jueves, 19 de noviembre de 2009

AFRONTAMIENTO CREATIVO DE UNA SEPARACIÓN DE PAREJA


Llevo algún tiempo reflexionando sobre la tremenda irrupción de instintos violentos y destructivos que tienden a emerger en los procesos de separación matrimonial o de pareja. De esa hostilidad, ese odio, y esos deseos de destruir, de hundir materialmente o aniquilar a la persona que, durante una buena temporada, a veces incluso décadas, se convirtió en un/a compañero/a de ese viaje que es la Vida. Tan es así, que los medios de comunicación no hacen sino bombardear continuamente con ese que se ha convertido en uno de los males de nuestra época:
La mal llamada violencia de género, y que yo prefiero denominar violencia en la pareja.

Durante mis meditaciones, y reflexiones internas, me venían a la mente las imágenes con las que los alquimistas representaban una de las operaciones de transformación del plomo en oro: Calcinatio o calcinación. Esta operación está simbolizada por el Lobo, un animal que se relaciona con el dios Marte, y por el León. Especialmente significativo, en este contexto, es el símbolo del lobo quemándose en un fuego abrasador. El lobo representa la voracidad del niño, que está perpetuamente hambriento y deseoso de los favores de la Madre. Así, el individuo adulto ha de enfrentarse a ese lobo, lo ha de quemar en ese fuego abrasador, es decir, ha de restringir esas pasiones por medio de un acto de voluntad consciente. Se trata pues de revivir la frustración que debió de sentir cuando la madre no respondía a sus llamadas, pero esta vez de un modo consciente. Esta operación no representa una represión, ni una condena por los pecados del individuo. Nada de eso. Muy al contrario, se trata de experimentar una frustración del deseo, mediante un sacrificio voluntario del objeto/os deseado/os. Entrar en el fuego del infierno para quemar en él la escoria que uno/a lleva consigo, conteniendo la frustración y la cólera sin culpar al otro (la/el madre/padre, la/el esposa/o, la pareja, etc…), ni autoinculparse, permite que comience a transformarse algo en el interior del individuo. Lo que está aconteciendo es el nacimiento de la verdadera individualidad, simbolizada por el Rey.

Así, la experiencia más típica de una calcinatio la encontramos en la frustración del objeto de deseo amoroso. Ahí entra en juego la pasión amorosa. La ruptura de una relación de muchos años o que ha activado una ardiente pasión amoroso-sexual se suele correlacionar con esta operación. Lo que experimenta el individuo en ese período de frustración y de muerte puede ser de lo más horroroso. Experiencias que activan estratos de lo inconsciente colectivo de los que el individuo nada sospechaba y, por supuesto, de los que él se creía completamente ajeno. Algunos de los sentimientos y pensamientos que emergen en esos períodos de quemazón son: destructividad de proporciones cósmicas, cólera intensa, violencia desmesurada, deseos de herir, inmolar o destruir a una persona (la/el esposa/o, en un divorcio, la pareja en una ruptura, etc.), obsesión devoradora, apasionada y ambivalente (deseos de amarla y, al mismo tiempo, de destruirla) por el poder que parece ejercer sobre el individuo, avidez insaciable por la otra persona, que nos empuja a amarla y a odiarla a la par, etc. Todos estos sentimientos irrumpen en la consciencia de un modo tan devastador que uno/a siente como si lo/a estuvieran violando. Pero si se contienen convenientemente, se sienten en lo más hondo y se los manifiesta a través de una expresión creativa, cosa que no sucede sin un largo período de introversión, en el cual se comienza a mirar hacia dentro y hacia abajo, o sea, a profundizar en uno mismo, las pasiones enceguecidas y los deseos inextinguibles acaban trocándose en un potencial creativo que puede expresarse en el transcurso del proceso de individuación.

Dice a este respecto el analista jungiano Horacio E. Grimaldi, en su artículo titulado Algunas aportaciones de la psicología compleja de C. G. Jung al problema del desarrollo evolutivo en el ser humano, lo siguiente:

"En los textos alquímicos, también se asocia la calcinación con el purgatorio, porque es un proceso de purificación que al quemar los pecados, los disipa. El fuego no sólo quema y frustra, sino que también purifica e ilumina. Estos son objetivos de la calcinación, tanto como lo es la pureza emanada de una absoluta sinceridad con uno mismo. Y lo que queda es indestructible, porque uno no puede dejarse corromper ni sorprender a traición por el autoengaño.

