lunes, 30 de agosto de 2010

¿QUÉ ES LA GNOSIS ETERNA? DESCORRIENDO ALGUNOS VELOS.

Durante la tarde del pasado domingo, fíjense en qué día, mientras comentaba el tema principal de mi próximo libro, la gnosis eterna, un profesor de bachillerato, Ldo. en Filosofía y en Historia, atacó con vehemencia la postura de los "gnósticos". El profesor me increpaba que los gnósticos estaban equivocados al pretender que, a través del conocimiento, se llegaba a la iluminación. Decía que no es a través del conocimiento, sino a través del Amor que se llega a la salvación del alma.

Una y otra vez me encuentro con el mismo equívoco cuando se habla del gnosticismo. La palabra gnosis significa, en efecto, "conocimiento". Pero hay que diferenciarlo del conocimiento epistémico (episteme), científico o reflexivo, que es aquél que se obtiene por el esfuerzo intelectual, a través de la percepción sensible y el uso de la razón. La gnosis, por el contrario, es un conocimiento directo, sin intermediación, de la Verdad. Una Verdad que se refiere a los principios inmutables y eternos que la psicología analítica denomina arquetipos, el esoterismo, principios universales y Platón, eidos o ideas. La gnosis es, pues, un conocimiento revelado por Dios, gracias al cual se tiene acceso a la Realidad que se encuentra allende el mundo de la materia. Y esta Realidad se corresponde con el Mundo de las Ideas de Platón, con lo Inconsciente Colectivo psicoideo de Carl Gustav Jung o, bien, con el dominio de los espíritus de los ancestros del chamanismo.

Pero, ese conocimiento, para que sea "perfecto", implica que el gnóstico debe internarse en ese tejido, del cual el Universo mismo depende, que conforma lo que acontece en la realidad manifiesta, es decir, material o corporal. De ese modo, al gnóstico se le revela, no sólo el conocimiento de su propio destino, del para qué está aquí, qué sentido tiene su vida, de qué rizoma del árbol del conocimiento participa, de qué faz cósmica es él un reflejo. Sino que, además, conoce cuál es el destino de la humanidad en el momento en el que ha nacido, así como qué principios son los que gobiernan en todo el Universo, participando activamente en su manifestación. La experiencia con ese tejido cósmico, en el interior de la Hystera de la Diosa, resulta esencial para adquirir la verdadera gnosis.

Por lo tanto, no es de extrañar que, el profesor con el que comí el pasado domingo, como muchos intelectuales modernos, no tengan ni la más remota idea de lo que es la gnosis. Y, en su lugar, confundan el juego de la abstracción, propia del intelecto, de la función del pensamiento, con el ámbito metafísico de las Ideas platónicas. Un error comprensible, aunque no por ello menos garrafal.

El catedrático de Filosofía e Historia de las Religiones, Francismo García Bazán, expresa esta misma idea acerca de la gnosis en su libro La gnosis eterna, cuando afirma:

"La palabra "gnosis" significa conocimiento. Deriva de una antigua etimología indoeuropea, jñâ, también presente en el sustantivo sánscrito jñana, con un significado idéntico: el conocimiento en sí mismo. Es decir, el saber directo e inmediato, despojado tanto de los velos que lo obstaculizan (el error o el olvido), como de los intermediarios que lo fracturan y lo debilitan (el juicio y la razón)."

Pero, tras una primera iniciación en el ámbito de los principios universales, ese conocimiento virtual ha de hacerse efectivo. Y ello tiene lugar a través de la manifestación de ese conocimiento revelado, mediante la enseñanza y la práctica correcta.

El gnóstico valentiniano Teodoto expresó esta misma divisa del siguiente modo:

"Pero no sólo el bautismo es el que salva, sino también el conocimiento, qué éramos y qué hemos llegado a ser, de dónde éramos y en dónde hemos sido arrojados, hacia dónde nos apresuramos; de dónde somos redimidos, qué es la generación y qué la regeneración."

En el Evangelio de la Verdad (NHC I,3), se nos explica qué es la gnosis perfecta:

"De esta manera el que posee el conocimiento es de lo alto. Si es llamado, escucha, responde y se vuelve hacia quien lo llama para ascender hacia él. Y sabe cómo se llama. Poseyendo el conocimiento hace la voluntad de quien le ha llamado, quiere complacerle y recibe el reposo. Su nombre propio aparece. Quien llegue a poseer el conocimiento de este modo sabe de dónde viene y adónde va. Sabe como una persona que habiendo estado embriagada ha salido de su embriaguez, ha vuelto a sí mismo y ha corregido lo que le es propio."

