Autor: José Delgado González
La realidad que habitamos no es un escenario sólido, sino un tejido de símbolos en tensión donde se libra una guerra silenciosa por la soberanía de nuestra consciencia. Durante una buena parte de mi camino, me apoyé en la obra de Carl Gustav Jung como el mapa más lúcido para navegar las aguas de lo inconsciente. Su psicología fue para mí el puente necesario para transitar de la fragmentación del yo a la intuición de la psique objetiva. Sin embargo, llegado a un cierto punto de la ascensión, mis pasos me obligaron a diferenciarme de él en lo concerniente a la metafísica.
Jung fue el heraldo que nos enseñó a mirar el espejo, pero la restitución del hombre moderno exige atravesarlo. Mientras la psicología junguiana corre el riesgo de quedar atrapada en la fenomenología del alma, este artículo propone un salto cualitativo: pasar de la psique al Espíritu, de la observación del arquetipo como imagen a su vivencia como Ley inmutable.
Lo que sigue no es un ensayo psicológico; es un tratado de resistencia ontológica. Es la descripción de una Fortaleza Fractal erigida sobre la Realidad Primordial, diseñada para aquellos que, habiendo transitado el puente de la individuación, están listos para empuñar la espada de la discriminación y reclamar su lugar en el centro invariante de la Cruz.
Palabras clave: Ontología; Metafísica tradicional; Psicología analítica; Arquetipo; Simbolismo; Individuación; Realismo especulativo; Estructura fractal.
I. El Arquetipo como Realidad Metafísica: Más allá de la Fenomenología Psíquica
Para comprender la raíz de la crisis actual, es imperativo realizar una precisión sobre el concepto de arquetipo. Durante el último siglo, nuestra comprensión de estas estructuras ha estado mediada casi exclusivamente por la psicología profunda, lo que ha generado una visión inmanentista que, aunque útil en lo clínico, resulta insuficiente para abordar la inversión ontológica que padecemos.
1. La Limitación de la Perspectiva Psicológica: De Freud a Jung
La psicología moderna ha intentado cartografiar el mundo interior bajo premisas a menudo reduccionistas:
- El Arquetipo como Residuo Biológico o Cultural: En las corrientes más materialistas, el arquetipo fue visto apenas como un instinto heredado o una construcción cultural repetida.
- La Frontera de Jung: Carl Gustav Jung dio el paso más audaz al reconocer que el arquetipo no era un contenido aprendido, sino una estructura formal del inconsciente colectivo. Sin embargo, Jung, condicionado por el rigor científico de su época y su herencia kantiana, mantuvo una postura fenomenológica. Para Jung, el arquetipo era un numen que se proyectaba en la psique, pero evitaba pronunciarse sobre su existencia fuera de ella. Él veía el arquetipo como una "huella" o un "molde" psíquico, una disposición interna que organizaba la experiencia humana, pero siempre dentro de los límites de la manifestación psíquica.
Esta visión junguiana, aunque profunda, deja la puerta abierta a la ingeniería social, pues si el arquetipo es solo una "proyección en la psique", la voluntad moderna se siente autorizada a intentar "re-proyectar" o "re-programar" esas imágenes mediante el condicionamiento inmanente.
2. La Ruptura Ontológica: El Arquetipo como Realidad Trascendente
Nuestra propuesta marca una diferenciación radical con la psicología clásica. Afirmamos que el arquetipo no es una producción de la psique, ni siquiera una estructura meramente interna. El arquetipo es un Principio Ontológico que reside en la dimensión espiritual, más allá de toda manifestación.
- Preexistencia y Trascendencia: El arquetipo no "ocurre" en el hombre; el hombre ocurre dentro del orden del arquetipo. Es una realidad que está más allá de la inmanencia. Si la psique es el espejo, el arquetipo es la luz y el objeto que se refleja. La psicología ha estudiado el reflejo, nosotros buscamos la Fuente.
- El Ámbito de lo Inmutable: Mientras que la psique es el territorio de lo dinámico y lo cambiante, el ámbito arquetípico-espiritual es el reino de lo inmutable. Es la geometría sagrada del Ser.
