miércoles, 11 de abril de 2018

EL PSICÓPATA EN LA EMPRESA. Primera parte.



EL PSICÓPATA EN LA EMPRESA. Primera parte.

José Antonio Delgado. Psicólogo y terapeuta de orientación junguiana. 



Lucía es una persona cordial, simpática, amable, segura de sí misma, inteligente y muy responsable. Para sus superiores es su mejor empleada. Brillante, con don de gentes, no se pone nerviosa ante circunstancias de mucho trabajo y algunos de sus compañeros hablan maravillas de ella. Todo hacía creer que Lucía era una empleada extraordinaria, una coordinadora excelente y una compañera leal. Al menos eso era lo que creían sus directores.

El departamento de la empresa en el que Lucía trabaja, sin embargo, es conocido por todos los empleados porque en él se respira una tensión extraordinaria. Los trabajadores mantienen una actitud de suspicacia ante sus compañeros y reina una desarmonía general que sorprende a los recién incorporados. Algunos años atrás una compañera veterana había estado de baja durante un año por depresión.

Alberto, un empleado que se incorpora por primera vez al puesto de trabajo junto a otros dos compañeros, ha sido debidamente informado durante la entrevista de que, el departamento al que se va a incorporar ha sufrido un cambio y, necesitan personas nuevas que no estén "contaminadas" por el ambiente previo a la restructuración.

El primer día de trabajo, Alberto coincide en el departamento con Lucía y con otros cuatro compañeros, además del jefe de departamento. Recibe una cordial bienvenida por parte del jefe y de todos sus compañeros. Sin embargo, Alberto percibe que algo no marcha bien. Lucía es demasiado amable y cercana el primer día de trabajo y le hace preguntas muy personales: ¿Estás casado? ¿Dónde vives? ¿Cuántos años tienes? ¿Qué formación tienes? ¿Por qué trabajas aquí? ¿Has trabajado antes en esta empresa?¿Conoces a los jefes de la empresa? ¿En qué otra empresa del sector has trabajado? ¿Conoces a fulanito de tal empresa? Lucía no paraba de hacerle preguntas esgrimiendo una actitud seductora y tremendamente encantadora. Alberto comienza a sentirse incómodo pero no puede confrontarla porque está siendo muy amable y siente que tiene que corresponder a esa amabilidad.

Toda la semana transcurre de la misma manera. Lucía continúa haciendo preguntas a Alberto, indagando en su vida profesional y privada, y, al mismo tiempo, investigándole en las redes sociales. Intenta acceder a su facebook y lee todo cuanto está publicado en las redes sociales sobre Alberto. Al principio, este se sintió halagado ante semejante bombardeo de elogios e interés por parte de Lucía. Sin embargo, en seguida se percató de los motivos por los cuales Lucía estaba tan interesada en él. Alberto estaba siendo estudiado y evaluado por una psicópata. Quería conocer a Alberto lo mejor posible para saber si representaba algún tipo de amenaza, así como el modo en que podría serle útil para convertirlo en un seguidor suyo.

No cabe duda de que fuera de las instituciones penitenciarias y de los hospitales psiquiátricos resulta difícil identificar a un psicópata. Además, la inmensa mayoría de las personas ni siquiera concibe que una "persona" así pueda existir. En realidad, a las personas comunes nos resulta muy difícil de imaginar cómo un ser humano puede provocar tantísimo sufrimiento a su alrededor a propósito y sin el más mínimo atisbo de culpa o responsabilidad. A veces decimos de la actuación de un psicópata (cuando no sabemos que lo es) que es propia de un "hijo de puta" o de "una mala persona". Desgraciadamente, de esa ingenuidad se sirven los psicópatas para seleccionar a su presa. Lo cierto es que resulta tan difícil de comprender la existencia de este tipo de "personas" que incluso el término "psicópata" resulta controvertido. Sin embargo es precisamente en la vida cotidiana, en las organizaciones y empresas, en el arte, en la filosofía, la medicina, el sacerdocio, en las instituciones del Estado como la Guardia Civil, la Policía Nacional, el Consejo General de Poder Judicial o en las empresas de Seguridad Privada y, por supuesto, en el seno de una familia, en donde podemos y debemos intentar identificar a un/a psicópata subclínico/a, cotidiano/a o integrado (aquel/lla que no ha cometido actos delictivos) lo antes posible.