La gnosis es un conocimiento revelado: se entiende como un despertar de la consciencia, como una llamada de lo alto a realizar el Camino que le está deparado al gnóstico, un Camino que es su más alto Destino. Este Destino le estaba deparado desde siempre, sólo que el gnóstico, tras escuchar su voz interior, se vuelve hacia ella, abandona todo aquello que lo había desviado de su Camino, y continúa el sendero hacia la realización del Sí Mismo. Y es aquí dónde tiene cabida el Amor. Puesto que no hay verdadero Amor, allí donde no hay conocimiento. La ignorancia y la estulticia impiden el Amor, con mayúsculas. El verdadero Amor no es amor a esta persona, o a aquella persona, en cuanto persona. Ese amor es un amor profano. El verdadero Amor es, ante todo y sobre todo, Amor a Dios, Amor al Sí-Mismo y, a través de él, Amor a todas las criaturas. Puesto que la esposa, la hermana, el tío, el sobrino, el amigo del alma, el enemigo acérrimo, etc., son todos emanaciones de Dios, manifestaciones del Sí-Mismo. Y, quien no conoce este secreto, es incapaz de Amar en el sentido al que nos estamos refiriendo aquí.

Por supuesto, nada de esto le dije al "profesor", puesto que bien sabía yo que de nada serviría, dada su miopía para con los principios metafísicos. Y, sobre todo, porque la experiencia a la que aquí estamos aludiendo, socavaría los cimientos sobre los que descansa el conocimiento que él tiene de la realidad. Precisamente, mi próximo libro, ese que creó tanto revuelo el domingo mientras comíamos, se recrea en lo que, según mi entender, constituiría una comunidad de gnósticos.

martes, 24 de agosto de 2010

CASA CÓRDOBA: UNA MEZQUITA EN LA "ZONA 0" DE NUEVA YORK

La noticia de que está proyectado el levantamiento de un centro islámico en las inmediaciones de la denominada zona 0, en la que tuvo lugar el atentado terrorista del 11 S, ha llamado poderosamente mi atención.

Tanto en mi libro El retorno al Paraíso Perdido, como en algunos artículos, así como en varias entrevistas, he afirmado que, la caída de las torres gemelas, estaba relacionada con el simbolismo de la carta del Tarot "La Torre", así como con la oposición astrológica entre dos potencias arquetípicas: Saturno-Plutón. Dado que ya nos hemos pronunciado suficientemente sobre su significado, remito al lector interesado a mis mencionados trabajos.

Resulta muy interesante observar cómo se van manifestando los principios universales o arquetípicos en el ámbito fenoménico, es decir, en el mundo material. Allí donde cayeron los símbolos más conspicuos de la hybris del ego del hombre occidental, las dos torres gemelas, precisamente debido a la intervención de los representantes de la Sombra del way of life americano, se proyecta la erección de un Templo Islámico, una mezquita que es la casa de Dios, a la que denominarán con el significativo nombre de Casa Córdoba.

En cierto modo, y visto desde un punto de vista simbólico, podríamos relacionarlo con la muerte del inflado ego del hombre occidental, y el nacimiento del Si-Mismo, del Espíritu Universal. ¿Será éste un presagio del intervalo entre dos ciclos, de un pasaje a una nueva escala de valores; o sea, el paso de un período de materialismo unilateral a otro en el que impere el dominio del Espíritu? Dios dirá...

sábado, 21 de agosto de 2010

SENTIDO SIMBÓLICO DE LA ALIMENTACIÓN



En la entrada de hoy, voy a tratar un tema que considero interesante, porque muestra lo desencaminado que está el espíritu occidental del camino hacia la Fuente, de ese retorno al Paraíso Perdido necesario para que se produzca la necesaria iniciación al mundo del Espíritu.

Resulta que, de un modo aparentemente fortuito, hablando de mi último viaje a Sepúlveda, para recorrer las hoces del Río Duratón, un compañero de trabajo me dice: ¡Habrás comido cordero! Cuando le respondo que no, que trato de evitar comer carne, el tipo se sorprende. Empieza a preguntarme si lo hago por algún motivo especial, etc. Su asombro fue tan acusado que no me quedó más remedio que explicarle los motivos exotéricos por los cuales no como carne, así como, tampoco, ningún tipo de hamburguesa, ni comida rápida alguna.