Estas difíciles experiencias ponen a las personas en el camino de la evolución interior.

Una de las formas de resistirse a este proceso es a través de echar culpas al otro, a circunstancias exteriores o a uno mismo o evitarlo como lo hacen las personas demasiado razonables, que creen que han entendido por completo por qué las cosas fueron mal, y por qué era necesario separarse. Los dos siguen siendo amigos y todo se hace de una manera muy civilizada, sin reconocer los sentimientos que serían normales en esta situación, que después de todo es una especie de muerte que exige su dolor y su duelo. Así es como las personas se ven envueltas en una depresión de la cual no pueden salir ni atisbar la causa. No pueden alcanzar a elaborar que, verdaderamente, la separación, no es un hecho racional sino afectivo.

Esta negación de lo sucedido, de la furia del lobo que al ser encerrado sufre y se retuerce en el primer momento de la calcinación de la pasión frustrada, evita que se inicie un proceso de evolución necesario para culminar en la obra de la individualidad auténtica.

Entendiendo los procesos de las crisis, desde la perspectiva junguiana, teleológica y prospectiva, la Alquimia aplicada al Amor y la relación de pareja, y en especial este paso, la Calcinación constituye un concepto interesante para tener en cuenta a la hora de elaborar una separación amorosa. "

Así, para un afrontamiento creativo de una ruptura o separación de pareja, los involucrados han de experimentar el dolor y la frustración que supone la pérdida de su objeto amoroso, el otro, y la necesidad de elaborar esos sentimientos de un modo creativo. Este proceso conlleva un período de duelo, donde las lágrimas y el dolor deben ser la expresión de esa muerte que se está produciendo (tanto fuera, la ruptura y separación, cuanto dentro), en aras del nacimiento de algo nuevo.

10 comentarios:

Anónimo dijo...

Hola José gracias por estos contenidos tan interesantes y que tan bien sintetizas, tengo una duda para contrastar. Bajo el punto de vista del individuo que sufre una separación dolorosa siendo tragado por los contenidos del inconsciente, que es lo que marca la diferencia hacia la individualización?, teniendo en cuenta que incluso conocer intelectualmente el problema solo seria una racionalización para poner fin al sufrimiento de índole psicológico.

Por otro lado ese sacrificio va a ser un proceso de caída por el cual todo individuo que le suceda pasara. Por tanto donde reside la ecuación consciente hacia la individualización de algo que se procesa de manera automática y donde la frustración/sufrimiento y todos sus derivados van a estar presentes, no por aceptación si no por que son irremediables.

Que hace que yo fracase y que otro alcance una mayor individualización.?, el sufrimiento esta asegurado.

Al final todo puede quedar en que simplemente una persona de éxito social y atractiva compensa su frustración de una manera rápida por que sus características le permiten una rápida asimilación y cura de sus heridas, reincorporándose al plano social/afectivo en un corto tiempo. Mientras que otra persona sin ningún atractivo y éxito social además enfrenta sus fronteras de relación, soledades.

Y cuanto a las parejas que no rompen su relación, seria por tanto una forma de negarse una oportunidad de calcinación, al no tener la oportunidad del sacrificio?

Además en ultima instancia el individuo que sufre una separación, puede simplemente enfrentarse a la perdida de una proyección en donde ha depositado todas sus carencias. Y el que vuelva a reengancharse en otra historia de amor entre comillas, no es mas que llenar el vació de falta de autoestima.

Yo diferencio "Amor" de la proyección de "Amor en cuanto en tanto el Amor se construye en el tiempo, y el enamoramiento no.

Un saludo de Juan Manuel

José Antonio Delgado dijo...

Hola Juan Manuel:

Gracias por participar en este blog. Dices al comienzo de tu comentario que quieres contrastar algo conmigo, y que tienes una pregunta. Pero luego, resulta que esa pregunta se transforma en multitud de ellas, a cual más compleja.

La verdad es que se tardan muchos meses en ir asimilando las respuestas a las preguntas que tú formulas.