El modus operandi de un/a psicópata en los diferentes ámbitos en los que se encuentra sigue siempre una misma pauta de acción. Cuando se trata de una empresa o una organización sigue el siguiente orden (Garrido, 2016):

Primera etapa. Entrada en la organización: Los psicópatas pueden acceder a una empresa de un modo mucho más sencillo de lo esperable. Los C.V. se pueden manipular fácilmente para quien es un maestro de la manipulación y, además, muchas veces no se comprueba su veracidad. Asimismo, los responsables de recursos humanos rara vez tienen la formación y el entrenamiento suficiente para detectar a un/a psicópata, y sucumben con facilidad a su gran encanto y a su extraordinaria fuerza de convicción, por lo que dan la imagen de ser el candidato ideal. De hecho, tres son las habilidades principales que se buscan en una empresa u organización:

  1.       Habilidades de relación: Ser buen comunicador, tener don de gentes y capacidad de adaptación a diferentes personas y entornos.
  2.      Inteligencia.
  3.      Responsabilidad.

Un psicópata, como vimos en el caso de Lucía, no tiene ningún problema en dar esa imagen.

Segunda etapa. Evaluación. Cuando el/la psicópata ha accedido a la organización comienza a estudiarla con detenimiento. Evalúa a los integrantes de la empresa, cuales son los procesos de interacción y la cultura de la organización. Acto seguido, observará a los diferentes miembros con detenimiento con un único objetivo: cuales le serán de utilidad. Una vez discriminadas aquellas personas que tienen más poder, las que son técnicamente más hábiles, las que tienen información privilegiada o disponen de acceso a recursos de la empresa comenzará su labor de seducción y manipulación para convertirlas en sus seguidoras. Para lograr su objetivo utilizan la comunicación directa y personal, saltándose con frecuencia la cadena de mando.

Tercera etapa. Manipulación. Una vez conocida la cultura y familiarizado/a con los pormenores de los miembros de la empresa que el/la psicópata considera útiles (debemos recordar aquí que el/la psicópata cosifica a las personas, es decir, para él o para ella las personas no son sino cosas  que pueden utilizar o tirar cuando ya no le sirven) da comienzo un proceso de manipulación de las redes establecidas para la difusión de información errónea con el objeto de promocionarse. Este proceso lo realiza con una destreza sorprendente y sin ser descubierto/a. La desinformación (manipulación de la información) suele incluir comentarios intencionados acerca de su competencia y lealtad a la empresa y a los demás miembros, al tiempo que desacredita y desprestigia a aquellos que están bien considerados en la empresa. El/la psicópata manipula las redes de información para lograr aumentar su reputación, desacredita a sus compañeros y, algo especialmente importante, y que explica el caso con el que dábamos comienzo, para crear conflictos y rivalidades entre diferentes miembros de la organización que al psicópata le interesa enfrentar para que tengan menos oportunidades de descubrir su "juego". Es habitual que el psicópata no acuda a reuniones colectivas para no verse expuesto/a a los diferentes miembros que él/ella ha manipulado individualmente, quienes le exigirían explicaciones para clarificar muchas de sus manipulaciones, lo que perjudicaría su imagen positiva en la organización.

Cuarta etapa. Confrontación. En esta etapa se manifiestan la violencia interpersonal y el abuso ejercidos por el psicópata. En esta etapa se producen tres procesos:
1.       El psicópata abandona a los seguidores que ya no le resultan útiles. Tanto en un sentido social, como psicológico. Desaparece de golpe la proximidad generada por el psicópata en su etapa de manipulación. Las víctimas acusan psicológicamente este golpe, si bien sienten un alivio ante la carga que suponía la interacción con el psicópata. Por supuesto estas personas no comprenden la naturaleza nefasta de la persona a la que habían apoyado.
2.      Algunos "peones" empiezan a darse cuenta de qué va todo este juego. Descubren que la persona que consideraban "su amigo" es en realidad un farsante, que les ha estafado, e indignados y encolerizados le desafían abiertamente. Por desgracia, muchas veces es demasiado tarde para ellos porque el psicópata se les ha adelantado y ha neutralizado su curso de acción. Mediante los contactos que el psicópata tiene con personas que se encuentran en una posición superior de la jerarquía organizativa, este ha difundido información sesgada que les desacredita. Así, cuando los "peones" se quieren defender se encuentran frente a unos superiores que, seducidos y manipulados convenientemente por el psicópata, tienen la opinión de que son ellos los incompetentes y desleales, incapaces de apreciar a una persona con talento (como es el psicópata). El psicópata ha hecho un trabajo excelente puesto que la campaña de descredito dio comienzo mucho antes de que los peones se dieran cuenta de la difamación de "su amigo"; bien, porque ya no le son útiles, bien porque sospecha que han descubierto su juego y, por tanto, ha planificado cómo librarse de ellos y protegerse de sus deseos de venganza. Por supuesto que semejante conjunto de traiciones, manipulaciones, celos, envidias y conflictos internos entre los diferentes compañeros de trabajo que el psicópata genera con su actuación tienen como consecuencia el descenso de la moral del departamento afectado y la desintegración de la unidad de trabajo. Por desgracia, los jefes no terminan de comprender la verdadera razón de que esto se produzca. En estos momentos, no es extraño que se produzca un cambio de personal con la intención de reestructurar toda la situación y, de paso, con toda probabilidad desaparecerán los enemigos del psicópata, o bien que este sea promocionado. Precisamente en esa situación de restructuración se produjo la incorporación de Alberto, la persona a la que nos referimos al principio de este artículo.
3.  Por último, los protectores del psicópata serán ellos mismos traicionados. La manipulación, el engaño y la estafa se dirigen tanto a las personas, como a toda la estructura de poder. Cuando esto ha sucedido, el psicópata querrá cambiar de aires, pero no sin antes llevarse una buena indemnización, conocimientos y contactos.


