ese momento recordé un sueño que tuve alrededor del año 2000 en el que tuve un contacto OVNI y en el que pude hablar con los tripulantes extraterrestres de una nave circular con una tecnología muy superior a la humana. Un sueño que me dejó muy sorprendido y tocado y del que aún recuerdo con todo lujo de detalles. Aquel sueño puede entenderse como uno de esos grandes sueños o sueños verdaderos por su carácter arquetípico. Expresaba en efecto la experiencia con el mundo de lo Real, esto es, con el arquetipo del self que se me había manifestado en aquel sueño en uno de los momentos más críticos de mi vida. Nuevamente en la más profunda inmanencia del alma se manifestó lo absolutamente trascendente.
Como Jung puso de manifiesto en sus escritos, no solo en los referentes a OVNIs, sino también en otros muchos alrededor de las experiencias visionarias sobre mándalas, no es extraño que este tipo de sucesos estén produciéndose a una escala que trasciende las fronteras de cualquier especialidad. Se han convertido en un fenómeno cuasi-popular. Lo que observamos en la profesión de psicoterapeutas es que estos fenómenos de apariciones y de experiencias visionarias de símbolos de la totalidad suceden habitualmente en momentos sumamente críticos; muchas veces compensan, con imágenes simbólicas de unidad, totalidad y divinidad, procesos psíquicos de extrema inestabilidad y caos interior. Momentos en los que la salud psíquica y física corren peligro de desintegrarse. Por ese motivo, al igual que Jung lo expresó en su momento, creemos que la extensión del fenómeno OVNI entre la población mundial, y el hecho de que se engrosen los documentos sobre contactados, representan una señal indicativa, y al mismo tiempo una compensación necesaria, al estado psíquico deplorable al que la civilización occidental ha llegado como consecuencia de la muerte de Dios, de la degradación del Símbolo de Cristo como muestra de un eclipse de Dios. En la primera parte de este artículo veíamos cómo el narcisismo se ha convertido en la plaga apocalíptica del mundo postmoderno. De hecho, la involución hacia una visión materialista e inmanentista es tan terrible que nos tememos que se produzca una "evolución" desde una cultura narcisista, en la que ya estamos viviendo, a una cultura psicopática; y el éxito de las series sobre vampiros adolescentes y muertos vivientes (zombis) son un buen reflejo de semejante situación.

Por consiguiente, Raúl y yo no estamos de acuerdo con expresiones del estilo “hay otros mundos, pero están en este”. No, para nosotros, hay otros mundos, sí, pero no están en este, sino que pueden manifestarse en este, aunque pertenecen a otros planos de realidad diferentes. Repetimos, lo auténticamente real, que es trascendente, se puede manifestar en el plano inmanente, pero no es inmanente.

Otra de las conclusiones a las que llegamos fue que toda la realidad material, que todo lo inmanente, está soportado, sustentado y depende de la realidad trascendente, de lo auténticamente Real; en definitiva, de lo que podemos llamar Dios. Cuando se rasga el velo que oculta la realidad de Dios, entonces se hace presente lo verdaderamente real, que es Dios, o lo que denominamos en Psicología Analítica, el self.

Como podemos ver en el documental sobre el contactado Juan la experiencia con el mundo de los arquetipos puede provocar en la consciencia de la persona dos posibles efectos: A) una deflación de la conciencia, como le sucedió a nuestro contactado Juan. B) una inflación de la consciencia, como le sucedió por ejemplo a OSHO y, en general, a gran parte de las personas que han tenido alguna experiencia con lo sobrenatural.

En el caso de la deflación de la conciencia lo que sucede es, como el testimonio de Juan nos muestra, que la consciencia se siente aplastada y devaluada ante la experiencia numinosa de lo Real.

En el caso de la inflación de la consciencia lo que sucede es justo lo contrario, que la consciencia se infla y, por un tiempo, la persona contactada puede creerse un mensajero de Dios. Creyendo que su destino es superior al del resto de los mortales,  o más importante, y despreciando o minusvalorando en destino y el camino de los demás. En el cristianismo, por ejemplo, podemos ver este efecto en el propio Jesús cuando tiene las primeras experiencias con el Padre y, especialmente, en los momentos en los que es tentado por el diablo en el desierto. Juana de Arco también sufrió una inflación en ciertos momentos de su vida, malinterpretando las experiencias visionarias que tuvo, algo que sucede también en momentos de inflación (aunque no solo en esos momentos).

En todo caso dichos  efectos pueden considerarse normales o habituales y son de hecho señales de que la persona ha tenido una auténtica experiencia con lo numinoso. Ahora bien, dado que se trata de efectos secundarios de la experiencia con lo trascendental, resulta muy importante el trabajo de terapia (y/o de autoconocimiento) para encarrilar y asimilar la experiencia en la consciencia de cara a la manifestación de los contenidos de lo inconsciente colectivo en la realidad y en la vida de la persona contactada.