El primer argumento que esgrimí fue el que suelo utilizar más habitualmente, a saber: que el ganado actual está, en su mayor parte, alimentado con pienso compuesto (recordando el caso de las vacas locas); que es medicado con clembuterol, así como con cierto tipo de hormonas esteriodes, que favorecen el aumento del volumen y la velocidad de crecimiento de los animales. Tras decirle esto, mi compañero me mira estupefacto, y continúa preguntando. De modo que le digo que, además, no bebo leche de vaca, porque los ganaderos, por norma general, suministran grandes cantidades de antibióticos a sus reses y, estos, pasan a la leche que luego bebemos los humanos.

Al ver la expresión de su cara tras decirle todo esto, terminé ahí mis argumentos. Estaba seguro de que, si continuaba, el shock podría ser demasiado fuerte, sobrepasando sus escasas posibilidades de asimiliación.

Ahora bien, a estos argumentos exotéricos se le podrían añadir muchos otros, como que la carne es más difícil de digerir, genera un mayor número de toxinas en el organismo, etc. Pero lo más importante, lo que me gustaría expresar aquí, es lo que esto representa a un nivel más profundo (como, por ejemplo, en la época de la Cuaresma).

Por tanto, si vemos esto desde el punto de vista simbólico, la sociedad moderna no hace sino intoxicar no sólo nuestro vehículo, el cuerpo, sino, y lo que es más importante, también el alma, al psyqué. Fíjense en las telenovelas basura, en la literatura barata, en los medicamentos anestesiantes que se utilizan con la finalidad de mantener al ser humano dormido a la realidad del alma. En este sentido, me viene a la memoria la película, protagonizada por Nichole Kidman, titulada Invasión. Las claves de lo que menciono aquí las encontrará el lector interesado en esa película.

Pero, profundicemos un poco más. Mi compañero de trabajo, aunque no lo explicitó, pensaba que mi dieta era una especie de obstáculo a su visión hedonista de la vida. Un acto de austeridad como ese no acababa de comprenderlo bien. Y, sin embargo, mis motivos profundos para llevar una dieta saludable son, para una mentalidad occidental moderna, incluso más inconcebibles. Se trata, en realidad, de motivos de orden espiritual. Debo hablar, en este caso, de una especie de ascesis, en el sentido de una norma de vida cuyo objetivo es de orden espiritual. Y, si esta ascesis es tenida por una suerte de mortificación o de un "sacrificio", lo es cuando la vida está orientada a la satisfacción de los deseos, y el individuo se halla identificado con el ámbito de la máscara social.

René Guenon alude a este mismo tema cuando dice que "lo que así es sacrificado gradualmente en la ascesis, son todas las contingencias de las cuales el ser debe alcanzar a liberarse, como otros tantos lazos u obstáculos que le impiden elevarse a un grado superior." Por lo tanto, una alimentación así, busca, en el fondo, eliminar todos aquellos elementos tóxicos, venenosos, que contaminan el cuerpo, incidiendo directamente en el alma. De modo que, si este "sacrificio" está destinado a limpiar y purificar el cuerpo, la ascesis como tapas, es decir, como fuego que quema y elimina las impurezas, debe afectar de igual modo a los alimentos espirituales, como es el caso de la literatura, el arte o la música modernas.

Les invito a que supriman de sus dietas todo alimento que envenene sus cuerpos y contamine sus almas.



jueves, 19 de agosto de 2010

EL EVANGELIO GNÓSTICO DE JUDAS ISCARIOTE

Durante mis ya pasadas vacaciones estivales, tuve el privilegio de visitar varios lugares santos. Entre ellos, la cámara santa en la que se encuentra el lienzo que recubrió el rostro de Jesús de Nazareth, en la catedral de Oviedo.

Al acceder a la catedral, como suele sucederme siempre que entro a un lugar sagrado, es decir, a una réplica de las entrañas de la Gran Madre, o bien, una manifestación microcósmica del macrocosmos, tuve una experiencia que me conmovió. Algo dentro de mí, justo cuando iba a acceder a la cámara santa, me dijo: medita y escribe acerca de la figura de Judas Iscariote.

Tras abandonar aquel lugar santo, me quedé un tiempo meditando acerca de lo que podrían significar aquellas palabras, que resonaban en mi interior, justo en el momento y durante la entrada en la cámara santa. Al principio, pensé que Judas había sido vilipendiado por la corriente ortodoxa o literalista, como el traidor que había entregado a Jesús, conduciéndolo a su muerte en la Cruz. Tuvieron que transcurrir unos días para que me percatara de la sincronicidad de mi vivencia y la visita a la catedral de Oviedo.

