jueves, 14 de octubre de 2010

Reflexiones sobre la emergencia del mal en el mundo. 2ª Parte

Decía en la primera parte de este ensayo, que vivimos en una época de desmoronamiento de leyes, pautas obsoletas de comportamiento, valores rectores de la actitud consciente, modelos de organización social, institucional y política, etc.  Incluso la Declaración Universal de los Derechos Humanos redactada por Naciones Unidas en 1948 ha tenido que ser revisada y actualizada, en el año 2007 y, en 2009, tras una  toma de consciencia de los graves defectos que, en la práctica, tiene la DUDHE (Declaración Universal de los Derechos Humanos Emergentes), se incide en la importancia del aprendizaje y la educación. Ahora bien, esto no deja de ser sintomático de que, en realidad, son los pilares sobre los que se asientan nuestras “avanzadas democracias”, que se jactan de ser baluartes del proclamado Estado del Bienestar, con el consumismo y el materialismo a ultranza que caracterizan al capitalismo imperante, las que están sufriendo una descomposición acelerada, que acabará por provocar su inevitable desplome. Ante esta situación, lo único que puede hacerse con una relativa esperanza de éxito es fortalecerse interiormente, des-identificándose con la máscara social, que demanda demasiada energía e impide el flujo de la libido en pro del proceso de individuación.

Puesto que, cuando esto sucede, cuando los pilares sobre los que se sustenta toda una civilización se desmoronan, cuando se produce el ocaso de los dioses y, por consiguiente, la desacralización de la vida toda se cierne sobre una cultura, es entonces que tienden a emerger sistemas de adaptación primitivos y lo inconsciente se hace con las riendas de toda una sociedad, el caos hace acto de presencia invadiendo al colectivo. Típicas manifestaciones de esta emergencia del sustrato pagano, de la sombra colectiva, son:

    * Emergencia de ideas delirantes: que pueden adoptar la forma de un fanatismo religioso -el fundamentalismo religioso se expande como consecuencia de una carencia de experiencia espiritual verdadera-, una tiranía política, poderosos deseos de poder bajo la forma de imperialismo capitalista, de estados totalitarios o autocráticos, decaimiento de los viejos sistemas “democráticos”, pérdida del poder del estado (no sin antes producirse una regresión y una intrusión del Estado en asuntos que competen a la vida privada), fragmentación de la unidad nacional de los países, con un incremento del terrorismo y de las tendencias secesionistas, etc.

    * Emergencia de instintos dionisíacos: manifestaciones de este tipo lo encontramos en el incremento de la violencia, la proliferación de las guerras, el consumo de drogas, el desenfreno orgiástico, el agnosticismo, el ateísmo y el laicismo agostan la vida espiritual, etc. Un claro ejemplo lo constituyen las cuatro Guerras vividas en los últimos veinte años: Guerra del Golfo de 1990-91, la Guerra de Serbia en 1999, la Guerra contra Afganistán en 2001 y la Guerra contra Irak.

Considerando la simbología astrológica, sabemos que Plutón está transitando por el signo de Capricornio  desde el año 2008 y continuará hasta el 2022, lo que  está relacionado sincronísticamente con la autoridad, o sea, con el arquetipo del Padre, y es en la esfera de las ideas arquetípicas en la que se manifiesta el tránsito de Plutón, horadando todo lo relacionado con las estructuras socio-político-económicas asociadas a Saturno: los gobiernos, las instituciones, las economías capitalistas, etc.,  todas ellas se están viendo afectadas por la detonación demoledora de las energías plutonianas.