3. La Inversión: Cuando el Espejo pretende crear la Luz
La inversión ontológica que denunciamos nace del olvido de esta distinción. La ingeniería social contemporánea opera bajo la soberbia de creer que puede manipular la causa (el Arquetipo) actuando sobre el efecto (la psique).
Al declarar que el arquetipo es una "construcción" o una "proyección", el Espíritu de este Tiempo intenta que lo inferior (el nivel manifiesto, la opinión, la ideología) dicte las leyes a lo superior (la dimensión espiritual). Es el intento de que el reflejo en el espejo decida la forma del objeto real. Esta es la raíz de la psicosis colectiva: una desconexión traumática entre la vida inmanente y su sustento ontológico.
4. Hacia una Metafísica de la Realidad
Recuperar el sentido del arquetipo como principio que está más allá de la manifestación es el único camino para la soberanía. El individuo no debe "explorar sus arquetipos" como quien mira un álbum de fotos interno; debe reconocerlos como las columnas eternas que sostienen el cosmos y su propia existencia.
Reconocer la dimensión espiritual del arquetipo es aceptar que hay verdades que no son negociables, que no son "subjetivas" y que no dependen de la evolución cultural. Son el Logos hecho estructura, la palabra del Espíritu de la Profundidad grabada en el tejido mismo de la Realidad.
5. Lo Inconsciente como Velo y la Dimensión Espiritual como Luz
Al alejarnos de la visión de Jung, debemos entender que lo inconsciente no es el origen de los arquetipos, sino el medio a través del cual estos se manifiestan en la psique. En la psicología tradicional, se ha cometido el error de "psicologizar" el espíritu, convirtiendo lo que es una realidad ontológica superior en un mero contenido de la profundidad anímica.
Nuestra perspectiva establece una jerarquía clara:
- La Dimensión Espiritual: Es el plano de la Realidad Pura, más allá de toda manifestación. Aquí, el arquetipo es una Idea Divina, un Logos ordenador, inmutable y eterno. No "aparece", simplemente Es.
- Lo Inconsciente: Actúa como una lente o un estrato mediador. Es la dimensión de la psique que, al no estar iluminada por la consciencia en vigilia, recibe las emanaciones de la dimensión espiritual de forma simbólica o velada.
- La Inversión: La modernidad, al negar lo trascendente, ha intentado que lo inconsciente se convierta en la fuente de la verdad. Se ha pretendido que los arquetipos son "proyecciones" que surgen desde abajo (de la biología o de la historia) hacia arriba. Esta es la esencia de la inversión ontológica: creer que la raíz nace de la tierra, cuando en el orden sagrado, la raíz desciende del cielo.
6. El Arquetipo como "Nomos" Ontológico
Si el arquetipo está más allá de la manifestación, su función no es darnos "sueños" o "mitos", sino dictar el Nomos (la Ley) de la existencia.
Al ser una realidad espiritual, el arquetipo impone una biosemiótica que no puede ser alterada por el arbitrio humano. La distinción entre lo masculino y lo femenino, la relación entre el creador y la obra, o la jerarquía entre la sabiduría y la técnica, no son acuerdos sociales que residen en lo inconsciente por costumbre. Son estructuras de la dimensión espiritual que sostienen el mundo.
Cuando el hombre moderno intenta "romper" estas estructuras, no está liberando su psique, sino que está desanclando su ser de la realidad ontológica. La consecuencia es una psicosis que nace de intentar vivir en un mundo de "formas puras" creadas por el yo, ignorando que la consciencia es solo el testigo de un orden eterno y no su arquitecto.
7. La Superación del Fenomenalismo
Jung se detuvo ante el umbral de la metafísica para no perder su credencial de científico, tratando el arquetipo como un fenómeno de la psique. Nosotros, en cambio, cruzamos ese umbral porque la crisis actual exige una respuesta en el plano del Ser.
Reconocer que el arquetipo es trascendente implica:
- Objetividad Absoluta: El arquetipo es real con independencia de que la consciencia lo reconozca o no. Su verdad no depende de la "experiencia" subjetiva.