Por supuesto, experiencias de esta índole, que si bien no son comunes, sí han sucedido a determinadas personas a lo largo de la historia de la humanidad, como el documental sobre Juan nos muestra, ponen en entredicho cualquier afirmación acerca del trabajo  psicológico previo a cualquier experiencia espiritual. Para empezar, dicha experiencia acontece incluso en contra de la voluntad del contactado. Además, dicha experiencia tiene unas repercusiones extraordinarias en la vida del individuo. Y, finalmente, dichas experiencias, una vez asimiladas por la consciencia, le permiten al contactado conocer cuál es su auténtica vocación y la comunidad de personas a las que pertenece. Esto es precisamente lo que traté de desarrollar en dos de mis ensayos novelados: Al final del túnel y La hermandad de los iniciados.  En la primera novela narro la historia de un iniciado (contactado) en la época actual y, en la segunda, su inclusión en una comunidad heterogénea de gnósticos.


Desde un punto de vista psicológico y/o terapéutico, la experiencia de lo numinoso es cuanto menos traumática y, desde luego, terrible y ominosa. Sin embargo, es la única experiencia que, para determinadas personas, resulta sanadora. Aquí cabría por tanto diferenciar entre la “pequeña psicoterapia” o “falsa psicoterapia”, en la que se abordan los síntomas propios de los trastornos mentales, de la “gran psicoterapia” o “verdadera psicoterapia”, que consiste precisamente en la experiencia que Juan tuvo a los 12 años de edad y que, posteriormente, 40 años después, pudo asimilar su consciencia, encaminándolo hacia la manifestación de su auténtica vocación en el seno de una comunidad guaraní.


Al hilo de todas estas reflexiones estuvimos hablando también Raúl y yo de un destino común a ambos. En los dos está muy presente el arquetipo del ermitaño. En mí, además, el monje también está presente en mi estructura psíquica. Sin embargo, el camino del monje, por más que lo haya valorado en más de una ocasión, los acontecimientos externos y las vivencias internas me han puesto en evidencia que mi camino pasa por la vivencia y las experiencias convocadas por el anima y no recluido en un monasterio de monjes. Por lo tanto, la vía seca del monje no está indicada en ninguno de los dos caminos y sí, en cambio, la vía húmeda del amor, lo que incluye sexo, Eros y en mi caso una vida familiar.

Esta reflexión alrededor del aspecto común a nuestros caminos nos hizo también meditar sobre la importancia de que las personas comprendan cuál es su auténtica vocación: así, por ejemplo, si el monje es el arquetipo presente en la psique de una mujer, como imagen del animus, esta debiera saber que su camino probablemente la conduzca por la vía seca del convento, o de un sucedáneo de este. Se trata, desde luego, de una vía poco común en nuestros días, dado que la experiencia erótica a través del cuerpo y de las relaciones matrimoniales, mucho más habitual en la vivencia del Eros en las mujeres, no formaría parte del camino de la monja. Así, la fecundación no vendría a través del cuerpo, mediante las relaciones eróticas con un hombre, la experiencia de la maternidad y de la vida familiar, sino a través de su consagración al espíritu, que desde lo alto la puede fecundar.

Por último estuvimos interpretando un conjunto de sueños cuyo arquetipo central era el self.

sábado, 22 de septiembre de 2018

FENOMENOLOGÍA DEL ANIMA. PSICOPATÍA, NARCISISMO Y OTROS TRASTORNOS DE LA PERSONALIDAD

Fenomenología del anima. Psicopatía, narcisismo y otros trastornos de la personalidad.



José González
Psicoterapeuta de orientación Junguiana



Desde hace ya unos cuantos años busco la manera de tomarme unos días de vacaciones, normalmente durante el mes de septiembre, para poder retirarme del mundo y meditar acerca de los acontecimientos interiores y exteriores que han tenido lugar durante el último año, así como para interpretar mis sueños, en especial los de carácter arquetípico, aquellos que las culturas ancestrales denominan sueños verdaderos (en el sentido de que lo Real se hace presente en esos sueños).


En esta ocasión mi viaje ha tenido por destino, como ya es habitual en los últimos años, las playas de Huelva. Aquí, en Huelva, reside uno de mis hermanos en el camino espiritual. Con él he tenido varios encuentros alrededor de los temas que nos convocan y voy a aprovechar para publicar en Psicología profunda y Espiritualidad algunas de las reflexiones y conclusiones a las que llegamos.




En el primer encuentro con Raúl, aquí en Huelva, el tema que abordamos fue lo que podríamos denominar la fenomenología del anima. Nuestra conversación se centró en los aspectos oscuros del arquetipo del anima (siendo que la relación con el anima es siempre oscura, por cuanto convoca la oscuridad del Self) pues a ambos nos tiene en estos momentos inmersos en una investigación profunda. Se trata de nuestro trabajo de investigación alrededor de los trastornos de la personalidad y, especialmente, en dos de los trastornos más extendidos actualmente en la cultura occidental: el trastorno de la personalidad narcisista y el trastorno de la personalidad psicopática.


Para tratar algunos de los aspectos fundamentales de estos dos trastornos de la personalidad estuvimos viendo una película que nos pareció muy bien documentada alrededor de estos trastornos. Se trata de la película titulada “Pura Sangre”. A aquellos que no hayáis visto la película y tengáis la intención de verla podéis saltar el siguiente párrafo en el que hablo de la trama. Recomendamos en todo caso la visualización de esta película a todas aquellas personas interesadas en conocer cuáles son las manifestaciones más sobresalientes de ambos trastornos.