En la segunda parte de este artículo hablaremos de los efectos del psicópata en las diferentes personas con las que interacciona dentro de la empresa, así como de las actitudes que dichas personas pueden adoptar en relación al psicópata y al resto de miembros del departamento.


Bibliografía:

-Garrido Genovés, V. (2016). El psicópata. Un camaleón en la sociedad actual. Valencia: Ed. CientoCuarenta.

miércoles, 4 de abril de 2018

TRATAMIENTO EN LAS PSICOPATÍAS. ACTITUDES A EVITAR.



TRATAMIENTO EN LAS PSICOPATÍAS. ACTITUDES A EVITAR.

José Antonio Delgado

Psicólogo y terapeuta de orientación junguiana.






En este ensayo que escribo hoy para Psicología profunda y Espiritualidad me voy a centrar en un asunto que adelanté en un artículo anterior. Se trata de ciertas actitudes adoptadas por algunos profesionales de la salud mental alrededor de la psicopatía subclínica o adaptada, comprensibles por la dificultad que entraña entender este trastorno, pero no por ello menos erradas.



La primera de las actitudes que he encontrado en el ejercicio de la profesión de psicólogo y terapeuta ha sido la de algunos psiquiatras (y psicólogos), tanto en el ámbito de la salud pública, como en la práctica privada: valiéndose de sus títulos correspondientes (doctores en psiquiatría o psicólogos clínicos) se consideran autorizados para tratar a pacientes que han sido parejas, amigos, hijos/as o compañeros de trabajo de psicópatas o narcisistas sin la más mínima experiencia. Sin embargo, dada su inexperiencia en el trastorno y el desconocimiento de sus consecuencias sobre la consultante y su familia, han llegado a cometer graves errores en el diagnóstico y en el tratamiento, con consecuencias muchas veces irreparables.



Por ejemplo, uno de los errores más frecuentes consiste en pasar por alto información valiosísima que la pareja de un psicópata trasmite al profesional cuando acompaña a su hijo/a a la consulta. El niño/a presenta  síntomas de ansiedad y/o depresión y la madre o el padre le explica al profesional que su pareja manipula, engaña e intenta lavarle el cerebro a sus hijos. El profesional, que no tiene experiencia con este tipo de personajes, pensará que se trata de una reacción del hijo ante un conflicto de pareja, y que la madre exagera o, en el peor escenario, que se encuentra frente a un posible Síndrome de Alienación Parental (SAP), por lo que su diagnóstico será de ansiedad/depresión y le recetará el psicofármaco correspondiente sin más indicaciones. Sin embargo, no ha atendido adecuadamente a las señales de desesperación que la madre o el padre le está trasmitiendo, malinterpreta o desoye cuanto le habla sobre la terrible situación a la que está sometido tanto el niño/a, como la madre o el padre, causantes reales de los síntomas que presenta. La madre se marcha de la consulta con su hijo/a sintiéndose desoída, desatendida y desprotegida por una inadecuada intervención terapéutica.



 Los hijos de psicópatas están expuestos a un ambiente y a una cultura psicopática que se caracterizan por una terrible tensión y una constante manipulación y lavado de cerebro que, de no ponerse ningún remedio, acabará con el colapso de las defensas psíquicas y la introyección de las ideas del psicópata en la mente del niño/a. Algo que el profesional sin experiencia desconoce por completo.