- Autoridad Espiritual: La soberanía del individuo no reside en su capacidad de "inventarse" a sí mismo, sino en su capacidad de reconocer la ley arquetípica a través de la psique y alinearse con ella.
- Inmunidad ante el Simulacro: Quien sabe que el orden reside en lo inmutable, es inmune a la ingeniería social del nivel manifiesto, pues entiende que las modas ideológicas son solo sombras distorsionadas en la pared de una cueva que ha olvidado el sol del Espíritu.
8. De la Psique Objetiva a la Realidad Ontológica
Jung utilizó el término psique objetiva para describir aquel estrato de lo inconsciente que no es personal, sino universal; una realidad que se impone al individuo desde fuera de su voluntad. Sin embargo, al empeñarse en mantener la objetividad arquetípica dentro de los límites de la psicología y la ciencia fenomenológica, Jung no solo limitó su alcance, sino que dejó abierta una interpretación desvirtuada que la ingeniería social ha sabido explotar.
- La Apertura al Simulacro: Al postular que el arquetipo es una "disposición psíquica" o una "huella" de la que no podemos conocer su origen metafísico, Jung deja el arquetipo en una orfandad ontológica. Si la psique es su único contenedor visible, el pensamiento moderno se siente legitimado para tratarlo como un "software" heredado que puede ser hackeado, ignorando que su raíz es una Ley del Ser.
- La Psique como Espejo del Espíritu: En nuestra propuesta de Soberanía Ontológica, la psique objetiva no es el origen, sino la interfaz donde la dimensión espiritual se hace inteligible para el hombre. Es el punto de contacto donde el arquetipo trascendente imprime su huella. Frente a la "disposición" junguiana, nosotros afirmamos la Presencia: el arquetipo es el principio que informa a la psique objetiva desde un ámbito que está más allá de la manifestación.
- Más allá de la Fenomenología: Mientras que para Jung la psique objetiva era el horizonte final de su investigación, para nosotros es el "suelo" sobre el que se apoya la consciencia en vigilia para reconocer la verticalidad del Espíritu. La objetividad de la psique no es un residuo evolutivo, sino su participación en el Logos universal.
9. Conclusión
La soberanía del individuo no se conquista en el terreno de la opinión, sino en el acto de restitución de su propia arquitectura al orden que le es propio. Al superar la barrera fenomenológica en la que Jung se detuvo —dejando esa brecha abierta a la interpretación desvirtuada de la modernidad que reduce lo sagrado a un mero fenómeno anímico—, comprendemos que lo inconsciente no es un almacén de fantasías colectivas, sino el velo que protege y, a la vez, refleja la luz de los principios inmutables.
Es crucial reconocer que incluso la disolución y el caos que caracterizan el Espíritu de este Tiempo no son accidentes ajenos al orden del Ser; tienen su asiento en la propia realidad metafísica arquetípica. El caos es la potencia de lo informe que, en el orden sagrado, está supeditada al Logos. La inversión ontológica actual no "crea" ni "activa" este caos, sino que consiste en una expresión del aspecto disolutivo del arquetipo que ha sido elevado, por voluntad del sujeto moderno, a la categoría de principio rector. El simulacro no es una invención de la nada, sino la manifestación de esa fuerza disolvente que, al romper su vínculo de subordinación con el eje vertical, devora la forma y la estructura.
La consciencia en vigilia tiene hoy una tarea hercúlea: debe aprender a distinguir entre el ruido del nivel manifiesto —esa cacofonía de ideologías que pretenden "reprogramar" la vida desde la inmanencia— y las señales silenciosas pero absolutas que emanan de la psique objetiva informada por el Espíritu.
Reconocer que el arquetipo es trascendente y que reside más allá de la manifestación es el primer acto de resistencia. Es el momento en que el hombre deja de ser un experimento de la ingeniería social para volver a ser un habitante de la Realidad. Si el Espíritu de este Tiempo se entrega a lo informe —como expresión del aspecto disolutivo de lo arquetípico—, el Espíritu de la Profundidad nos llama a la forma, al límite y al orden del Logos. La restitución es, en última instancia, el retorno al centro donde la existencia vuelve a estar anclada en su origen inmutable, reintegrando la potencia disolutiva bajo la luz de la Verdad.