En esta película pudimos ver la asociación entre una adolescente con trastorno psicopático de la personalidad y una adolescente con trastorno narcisista de la personalidad, con un objetivo común: asesinar al padrastro de la chica narcisista por haberla tratado de un modo autoritario (poniendo límites a su carencia de valores morales) y por confrontarla con su comportamiento egocéntrico y carente de empatía.


Una de las conclusiones a las que llegamos después de varios años de investigación alrededor de dichos trastornos de la personalidad es que nos diferenciamos del enfoque de los principales investigadores de estos trastornos en los siguientes puntos:


  1. Para nosotros, según hemos venido observando a lo largo de estos últimos cuatro años, los trastornos de la personalidad del Clúster B tienen una gama amplia de manifestaciones diagnósticas que van de los casos más leves, con histeria y trastorno límite de la personalidad, a los casos más graves con conductas antisociales de carácter psicopático. Por cierto que la gravedad del trastorno está en directa relación con la intensidad del TNP y de los rasgos antisociales.
  2. Por lo tanto, del punto número uno se deriva que para nosotros existe una amplia gama de grises y en esto coincidimos con el investigador psicodinámico Otto Kernberg. Nos alejamos por tanto de las perspectivas más dualistas de blanco o negro como por ejemplo la defendida por Iñaki Piñuel, para quién psicópatas y narcisistas son básicamente lo mismo. Para mí, ni siquiera entre los narcisistas podemos generalizar, dado que las personas con estos trastornos expresan una amplia gama de comportamientos que van de los casos más graves, con conductas antisociales, a los casos más leves con conductas límites o borderline, cuyo pronóstico de curación es mucho más halagüeño.
  3. Encontramos ambos una diferencia sustancial entre las personas con trastornos psicopáticos de la personalidad y el trastorno antisocial de la personalidad, tal como viene definido en el DSM 5. Consideramos que el DSM se centra principalmente en las conductas antisociales, al describir los criterios diagnósticos del trastorno antisocial de la personalidad, obviando en cierta medida lo que es nuclear en los trastornos psicopáticos de la personalidad, que es precisamente la estructura de personalidad de estás personas. De ahí que consideremos importante la inclusión de la psicopatía como una categoría distinta dentro de los trastornos de la personalidad del Cluster B. Algunos rasgos constitutivos de los psicópatas son la cosificación que hacen de las personas, el deseo de poder como motivación fundamental y, por tanto, la incapacidad para amar y la necesidad que tienen de utilizar a las personas como si fuesen un combustible del que servirse para sus propios fines ególatras y egoístas.
  4. Otro de los aspectos en los que nos diferenciamos de otros investigadores a la hora de abordar los trastornos psicopáticos y narcisistas de la personalidad es la diferenciación estricta entre trastorno narcisista de la personalidad y trastorno psicopático de la personalidad que algunos investigadores sostienen, como si ambos trastornos no tuviesen nada que ver el uno con el otro. En mi opinión hay personalidades narcisistas que además presentan conductas antisociales y esta combinación les hace parecerse mucho a las personas con trastorno psicopático de la personalidad hasta el punto de que la distinción muchas veces se hace realmente difícil.
  5. Durante la película pudimos observar perfectamente uno de los comportamientos que suelen presentarse cuándo dos personalidades, narcisista y psicopática,  mantienen una relación asociativa. Así dos personas con estos trastornos pueden perfectamente relacionarse relativamente bien sí tienen entre ellas un objetivo común.
  6. Por cierto que a un psicópata la reclusión en la cárcel no le resulta para nada conflictiva y esto es algo que también podemos ver en la película, a diferencia de un narcisista para quién dicha experiencia sí le resulta problemática. Y esto es así porque para el narcisistas la máscara social es muy importante, dado que, como dice Sam Vaknin, el narcisista es una persona social, necesita de la admiración del público (la sociedad) de la cual se alimenta. Sin embargo, para el psicópata ser admirado no es lo fundamental, sino la obtención de poder y la satisfacción de todos sus deseos hedonistas de un modo inmediato.
  7. Uno de los puntos de debate fue el de si los psicópatas son o no enfermos o trastornados. Buena parte de los investigadores de la psicopatía defienden que estas personas no son enfermas o trastornadas, sino que su comportamiento se deriva de su propia personalidad y, por lo tanto, se trata de un modo de ser diferente del normal y en cualquier caso egosintónico. Sin embargo, en muchos trabajos de investigación sobre psicopatía, encontramos que en las personalidades psicopáticas existen disfunciones o desviaciones en tres dimensiones de la personalidad diferentes: A) en el ámbito cognitivo,  por su egolatría y pensamiento egocéntrico, su tendencia a la suspicacia, a la desconfianza del prójimo y a cierto comportamiento de tipo paranoico; B) En el ámbito afectivo, que es el que es encuentra más afectado, hallamos que el psicópata es incapaz de tener empatía. Ahora bien, lo que el psicópata es incapaz de hacer es sentir la emoción que la otra persona está sintiendo en un momento dado, como por ejemplo cuando la persona psicópata triangula, realiza luz de gas, es decir, maltrata emocionalmente a la otra persona y luego niega haberla maltratado haciéndola creer que se lo está inventando; o bien, cuando tras un periodo de bombardeo amoroso con muchos piropos y halagos, el psicópata muestra una terrible frialdad cuando su pareja espera una actitud amorosa propia de alguien enamorado. Ese padecimiento que el psicópata (y también el narcisista) provoca en el otro es incapaz de sentirlo. C) Por último, los psicópatas también presentan comportamientos desviados, como por ejemplo cuando realizan actos antisociales: pueden utilizar como testaferros a personas de su familia para obtener beneficios económicos estafando a terceras personas. Como resultado de estos comportamientos, serán sus familiares quienes tendrán que vérselas con el sistema judicial porque han sido engañados y manipulados por el psicópata para estafar a un tercero. Así la persona estafada denunciará los actos constitutivos de delito, dirigiendo su denuncia a personas que a su vez han sido engañadas por el psicópata para conseguir así sus propios objetivos egoístas. Con ello el psicópata queda exento de cualquier responsabilidad civil o penal porque ha utilizado de parapeto a un familiar, ya sea su mujer, ya sea un hijo/a, ya sea cualquier otra persona que pueda utilizar, que serán quiénes tengan que afrontar las consecuencias de las actuaciones antisociales del psicópata. Por supuesto el psicópata no siente ningún remordimiento, ni ninguna culpa por haber provocado daño, perjuicio económico y/o sufrimiento y, por lo tanto, en ningún caso se responsabilizará de ellas una vez provocado el daño.
  8. Así pues, considerando lo que hemos dicho en el punto número 7, los psicópatas sí presentan un trastorno tanto en su modo de pensar, como en su modo de sentir y en su modo de comportarse. De ahí por tanto que los investigadores que defienden que el psicópata no es un enfermo tengan parte de razón, en tanto en cuanto la psicopatía como manifestación de una estructura de carácter no tiene cura, porque en realidad no hay nada que curar por ser precisamente esa la expresión genuina de la psicopatía. Pero, al mismo tiempo, quienes defienden que la psicopatía es un trastorno y, por lo tanto, lo que antiguamente llamábamos una enfermedad, también tienen parte de razón, dado que el psicópata presenta una serie de comportamientos y de desviaciones en su proceder cognitivo y emocional que lo distinguen de la persona común. Así, si el criterio para considerar a un psicópata como no enfermo es su modo de ser, como expresión de una estructura de carácter, podríamos considerar también la esquizotipia por ejemplo como expresión de una estructura de carácter desviada de la norma por resultar extraña y extravagante.