Por lo dicho recomendamos que los profesionales de la salud mental se formen en la psicopatía/narcisismo y que, en caso de duda, deriven el caso a otros profesionales lo antes posible.



Otra actitud que he encontrado con frecuencia consiste en la negación de la existencia del mal personificado en los/as psicópatas. Muchos profesionales sencillamente se niegan a creer que este tipo de personalidades existan. Sin embargo, esta actitud es quizá la más irresponsable de todas, especialmente en profesionales de la salud mental, porque les incapacita para detectar los efectos devastadores que un psicópata (y un narcisista) provoca en su entorno inmediato y, por supuesto, la implementación de un tratamiento adecuado. Estos profesionales pueden estar perfectamente capacitados para el diagnóstico y el tratamiento de otros trastornos o, incluso, para una psicoeducación vocacional, ahora bien presentan un punto ciego para todo aquello que se relacione con la psicopatía. De ahí que nuestra recomendación, tanto para el terapeuta como para el paciente, es que este acuda a un profesional que tenga experiencia en la psicopatía. Yo mismo he tenido que aprender a decodificar ciertas señales y a interpretar otras que son "típicas" de una persona que está bajo el yugo y la influencia de un psicópata o de un narcisista maligno en el ejercicio de la profesión.



Tanto en el caso de los profesionales que se consideran capacitados para tratar a pacientes que giran alrededor de un psicópata sin tener experiencia ni conocimiento, como en aquellos que niegan (o no conciben) la existencia de este tipo de trastornos mentales hemos observado que las consecuencias son parecidas: diagnósticos equivocados y tratamientos desorientados. En ambos casos, por cierto, los psicópatas pueden provocar tal fascinación en el profesional que, gracias a sus grandes dotes de persuasión, inteligencia y encanto superficial, logran engañarlo y manipularlo hasta el extremo de realizar un diagnóstico y un tratamiento a la medida del psicópata. Las consecuencias negativas para el entorno familiar de una intervención así pueden prolongarse durante años y llegar a ser irreparables.    



miércoles, 28 de marzo de 2018

PSICOPATÍA Y NARCISISMO: DOS MANIFESTACIONES DEL MAL



PSICOPATÍA Y NARCISISMO: DOS MANIFESTACIONES DEL MAL. Primera parte.


José Antonio Delgado. Psicólogo de orientación junguiana.


"Es importante hoy en día, como en todo tiempo, que el ser humano no pase por alto del peligro del mal que le acecha. Por desgracia es demasiado real, razón por la cual la psicología tiene que mantener la realidad del mal y rechazar toda definición que considere que carece de importancia o que incluso no existe. La psicología es una ciencia empírica que tiene que ver con cosas reales. Por eso, en mi condición de psicólogo nunca he tenido el propósito de inmiscuirme en la metafísica, ni me he arrogado la competencia para hacerlo. Tengo únicamente que polemizar cuando la metafísica se ocupa de la experiencia y ofrece una interpretación de ésta que en modo alguno está justificada empíricamente. Mi crítica a la "privación del bien" solo se refiere a la experiencia psicológica. Des del punto de vista científico, la fundamentación de la "privación del bien" es, como todo el mundo puede comprobar, una petición de principio en la que el resultado depende de lo que se introduce en ella. Los argumentos de este tipo carecen de convicción. Pero que estos argumentos, no sólo se utilicen, sino que se crean infalibles, supone para mí un hecho del que no puedo fácilmente hacer caso omiso. Demuestra la existencia a priori de una tendencia que da preferencia al "bien", y lo hace con todos los medios disponibles, apropiados o no. Así pues, cuando la metafísica cristiana se aferra a la privatio boni, muestra con ella la tendencia a multiplicar el bien y reducir el mal. En consecuencia puede que la  privatio boni sea metafísicamente verdadera. No me arrogo a este respecto autoridad para emitir un juicio. Lo único que yo mantengo es que en nuestro ámbito empírico lo negro y lo blanco, la luz y la oscuridad, el bien y el mal son opuestos equivalentes y que, en cada uno de ellos, una de las partes presupone siempre la otra.
»La conclusión errónea se deriva necesariamente de la premisa según la cual Deus = Summum Bonum, porque es impensable que el Bueno y Perfecto haya podido crear el mal. Ha creado únicamente lo bueno y lo menos bueno. Ahora bien, del mismo modo que a pesar de un calor de 230º por encima del cero absoluto nos helamos miserablemente, hay también seres humanos y cosas que, aunque hayan sido creados por Dios, son mínimamente buenas y, en consecuencia, máximamente malas."

