sábado, 9 de febrero de 2013

LA BELLOTA DE DIOS


En nuestra anterior entrada, titulada El roble está en la bellota, introdujimos la idea de que el futuro estaba contenido en el pasado. No es una idea nueva, como vimos, dado que ya la habían planteado personajes de la talla de Platón o el M. Eckhart. 

Como dicha entrada dio pie a varios comentarios de algunos lectores del blog, he decidido publicar, en una nueva entrada, algunas reflexiones que esos comentarios me han suscitado. 

Resumiendo mucho, yo diría que la verdadera bellota es, en efecto, la bellota de Dios. Ahora bien, este "Dios en nosotros" se manifiesta a través de cada ser humano de un modo único e irrepetible. Esa manifestación del "molde" original en la vida de cada cual se podría considerar la finalidad del proceso de individuación o del proyecto Atman. Lo que, en último término, significa la "indivisibilidad" del ser humano, la unificación de todos los pares de contrarios que lo conforman.

Pero el inicio del proceso de individuación, es decir, el inicio del Camino hacia la realización de la divinidad que nos habita y en la que habitamos, comienza precisamente con una muerte a un estado en el que la consciencia del individuo se identifica con aquello que percibe a través de los sentidos (y/o de sus sustitutos tecnológicos), algo que sucede en una fase de profunda crisis existencial, a la que los alquimistas denominan Nigredo e identifican con el Plomo y con Saturno, para que renazca una nueva luz. Pero esta luz, que el puer aeternus trae, el arquetipo del joven que representa la potencialidad del Self, no es la luz de la consciencia. Es una luz trascendente a la consciencia, a la que los gnósticos llaman chispa divina, y en las tradiciones esotéricas el Ser. Con ello nos percatamos de que todo cuanto acontece proviene del Ser, de la divinidad, que es la portadora del verdadero Sentido de la existencia. Esto significa que la consciencia despierta de ese sueño que supone la identificación con la ilusoria realidad material.

Con respecto a los místicos, hay muchas cosas que ellos nos enseñan. Una de ellas es que, en ese proceso de realización de la divinidad en nosotros, los seres humanos, es el mismo Dios el que se expresa y reconoce a sí mismo a través de nosotros. Así, quien mira y quien es mirado, en último término, es la propia divinidad. De manera que lo que se trasciende no es a Dios, algo imposible, pues lo infinito no puede ser trascendido por lo finito; lo que se puede trascender es el estado hílico (materialista) del hombre, o sea, la consciencia profana y desacralizada (a la que me refería antes), identificada con la realidad material.

En mi opinión, Jung ha realizado una buena cartografía de la realidad psíquica, del Alma, en su viaje a través de las imágenes de lo Inconsciente. Esa vía húmeda seguida por Jung es, desde luego, muy valiosa. Creo que, en Occidente, junto a Roberto Assagioli, son los que mejor han traducido a un lenguaje científico esa "pequeña gran iniciación" que es el tener acceso al Alma.

Considerando que el hombre moderno "ha perdido el contacto con su Alma" sus aportes son inestimables. Ahora bien, Jung forja un puente hacia lo que, en la Tradición Primordial, a la que alude René Guènon, o sea, al tronco común esotérico a todas las religiones, se denominan "Los Grandes Misterios". La vía junguiana es válida para el acceso y paso por los Pequeños Misterios, y ahí es, desde mi punto de vista, muy valiosa.

Por lo tanto, considero que la obra de Jung sirve de puente (y me siento muy agradecido porque me ha ayudado en ese tránsito) hacia un Conocimiento que va más allá de lo psíquico-imaginal.

Ken Wilber, por su parte, es un pensador holístico. Un hombre que ha logrado diferenciar el pensamiento hasta extremos heróicos, desde luego. Y ahí está su gran mérito: en la adquisición de un conocimiento enciclopédico que le ha permitido realizar, en ocasiones de un modo un poco apresurado, un modelo que trata de abarcar la totalidad (en ese afán por hallar una teoría del Todo). Lo que encontramos en Wilber es una deificación de la Mente, y una magnificación de la Conciencia. Para expresarlo metafóricamente, si entendemos la constitución psíquica de Wilber desde el modelo de Jung, Wilber parece que ha desarrollado su función del pensamiento hasta tal extremo que domina el jardín de su psique. Se alza segura y sólida, como una sequoia, sobre un joven y escuálido roble (en comparación con la Sequoia), que es su intuición, al que hace sombra y al que roba parte de los nutrientes. Es ese descollante pensamiento el que deslumbra a muchos de sus seguidores y, en cierto modo, se identifican con él. Esta considero que es la grandeza de Ken Wilber. Ese es el camino de K. Wilber y su proyecto existencial le conduce por esos derroteros. Lo que tal vez no sepan muchos de sus prosélitos es el precio que ese desarrollo (o hiper-desarrollo) del pensamiento conlleva, y el sacrificio al que aboca.