Durante ese proceso de muerte y destrucción, tiende a producirse un incremento, por parte del colectivo, en la tendencia a permanecer, rígidamente, en el mismo estado, luchando contra viento y marea contra todo aquello que amenaza la seguridad de lo conocido. Sin embargo, precisamente porque el colectivo tiende a comportarse así, dado que su nivel de consciencia, como colectivo, es inferior al del individuo, lo inconsciente se manifiesta con mayor vehemencia. Así, la tensión entre la consciencia, que lucha por mantenerse en sus trece, y lo inconsciente, que puja por un cambio radical, se radicaliza, lo que favorece la aparición de un clima de  suma agresividad. Un ambiente que es, por consiguiente, proclive a la guerra, en tanto que la consciencia colectiva lucha violentamente por mantener todos los elementos que se le oponen ocultos al haz de la consciencia, por lo que acaban por proyectarse en el mundo al modo en que lo hace todo cuanto es rechazado, reprimido o suprimido.

De esta suerte, la sombra termina por hacerse con las riendas de toda una cultura y los elementos más oscuros, demoníacos, infrahumanos, pueriles y febles emergen en todas y cada una de las estructuras socio-económico-culturales, haciéndose patente la imposibilidad de continuar por la misma senda: desde los execrables actos de pedofilía en el seno de la Iglesia, a la descarada endogamia de los partidos políticos o el complot de los Sindicatos, que miran más por los beneficios de sus líderes que por los trabajadores a los que, supuestamente, representan,  o a la usura del Estado y de sus secuaces, los Bancos;  por no hablar  del despropósito de los centros educativos, que miran por la máscara o apariencia externa, mientras se mantienen en la pretensión de formar clones adaptados al nuevo Dogma cientifista; o del predominio del paradigma feminista relativista-fundamentalista, que domina en casi todas las esferas de la sociedad; y, también, las graves injusticias contra las clases menos favorecidas ,llevadas a cabo por el sistema judicial, lo que pone de manifiesto la ineficacia práctica de la Declaración de los Derechos Universales. 

Semejante panorama, de máxima tensión entre elementos contrarios, no hace sino prever lo peor. Odín vuelve a emerger, y la guerra... la guerra se huele en el ambiente.  

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Ante una crisis generalizada sea colectiva o personal solo existen dos puertas sobre las que avanzar, la consciente y la Inconsciente. La inconsciente nos lleva al miedo, a propagar el pesimismo, al desaliento y al enfrentamiento buscando culpables. Sin embargo la consciente bien informada por la experiencia sabe que es una dichosa oportunidad, una apertura al cambio, una suerte que te hace meditar y sopesar en base a los errores, en resumidas cuentas amplia la conciencia de nuestros actos.

Etiquetar como "Maldad" lo que es un síntoma de Inconsciencia creo que no hace justicia aquella frase cristica que dice "Perdónalos por que no saben lo que hacen"..síntoma inequívoco de que la erróneamente conceptualizada "Maldad" es inconsciencia, sin que ello elimine un gramo del peso de sus frutos, se pidan responsabilidades y justicia, pero no como un castigo si no como una herramienta para apuntalar el cambio a una mayor toma de conciencia. Es un primer paso para trascender la dualidad moral "Maldad/Bondad" por la realidad de lo consciente e inconsciente de nuestros actos.

Un saludo

Juan Manuel

José Antonio Delgado dijo...

Hola Juan Manuel:

Muy buena reflexión la que realizas en tu comentario, a guisa de mi propia reflexión sobre la situación actual.

Como digo en la primera parte de este ensayo, el trabajo está en la "iluminación" de la propia sombra y, por consiguiente, de la responsabilidad individual en el estado actual del mundo. (La sombra colectiva se cuela a través de la sombra individual).

Sin embargo, esto no significa que, objetivamente, el mal desaparezca como por arte de magia. Decían los alquimistas que Mercurio, el dios del que ellos hablaban, el Andrógino, es una abigarrada mezcolanza de Luz y de Oscuridad, de Bien y de Mal. Por lo tanto, uno de los pasos imprescindibles es, precisamente, ser consciente de esta dualidad en la unidad. O mejor, de esa manifestación dual de la Unidad. Podríamos decir también que el Dharma es cíclico, con períodos de Luz y de Oscuridad, de Alboradas y Ocasos, tanto a nivel individual, cuanto a nivel colectivo. Y, en estos momentos, nos hallamos, precisamente, en el seno de un período de Ocaso.

