domingo, 9 de septiembre de 2012

CRISIS PROFUNDAS Y ESPÍRITU HUMANO ANTE LA VIDA Y LA MUERTE: DEL CAOS A LA CURACIÓN


El pasado sábado, 8 de septiembre, de 21 h a 22.30, tuvo lugar la 13ª tertulia mensual sobre "Espiritualidad, Filosofía y Ciencia" en la sala de La Cacharrería del Ateneo de Madrid, titulada "Crisis profundas y espíritu humano ante la vida y la muerte: del caos a la curación” realizada por Salvador Sánchez-Harguindey.

Os dejo la presentación que hice del ponente-tertuliano invitado y, posteriormente, el audio de la grabación de la tertulia completa.

"Buenas tardes a todos, y muchas gracias por haber acudido a esta decimotercera tertulia sobre “Espiritualidad, Filosofía y Ciencia” que hoy lleva por título "CRISIS PROFUNDAS Y ESPÍRITU HUMANO ANTE LA VIDA Y LA MUERTE: DEL CAOS A LA CURACIÓN".

Muchas gracias a Salvador Harguindey por haber aceptado mi invitación a venir hoy aquí a hablarnos sobre cierto tipo de crisis, aquellas que albergan en su seno las verdaderas transformaciones o metanoias, y sobre el espíritu humano.

También quiero agradecer a Victoria Caro, secretaria del Ateneo y alma Mater de esta tertulia, que con su esfuerzo, tesón y buena disposición ha hecho posible la gestación y el mantenimiento de este espacio para el diálogo y la reflexión.

El Dr. Salvador Harguindey es  oncólogo, endocrinólogo, experto en enfermedades neurodegenerativas y metabolismo, director en España del Instituto de Biología Clínica y Metabolismo, vicepresidente de la Sociedad Internacional para el estudio de la Dinámica de Protones en el Cáncer, investigador, articulista y escritor de ensayos y de novelas como Las Vidas de Daniel y George (Ed. Luz Pradera, 1987), Una sabiduría para todos los tiempos (Ed. La LLave, 2007) o La Resurrección de Peter Pan. El retorno alParaíso (La Llave, 2010) o "Una Nueva Visión de la Vida y de la Política", entre otros.

Conocí a Salvador gracias a una amiga común, la psicóloga Raquel Torrent, quien después de leer la última novela de Salvador, titulada La Resurrección de Peter Pan. El retorno al paraíso, cuyo personaje principal es nada menos que Peter Pan, libro al que me referiré más adelante, se percató de que abordábamos temas comunes, llegando a conclusiones semejantes, si bien desde perspectivas y lecturas un poco diferentes. De modo que Raquel sirvió de enlace alquímico para que pudiéramos intercambiar nuestros respectivos libros y, finalmente, con motivo de una estancia de Salvador en Madrid, nos conocimos personalmente.

Cuando recibí los libros de Salvador me llamó la atención uno en concreto que llevaba por título "La resurrección dePeter Pan. El retorno al Paraíso." Yo había publicado hacía algo más de un año un extenso artículo titulado El Puer aeternus (un nombre distinto para referirme a la misma idea-arquetipo) y, algunos años antes, concretamente en el 2004 se editó mi primer libro, un ensayo que llevaba por título "El retorno alParaíso Perdido. La renovación de una cultura." Viendo esas coincidencias afortunadas me puse a leer con atención la novela de Salvador. Cuando apenas llevaba leídos tres capítulos me percaté de que Salvador había recorrido un camino, que me era conocido y afín, hacia parajes desconocidos para el hombre ordinario. Me dije en ese momento que, mutatis mutandi, él encarnaba el espíritu del personaje de su novela, Peter Pan, es decir, el Puer aeternus que se había liberado de las ataduras, corazas y caretas que encierran y esclavizan a buena parte de los hombres de nuestra sociedad del bienestar a permanecer en el más completo desconocimiento de sí mismos. También pensé que él había dado nacimiento al niño divino en su interior, a la personalidad completa o al prístino espíritu ancestral que habita en lo más recóndito del alma de todo hombre.