Después de haber debatido alrededor de estos ocho puntos fundamentales que surgieron en nuestra conversación, proseguimos hablando de los aspectos arquetípicos que los psicólogos y psiquiatras psicodinámicos continúan sin considerar, a pesar de los descubrimientos de Carl Gustav Jung. Así, Otto Kernberg y otros psicoanalistas necesitan realizar unas reflexiones circulares complejísimas que se evitarían si se contemplaran los descubrimientos de lo inconsciente colectivo y los arquetipos por parte del díscolo ex discípulo de Freud. Por ejemplo, para el caso de los narcisistas malignos no haría falta recurrir a las heridas narcisistas de la infancia provocadas por los padres, es decir, a la perspectiva de las relaciones objetales si se comprendiera que en la estructura psíquica del niño hallamos el arquetipo de la madre y el arquetipo del padre que son los auténticos protagonistas en la relación con el padre objetivo y la madre objetiva. Al mismo tiempo se descargaría bastante de culpa y malestar a los padres que con esfuerzo y cariño han querido lo mejor para sus hijos. De esto se deriva también que no es tanto el modo en que los padres se relacionan con el niño y le tocan los genitales al limpiarle, por ejemplo, lo que provoca posteriormente un trauma y un comportamiento narcisista, sino más bien es la propia estructura psíquica de base y, por lo tanto, hablaríamos de las disposiciones arquetípicas del niño las que están en el fundamento de los trastornos narcisistas y psicopáticos, por ejemplo. Esto nos conduce directamente a la comprensión de que los psicópatas y los narcisistas ya vienen con una predisposición arquetípica a manifestar conductas psicopáticas y narcisistas. De ahí que la mayoría de los investigadores estén de acuerdo en que la psicopatía y el narcisismo tienen una carga genética muy importante. También que la estructura psíquica base del psicópata presenta una disposición arquetípica cuyo despliegue o expresión es descrita por la mayoría de los expertos en psicopatía y de ahí también que no pueda curarse.