Ese pensamiento tan descollante proyecta una sombra que impide el acceso de la luz a todo aquello que está bajo su abrigo, y la sensación y, sobre todo, el sentimiento, se hallan en la más completa penumbra, a la sombra de ese gran árbol que es su pensamiento y de ese roble un poco deslgado que es su intuición, por lo que están raquíticos, enjutos y lánguidos. Advierto que esta no es más que una descripción metafórica, y además provisional, de su tipología psicológica. No encierra ningún juicio moral. De hecho, mi interés por la psicología de este gran hombre es el de comprender su proceso de individuación, porque es un ejemplo conspicuo de un destino muy acuariano y, por consiguiente, paradigmático del espíritu diferenciador de la época en que vivimos. Tampoco significa, lo que he expresado, como algunos lectores han interpretado, que Ken Wilber no haya realizado otra cosa que un aporte meramente cognitivo-intelectual. Lo característico de una función hiperdiferenciada es, precisamente, su capacidad de expresar los fundamentos metafísicos en sus propios términos. De modo que, la metáfora de la sequoia (el árbol más grande que existe) es bastante significativa de la grandeza de su pensamiento, y la idea del roble, un árbol bien robusto, aunque aún no a la altura de su pensamiento, también. Pero lo que tiene un haz, también tiene un envés. Y el sentimiento, la función opuesta al pensamiento, tiende a inmiscuirse y a sabotear a su contraria cuando ésta se "desvincula" de la Tierra de la que ha nacido. Por otro lado, entiendo que ese proceso está regulado por el Self, es decir, por el arquetipo de la Totalidad.

Por mi propia ecuación personal (es decir, por mi personalidad total, por mi cosmovisión, por mi forma de co-constuir la realidad y por mi disposición psíquica) me siento más próximo al camino cartografiado por Jung, lo que no significa que Wilber no me aporte nada. Wilber es, en cierto modo, el Santo Tomás de Aquino actual, y su obra, una especie de Summa Teológica moderna. En términos parecidos se expresaba Marie Louise von Franz como leemos en el artículo escrito por el Dr. en Física Teórica y experto en Psicología Analítica,
Herbert van Erkelens, titulado "A junguian response to Ken Wilber":

" Around that time there appeared in German a book by Edith and Rolf Zundel about leading psychotherapists of our time. In that book one chapter was devoted to Ken Wilber, though he is not a psychotherapist. Edith Zundel tells us that Marie-Louise von Franz regarded Wilber as the modern Thomas Aquinas who was writing the Summa Theologia of our time. What could that possibly mean? On the one hand it is certainly a compliment. But on the other, it could mean that Wilber runs the risk of overlooking something of essential value. Aquinas himself suspended his writing in the third part of the Summa, because of the inner, mystical change that befell him. He said to his friend Reginald of Piperno: ‘I cannot go on, Reginald, everything I have written seems as worthless as straw.’"

 Ahora bien, cada uno de ellos ha realizado su propio camino, y lo ha expresado en sus mapas particulares. Pero como es ley de vida, cada cual debe de recorrer su propio Camino, su proyecto existencial, y, al andar ese Camino, la cartografía que realice terminará siendo distinta a la de ambos autores (y a la de muchos otros), aunque pueda aprender y compartir parte de su cartografía. En eso consiste, en último término, la individuación...

Dado que esta entrada parece que ha suscitado algunos malentendidos cuelgo a continuación parte de una conversación que mantuvimos, a través de comentarios, Raúl Ortega y yo, y que creo que complementa y completa lo que he apuntado más arriba. Decía Raúl así:

"Exáctamente, José. El “caso Wilber” nos muestra los gigantescos poder y gloria de las funciones mentales e intuitivas altamente diferenciadas y la problemática por contra que significa en un estado de cosas así el mundo de las funciones sensitivas y sentimentales, su sombra.

Podríamos analizar terapéuticamente que existe una oposición de lo más bajo de Wilber contra lo más alto (lo alto se compensa con lo bajo, el porvenir con lo dado), lo cual sería como decir que precisamente los aspectos más ordinarios de su psique trampean y obstaculizan a los superiores. Allí donde el teórico concibe la mente-espíritu como un integrador supraordinado de lo animal y lo social, esto animal-social (el funcionamiento fisiológico, el sexo, el amor) empieza a hacer de las suyas y amenaza con desintegrar al conjunto. Chocante paradoja ¿verdad?, que parece una realidad que está ahí para desdecir la teoría.

Sin embargo, esto sería para mi gusto sólo el comienzo del análisis del mito wilberiano, una visión parcial. Otro acercamiento provisional pero también apropiado lo podríamos hacer hablando de la relación de todo esto con el mito prometeico del encadenamiento a la roca del dolor como “pago” por haber desvelado demasiadas verdades divinas (transpersonales). Realmente las ataduras del gran Wilber a su cama tiene muchísimo de esto. Pero aunque sea incluso pronosticable en un carácter prometeico como éste que los aspectos triviales y banales de la vida van a traicionar las aspiraciones complejas y sofisticadas de su filosofía, no me parece realmente integrador despachar el asunto hablando solamente de que su personalidad, su destino, busca la Totalidad (la Máxima Integración, precisamente) tratando de dar peso e importancia a los reinos inferiores allí donde Wilber pretendía despacharlos colocándolos sencillamente en subordinación de los superiores (como si la función intelectual pretendiera supraordinarse sin más a la sentimental).