Esto –me decía a mi mismo- es lo que le permite ser nuevamente como un niño, a pesar de que, como ven y verán, de niño no tiene nada; pero he ahí la tremenda paradoja: en Salvador conviven el hombre maduro, que atesora la experiencia de toda una vida, y el puer aeternus, el joven capaz de asombrarse ante todo lo nuevo que la vida depara, de volar a las alturas de un mundo que es accesible por medio de la Imaginación. Y lo hacen, conviven el puer y el senex en él, en plena armonía. El cristianismo también refiere este tipo de actitud cuando por boca de Mateo 18, 3 dice: “En verdad os digo que si no os convertís y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos.”

En su novela, Salvador hace un recorrido por la situación espiritual del hombre moderno, de modo parecido a como lo he descrito también yo en mis dos últimos libros (primero en “La Hermandad de los Iniciados (Ed.LibrosMundi, 2011)”, cuya tercera edición ya está en marcha; y en mi última novela, que espero se publique pronto y que llevará por título "AL FINAL DEL TÚNEL. Una historia sobre el despertar del Alma"); y su diagnóstico, que comparto, es claro: nos hallamos en un estado crítico de desarraigo y desorientación vital. El caos se ha adueñado de la civilización occidental, y el mal (lo sombrío de la naturaleza humana) se ha cernido sobre toda creación del hombre. Ahora bien, esta situación es semejante, a escala individual, a la de aquel hombre que se dirige a la consulta del psicólogo o del psiquiatra porque su vida ya no tiene sentido y se halla en una desorientación vital que le impide continuar su vida como hasta entonces. Cuando esto sucede, como los terapeutas de orientación psicodinámica y transpersonal saben bien, suele producirse una regresión hacia etapas evolutivas precedentes y emerge material desde lo inconsciente, pues la energía psíquica se dirige hacia el mundo interior con el fin de encontrar una nueva dirección y orientación vital.

Por lo tanto, y teniendo en cuenta el cuadro sindrómico que afecta a nuestra cara civilización del bienestar, apegada a los bienes materiales y a lo efímero de la existencia, parece que estamos ante una auténtica Caída hacia la oscuridad de lo inconsciente (hacia el Caos del que nos hablará Salvador). El enfrentamiento con el mal que habita en el hombre y el paso por la noche oscura del alma parecen ser etapas a las que estamos convocados a vivir, y atravesarlas de un modo consciente puede ayudarnos en nuestra transformación, para revertir una actitud disociada que destruye el planeta y a nosotros con él. Pero la entrada en las fauces de la noche del sinsentido es solo una parte del viaje de todo Peter Pan que se precie. En ese caos de tendencias contrapuestas, de instintos peleados los unos con los otros, parece que se encuentra también la luz de un nuevo amanecer, donde los opuestos, antes separados y peleados entre sí, se unen en una Unidad indivisa a la que debe aspirar el hombre ("El lobo y el cordero pacerán juntos, y el león, como el buey, comerá paja, y para la serpiente el polvo será su alimento. No harán mal ni dañarán en todo mi santo monte--dice el SEÑOR", como aparece en Isaías 65,25). En ese proceso de transformación "metanoica", el yo consciente ha de morir a su pretensión de omnipotencia, en su vanagloria de creerse el único dios del cosmos conocido, para dar nacimiento a la divinidad en el seno de su alma (la muerte y resurrección de Cristo pueden entenderse como una expresión simbólica de ésta experiencia). Cuando esto acontece, el hombre puede decir que ya no es él (es decir, su ego inflado) quien vive, sino que es Cristo quien vive en él.

Ese me ha parecido que era el mensaje que Salvador ha tratado de transmitir en su novela sobre Peter Pan, y es también el que he intentado plasmar yo, no sé si con el suficiente atino, en mis dos últimos libros. Claro que, para poder hablar con rigor de las crisis profundas y del nacimiento de la divinidad interior (de dios en el hombre) es requisito imprescindible haber atravesado esa experiencia desgarradora. Y, para realizar un diagnóstico preciso del estado actual del hombre occidentalizado, es decir, de aquél cuya actitud se rige por los valores (¿o he de llamarlos antivalores?) colectivos de los países occidentales, debe de haberse recorrido antes ese trecho del camino por el que aún habrá de caminar el colectivo de esta época.

Por eso, os recomiendo encarecidamente que leáis el libro de Salvador Harguindey, a quién he tenido el honor de presentaros hoy.