Un tema muy polémico, del que hablamos Raúl y yo durante esa tarde, dedicada al anima y su relación con la psicopatía y el narcisismo, fue precisamente el comportamiento narcisista en Jung, que de los textos y de los documentos audiovisuales de que disponemos alrededor de su vida podemos inferir. Son conocidas por todos los discípulos, estudiantes y estudiosos de la obra de Jung, así como por los terapeutas de orientación junguiana, las relaciones extramatrimoniales que Carl Gustav Jung mantuvo, primero con Sabina Spielrein y, posteriormente, con Antonia Wolf. Por supuesto que estás relaciones pusieron su matrimonio al borde del divorcio. A pesar de que su esposa expresó que nunca  había sentido que Jung la hubiera quitado nada para dárselo a sus amantes es fácil comprender que para su esposa semejante situación debió de ser muy difícil de soportar, de ahí que, cómo sabemos por sus biógrafos, las discusiones entre Emma y Carl se sucedían cuando este triangulaba. También sabemos que Carl Gustav Jung ridiculizaba a sus discípulos masculinos delante de sus mujeres, que flirteaba con sus discípulas y con pacientes femeninas, así como que se disgustaba y atacaba a aquellos de sus discípulos que sabían hacer algo mejor que él (fue un hombre muy competitivo). Por ejemplo, en un documento audiovisual, un discípulo de Jung explica que él era un marino experto y sabía remar bastante bien, y en una ocasión en que estaba remando en un barco en el lago de Zurich estando abordo Jung, este comenzó a meterse con él y a tratar de ridiculizarlo hasta que el discípulo le dijo que continuara remando él si tan bien remaba,  cosa que hizo. Evidentemente remaba peor que su discípulo, pero no lo soportaba. Todos estos comportamien-tos son característicos de personalidades narcisistas y Jung, como buen Leo, creemos que fue un egregio narcisista o, cuanto menos, manifestaba muchos rasgos narcisistas.


Otro de los temas que también surgieron al hilo de nuestro debate sobre la personalidad narcisista de Jung fue que los narcisistas y los psicópatas pueden ser, como de hecho lo son, muy brillantes. Por ejemplo, Cristiano Ronaldo, uno de los mejores jugadores de fútbol del mundo, tiene muchos rasgos de personalidad narcisista. Uno de ellos, clave en el narcisismo, es que jamás se conforma con los éxitos que obtiene en cada una de sus intervenciones futbolísticas. No importa cuántos goles meta, ni tampoco el modo en que los mete, porque siempre es insuficiente para él. Además es imprescindible que todos los que se encuentran a su alrededor le adoren como si fuese un Dios. También surgió en nuestra conversación el nombre de Sam Vaknin, una de las personas con el cociente intelectual más alto del mundo, diagnosticado él mismo como narcisista.


Un psicópata egregio parece que lo fue el fundador de Apple, Steve Jobs, cuyas memorias han sido escritas por su hija, una mujer que aún a estas alturas defiende el comportamiento psicopático de Jobs como si fuera normal, algo que desafortunadamente sucede con muchas hijas de psicópatas que no saben quién es/fue realmente su padre.


Por lo tanto, las personalidades narcisistas (y las psicópatas) pueden tener grandes habilidades, pero estás habilidades le sirven para creerse mejores que el resto de los seres humanos, y para manipular y maltratar a sus congéneres.


En el caso de Jung, en efecto, encontramos estas características aristocráticas, que nos hacen pensar en una personalidad narcisista, lo que no desmerece su trabajo de investigador de las profundidades, de cartógrafo de la psique humana y de terapeuta. De hecho podemos decir que muchos le debemos la vida en algún sentido. Además, la vida de Jung es un ejemplo de cómo una personalidad narcisista mejora con los años. Concretamente considero que es a partir de que Jung tuviera el accidente en la pierna y su problema coronario cuándo hallamos un cambio profundo en su personalidad. Dicho cambio se manifestó en el modo en que él escribía y también en su aspecto exterior; durante su vejez, Jung se parecía más a un labriego que a un psiquiatra.


Un asunto fundamental que surgió durante la conversación fue el de la posesión por la acción de un arquetipo. Surgió al hilo de un documental titulado Wild Wild Country, que trata sobre la historia de la comunidad creada por el gurú OSHO.



Sobre este documental he leído algunos comentarios en las redes sociales, de profesionales de la salud mental, que lo calificaban como psicópata. Sin embargo, en ese documental, lo que aparece también es una idea que inicialmente es correcta, a saber,  la de crear una comunidad aquí en la tierra que sea un reflejo de la comunidad celestial, una idea que es tradicional y que lo podemos ver en la propia Jerusalén como manifestación de la Jerusalén celestial. De hecho este fue el tema esencial que convoca uno de mis libros titulado La Hermandad de los iniciados. Por lo tanto, OSHO, como muchos de sus seguidores, especialmente su secretaria personal, han tenido una auténtica experiencia con lo numinoso, es decir, con el mundo espiritual, y de esa experiencia se deriva su deseo de traer a la tierra una comunidad que comparta, como reflejo del mundo espiritual, una convivencia con unos valores espirituales. Una idea semejante  también la hallamos en las comunidades de monjes. Sin embargo, como bien sabemos quiénes nos dedicamos a la investigación de los arquetipos y de lo inconsciente colectivo, el efecto que la realidad arquetípica tiene sobre la consciencia puede provocar una posesión y, por lo tanto, una inflación o hybris. Durante un cierto tiempo el yo sufre lo que en términos comunes podemos denominar endiosamiento y la consciencia se cree mensajera de una verdad que se apodera de toda la vida del individuo afectado. Este es un tema que se trata especialmente en uno de nuestros últimos libros publicados por la editorial de la que soy editor, el hacedor de lluvia, cuyo título es Los dioses del sueño y su autor es otro compañero de camino, terapeuta de orientación junguiana y astrólogo profesional, Alberto Chislovsky. En el caso del libro Los Dioses del sueño se aborda cómo los arquetipos van poseyendo la consciencia de uno de los díscolos discípulos de Jung: nada menos que James Hillman, el Creador de la psicología arquetipal.