II. La Fortaleza del Ser: La Cruz Fractal y la Geometría de la Resistencia
Si el primer fragmento restituía el Arquetipo a su origen espiritual, este segundo describe la arquitectura de defensa que el individuo soberano debe erigir. La Cruz de brazos iguales es el símbolo de la estabilidad perfecta y del equilibrio entre las fuerzas del cosmos. Su naturaleza fractal y sus atributos castrenses la convierten en una verdadera fortaleza del Espíritu.
1. La Cruz de Brazos Iguales: El Centro Invariante
A diferencia de la cruz latina, la cruz de cuatro lados iguales simboliza el equilibrio absoluto de los elementos bajo el mando del Centro. Al ser fractal, cada intersección de la cruz replica la totalidad del símbolo. Esto implica que la soberanía no reside solo en el macrocosmos, sino que cada fragmento de la psique objetiva, cada pensamiento alineado con el Logos, contiene en sí mismo la potencia de la Cruz completa. Es la protección contra la fragmentación moderna: el Centro está en todas partes.
2. Las Almenas: La Frontera Ontológica
En los extremos de la cruz se dibujan las Almenas de una fortaleza. Este símbolo, evocado por autores como Santa Teresa o en la simbología de las ciudades amuralladas tradicionales, marca el límite entre el Orden y el Caos.
- Función: Las almenas representan la voluntad de defensa contra la invasión de la ingeniería social. Indican que el territorio de la consciencia en vigilia es una zona sagrada que no permite la entrada a lo informe. Es la soberanía que sabe decir "no" a la disolución.
3. Las Lunas en Cuarto Creciente: La Psique en Ascenso
Inmediatamente tras las almenas, encontramos las Lunas en cuarto creciente. En la tradición hermética y astrológica, la luna creciente es el símbolo de la plata, de la receptividad que busca la plenitud.
- Interpretación: Al estar en los cuatro brazos, la psique se sitúa como el primer estrato de mediación. No es una luna llena y opaca (la psique henchida de ego), sino una luna que crece hacia el centro, reconociendo que su luz es prestada y que su función es canalizar la fuerza del Logos hacia la manifestación.
4. Los Soles: La Multiplicidad del Logos
Hacia el interior, siguen los Soles. El Sol, como símbolo de la dimensión espiritual, se multiplica en los cuatro puntos cardinales de la cruz.
- Interpretación: Esto representa la ubicuidad de la Verdad. El Logos no es una idea lejana en el cenit, sino una realidad que informa cada dirección de nuestra existencia. Los soles iluminan la psique (las lunas) desde dentro, asegurando que el "crecimiento" anímico sea una expansión de la luz espiritual y no una mera acumulación de deseos inmanentes.
5. Las Espadas: El Rigor que Converge en el Centro
Por último, las Espadas apuntan con sus filos hacia el Centro exacto de la cruz. Esta es la clave operativa de la figura.
- La Punta hacia el Centro: Según la simbología del Rigor y la Justicia, las espadas representan la discriminación metafísica. Que todas apunten al centro significa que toda acción, todo juicio y toda voluntad deben converger en el Punto Primordial del Ser.
- La Defensa de la Unidad: Las espadas actúan como radios de fuerza que protegen el corazón de la cruz. Representan el compromiso de la consciencia de tajar cualquier distorsión que intente penetrar desde la periferia (el nivel manifiesto). El filo es la verdad que separa lo real del simulacro.
6. La Síntesis: La Fortaleza Inexpugnable
Esta cruz fractal no permite la inversión ontológica porque no tiene "arriba" ni "abajo" en el sentido dualista; tiene Centro y Periferia.
Al ser igual en sus cuatro lados, manifiesta que la ley del Espíritu es constante. Las almenas protegen, las lunas reciben, los soles iluminan y las espadas ejecutan el rigor necesario para mantener la unidad.
7. Matices de la Dinámica Fractal: El Orden en el Infinito
La cualidad fractal de esta Cruz es la respuesta definitiva a la fragmentación de la modernidad. En el sistema actual, el individuo es "dividido" por múltiples identidades, deseos y presiones externas.