El tema me parece que es aún más complicado que esto, por más que ya lo sea, y parece tener que ver con una intención tácita del Self de seguir diferenciando su psique haciéndola crecer y profundizar en direcciones que están ya en el punto ciego de la mente-espíritu de Wilber. Este es el núcleo del mito fáustico y en este sentido Treya es la Margarita de Ken. Cuando la mente por sí sola es incapaz de ver más allá, el Espíritu trata de abrir los ojos del corazón, o del cuerpo, para que la verdad aún oculta sea percibida. Justo aquí viene como anillo al dedo el refrán “el corazón tiene razones que la razón no entiende”. Los junguianos y Dante comparten la intuición, avalada una y otra vez por la experiencia, de que la ascensión hacia los reinos integradores transpersonales pasa por una desintegración en el túnel de los reinos infrahumanos de la sombra. Así que la tragedia de Treya y el largo camino por las dolorosas enfermedades son en el fondo una profundización de los estudios de Ken sobre la divinidad, o sea, la realidad, pero en materias y asignaturas que no están ya en los libros y que están justo más allá de lo que su mente y su proyecto vital es capaz de concebir. Por supuesto, al mismo tiempo se trata de los dolores en la transformación de las funciones inferiores, de la sombra, abandonando entre estertores los reinos inferiores de la proyección, para que pueda producirse una auténtica integración (una boda) entre todos los aspectos de la personalidade de Wilber en un nivel genuinamente, y no sólo mentalmente, superior.

domingo, 3 de febrero de 2013

EL RESURGIR DE LA SEGREGACIÓN SEXUAL EN LAS ESCUELAS.



El concreto tema de la segregación sexual en las escuelas, en cuya raíz podemos encontrar, en realidad, un asunto mucho más polémico aún, y que conviene traer a la palestra, como es el de si el “hombre (y, por supuesto, la mujer) nace o se hace”, ha sido tratado magistralmente por el terapeuta de orientación junguiana, Raúl Ortega, en un magnífico ensayo publicado en la web Odisea del Alma, de la que él es webmaster, y que traigo hoy a colación aquí. 

Por supuesto, el autor de este blog suscribe, solidariza y se responsabiliza de cuanto el Sr. Ortega expresa en el trabajo que publico a continuación. Y es que, como comprobaremos tras su lectura, no hay duda de que este tema (“nature versus nurture”) tiende a reaparecer en nuestra sociedad bajo diferentes disfraces.


"¿De qué se trata toda esta polémica en el fondo?

En mi opinión, todo se sustenta en una contracorriente subterránea que costosamente va saliendo a la luz en mitad de nuestros caros lugares comunes y tópicos modernos. Un impulso que abiertamente podemos llamar reaccionario, aunque sea un calificativo del que todos los defensores de éste y similares movimientos quisieran huir espantados para no ser rechazados a priori y antes de poder esgrimir el primer argumento siquiera. Este modo políticamente incorrecto se resiste a seguir asumiendo como absoluta verdad ciertas categorías alrededor de las personas en general y los géneros en particular que a lo largo de los últimos siglos se han ido imponiendo en la cultura, o sea, la psicología de masas, la psicología individual y las políticas de Estado. Esas categorías quieren fundamentar, más o menos tácitamente, la igualdad de derechos y oportunidades en una igualdad esencial de temperamento, aptitudes y actitudes compartida por todos los seres humanos. Aunque, para tratar de curarse en salud, el tópico moderno use por doquier el discurso de la "igualdad en la diferencia", en realidad las grandes ideologías humanistas que sustentan nuestra cultura moderna están basadas en la presunción de que existe un sólo modo de entender el buen progreso, el bien y el bienestar en la vida, y que ese modo es compartido por todos los seres humanos. Todas las ideologías sociológicas racionalistas tienden a hacer de cada individuo un átomo indistinguible de la masa, un número, porque así de ecuánimes, homogéneas y, sobre todo, simplistas, son las matemáticas. Nunca es la imaginación del arquitecto de utopías racionales tan compleja y sofisticada que pueda diseñar un mundo mejor contando con las profundas diferencias entre los seres humanos, así que suele despreciar esas irregularidades cortando, nunca mejor dicho, por lo sano. De camino, se vuelve muy cómodo para toda administración pública lidiar sólo con sumas y restas, y a la política le resulta muy manejable y adecuada la sencilla ecuación "1 hombre, 1 voto". Cuando la sociedad requiere conjuntar actitudes para enfrentarse a problemas que la fuerza bruta, el número, ayuda mucho a resolver, como son los casos de la revolución o la guerra, la conciencia de clase y el patriotismo, respectivamente, son inigualables instrumentos. Pero cuando la sociedad sale de esos estados de excepción, la personalidad particular y el prurito diferenciador individualista piden paso, y entonces todo lo conseguido gracias a la homogeneidad se convierte en obstáculo y problema. Lo peor es que suele ser lo más valioso que tenemos como seres humanos lo que quiere segregarse del entorno. Como todas las escuelas psicológicas saben, el hombre a menudo es más necio, más inmoral y más estúpido cuando funciona según la unánime psicología de masas.

Juguemos a comparar rostros humanos. ¿Qué vemos? Rasgos comunes, aquellos precisamente que nos llevan a llamarnos entre nosotros "semejantes". Pero, al mismo tiempo, no hay una nariz igual a otra, ni una boca, ni una mirada. Somos tan distintos a la vez que podríamos también llamarnos entre nosotros "diferentes". Sabemos reconocer a un individuo en particular aún mezclado entre una multitud. Sin embargo, si un caucásico tiene que diferenciar rostros entre una muchedumbre de otra raza, le va a costar bastante más. Todas esas caras le van a resultar demasiado indistinguibles. Basta convivir un tiempo con la nueva etnia, familiarizarse con sus exóticos rasgos, conocer mejor a esos otros hombres y mujeres, para adquirir la capacidad de discriminación adecuada. Entonces, esto es lo que les debe pasar a todas las psicologías, sociologías y políticas del fundamentalismo igualitario: que no conocen lo suficiente a los seres humanos.