En el caso de la comunidad de OSHO,  comentamos Raúl y yo, también, lo que sucede con muchas mujeres con una tipología intuitiva y sentimental como Sheela al estar en contacto con un hombre que ha tenido una experiencia espiritual profunda y que es capaz de transmitir mediante un poderoso pensamiento e intuición: se convierten en sus acérrimas seguidoras y discípulas. A través de la proyección del Animus en hombres con esas experiencias y capacidades de transmisión, dichas mujeres se fanatizan, y defienden a su Gurú hasta la muerte. Y es que en ese hombre ven a un Dios en la tierra.




En general, las intuitivas sentimentales tienden a convertirse fácilmente en seguidoras de personas con fuertes dotes intelectuales e intuitivas. Ha sucedido con OSHO, pero también podemos observarlo en las discípulas de Carl Gustav Jung como por ejemplo en Marie Louise von Franz, y en general en prácticamente cualquier hombre con grandes dotes intuitivas e intelectuales. Cuando el Animus de una mujer es un monje resulta bastante sencillo observar que serán los monjes y también los sacerdotes quiénes tendrán depositada o transferida la imagen del Animus.


Una reacción típica en mujeres intuitivas sentimentales cuando su Guru no satisface las expectativas de su Animus es también la rápida demonización de la persona sobre la que se había depositado la imagen del Animus. De pronto la persona que antaño fue defendida y seguida en prácticamente todo cuánto decía se encuentra con la reacción contraria.


Por lo tanto de lo dicho concluimos qué el efecto de la posesión  de la consciencia por un arquetipo tiene efectos sobre la conducta semejantes a los qué podemos encontrar en un psicópata o en un narcisista. Sin embargo a diferencia de los psicopatas y narcisistas puros, cuyo trastorno es constitucional, en las personas poseídas por un arquetipo la psicopatia o el narcisismo son expresiones del efecto que el arquetipo está produciendo sobre su consciencia. Mientras que en la psicopatia y el narcisismo la posibilidad de sanación es prácticamente inexistente en el caso de los comportamientos narcisistas y/o psicopáticos derivados de la posesión por un arquetipo el tratamiento terapéutico tiene un pronóstico muy favorable.


Otro tema que tratamos durante nuestro encuentro del miércoles 19 de septiembre fue la interpretación de varios sueños. La tarde anterior, la del martes, ya habíamos hablado de un sueño de una ex paciente en el que un pájaro accedía por la ventana de su cocina y cuando ella trataba de cogerlo quedaba espachurrado en el suelo. Este sueño, en apariencia nimio, Raúl me dijo que lo había encontrado en distintas modalidades. El sueño viene a decir lo siguiente: cuando un contenido de carácter espiritual o arquetípico se aproxima a la consciencia, a esta le parece un huevo espachurrado. El sueño viene a advertir a mi paciente de que los contenidos espirituales han de pasar a la consciencia y cuando esto sucede aquel bello pájaro que a la consciencia le parece, visto a lo lejos, una vez atrapado por la consciencia resulta que es de lo más trivial. Por supuesto que el sueño está refiriéndose a lo que sucede cuando se idealiza el mundo espiritual y cuando hay que ponerse a trabajar para captarlo y trabajarlo en el mundo de la consciencia. Pero Raúl le dio un matiz que es realmente importante: el mundo arquetípico, la realidad espiritual, el mundo de lo Real en definitiva, es extraordinario, magnífico, para una personalidad intuitiva, pero como nosotros los humanos no podemos relacionarnos directamente con el mundo arquetípico si no es a través de la proyección en objetos, personas, acontecimientos, etc., todos estos nos parecen triviales en comparación con el original. Dicho desde un punto de vista platónico, los humanos, en este plano de la manifestación, nos vemos impedidos para tratar directamente con las ideas divinas y nos tenemos que conformar con sus copias terrenales (las manifestaciones de aquellos en esta realidad material).


Otro sueño que también traje a colación y que había interpretado en su momento augurando el final de la terapia con una ex paciente es el siguiente: mi ex paciente está viendo en el sueño un paisaje muy frondoso con unas nubes y un cielo esplendoroso pero de pronto al mirar a través de un cristal encuentra que aquello que vé es como de cartón piedra.  


Este sueño que en su momento preferí omitir su significado a mi paciente porque me pareció que no estaba preparada para escucharlo, venía a decir que el camino que estaba siguiendo era falso. Hacía aproximadamente 3 semanas que venía dándome cuenta, por la contratransferencia que ella provocaba en mí, las tremendas resistencias a continuar con la terapia tras haberle desvelado una imaginación en la que había transferido en un hombre el arquetipo del amor cortés. Apenas unas pocas sesiones después de aquel sueño la terapia llegó a su fin, como había intuido. Conoció a otra persona en la que pudo proyectar aquello que conmigo se disolvió como el pájaro al tratar de atraparlo en la consciencia.