Carl Gustav Jung. Aion. Contribuciones al simbolismo del sí-mismo. Volumen 9/2 de las Obras Completas. P. 58-59.

En el ejercicio de la profesión de psicólogo he podido observar la devastación de familias, equipos de trabajo, compañeros y subordinados que provocan una raza de "seres humanos que, aunque hayan sido creados por Dios, son mínimamente buenos y, en consecuencia, máximamente malos." Se trata de seres humanos que padecen de un trastorno narcisista de la personalidad (TNP) o un trastorno psicopático de la personalidad. Pese a que ambos trastornos tienen criterios diagnósticos diferentes presentan, sin embargo, muchos aspectos en común (comorbilidad). Uno de los aspectos comunes más difíciles de comprender por los expertos en el tratamiento de personas que han sufrido el paso del huracán psicopático o narcisista y, por supuesto, por el público en general es el siguiente: se trata de personalidades que disfrutan haciendo el mal, por el mal mismo. Estas personalidades se alimentan del sufrimiento ajeno. Infligir sufrimiento psíquico (y, a veces, también físico) a sus semejantes parece que es un combustible del que no pueden sustraerse.

Nuestra mentalidad occidental, impregnada por las ideas de la tradición cristiana, por más que el símbolo de Cristo esté en decadencia, parece que nos dificulta para comprender la existencia del mal dentro del plan de la creación divina. El texto de Jung que abre este ensayo nos recuerda hasta qué punto la idea de que "el mal no existe" o de que "el mal es una merma del bien" sigue presente en la mente de miles de personas. Sin embargo, por mucho que les pese a ciertas personas, el mal existe y se está extendiendo hasta tal punto en nuestra cultura occidental que ya hay libros que desarrollan la idea de que "el narcisismo" y/o "la psicopatía" representan el "malestar de nuestra cultura".

Precisamente por esa idea "ingenua" de que "las personas son buenas por naturaleza" he encontrado los mayores escollos a la hora de exponer el modo de comportamiento de una personalidad psicopática, incluso a otros colegas psicólogos. Recuerdo que en una ocasión, después de haber expresado los rasgos fundamentales de la personalidad psicopática (como son la locuacidad y el encanto superficial, la capacidad de provocar fascinación, el egocentrismo, el narcisismo, la falta de remordimientos, la mentira patológica, la manipulación de la información y de la realidad, la reificación o cosificación de las personas, el desprecio por los valores humanos, el deseo de poder y la necesidad de hacer sufrir como combustible del que se alimentan) y de exponer la estrategia manipulativa de la triangulación que es común a las personas con ambos trastornos, una persona me respondió que aquella infidelidad podía sucederle a cualquier persona, sin necesidad de ser un TNP o un psicópata. A pesar de explicar en detalle que la triangulación la realizan para hacer sufrir a las personas con las que triangulan y de que no es una mera infidelidad, mi interlocutor no comprendió nada de lo que intentaba explicarle porque no disponía del registro experiencial necesario para comprender a qué me estaba refiriendo. Aquella misma noche tuve el siguiente sueño:

"Me encuentro en un recinto sagrado, con una actitud de rezo o meditación en conexión con lo divino. Se aproxima hacia mí un amigo psicólogo, con el que tengo confianza para contarle temas íntimos y/o polémicos. Cuando está a mi lado comenzamos a conversar y le participo en confianza mis reflexiones sobre un personaje psicópata. Le explico las características de la psicopatía, que la distinguen de cualquier otro trastorno. Le cuento que llevo varios años investigando sus manifestaciones hasta que finalmente he podido comprender este tipo de comportamientos tan extraños por su capacidad para hacer el mal. Cuando termino de hablar, mi amigo psicólogo me responde de un modo extraño y me doy cuenta de que no comprende lo que he compartido con él. Su devolución me hace percatarme de que él considera que aquello que yo le he explicado forma parte de una situación normal, pero con alguna que otra dificultad en las relaciones interpersonales. Me percato de que no comprende lo que le quiero decir. No entiende que uno de los móviles del psicópata es obtener poder a toda costa y para ello busca doblegar a las personas con las que se relaciona."