Cuando nuestra cultura tiene que aceptar diferencias evidentes entre las gentes acude rápidamente a argumentos alrededor de disimilitudes educativas, influencias del medio dispares, y no es raro que su discurso acabe convirtiéndose en perorata sobre el poder que aún tienen en nosotros la injusticia y la discriminación sociales heredadas desde un siempre más ignorante y cruel pasado histórico. Pero es precisamente en la noche de los tiempos donde se pierde el origen de la sensibilidad del ser humano a la realidad de las diferencias, la genuina, objetiva y curiosa inquietud acerca de la diversidad de los caracteres. Nuestra ancestral vocación por entender y describir las tipologías tiene una historia frondosa y fascinante, llena de sagaz perspicacia y agudas observaciones, antes bien que de ineptitud y oscurantismo. La vieja Astrología, en toda su magnificencia intuitiva, propone sin ambages, en frontal oposición a nuestras favoritas concepciones acerca de la gestación de los caracteres, el origen innato del temperamento y sus variedades. El moderno Indicador Myers-Briggs, test de tipos diseñado por Katherine Cook Briggs y su hija Isabel Briggs Myers basado en las innovadoras ideas de Carl Gustav Jung vertidas en la obra Tipos Psicológicos, es una de las herramientas más usadas universalmente en el área de Recursos Humanos a día de hoy. Su propuesta es también el origen innato de las tipologías. En general, en abrumadora mayoría, las teorías a lo largo de la Historia sobre la genésis del carácter se han decantado por fundamentos básicos prefijados antes del nacimiento, de un modo similar a la gestación de las particularidades fisionómicas.

El meollo de la polémica alrededor de la reimplantación de la escuela unisex está justo en este debate entre el "se nace" y el "se hace". Démonos cuenta de que esto es algo que va bastante más allá del problema educativo.

Como no me canso de divulgar, hoy día nadie se atreve a usar consideraciones puramente psicológicas, y menos aún de talante intuitivo, para argumentar seriamente a favor o en contra de cualquier tesis sobre la personalidad humana. Hoy día la piedra angular de cualquier argumento al respecto, por decreto paradigmático, la detenta el cerebro y sus circunvalaciones. La última y primera palabra se recoge desde los descubrimientos en el área de la Neurología, y es por eso que desde ahí parte el discurso de los principales teóricos de la educación en la diferencia, como María Calvo. A juzgar por la debilidad de las tesis que salen en contra cuando se evoca este punto, queda patente que integrar hoy en la propia teoría testimonios extraídos de áreas de moda con tanto "mana" como son el gen y el cerebro, es una garantía de éxito en la ruptura de las defensas enemigas. A mi entender, sin embargo, es la psique, no el cerebro, la última frontera y la clave de todas las claves, e hipotecar los argumentos únicamente al discurso neurológico una maniobra no suficientemente inteligente. El cerebro que creemos analizar objetivamente a día de hoy es, con total seguridad, en gran medida, un objeto de culto animista, cargado de nuestras propias proyecciones. Son las mismas Neurología y Biología, aunque desde sus sectores más revolucionarios, las que están alertando hace rato de la posibilidad de que el cerebro, en lugar de ser un motor y un generador del psiquismo, sea un receptor, un "ojo", que traduce, no luz, sino una igualmente exterior e independiente psique. Sin abundar más en esta dirección ahora, mi postura es aceptar el argumento neurólogico sólo como una prueba más, y desde luego no la fundamental, a favor de la premisa que considera predestinados rasgos decisivos en las aptitudes y las actitudes con las que nacemos.

Si la política occidental está ya aceptando este discurso y está empezando a cambiar leyes educativas y programas de subvenciones a colegios, y la estadística de calificaciones sigue avalando la conveniencia de estos cambios, por más desagradablemente reaccionarios que le parezcan al sector filosófico más fanáticamente "progre", el siguiente paso obvio será trasladar todas estas consideraciones al plano laboral y, en último término, a lo social in toto. Esto sí que son palabras mayores. Muy inquietantes.