Bien, antes de responder a tu primera pregunta, debo remitirte a una entrada anterior, en la que ya se ha tocado este mismo tema. Te dejo el enlace directo para que lo leas, si te parece bien.

http://psicologiaespiritualidad.blogspot.com/2009/10/relaciones-de-pareja-y-su-sentido-1.html

Toda crisis, y la de pareja es una más, aunque, quizás, entrañe arquetipos poderosos (anima-animus) entraña, desde la perspectiva de la terapia de orientación jungiana, una oportunidad. Y esta oportunidad de cambio, de transformación, sólo se puede contemplar si uno se pregunta ¿qué sentido tiene que esto me suceda para mí? ¿qué propósito oculto se encierra tras este aparente caos, tras este desgarramiento, tras este sufrimiento intenso?

Esas son las preguntas que marcan la diferencia entre la salud, el inicio de un proceso de individuación, y el caer en el peligro que supone ser desgarrado, ser poseído por los instintos más primarios.

A menudo las parejas, tras haber compartido sus vidas durante, a veces, mucho tiempo, entran en una situación de crisis. En el seno de la cual, ambos se culpan, el uno al otro, de todos sus males. Este es una de las formas en las que las personas eluden su responsabilidad en esa ruptura. En ocasiones, la emergencia de esos instintos primarios, simbolizados por el lobo y el león en alquimia, se enconan y se proyectan contra la pareja, como si ésta fuera la culpable de todo. Ahí, el individuo, sea el que sea, está utilizando al otro como chivo expiatorio en el que verter todas sus inmundicias. Como digo, este es uno de los típicos modos de evitar un enfrentamiento con uno mismo, una contención de esos instintos, y, sobre todo, el buscar el sentido que esa emergencia de instintos terribles tiene para el individuo. Plasmarlo en palabras, discutir con uno mismo, son algunos de los modos más sencillos. Otros, en cambio, son centrarse en ese sufrimiento, sentirlo plenamente, y, si esto se realiza durante el sufiente tiempo, sin proyectar la culpa en el otro, ni montar pollos, entonces comienzan a emerger ciertas imágenes (imaginación activa).

(continúa)

José Antonio Delgado dijo...

Para no enrollarme más de la cuenta, el otro extremo, que sería también un modo de evitar la confrontación, es el no asumir la ruptura, aunque esta haya tenido lugar. Los dos miembros de la pareja parece que se llevan fenomenal, después de la ruptura, y aluden a que no es razonable llevarse mal, que siguen siendo muy buenos amigos, etc... Pero, en el fondo, lo que sucede es que aún están enganchados, aún hay elementos proyectados y, por tanto, no se ha atravesado el ritual del luto, del funeral, que supone una separación. Algo dentro de uno debe morir, para transformarse en otra cosa. No se trata de matar al otro fuera, un pensamiento que en no pocas ocasiones emerge (aunque el individuo prefiera eludir ese escabroso tema), sino de dejar que algo dentro de uno muera. Así, no sólo podrá uno continuar su vida de un modo más creativo, sino que, además, permitirá que el otro siga su destino.

El paso decisivo, y para eso hay que quemar al lobo en la calcinatio, llega cuando uno es capaz de ver que el otro, en realidad, también lo lleva uno dentro de sí mismo. Que el otro, es, en cierto modo, una manifestación de algo que trasciende a nuestro ego.

Bueno, Juan Manuel, no deseo enrollarme más de la cuenta.

Gracias de nuevo por tu participación.

José

Anónimo dijo...

Entiendo José, se me escapaba completamente el quid de la cuestión. La auto_interrogación del suceso como parte de un sentido trascendente, que en cierta forma es aplicable a todo conflicto interior/exterior. "Que sentido tiene que esto me suceda a mi?". Se pasa de una actitud reactiva a otra receptiva abierta a la indagación.

No solo es aplicable a uno mismo, además en la relación con todo el entorno social me parece mas sano transmitir a una amistad el concepto existencial de la auto_interrogación que consolarla con consejos y paños calientes.

Asimilar este "Valor" sobre el sentido de los sucesos debería enseñarse desde la escuela, la visión del mundo da un vuelco.

Gracias José por crear orden.

Juan Manuel

Maribel Rodríguez dijo...

Hola José Antonio,

Es interesante todo lo que planteas, sobre un tema que siempre será de actualidad, pues estos problemas se dan desde que existe el ser humano.