El sueño no necesita demasiada interpretación puesto que manifiesta la dificultad que entraña la comprensión del comportamiento psicopático incluso en profesionales de la psicología. Me hace comprender que, por más que yo haga los mayores esfuerzos en explicar los comportamientos psicopáticos a otros profesionales (y al público en general) lo mejor que pueda, si no se dispone de una mínima experiencia clínica (y/o personal), las personas no lo entenderán y lo más probable es que lo malinterpreten. Aprovecho para recordar que esto que sucede con la psicopatía, también sucede en general con todos aquellos hechos psíquicos a los que nos referimos los psicólogos de orientación junguiana cuando hablamos de arquetipos, inconsciente colectivo, anima/animus y tantos otros.

A estas dificultades de comprensión de lo que es la psicopatía (y el narcisismo) hay que añadir otro tema que también he encontrado, no solo en la consulta, sino también fuera de ella. Se trata de ciertos comentarios totalmente erróneos y que no hacen sino poner de manifiesto de nuevo el desconocimiento de la naturaleza humana. Cuando una persona ha sufrido las consecuencias de haber convivido con un narcisista maligno o con un psicópata adaptado, porque lo ha creído su amigo, su pareja, su marido/mujer, su padre/madre o su confidente, y ha sido capaz de salir de la tortura que supone una relación así, le resulta especialmente importante comprender qué es lo que le ha sucedido. Preguntas como ¿quién era esa persona a la que tanto estimaba y que, sin embargo, tanto daño me ha hecho? ¿por qué me ha traicionado sin que me haya dado cuenta de ello? ¿cómo es posible que haya soportado durante tanto tiempo un ambiente tan tóxico? Para estas personas es de vital importancia comprender todo lo concerniente al narcisismo y a la psicopatía. No solo por la necesidad de comprender los motivos por los cuales se ha involucrado con alguien así, sino también porque hay en ella una cierta vulnerabilidad que es importante que conozca para evitar la repetición de ciertas experiencias. Lo que he encontrado en todas las personas que han entrado en relación con un psicópata o narcisista y han logrado el contacto cero es un cambio radical de mentalidad.

Precisamente por esto que decimos, comentarios como "si a una persona le interesa la psicopatía o el narcisismo es porque hay algo de narcisista o psicópata también en ella" son del todo inconvenientes y errados. Los psicópatas y narcisistas rara vez se involucran en una relación sentimental con otro narcisista o psicópata precisamente porque entre ellos se detectan. De hecho, lo habitual es que se produzca una dupla psicópata-complementaria/o (nombre que le otorga el experto en psicopatía Hugo Marietan) o narcisista-hiperempático/a, como corresponde a la ley psicológica de que los opuestos se atraen y los iguales se repelen. Y, además, son casos excepcionales los narcisistas y los psicópatas autoconscientes de su propio trastorno (Sam Vaknin y James Fallon son casos extraordinarios y no representan al narcisista y al psicópata adaptado comunes); los psicópatas saben que son diferentes al resto de las personas,  se consideran de hecho superiores a las personas normales, que estas son manipulables y explotables, y por ese motivo saben que deben camuflarse, mientras que los narcisistas son menos conscientes de su diferencia. Éstos últimos piensan que son "personas normales" aunque mejores que los demás. Por cierto que en esos comentarios errados hay, como siempre, algo de verdad. A veces sucede que el aspecto negativo y diabólico del arquetipo del animus se constela en lo inconsciente colectivo de la complementaria de un psicópata o de un narcisista y "atrae" como si de un campo de acción se tratara a una personalidad cuyas características se corresponden con las del lado oscuro del animus. O, si se trata de un varón, el aspecto de lamia y vampira del anima se constela y entonces entra en contacto con una mujer cuyos rasgos de personalidad se corresponden con el anima constelada. También es posible que los aspectos más oscuros de la sombra del yo se expresen en la personalidad de un narcisista o un psicópata que simula ser amigo, siendo de hecho el peor enemigo que uno pueda imaginar. Pero cuando esto sucede la sombra representa, precisamente, lo que el yo no es, es decir, aquellas cualidades que le son ajenas y hasta desconocidas (recomiendo la lectura del libro "Cómo integrar tu sombra" a quienes deseen ampiar información). Por último, la realización del mal por el mal mismo, en quienes lo han padecido durante un proceso de individuación o realización consciente del sí mismo, permite comprender el lado oscuro de la imagen de Dios, esto es, la oscuridad y maldad del Self. O, también, el mismo como un trickster, como el embaucador, farsante y engañoso mercurio alquímico.

En la segunda parte de este ensayo hablaré de las actitudes que he encontrado en diferentes profesionales alrededor de la psicopatía y el narcisismo.