La convulsa actualidad política española —marcada por la aprobación en el Consejo de Ministros de unos controvertidos decretos de vivienda que fueron posteriormente tumbados por el Congreso, el desgaste provocado por la grave crisis en Ceuta, la sombra constante de los casos de corrupción y los movimientos en torno al censo electoral de la ley de nietos— pone de manifiesto una forma de entender el ejercicio del poder basada en la manipulación sistemática. Cuando un Ejecutivo acosado por los escándalos y por una situación fronteriza límite opta por fracturar la seguridad jurídica, asfixia el mercado inmobiliario y, tras el previsible rechazo parlamentario, dinamitar el tablero político con un adelanto electoral por sorpresa, no estamos ante un error de cálculo táctico. Nos encontramos frente a una estrategia de ingeniería psicológica e institucional donde el artífice de las crisis se disfraza deliberadamente de solución.
Una advertencia madurada: El perfil del poder sin empatía
Ya en el año 2018, diversos analistas, observadores y especialistas en salud mental —apoyándose en criterios criminológicos y médicos similares a los expuestos por psiquiatras y psicólogos forenses (en la línea de los perfiles trazados por expertos como el doctor José Cabrera o el doctor José Carlos Fuertes al analizar la frialdad emocional, el narcisismo extremo o el síndrome de Hubris)— advertimos que este tipo de liderazgo encajaba con precisión en los patrones de una personalidad de carácter narcisista maligno o psicopático. En aquel momento se apuntaba a una forma de hacer política donde los escrúpulos desaparecen y el Estado se convierte en un simple instrumento al servicio del ego y la supervivencia del individuo. Los hechos posteriores, lejos de desmentirlo, no han hecho más que confirmar un modus operandi donde la mentira sistemática y la demolición de los contrapesos institucionales se ejecutan con absoluta frialdad.
1. La cortina de humo: Corrupción y la crisis de Ceuta
En el origen de cualquier maniobra de distracción radical se encuentra la necesidad imperiosa de desviar el foco. Con un Gobierno cercado por casos de corrupción que minan su credibilidad y por la gravísima crisis institucional y humanitaria vivida en Ceuta, la agenda política requería un terremoto de proporciones mayores. Provocar un choque frontal con el Parlamento a través de decretos de intervención extrema en la vivienda cumple una función perfectamente calculada: sepultar bajo toneladas de ruido mediático y polarización ideológica los escándalos de corrupción y la nefasta gestión territorial, forzando a la opinión pública a debatir sobre los marcos que el propio Ejecutivo impone.
2. La instrumentalización de la tensión social y la huelga
La estrategia no se limita al ámbito legislativo, sino que busca caldear premeditadamente el clima en la calle. Promover o capitalizar un escenario de conflictividad social —impulsando dinámicas de huelga general y movilizaciones a través de sindicatos afines— forma parte de un libreto de presión calculada. Al polarizar a la sociedad y enfrentar a bloques antagónicos, se busca forzar un escenario extremo donde el electorado, movilizado por el miedo, olvide el desgaste de la gestión ordinaria. Se trata de crear artificialmente un estado de excepción social para rentabilizarlo en las urnas, presentándose falsamente como el único muro de contención posible.
3. La ingeniería del censo: El intento de manipulación electoral
Cuando el desgaste en el territorio nacional es evidente y el voto interior se deteriora de forma sostenida, la estrategia de supervivencia pasa por alterar las reglas del juego demográfico. Los intentos de maniobrar con el censo de nacionalizados en el extranjero a través de vías como la llamada "ley de nietos" —cuyo control del voto exterior ha estado marcado por la polémica y el riesgo de desequilibrio en la transparencia electoral— evidencian la voluntad de buscar apoyos más allá de las fronteras nacionales para compensar el rechazo interno. Si los ciudadanos que sufren las políticas del día a día dan la espalda al Gobierno, se intenta buscar un electorado cautivo fuera.
4. El mecanismo del "salvador" frente al "verdugo"
La culminación de este proceso es la inversión cínica de los roles. Quien genera el caos institucional, asfixia al tejido económico, desvía la atención de la corrupción, tensiona las costuras del Estado en sus fronteras y ensaya modificaciones del censo se presenta luego ante los ciudadanos con el traje impoluto de paladín social.
- El papel del verdugo: Se desestabiliza el país, se crispa la convivencia y se socavan los pilares de la seguridad jurídica.
- El papel del salvador: Mediante el relato propagandístico, se culpa a los jueces, a la oposición o a los contrapesos democráticos de los males del país, exigiendo un cheque en blanco bajo la premisa de que solo el caudillo que provocó el incendio está capacitado para apagarlo.
En este escenario, la democracia deja de ser un marco de garantías y control institucional para convertirse en un ejercicio de supervivencia maquiavélica donde la patología del poder anula el bien común.

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