Pero hoy en día, parece que la temática, está más explícita o se da con más crudeza, pues son más frecuentes las separaciones que antaño.

En parte, parece ser que el ser humano actual, a la vez que más libre, es más caprichoso y menos capaz de soportar cualquier frustración o contrariedad. Además, se pone el sentido de la vida y la solución a todos los vacíos y penas, en una relación de pareja. Algo que supone, ante una ruptura, que ésta se sienta como el fin del mundo o que no se pueda realizar realmente (quedándose ambos en algo intermedio). Así, las personas, se aferran desesperadamente a otro o bien, le demonizan, culpándole de todos los males, cuando ha sido uno mismo el que ha puesto a otra persona como centro de su existencia y de su razón de ser. Es difícil volver a uno mismo y retomar las riendas del propio ser, así como es difícil tomar consciencia de todo lo que uno ha puesto en el otro y que realmente es suyo propio.

Si uno se pierde a sí mismo en una relación, uno se cree que así es como se ha realizado y será feliz, pero una vez que se ve en la relación, no termina de ser feliz, porque el otro nunca colma el sentido de la propia existencia. Pero la cultura está impregnada de este tipo de ideas y expectativas. Me vienen a la mente canciones de éxito en las que se dice "sin ti no soy nada" o "la prefiero compartida a vaciar mi vida", siendo ambas muestras de la falta de conexión con uno mismo y de libertad interior.

Un abrazo

Maribel

augusto dijo...

Hola a todos, sólo quería apuntar que suelo seguir este blog y me parece muy interesante, pero mi pequeña intervención de hoy va dirigida a Maribel: siempre que apunta algo es tremendamente profundo y sustancioso, no sé cómo lo hace, es muy certera. tengo que decir que su intervención en las recientes Jornadas Integrales en Barcelona fue la que más nos gustó tanto a mí como a una amiga que asistió conmigo.
Estoy de acuerdo en todo lo que apuntas y me encanta cómo lo expresas, felicidades.
Un abrazo a todos
Augusto

Anónimo dijo...

Sin ti amor no soy nada......

La falta de conexión con uno mismo basado en la autonomía interior como carencia fundamental suele enmascararse, y a primera vista parece como que la pareja es el objeto que tapa las vergüenzas. Pues provee aquello que falta dando seguridad interior. Algo endeble pues esta falseado por la dependencia.

Pero si echamos un segundo vistazo mis sensaciones me hablan de otro aspecto mucho mas importante que suele pasar inadvertido. La pareja al enmascarar la falta de conexión produce una relajación en las defensas y sentimientos de falta de autoestima provocando un soltar que le lleva a una "Apertura", y es por esa rendija donde se cuela el "Amor Incondicional", el corazón incondicionado. Ha llegado mediante un laberíntico proceso de amor condicionado envuelto en un ser básico bastante deprimente, pero ha llegado a la apertura, ha saboreado por instantes de pico el contacto con el "Ser", con el corazón. Lo ha echo de rebote.

Por tanto creo Maribel que al escuchar una canción donde alguien clama "Que sin ti no soy nada...", en cierta forma esta haciendo una declaración real y de hechos verificados en persona. donde falla el tiro es a la hora de apuntar la causa, a la llave (Pareja) que abre la puerta de una amorosa incondicionada iluminación.

Cuando el sabio señala la luna, el que canta su males de amores mira el dedo.

La violencia de pareja suele ser la fustracion insoportable de perder la llave de conexion a la vida. Eso algunas personas se lo suelen tomar muy mal, tanto como para matar y morir.....

Un saludo de Juan Manuel

Maribel Rodríguez dijo...

Hola Augusto, muchas gracias por tu comentario, acerca de mis intervenciónes.Me alegro mucho de que te gustara mi intervención en las jornadas.

Un abrazo

Maribel

José Antonio Delgado dijo...

Hola Maribel:

Disculpa el retraso en mi respuesta a tu última intervención. He estado bastante liado.