Estos sueños nos llevaron a la reflexión de que muchas mujeres que acuden a terapia transpersonal lo hacen por dos motivos fundamentales:


  1. En búsqueda del amor que no encuentran.
  2. Para tratar de contener su caos interior y comprenderlo.


Un sueño que traje a colación también en esa ocasión fue el de otra paciente: había soñado con un monstruo que la perseguía y que atacó a una leona; ella estaba con un niño y por pánico se quiso esconder en una especie de patio y se puso una especie de bloque de hielo cuadrado para protegerse de la bestia. Sin embargo aquello era en balde dado que con la respiración misma el hielo comenzó a derretirse.


Este sueño básicamente está tratando un tema que gira alrededor de las relaciones de amor, de la fidelidad, puesto que la leona representa el corazón fiel a la persona amada, y la bestia representa un aspecto de la sombra o del destino, podíamos decir también, que persigue a la soñadora, pero que a quien ataca es a aquello que representa la fidelidad del corazón. Hallamos en este sueño de nuevo el tema estrella entre una gran cantidad de pacientes mujeres: el deseo de encontrar el amor. Y es que el amor es el centro de la psicología femenina, el dios Eros es el principio que rige la consciencia de la mujer, por lo que una mujer que se niegue a sí misma el amor, por mucho que su animus quiera cercenar el amor de su vida, el sufrimiento será enorme. Salvo, claro está, que dicha mujer sea una psicópata o una narcisista.


Con estas reflexiones y una descripción de mí árbol genealógico y de los últimos descubrimientos a los que había llegado tras remontarme varias generaciones terminamos nuestro encuentro ese día.

Pincha en el siguiente enlace para ir a la segunda parte del artículo sobre Fenomenología del Espíritu.

miércoles, 1 de agosto de 2018

ASPECTOS TRANSPERSONALES EN LA PSICOPATÍA



ASPECTOS TRANSPERSONALES EN LA PSICOPATÍA


José González 
Psicoterapeuta de orientación junguiana.

Hace en estos momentos unos dos años y medio que comencé a investigar el trastorno de la personalidad psicopática. Mis últimas publicaciones y mis escasas intervenciones en público han tenido como centro de atención la psicopatía y el narcisismo. En especial, me he dedicado a profundizar en los aspectos "personales" de estos trastornos de la personalidad, no solo por un interés intelectual y personal, sino, en especial, por una necesidad profesional. Un porcentaje muy elevado de los pacientes a los que atiendo en consulta me participa que su problema fundamental gira alrededor de la toxicidad en las relaciones de pareja o amorosas. De hecho, el motivo de consulta habitual suele ser el siguiente: "estoy atrapado en una relación de pareja que me hace sufrir enormemente y no sé qué hacer". La formación de un vínculo traumático; la sensación de sentirse "atrapado/a" en un situación sin salida (indefensión aprendida); la impresión de vivir en un constante "carrusel emocional" que se inicia con un tremendo sentimiento de amor, como si se hubiera encontrado por fin la anhelada alma gemela, seguido de una serie de maltratos emocionales, a veces con terribles consecuencias, una "sensación de que estoy perdiendo la cabeza y el control de mi vida", así como la vivencia de una terrible celotipia, motivada por constantes triangulaciones que la pareja mantiene con otras personas, ideas o cosas, y que termina con una re-captación que sitúa a la persona en un nuevo inicio del círculo vicioso; y la comprensión final de haber sido estafado, utilizado/a como testaferro de actividades ilegales (desconocidas por la persona) o haber recibido falsas denuncias por violencia de género, como un medio de extorsión y manipulación emocional y/o financiara, constituyen algunos ejemplos de lo que sucede en el seno de muchas relaciones tóxicas.

En estas relaciones es habitual encontrar a un/a psicópata o un/a narcisista. Y esto, hasta cierto punto, es esperable. Ahora bien, uno podría pensar que, en el otro lado de la ecuación relacional, deberíamos encontrar a una persona con rasgos infantiles de personalidad, como por ejemplo personalidades dependientes, neuróticas o con graves déficits emocionales. Y, si bien en algunos casos esto es así, hay personas que no presentan estas características y sin embargo están atrapadas en una relación con un/a narcisista o un/a psicópata. A veces la relación se inició cuando la persona atravesaba una crisis: después de una separación o de un divorcio, de una muerte de un ser querido, tras la pérdida de un trabajo estable; o bien, después de un traslado del lugar de residencia a un país extranjero. Las personalidades psicopáticas tienen un instinto depredador que les permite saber cuándo una persona está en un momento de máxima vulnerabilidad para aprovecharse de esa situación. En algunos artículos, y en ensayos de divulgación, algunos autores, entre los que me incluyo, afirmamos que una de las características definitorias del psicópata es su incapacidad para empatizar. Si bien esto es cierto, conviene realizar en este punto una matización importante. La empatía está compuesta por tres componentes diferentes. Dos de ellos son cognitivos o mentales y el tercero es emocional. Dichos componentes son:

  1. La habilidad para identificar el estado emocional de otra persona.
  2. La capacidad para asumir la perspectiva y el rol del otro. 
  3. La capacidad de experimentar la misma emoción que el otro está sintiendo.