- La Réplica del Centro: Al ser fractal, cada intersección de la cruz —por pequeña que sea— es un Centro. Esto significa que no hay una "esfera privada" o un "pequeño pensamiento" que pueda quedar fuera de la ley del Espíritu. La soberanía es absoluta porque se replica a sí misma en todos los niveles: desde la gran decisión vital hasta el impulso más sutil de la psique.
- La Invariabilidad de Escala: No importa cuánto intente el nivel manifiesto (la ingeniería social) reducir al individuo o atomizar la sociedad; si el diseño es fractal, la estructura completa de la Verdad permanece intacta en el fragmento. El individuo soberano se vuelve inquebrantable porque su fundamento no es una masa crítica, sino una geometría del Ser.
8. El Rigor de las Espadas: La Convergencia como Sacrificio
Las espadas que apuntan al centro introducen el matiz del Rigor Metafísico.
- El Eje del "Yo" frente al "Eje del Ser": Que las puntas miren al centro indica que el ego (el pequeño "yo" inmanente) debe ser atravesado por la discriminación del Logos para que la consciencia pueda acceder al Punto Primordial. No es una violencia destructiva, sino una tensión creativa: la espada corta lo que es accesorio, lo que es simulacro, lo que es ruido del "Espíritu de este Tiempo", para dejar desnuda la esencia espiritual.
- La Concentración de Potencia: En lugar de proyectar la energía hacia fuera (el activismo vacío de la modernidad), las espadas recogen la voluntad hacia el centro. Es la economía de la fuerza: el soberano no gasta su espíritu en la periferia, sino que lo concentra en el eje donde reside el Poder Real.
9. Conclusión. La Restitución del Castillo Interior
La construcción de esta Cruz-Fortaleza representa el fin de la orfandad ontológica. Mientras que la cruz invertida de la modernidad es una estructura de caída, donde la Luna (la psique emocional) aplasta al Sol (el Logos), esta geometría fractal es un esquema de Resistencia y Ascenso.
La Soberanía como Arquitectura Espiritual
La conclusión es clara: la libertad no es la ausencia de límites, sino la habitación de los límites correctos. Las Almenas no encierran al ser, sino que definen el espacio donde el Ser es posible.
- La Protección de la Receptividad: Al rodear las Lunas con almenas y custodiarlas con Soles, aseguramos que nuestra capacidad de sentir y mediar (la psique) sea fecundada por la Verdad y no violada por la propaganda.
- El Mandato del Logos: Al situar los Soles como el paso previo a las Espadas, establecemos que ninguna acción de la voluntad (la espada) es legítima si no nace de la Inteligencia espiritual.
El Acto Final de Restitución
Habitar esta Cruz es transformar la psique objetiva en un castillo inexpugnable. El individuo que logra que su consciencia en vigilia resida en el centro exacto de esta figura —donde las cuatro espadas convergen— ha dejado de ser un súbdito del simulacro. Ha devuelto a la Luna su papel de espejo, al Sol su papel de rey y a la Espada su papel de ley.
En esta fortaleza, la inversión ontológica no tiene lugar, pues el caos —aunque reconocido como potencia disolutiva— queda fuera de los muros, contenido por el rigor de una geometría que sabe que su origen no es humano, sino divino. La restitución es, por tanto, el paso de ser una sombra en la cruz invertida a ser el señor de la propia fortaleza fractal.
III. El Asedio del Simulacro: El Espíritu de este Tiempo frente a la Fortaleza Fractal
El asedio a nuestra Cruz-Fortaleza no es una invasión de ejércitos visibles, sino una infiltración de entropía psíquica. El "Espíritu de este Tiempo" opera mediante la expresión del aspecto disolutivo del arquetipo, tratando de que las Lunas (la psique) olviden su función de reflejo y se entreguen a la marea de lo informe.