Fíjate que encontramos paralelismos tremendos entre ésta época y la época del Renacimiento. Nuevamente, regresamos a la concepción de microcosmos como correspondencia con el macrocosmos. Y se vuelve al asunto vital de la teleología, de la finalidad de las cosas, y el paradigma del universo como un organismo reaparece.

Saludos

José

Anónimo dijo...

Curioso ese apunte sobre el Renacimiento Jose y la época actual, podías abrir un ensayo sobre el mismo, a mi sinceramente se me escapa, aunque apuntaría que el paso del medievo al renacimiento es precisamente un trascender el Dogma puro y duro que programa a los individuos para presentarse a "Dios", estando "Dios" como centro de toda actividad humana que es dirigida desde el poder religioso. En eso si encuentro una correspondencia, que luz y oscuridad nos habla del conocimiento consciente e ignorancia inconsciente en base a la conciencia e inconsciencia de los actos, mientras que el Bien y el Mal es un producto que evalúa los comportamientos desde una óptica moral, un dogma pre_establecido. Dios como sabiduría, Diablo como ignorancia en una danza que eleva la conciencia. Donde el adversario juega un papel contra el mismo, como no, el es "Dios". Una unidad indivisible, un juego eterno. Por tanto trascender la polaridad Bien/Mal por Luz/oscuridad nos quita mucha mierda de encima, quien levantaría la mano contra un ignorante inconsciente?, quien tiraria la primera piedra?a alguien que necesita crecer, aprender, ser ayudado, por muy viles que sean sus actos. Nos habla de perdón, de educación, de nuevas perspectivas para afrontar la oscuridad, de unidad, de un mirada paciente, de nuevas formas creativas para elevar la conciencia, de consenso. Mientras que Bien y mal divide al mundo según las proyecciones de cada cual, de elegidos y elites, de mirar a la sombra en ojo ajeno, de la venganza, del odio, del resentimiento. Esa es la relación que encuentro que estamos en el Medievo Moral y tenemos que pasar al Renacimiento de la mirada limpia, de un humanismo que nos hace iguales, donde entonces solo hay mas o menos o nada de sabiduría medida en ignorancia. Se que puede ser duro incluso para mi todavía me resulta una quimera. Pero es hora de empezar a ver al Pedrastra, al asesino, al violador, al corrupto, al enemigo, al mal absoluto necesitado de Luz, de redención, no de represión, no de una moral al gusto del poder.

Saludis quiméricos con una pizca de utopía renacentista, ante este Medievo Moral de los buenos contra los malos.

Juan Manuel

Ana dijo...

Ser inconsciente de la sombra es ignorancia pero una vez se es consciente del conocimiento, negar y reprimir la sombra es no ser responsable. El egoismo es el que acepta o rechaza lo que le interesa.

Ciertemanete parece que las crisis y conflictos son un patrón que se repite, es algo que de alguna manera nos vemos venir y que como no sabemos solucionar a la buenas, entonces se hace por la malas. Uno puede ser más o menos consciente de las consecuencias de sus pensamientos, emociones y actos. No podemos abarcarlo todo quizás por eso el Dharma reajusta el equilibrio pagando justos por pecadores, es el chivo expiatorio que carga con todo el peso, la justicia del sacrificio que no entendemos.


El Juicio de lo que es bueno y lo malo siempre está presente, la luz y la oscuridad no se suceden de forma lineal, se dan al mismo tiempo-espacio. Cuando la mitad del mundo duerme la noche la otra mitad despierta al día. La conciencia de esta realidad total determinara la manera de afrontar las situaciones adaptandose a los cambios de forma equilibrada.

Salud-dos, Ana