Los dos primeros componentes están agudizados en los psicópatas, mientras que el tercero de ellos está completamente ausente. De lo que son incapaces los psicópatas y los narcisistas malignos es de experimentar la misma emoción que siente el otro.



Dicho esto, como primer paso en la muerte de una etapa y la preparación para el nacimiento de una nueva, después de una relación con una/un narcisista o una/un psicópata, es imprescindible el CONTACTO CERO. Ahora bien, esta acción resulta insuficiente para la auténtica transformación.

Esta transformación precisa de la asunción de todo lo sucedido y de la comprensión simbólica, dentro de un proceso de individuación, de la relación que termina y del sufrimiento padecido en ella (un duelo por la muerte simbólica de la persona con la que se tuvo una relación y de la relación misma). Por tanto es insuficiente el contacto cero sin una revisión de los patrones arquetípicos activados durante una relación de pareja, de amistad o familiar, que provocaron el encuentro (y la situación vivida) y delinearon el desarrollo de la relación. En definitiva, quedarse exclusivamente en los aspectos personales de una relación -algo imprescindible durante un cierto tiempo y, en algunas personalidades, probablemente siempre-, puede provocar en determinadas personalidades que la consciencia continúe inserta en la red de maya de las proyecciones de contenidos inconscientes, personales y transpersonales. De ahí la importancia de comprender, también, qué contenidos transpersonales han favorecido y/o precipitado el encuentro y el desencuentro en determinadas personalidades. Como el proceso de individuación es cada vez más extraño, a muchas personas estas consideraciones no  les serán de utilidad y hasta pueden resultarles contraproducentes. De ahí que la mayor parte de mis últimas publicaciones sobre psicopatía y narcisismo maligno solo versaran acerca de los aspectos personales, patrones de comportamiento relacionales y/o de lo estrictamente biográfico. Solo en aquellos casos en los que una cirugía psíquica se hace necesaria para extirpar el cáncer psicopático se hará un trabajo que contemple los aspectos transpersonales de la psique.


Así también la propia dinámica de una relación tóxica no siempre tiene como protagonista a un narcisista o un psicópata. Esto es fundamental que se comprenda, porque hay una tendencia a considerar que toda relación tóxica implica la presencia de una/un narcisista o psicópata (comprensible porque la cultura en la que vivimos carece de Amor y, por lo tanto, de experiencia auténtica del Misterio, de comprensión de cómo este Misterio se manifiesta en la vida individual y colectiva, incluso en una vida sinsentido) algo que es completamente erróneo.


Afortunadamente, los psicópatas son pocos, entre el 1% y el 5% de la población, dependiendo del país del que se trate, y los TNP también son relativamente escasos entre la población general. De ahí que las probabilidades de encontrarse con un psicópata o con un narcisista no son tan altas como a veces se pretende. Lo que sí impera es una cultura y una sociedad con rasgos narcisistas y psicopáticos. Una cultura que ensalza el egocentrismo, la puesta en escena, la extrema extraversión, la reificación de las personas, la manipulación de la información, la mentira, la calumnia, el deseo de poder y el individualismo radical, entre otros rasgos, y que parece estar favoreciendo en la cultura occidental una reacción compensatoria de carácter tribal-colectivista, igualmente terrible porque está empoderándose de la consciencia de millones de personas (especialmente mujeres, aunque también de muchos hombres) como en su momento sucedió con la ideología nazi. Nos referimos, por supuesto, a la "ideología de género" a la que suelo denominar también "ideología feminazi", porque es el arquetipo femenino (yin) el que está apoderándose de dichas consciencias. La consciencia poseída por el arquetipo se unilateraliza, se convierte en dogmática y fundamentalista, y arremete contra todo aquello que se encuentre fuera de los márgenes estrictos del sesgo cognitivo-emocional defendido por los acólitos de dicha ideología. En toda ideología sucede un fenómeno muy interesante: la consciencia cree que es totalmente libre y que desde esa libertad defiende una serie de valores e ideas que, por supuesto, considera buenas; en este caso, que el género se construye socialmente, sin tener en consideración lo que la biología, la genética, la psicología y la antropología han demostrado a este respecto y que hacen insostenible la defensa de la hipótesis constructivista del género. Por supuesto que la defensa de esta hipótesis falsada o refutada por la ciencia, conviene también a ciertos sectores políticos para acceder a la esfera de la educación y realizar, ya desde la infancia, un efectivo lavado de cerebro en los niños, desplazando la patria potestad de los padres en la educación de sus hijos. Una estrategia semejante a la que utilizan, por cierto, los psicópatas con sus hijos. Ahora bien, si se mira más de cerca, lo que sucede desde un punto de vista psicológico es que la consciencia está siendo poseída y dominada por una idea, de la que la consciencia no se puede desprender, porque esa situación psíquica le es del todo inadvertida. La consciencia individual es esclava de una idea por la que es capaz de sacrificar los valores propiamente humanos. De ahí que "toda guerra es siempre una guerra santa".

Continuará en la segunda parte de este artículo.