El lienzo que recubrió el rostro de Jesús tras su muerte en la Cruz, es una reliquia venerada por los fieles cristianos y visitada por multitud de peregrinos, desde todos los rincones del orbe. Se considera, en cierta medida, una prueba de la existencia histórica de un hombre que sufrió el tormento de la crucifixión, en la misma época y del mismo modo en que, según los documentos históricos y bíblicos, tuvo lugar la muerte en la cruz de Jesús. Ahora bien, en ningún caso puede decirse, científicamente hablando, que aquel lienzo, manchado por la sangre de un crucificado, sea el de Jesús de Nazareth.

Sin embargo, para mí, mi experiencia en la catedral de Oviedo me confirma que, en efecto, aquel lienzo pudo pertenecer a Jesús de Nazareth. Y, además, no sólo eso, sino que, en efecto, sufrió las mortificaciones de la crucifixión. No obstante, mi voz interior me decía que debía indagar y escribir sobre aquél que, según la ortodoxia cristiana, había sido el artífice de ese acontecimiento, aparentemente brutal.

Pues bien, dado a conocer públicamente en abril del 2006, El evangelio (gnóstico) de Judas, forma parte del Códice de Tchacos (nombre éste que proviene de la persona que intervino, finalmente, en la operación de compra del antiguo códice, la anticuaria de origen egipcio-suizo Frieda Nussberger-Tchacos) y nos desvela una faceta desconocida y opuesta a la defendida por la ortodoxia cristiana, desde los tiempos de Ireneo de Lyon, según la cual Judas es el apóstol malvado que traicionó a su maestro y amigo. Según este documento escrito en copto, fechado en torno al siglo III, aunque mencionado por Ireneo en su obra antignóstica Contra los herejes, en torno al año 178, el que ha sido un "villano traidor en la tradición canónico-apostólica y apócrifa -en oposición a Pedro- pasa a ser siervo sufriente; "la piedra que desecharon los constructores es ahora la piedra angular" (Hch 4, 11-Sal 118, 22)", escribe el catedrático de Filosofía e Historia de las religiones en la Escuela de Graduados de la Universidad argentina J. F. Kennedy, Francisco García Bazán.

Seguramente, las mentes sencillas no estén preparadas para digerir semejante hallazgo. Para ellas, éste ensayo puede darles un golpe mental demasiado brusco. No obstante, aún es peor para aquellos que están formados, y empapados, por siglos de exégesis unilateral. A pesar de ello, tanto los primeros, como los segundos, pertenecen al conjunto de quienes entienden las escrituras, así como el mensaje evangélico, sólo en su aspecto aparente o literal. El contenido esotérico, o sea, simbólico les es completamente ajeno, por lo que no verán en ello sino cierta clase de conocimiento totalmente verbal que constituye, para los segundos, la erudición simple, sin que a ello se agregue la mayor comprensión real de la verdad subyacente a lo allí expresado.

¿Qué tiene que ver, por tanto, la figura de Judas, con mi experiencia en la cámara santa? Pues que Jesús y Judas son, en un sentido simbólico, Uno y el Mismo. O sea, que Judas Iscariote es, en realidad, la sombra de Jesús, su alter ego, su hermano oscuro. En cierto sentido, Judas es el adversario de Jesús, en tanto que es quien lo cruza, es decir, el artífice de su crucifixión. En realidad, desde mi punto de vista, Judas y Jesús, como digo, forman una Unidad. Pero es que, quien cruza a Jesús, quien lo conduce a la cruz, es, también, quien lo conduce a su muerte a la existencia mundana o material, para favorecer el tránsito a la otra vida, al más allá. O sea, que gracias a Judas, tiene lugar su renacimiento al ámbito del Espíritu o Pleroma, como lo denominan los gnósticos cristianos.

De esta suerte, leemos en el evangelio de judas que Jesús le dice a Judas lo siguiente:

"Apártate de los demás y te diré los misterios del reino."

Con ello deja traslucir cómo Judas es instruido en el conocimiento perfecto (gnosis espiritual o pneumática), revelándole un conocimiento profundo de la realidad. El mismo Judas, como se narra en el evangelio, tiene una visión profética de su futuro, tras de la cual Jesús le desvela su significado:

"Tú serás el trece y serás maldito para las otras generaciones y gobernarás sobre ellos. En el último día, maldecirán tu ascenso."

Con ello, Jesús da a entender que Judas es, en realidad, superior en conocimiento (gnosis) al resto de sus discípulos, encomendándole la tarea más difícil de todas: la de conducirle a su muerte, para que se produzca el milagro de la resurrección (y salvación de la humanidad). Por eso, Jesús le habla frontalmente:

"Pero tú los superarás a todos, porque sacrificarás al hombre que me reviste".