Pienso que es muy pertinente, dado el momento histórico actual y la urgencia espiritual de nuestro tiempo, el tema que va a tratar hoy Salvador y que espero y deseo nos sirva de acicate y de inspiración para acometer con plena consciencia la tarea que a cada cual le haya sido encomendada, es decir, para encontrar y desplegar su verdadera vocación. Muchas gracias, y les dejo con Salvador."

A continuación os dejo el audio de la tertulia:

2 comentarios:

Juan dijo...

Hola José, como siempre por aquí siguiendo con interés todas tus investigaciones, algo que siempre invita a mirar el propio devenir desde mi perspectiva de aficionado_holligan Jung.

Estaba intentando entender donde se encontraba la clave que permitía a un individuo conservar la inocencia mágica del Puer, siendo ello necesario para el siguiente paso “El emerger del prístino espíritu ancestral”.

Por otro lado en tu ensayo haces una especie de pirueta de asociación donde describes la crisis del mundo occidental que tiene que dar paso a una caída hacia la oscuridad de lo inconsciente, esperando que de ello surja una transformación con una nueva visión de la vida. Para acto seguido decir “Pero la entrada en las fauces de la noche del sinsentido es solo una parte del viaje de todo Peter Pan que se precie”.

Esto me ha descolocado, porque ni el estado del Puer es la del colectivo, ni el colectivo tiene la mágica inocencia, por tanto aunque si es cierto que existe una noche de sinsentido por el que todo Puer debe transitar, no es la misma noche, ni el mismo sinsentido, y por supuesto la misma nueva visión de la vida que ha de emerger del colectivo. Incluso añadiría que el Puer está más preparado que el colectivo, al no estar tan esclavizado por el deseo y el miedo, la materia prima que creo como hipótesis que solidifica a la máscara.

Desde mi reflexión lo que si percibo es que la clave que da existencia e inercia al Puer, es que no ha desarrollado una solida mascara, y el por qué no la ha desarrollado nos hablaría de que el prístino espíritu ancestral no estaba tan escondido ni oculto, quizás lejano, pero con la suficiente carga energética para conducir al inocente, sin que el Puer tenga plena conciencia del mismo, a la vez que de un modo abstracto sabe sin saber que siempre ha estado acompañado por la sabiduría, quizás como un síntoma diluido, transparente, pero real, con sabor, dándole la suficiente autoconfianza inocente para no estructurarse en base al miedo o al deseo, una locura visto desde fuera, una excentricidad mal vista sobretodo por la cultura alfa_machista "El padre", no permitiendo la solidificación de la máscara.

Un abrazo, como siempre

Juan Manuel

José Antonio Delgado dijo...

Hola, Juan Manuel:

¡Cuánto tiempo!

No sé si te habrás percatado de que, a las cuestiones que comentas he respondido, precisamente, en el congreso que ha tenido lugar el pasado fin de semana (en la entrada sobre el congreso de la experiencia mística encontrarás algunas ideas).

Si la dirección del Cites considera oportuno publicar el trabajo completo de mi comunicación saldría como un capítulo de un nuevo libro que anunciaría en este mismo medio.

De momento, yo recomiendo la lectura del libro de Salvador Harguindey sobre Peter Pan, porque ahí se encuentran múltiples ideas muy interesantes que responden a lo que tú comentas.

Por último, diría que, en realidad, el Puer (llamémosle aquí por su nombre, el niño divino renacido tras su muerte a manos de la Madre-Inconsciente-Cruz), antes de la muerte del rey viejo (del hombre viejo) que es, precisamente, aquél que ha llevado una vida extravertida y, por lo tanto, ha formado una persona o máscara con la que adaptarse a la realidad social (adaptación al medio, en términos darwinianos; ese es el que muere en la Cruz (alusión a la muerte simbólica de un tipo de orientación vital) para renacer al mundo del Espíritu (la otra polaridad de la vida).

Por lo tanto, no se trata de eludir o evitar el mundo, en una especie de individualismo narcisista, sino que el puer conoce las normas y convenciones sociales (máscara) y las respeta, pero sabe que esa realidad tiene su razón de ser en otra realidad que la sustenta.Y, llegado el caso, podría hallarse ante un conflicto de deberes, y tiene que elegir entre lo que su voz interior le pide que haga en un momento dado, y lo que las normas y convenciones sociales de la época, una prueba insoslayable para aquel que se embarque en una peregrinación hacia su Centro.

Un fuerte abrazo

José A.