Como representante, inspiradora y madre espiritual del sector más fanáticamente "progre" en relación a estos temas de las políticas de sexo, Simone de Beauvoir debe estar revolviéndose en la tumba con el discurso de las María Calvo. Su "No se nace sino que se deviene mujer" ya planta de frente toda la batalla. No creo que ni siquiera le aliviase comprobar que el discurso diferencista actual favorece a las mujeres con una ventaja en virtudes innatas provechosas y admirables. Pero el discurso de Simone tarde o temprano tenía que sufrir reveses. Inserto en la filosofía existencialista, empeñada en divulgar la esencial soledad del Hombre en un Cosmos infinitamente vacío, justo en la misma época en que el fenómeno OVNI obligaba a las masas a acuñar y esgrimir apresuradamente el slogan opuesto "We Are Not Alone" (no estamos solos), y empeñada en divulgar la inexistencia de poderes trascendentes mientras Jung publicaba libro tras libro acerca de los Arquetipos, el Self, y el poder y la influencia de las energías y las inteligencias más allá de lo humano, es un discurso que pelea desde un movimiento tarde o temprano perdedor, como siempre apuesta a perder toda filosofía que basa su metodología en un exceso de racionalismo, abstracción, juegos mágicos de palabras y literatura en detrimento del método esencial de conocimiento filosófico que debe partir, como su hija la Ciencia prescribe, de la fenomenología. El existencialismo es demasiado francés, o sea, demasiado cartesiano, cortesano, lingüístico y mediático. Definitivamente, recomendaría aferrarse mejor al error del paradigma neurológico, que al menos parte de ciertos atisbos experimentales, que seguir basando los idearios psicológicos y políticos propios en la influencia de discursos snobs autocomplacientes de "enfants et filles terribles" procedentes de la excelsa en estética, pero no tanto en ética, París.

Diría ahora que Simone comete un error al que se enfrenta el analista transpersonal día sí, día no, en la consulta. Ella, indesconociblemente, pertenece a una tipología muy determinada. La suya es una tipología rara, no común estadísticamente hablando (y es una de mis preferidas, dada en hombre o mujer, dicho sea de paso), pero constantemente infiere este tipo de mujer, desde su prejuicio cognitivo, que tal y como es la personalidad que ella ostenta, así debe ser la de todo el resto de mujeres en el fondo, y así debe ser en realidad entonces la esencia del "Eterno Femenino". Deduce que ella debe ser más inteligente que la media, y que gracias a eso vive "liberada", expresando una feminidad genuina, mientras el resto de mujeres malviven con su personalidad real apresada en la esclavitud, sometida a una sociedad machista. Todo lo cual es permitido por su ignorancia. Esta tipología siempre acaba elaborando un discurso sociológico similar, lo divulgue al mundo desde el púlpito de intelectual famosa o lo espete sólo a las amigas en las sobremesas si es una anónima vecina. La acumulación de experiencia desprejuiciada en el trato con los demás, la profundización en el análisis propio y del prójimo, va corrigiendo esta visión igualitarista indiscriminada. Disminuyen las decepciones constantes frente al carácter de ciertas amigas, al dejar de esperar peras de aquellas que han nacido para ser olmos. Aprende a reconocer a sus pares, y a formar círculos de confianza sólo con aquellas personas que no tienen que alienar su personalidad para adaptarse a sus exigencias relacionales.

Nacer hombre o mujer conlleva diferencias. Nacer tal hombre o aquella mujer, puede conllevar diferencias aún más profundas incluso con representates del mismo género.

El grave problema del fracaso escolar actual

No puedo terminar el comentario a estas noticias sin tocar esta cuestión. Ciertamente, es tan urgente y conmocionante el debate en sí sobre los géneros, sus similitudes y sus diferencias, que aunque esta polémica parezca surgir en principio sólo como respuesta a una problemática previa más básica y más importante, rápidamente acapara toda la atención y el protagonismo, y el asunto del que parecía partir se acaba desvelando casi como mera excusa. Es tan así en la opinión pública que he llegado a leer por ahí que es preferible mantener la convivencia de niños y niñas en las aulas aún cuando eso ocurra en detrimento de su rendimiento académico. Se nota claro cuáles son nuestras prioridades y principales sensibilidades. Pero sería un error que yo obviara en este comentario toda referencia al problema en sí del fracaso escolar, por mucho que palidezca frente al bullicio de los asuntos sexuales. Seré de todos modos esquemático.

Hay unas causas estadísticamente constantes de fracaso, como todas aquellas taras orgánicas que obstaculizan seriamente el proceso de aprehensión, comprensión y retención de información (dislexia, hiperactividad, bajo C.I., etc.). Esto no nos interesa ahora, sino solamente aquello que se esconde detrás del aumento progresivo en las estadísticas del porcentaje de fracasados, incremento alarmante en los últimos años, que no se corresponde con ningún aumento en la prevalencia de disturbios orgánicos, y que en principio podemos introducir en el cajón de sastre que la psicopedagogía etiqueta como “causas emocionales”.