La misión gnóstica es trascendente, en tanto que persigue la liberación de los espirituales, mediante el misterio de la Eucaristía, la liberación de Cristo tras su muerte y resurrección. Judas es, por consiguiente, el agente de esa liberación, tanto de Cristo, cuanto del resto de los gnósticos. Y esto se comprende, si consideramos el sentido profundo de la muerte y la resurrección de Jesús. En un sentido simbólico, eso representa la superación de la condición de una existencia prosaica y profana, representada por el cuerpo -en tanto que identificación con el ámbito de la materia-, y el acceso a una realidad trascendente, a modo de un segundo nacimiento, o reintegración iniciática, en la que al gnóstico le son revelados los secretos del verdadero destino de la humanidad.

Lamentablemente para nuestra civilización, Judas se ha convertido en el foco de proyección de la sombra del occidental. Él ha sido el apóstol maldito, como sucedió con Jesús con los Romanos, y con los miembros del Sanedrín. Judas ha sido repudiado por los cristianos no gnósticos. Ambos, en cierto modo, han sufrido un destino semejante: chivos expiatorios, cabezas de turco sobre los que proyectar la sombra de la masa de los hílicos (aquellos incapaces de comprender el sentido oculto del mito cristiano). Así, el hecho de que el evangelio de judas aparezca justo en esta época, fíjense que no ha sido hasta el 2006 que ha aparecido en español, y, por tanto, no ha sido hasta prácticamente los inicios del siglo XXI, que ha salido a la luz pública..., todo esto puede entenderse como una señal, un presagio, de la necesidad de tomar consciencia e integrar la henchida sombra del cristianismo ortodoxo o literalista. Esa es, al menos, mi percepción, un poco grosso modo.

viernes, 13 de agosto de 2010

MISTICISMO vs CREENCIAS RELIGIOSAS

Ciertamente, y en consonancia con el sentimiento expresado por mi buen amigo y colega Raúl Ortega, encontrar espíritus afines es de lo más reconfortante, en este viaje, a veces solitario y descorazonador, de ir socavando las obsoletas estructuras sobre las que se sustenta el hediondo y mórbido paradigma vigente en la sociedad contemporánea.

Se repiten por doquier los argumentos más manidos, como si de una cantinela se tratara y, cuando se cuestionan los supuestos sobre los que reposan, las reacciones son de lo más enconadas. Ya un Sócrates y un Platón expresaron el peligro de semejante audacia; desde luego, es toda una temeridad, en tiempos como los nuestros.

Por ese motivo, cuando leo un texto como el de Aldous Huxley,titulado El hombre y la religión, el escritor británico nacido en el solsticio de verano, bajo el reinado del León (signo astrológico de Leo), autor de la conocida novela Un Mundo Feliz, me hace vibrar, y me reconforta, hasta el punto de hacerme sentir que mi labor, de escritor (véase vídeo del trailer de la película de Roman Polanski, "El Escritor", al final de esta entrada. Desde luego, el peligro al que aludo unas líneas más arriba no es desdeñable, si consideramos el mensaje de Polanski. Por cierto, también nacido bajo el reinado del León) e investigador independiente, no es baldía.

Así, he decidido publicar, en esta entrada, su susodicho ensayo El hombre y la religión, para compartir con ustedes algunas reflexiones en torno al misticismo, las creencias religiosas y, fundamentalmente, las diferencias entre la actitud del verdadero místico y la de los defensores del literalismo (lo que, llevado al extremo, conduce al fundamentalismo fanático, al que tanto combate mi querido amigo Moisés Garrido) religioso.

Advierto, antes de proseguir, que no comparto la totalidad de las ideas que expresa el autor. Así, por ejemplo, yo, por mi experiencia, soy de la opinión -difiriendo, por consiguiente, del autor- de que la naturaleza es aristocrática y, por lo tanto, el contacto con la Fuente es privilegio (y/o condena) de unos pocos ("muchos son los llamados, pocos los elegidos").

Aldous Huxley dio esta conferencia en la Universidad de California, Santa Bárbara, en 1959, siendo parte de una serie de encuentros bajo el tema de ´La Situación Humana` que tuvo lugar entre los meses de enero-mayo y septiembre-diciembre. La presente traducción toma como fuente la publicación de Triad Grafton Books, The Human Situation, 1980. Para leer el ensayo completo, pincha aquí.