1. La Restauración de los Nombres: Realidad Primordial
En la Fortaleza, las Almenas no solo protegen, sino que delimitan con exactitud. Recuperar el sentido de los nombres es el primer acto de soberanía de la consciencia en vigilia. Estos principios son reflejos de la dimensión espiritual:
- Lo Masculino y lo Femenino (Sol y Luna): Son las dos fuerzas fundamentales y complementarias de la creación. Lo Masculino (el Sol) es el principio activo, el rayo del Logos, la fijeza, la verticalidad y el rigor ordenador. Lo Femenino (la Luna) es el principio receptivo, la sabiduría sustancial, la matriz de la forma y la fecundidad de la psique. No son identidades, sino potencias ontológicas cuya armonía sostiene el eje del mundo.
- Verdad: Es la Adaequatio rei et intellectus en su sentido más profundo: la correspondencia exacta entre el Ser y la Idea. En la tradición primordial, la Verdad es lo Inmutable, aquello que no está sujeto a la contingencia del tiempo ni al arbitrio del yo. Es el esplendor de la Realidad que se impone por su propia evidencia metafísica; aquello que permanece cuando todo el simulacro ha sido cortado.
- Justicia: Es el Ordo: que cada realidad ocupe el lugar que le corresponde en la jerarquía del Ser. Es el mantenimiento del equilibrio de la Cruz, donde lo inferior se somete a lo superior.
- Libertad: Es la facultad de la consciencia para actuar conforme a su propia naturaleza espiritual, obedeciendo a la Ley del Espíritu de la Profundidad y no a los dictados del simulacro.
2. La Psique como Espejo y Puerta de Acceso
Es imperativo comprender la función real de la psique. Ella no es la fuente de la Verdad, sino el espejo en el que el arquetipo se refleja para hacerse cognoscible.
- La Puerta al Misterio: La psique es el umbral, la puerta de acceso al Misterio que reside en la dimensión espiritual. El arquetipo proyecta su luz sobre este espejo anímico, traduciendo lo eterno en símbolos y formas que la consciencia puede aprehender.
- La Pureza del Reflejo: El asedio moderno busca empañar este espejo. Si la psique se llena de ruidos ideológicos y subjetividad, la puerta al misterio se cierra y el hombre queda atrapado en una habitación de espejos deformantes creados por el yo.
3. La Táctica de la Licuefacción: El Lenguaje como Campo de Ruinas
El asedio moderno consiste en la corrupción biosemiótica para que la consciencia pierda su centro:
- La Disolución de los Nombres: Al alterar el significado de los principios antes definidos, se busca que las espadas de la discriminación pierdan su capacidad de cortar. Una espada que no puede separar lo real del simulacro es una espada inútil.
- El Lenguaje como Virus: El Espíritu de este Tiempo introduce conceptos "líquidos" que penetran las almenas por ósmosis, intentando convencer a la consciencia en vigilia de que no existen muros ni verdades permanentes.
4. La Luna Desbordada y el Rigor de la Espada
En la geometría de la Restitución, la Luna (la psique) crece hacia el centro para reflejar al Sol (el Logos). El asedio busca que la Luna se vuelva opaca y reclame una soberanía que no le pertenece:
- El "Yo" como Sol Artificial: Se incita a la psique a creer que el yo es la fuente de la luz. Es la inversión donde el sentimiento subjetivo del yo pretende legislar sobre la Realidad Ontológica.
- El Sacrificio del Yo: Las espadas de la cruz apuntan al centro indicando que el yo debe ser atravesado por la discriminación del Logos. Solo al cortar las pretensiones del yo, la psique vuelve a ser un espejo limpio y una puerta abierta.
Conclusión: La Victoria de la Verticalidad
La restitución se completa cuando la psique objetiva recupera su función de espejo y vuelve a ser la puerta de acceso al misterio. Al mantener las Espadas apuntando al Centro y las definiciones ancladas en la Realidad Primordial de lo Masculino y lo Femenino, el individuo asegura que su vida no sea una sombra proyectada por el yo, sino un reflejo fiel de los Soles espirituales.
En este estado, la Cruz Fractal brilla con la fuerza de lo Real. El individuo, asentado en su Fortaleza, ya no es un náufrago del tiempo, sino un habitante de la Verdad que ha aprendido a mirar a través de la psique hacia el origen eterno de todas las cosas.
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