Dejando aparte cuestiones colaterales menores como la influencia que seguramente tienen en este asunto cambios decisivos en el entorno cognitivo del niño tales como la omnipresencia del ordenador, la internet y, en general, la supremacía actual de lo hipnótico audiovisual, y mayores como la disfuncionalidad y desestructuración cada vez más extendidas de la familia (que al final incluiré en el conjunto mayor que contiene, codo con codo, todas las causas de desazón y angustia del estudiante actual ante su incierto futuro), tengo que decir que hace varias décadas que el nivel al que llegaría este problema se podía predecir sólo atendiendo a la evolución que se ha ido dando en el seno del mismo sistema educativo, sin necesidad de salir fuera de la clase a buscar razones coadyuvantes. Me refiero a que la exigencia académica hace rato que no hace más que crecer y crecer. La competitividad estudiantil y laboral no ha hecho otra cosa que incrementarse exponencialmente. Para acceder al mismo nivel socioeconómico cada año hay que cumplimentar más requisitos y, encima, la seguridad laboral se ha debilitado tanto que las garantías de logro en este sentido han descendido dramáticamente, incluso cumplimentando estas desorbitadas cláusulas que siguen elevando su listón día a día. La escolarización comienza antes. El fin de la formación académica termina después. Hace mucho que la ecuación esfuerzo-recompensa da resultados negativos, y la cifra no hace otra cosa que descender. Todo esto conforma un panorama desesperanzador para el estudiante típico, aquel que va a clase sencilla y llanamente para ganarse la vida después integrado en sociedad como un ciudadano más, y nada más. El estudiante típico es aquella diligente y abnegada persona que con sudor y lágrimas se prepara para seguir sudando y llorando cuando acceda a un puesto laboral. Para estas personas, que el ganarse no más que el pan, el cobijo y una mínima integración en la tribu humana requiera cada vez esfuerzos más hercúleos y sobrehumanos no puede ser otra cosa que una absurdidad clavada como un trauma en mitad de la propaganda de la sociedad del bienestar, herida que va calando más a fondo de generación en generación. No es de extrañar que al estudiante que va a clase como inversión financiera le parezca cada año más ruinoso un negocio donde esa inversión cada vez es más grande y el resultado probable más mediocre. No me sorprende por lo tanto que el representante de este tipo más astuto y hábil prefiera invertir su tiempo y sus mañas cada vez más en derroteros oportunistas, a la caza de esos 15 minutos de fama y de los contactos dorados que le concedan una llave más cómoda de acceso al éxito. No se les puede culpar a las nuevas generaciones de invertir su esperanza en la cultura del "pelotazo". Al menos en ésta aún pervive para ellos el "sueño americano". En la alternativa, el cauce normal académico, lo que respira hoy es una "pesadilla occidental". Por otro lado, para el estudiante atípico, el siempre rebelde vitalista que se toma en serio como valiosos en sí mismos los ideales del conocimiento y la vocación, este estado de cosas no puede ser algo distinto de una tomadura de pelo. Cada año más letra muerta, más potajes de información seca, más inflación de la función intelectual. Y de la vida, de la experimentación y la fenomenología, que es el fundamento de todo verdadero conocimiento ¿qué?

Toda actividad humana necesita estar animada con algún Mito del Sentido. Cuanto más costosa, esforzada, es, más clara, menos relativa y más profunda debe ser su significación. La psicología sabe bien cómo le destroza la mente a los soldados el embarcarse en batallas que no cuentan con una total credibilidad y buena prensa. Tenemos un ejemplo muy presente en Iraq, otro no muy lejano en Vietnam. No son la violencia y la barbarie las causas directas de la traumatización. El ser humano puede soportar mucho dolor y espanto sin quebrarse. Pero sólo si está profundamente convencido de que hace lo correcto.

Estudiar no es ir a la guerra. Pero es como cavar una trinchera a lo largo de muchos, muchísimos años. El enemigo: los exámenes. La victoria… ¿Instituir una familia fundamentada en la crisis de pareja? ¿Consumir desenfrenadamente productos globalizados? ¿No consumir desenfrenadamente en beneficio del enfriamiento global? ¿Convertir la crianza de hijos en una vocación? ¿Abortarlos para seguir la propia vocación? ¿Qué propia vocación? ¿Sufragarse la libertad de un par de horas de ocio a través de las ocho horas de esclavitud y alienamiento en el puesto laboral? ¿Venderle la vida a un banco? ¿Atiborrarse de medios y de información para estar cada día más desinformado? ¿Esperar unas décadas más a ver si la vida empieza de verdad en la jubilación, en la tercera edad? En definitiva: ¿Integrarse en una sociedad que pierde lustro tras lustro credibilidad y fuerza moral?

Trato de decir que el problema del fracaso escolar es un síntoma muy conspicuo del muy grave malestar en la cultura que todos, no sólo los púberes, sentimos hoy. No está fracasando el estudiante; el estudiante es una fuerza vital, es la Naturaleza que busca abrirse paso y expresión. Está fracasando el Sistema, que cada día destruye más el entorno natural, en lugar de someterse a él. Como bien dice María Calvo, las niñas suelen ser más obedientes que los niños. Son más adaptables, más condescendientes, más resignadas al entorno y sus normas. El varón suele ser más crítico, más rebelde, menos crédulo, y necesita para actuar ideales de más largo alcance y más abstractos que el concreto pragmatismo o la inmediata ganancia de la armonía relacional. Esta es la razón básica, que subyace a todas las demás, del por qué las chicas siguen funcionando mejor como engranajes de esta gigantesca maquinaria disfuncional.

Debía ser allá en mis tiempos de estudiante de primero, o quizás segundo de B.U.P, cuando me preguntaba a menudo por qué las chicas tenían tanta urgencia en integrarse a fondo en una sociedad de la que cualquier chico deseaba desde hacía algunas décadas desintegrarse."


El ensayo completo lo podéis leer aquí.

sábado, 2 de febrero de 2013

INFORME PLANETA VIVO: el desequilibrio ambiental lo generan los países ricos





Como sucede cada dos años, en el mes de octubre la ONG ambientalista WWF entrega su informe sobre el estado de la biodiversidad en la esfera terrestre, con el título Informe Planeta Vivo.  Y como sucede desde hace ya un par de décadas, empeora cada día que pasa la situación de la biosfera, medida por los indicadores vitales elaborados por ese estudio.  Merece la pena seguir esa investigación, que nos da la medida de la sostenibilidad de nuestra civilización industrial, con el objetivo de hacernos una idea de cuál es la evolución de la vida en nuestro planeta, qué futuro podemos esperar y cuáles son las medidas prácticas que deberíamos tomar para asegurarnos la supervivencia de la especie humana y de la vida en general en este siglo XXI que apenas está comenzando.