Dices, de un modo muy acertado, que hoy se están agudizando las rupturas de pareja. El problema de las relaciones de pareja, ciertamente, se está convirtiendo en un campo de batalla, quizás el más significativo de los conflictos y, se podría decir, que el más arquetípico de todos. Con esto quiero decir que, el quid de la cuestión, lo que, a mi juicio, se encierra tras la maraña de una guerra abierta en buena parte de las relaciones de pareja (la Caída de las Torres Gemelas, fue, para mí, un signo externo y un símbolo a su vez, de la Caída de las estructuras obsoletas sobre las que descansan la mayor parte de las relaciones de pareja) es que el modelo relacional habrá de transformarse radicalmente. Esa transformación consistirá, tal y como parece atisbarse en ciertas relaciones maduras, que he podido conocer (siendo, esos miembros participantes de las nuevas relaciones unos pioneros, desde luego); como digo, esa transformación consistirá en una maduración interior de ambos miembros de la pareja; una maduración, que consiste en una evolución de sus consciencias a ciertos niveles que les permitan superar y/o trascender el modelo patriarcal que hoy predomina en la sociedad moderna (aunque en un estado decrépito y marchito) para abrazar un modelo integral e integrador.

Desde luego, esto supone un reto sobresaliente, pues exige de la pareja que ambos sean individuos completos, independientes y autónomos, de modo y manera que la relación no se base en la dependencia mutua, o del uno por el otro; es decir, que ninguno de los dos sea una muleta para el otro... una muleta que, con el tiempo, se convierte en una carga insoportable de llevar. Esa independencia, esa libertad de elección (se está con el otro porque uno así lo ha querido, o elegido, y no porque dependa de él/ella) conlleva, a la postre, un compromiso verdadero en la relación de pareja y ese compromiso, en el fondo, es, ante todo, y sobre todo, para con Uno Mismo, y para con el Otro. Y, así entendida, la relación de pareja del futuro entraña una superación mutua y una entrega mutua en pro de un proceso individuatorio (o sea, de una autorrealización) de ambos participantes.

(continua en el siguiente comentario)

José Antonio Delgado dijo...

Las letras de las canciones a las que haces mención, en el fondo, están reflejando un motivo legítimo y una tendencia arquetípica que yace en lo más profundo de todo ser humano. Ahora bien, lo que demuestran esas letras es la inconsciencia desde la que cual se expresa. Y esto supone que lo que debería ser en acto, sólo lo es en potencia. Lo masculino en la mujer, su animus, y lo femenino en el hombre, su anima, son los intermediarios en la realización de su Ser interior. Ese camino de autorrealización es, ciertamente, diferente en el caso de la mujer que en el del hombre. La personalidad superior viene simbolizada, en el caso de la mujer, por una Anciana Sabia que representa toda la Sabiduría de lo Femenino, de Gaia o Gea; podría decirse que es una auténtica Chamana o una Sacerdotisa; en cambio, en el hombre, la personalidad superior viene simbolizada por un Anciano Sabio, al modo de un Merlín, o de un Mago como Gandalf el Gris, y representa toda la Sabiduría Superior, el conocimiento superior de la chispa divina (de los principios universales); La mujer, gracias a su animus-logos spermatikos, tiene acceso a los principios universales y, con ello, a la Sabiduría de la Chamana; El hombre, a través de su anima, se relaciona con la Naturaleza y sus ciclos, dentro y fuera, y tiene acceso a los productos de lo Inconsciente Colectivo y, en último término, a su Sí-Mismo o Anciano Sabio.

Por eso, cuando las personas son inconscientes de esos desarrollos de esas evoluciones que se dan en su interior, esos mismos desarrollos o evoluciones (y las imágenes en las que están contenidos) son proyectados al exterior, cargando al otro, a su pareja, con unas expectativas tan elevadas, que sólo un dios podría llevarlas a cabo. En realidad, como bien dices Maribel, el único responsable de ello es uno mismo, pues es uno mismo quien ha proyectado en el otro algo que, en verdad, pertenece a sí mismo.

De ahí que, en realidad, lo que diferencia una relación madura de otra inmadura es el nivel de consciencia de ambos involucrados. Y es, precisamente, esa consciencia de que algo Trascendente e Inmanente a ambos miembros de la pareja los ha unido con un propósito determinado el que marca la gran diferencia. Una vez se es consciente de eso, ya no cabe culpar al otro de los conflictos que uno mismo ha de superar. Eso sí, en este caso, con la colaboración del otro.

Muchas gracias por tu participación

Un abrazo

José