El Informe de WWF nos descubre que la biodiversidad de la Tierra ha disminuido un 30% en los 35 últimos años – y ése es el grado en que se ha deteriorado la biosfera terrestre-; hemos perdido en este tiempo la tercera parte de la riqueza biológica y de los recursos de nuestro planeta.  Eso se debe a que consumimos un 50% por encima de la capacidad de la biosfera para regenerarse; dicho de otro modo, los recursos que la humanidad demanda para satisfacer sus exigencias de desarrollo en el ciclo económico, superan en un 50% las posibilidades de restablecimiento que posee la naturaleza viva de nuestro planeta.

El impacto de la actividad humana sobre la biosfera viene medido en términos de huella ecológica, que utiliza como unidad la hectárea global por persona, hag/p.  Al mismo tiempo, la hag una medida de la biocapacidad: 1 hectárea global representa una hectárea biológicamente productiva de tierra de productividad media.  La biocapacidad de la Tierra se calcula en 12.000 millones de hag; siendo 1,8 hag/p, es decir que se disponen de 1,8 hag para producir los bienes que cada persona necesita consumir, contando con una población de más de 7.000 millones de personas.  Esa biocapacidad ha disminuido en 3,2 hag/p en las últimas décadas, principalmente por el incremento de la población, que sigue aumentando desmesuradamente en África y Asia, previéndose que ese crecimiento se estanque a finales del siglo XXI, cuando alcance la cifra de 10.000 millones de seres humanos.  Aunque el Informe no lo señala, es evidente que para conseguir frenar el crecimiento de la población mundial, resulta importante disminuir la tasa de natalidad, lo que se consigue gracias a la emancipación femenina, el acceso de las mujeres a la educación y a la autonomía en las decisiones reproductivas.

Países gobernados por el socialismo reformista desde el modelo del Estado del Bienestar, como Dinamarca, Noruega o Suecia, se encuentran entre los más insostenibles del mundo

La hag/p también mide la huella ecológica, que es la demanda efectiva de la población humana sobre los servicios ecosistémicos; en estos momentos la demanda de la humanidad sobre la biosfera es de 18.200 hag, y por tanto, según el Informe, la huella ecológica está situada en 2,7 hag/p; esto es lo que cada persona exige actualmente en promedio a la naturaleza terrestre para satisfacer su consumo.  Por lo tanto, la huella ecológica supera en 0,9 hag/p a la biocapacidad.

Entre los componentes de la huella ecológica destaca la huella del carbono, que es el resultado de la quema de los combustibles fósiles y constituye la causa principal de la actual insostenibilidad de la economía humana.  También se encuentran la deforestación, la pesca, la agricultura y el pastoreo, así como la urbanización.  El Informe muestra el agotamiento de cientos de especies vivas en numerosos entornos geográficos, como consecuencia de la presión de las actividades humanas.  Pero especialmente esa degradación se intensifica en las zonas tropicales.  Eso no significa que la causa de la degradación ambiental esté en los países tropicales, sino que el consumo de los países desarrollados afecta principalmente a las zonas del trópico.

La riqueza que consumimos en los países ricos se extrae de la naturaleza tropical a costa del empobrecimiento de las regiones terrestres situadas en el ecuador.  Por poner un ejemplo, la selva indonesia ha desaparecido casi completamente, pero mientras que en Indonesia la huella ecológica es 1,2, está un tercio por debajo de la huella de equilibrio, en los EE.UU. la huella es 7,2, cuatro veces por encima de la sostenibilidad.  El desastre ambiental está causado por los países ricos, pero lo padecen principalmente los países pobres.  Es otra faceta de la injusta distribución de la riqueza que ha causado el imperialismo capitalista europeo, hegemónico en la humanidad desde hace 500 años.

La opción socialdemócrata no es aceptable desde el punto de vista ambientalista

En ese sentido, ni siquiera la opción reformista de la socialdemocracia es aceptable desde el punto de vista ambientalista que adopta el Informe Planeta Vivo.  Países gobernados por el socialismo reformista desde el modelo del Estado del Bienestar, como Dinamarca, Noruega o Suecia, se encuentran entre los más insostenibles del mundo.  Por el contrario, dentro de los países sostenibles se encuentra la República de Cuba, gobernada desde los presupuestos del socialismo científico organizado por el Partido Comunista de Cuba.  Se debe subrayar este aspecto del Informe, que apunta a revalorizar un modelo económico que está poco valorado en nuestros días por causa de los acontecimientos políticos de las últimas décadas.

Según el Informe Planeta Vivo 2012, dentro de los países sostenibles se encuentra Cuba.

El Informe compara la sustentabilidad de las economías nacionales con el IDH (Índice de Desarrollo Humano) elaborado por el PNUD (Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo).  Es un acierto utilizar esta medida del desarrollo humano, sustituyendo el PIB per capita (Producto Interior Bruto por habitante), que es una medida capitalista de la riqueza.  El IDH se realiza combinando el PIB per capita, con la educación, medida en años de escolarización en promedio, y la salud, esperanza de vida al nacer.  A pesar de constituir un progreso, la insatisfacción que me produce ese IDH, el indicador elaborado por el PNUD, deriva en utilizar todavía el PIB como uno de sus componentes. Por el contrario, por las razones más arriba expuestas, el PIB debería ser utilizado como una medida de la destrucción de la biosfera por la actividad económica, y debería ser pensado como una medida contradictoria con la sustentabilidad de la economía.

Como resultado de utilizar esos dos indicadores –huella ecológica e IDH-, obtenemos una clasificación de las economías nacionales y regionales.  Por un lado, existe un tipo de economías con alto desarrollo humano, que tienen al mismo tiempo una huella ecológica demasiado grande para las posibilidades de la biosfera terrestre.  Son los países desarrollados según el modelo capitalista de la economía de mercado: países de América del Norte y Europa, algunos de Oriente Medio y Asia.  La mayoría de los países africanos y asiáticos se sitúan en la zona opuesta: un bajo IDH acompaña a la sustentabilidad económica.  Un grupo de países se sitúa en una zona intermedia: nos son sustentables, por estar arriba de las 1,8 hag/p que define el equilibrio con la naturaleza, y además no alcanzan el desarrollo humano alto.  Finalmente la estrecha zona que combina un alto IDH con la sostenibilidad ambiental, se encuentra vacía.  No hay ningún país que tenga los criterios mínimos para alcanzar la sostenibilidad.

Cuba, el mejor modelo sustentable

Sin embargo, ese desalentador resultado del Informe es discutible.  La primera observación es que de todos los países que están por debajo de la línea de los 1,8 hag/p, que define la sostenibilidad, el que tiene un IDH más alto es la República de Cuba cifrado en 0,776 por el PNUD.  Cuba es por tanto, el mejor modelo económico sustentable del que disponemos.  Es de observar que hace cuatro años Cuba estaba dentro de los criterios mínimos de la sostenibilidad según el Informe Planeta Vivo 2008.  ¿Qué ha pasado para que ahora haya salido afuera de esa zona del gráfico?  Evidentemente, no es que Cuba haya cambiado tanto como para haber retrocedido en el IDH, sino que los criterios sobre los que se basa el Informe han cambiado.  En efecto, el PNUD no incluía a Cuba en su IDH hace cuatro años, puesto que no había medios para medir el PIB per cápita en esa nación.  Entonces se utilizaba una medida que era el IDH construido sobre la base de la educación y la salud exclusivamente, para situarse de ese modo entre los países de IDH alto.  Pero si examinamos el IDH del 2011, excluyendo el PIB per capita –en la última columna de la clasificación por países según el IDH, presentada por el PNUD-, encontramos que el IDH de la República de Cuba es 0,904, situándose entre los 25 primeros países con IDH alto, además de ser sostenible.

Por otra parte, el Informe considera  también el IDH corregido por la desigualdad, lo que supone una pérdida de desarrollo humano para todos aquellos países que pueden ser medidos por ese concepto, y un 23% en el conjunto de los países.  En ese otro indicador, la República de Cuba no es evaluada por falta de datos, excepto en el área de la esperanza de vida donde obtiene un Indicador corregido de 0,883, siendo uno de los países que gana en desarrollo humano al considerarse este nuevo factor.
Las luchas de clases más decisivas ya no vendrán protagonizadas por los trabajadores industriales de las ciudades, sino que por los trabajadores agrícolas rurales.

Es de señalar, que otro elemento que se relaciona con la insostenibilidad de la actual civilización es el aumento de la población que vive en las ciudades.  Es evidente la necesidad de revitalizar el mundo rural con vistas a la sostenibilidad económica de la humanidad.  Las principales luchas sociales y políticas que se producirán en el siglo XXI ya no sucederán en las ciudades, sino en el campo, alrededor de la actividad agrícola.  Eso significa también que las luchas de clases más decisivas ya no vendrán protagonizadas por los trabajadores industriales de las ciudades, sino que por los trabajadores agrícolas rurales.  Especialmente, porque está en marcha una revolución tecnológica en la agricultura, fundada en la biotecnología y los Organismos Genéticamente Modificados.  El Informe Planeta Vivo todavía no tiene en cuenta este factor, que debería ser incluido de alguna manera en las medidas que nos ofrece para evaluar el estado de la biosfera.  Una ONG que se autodenomina WWF, Fundación para un mundo de vida salvaje, debería tener en cuenta esa realidad de la agricultura capitalista mundializada.

Por otra parte, los análisis marxistas de las luchas de clases a nivel internacional necesitan modificar sus esquemas de interpretación de la realidad social, atendiendo a los nuevos factores ecológicos.  Es necesario prestar atención a y comprender mejor las características de las clases campesinas, sin perder de vista la actividad mundial del capitalismo globalizado.  Es necesario abandonar las ilusiones desarrollistas de un progreso sin límites, basado exclusivamente en la tecno-ciencia.  Es necesario denunciar consecuentemente el imperialismo de los países capitalistas desarrollados, no solo por su injusta distribución de la riqueza, sino además por la destrucción del equilibrio entre la especie humana y su medio ambiente terrestre.

 Notas

[1] En 2011 Cuba ocupaba el puesto 103 en PIB per capita, el puesto 51 en IDH con 0,776 y el puesto 24 en IDH excluido el PIB per capita 0,904.

CRÓNICA POPULAR.