Autor: José Delgado González
Introducción
La historia de las civilizaciones no es un progreso lineal, sino un ciclo de vigilia y sueño, de expansión y recogimiento. En el corazón de este ciclo yace una tensión fundamental: la relación entre el ser humano y su propia esencia. Mientras que la antigüedad clásica —con Grecia como faro— fundamentó su existencia en el reconocimiento de una naturaleza humana inmutable, la modernidad parece haber apostado por el olvido de esta raíz, precipitándose hacia lo que los filósofos y cronistas identifican como el ocaso de una era.
El Espejismo del Progreso y el Olvido del Alma
Los griegos comprendieron que el hombre no es un accidente biológico ni un contrato social maleable, sino un Zoon Politikon dotado de una Psychē (alma) con una estructura y un telos (finalidad) definidos. Para Aristóteles y Platón, la libertad no era la ausencia de límites, sino la capacidad de actuar conforme a la ley natural. La jerarquía de los sexos, la función de la familia y la estructura de la polis no eran construcciones arbitrarias, sino reflejos de un orden cósmico (Kosmos).
La modernidad, en su afán de autonomía total, ha desmantelado esta arquitectura. Al negar la existencia de una naturaleza fija, ha convertido al ser humano en un "átomo" aislado, una tabula rasa a merced de la técnica y la ideología. Sin embargo, este rechazo de los límites naturales no ha traído la liberación, sino una profunda anemia espiritual. Una sociedad que olvida su alma es una sociedad que pierde su centro de gravedad; se vuelve incapaz de distinguir la excelencia de la mediocridad, y el deseo del bien.
La Psicología Analítica como Puente Iniciático
En este desierto de significado, la psicología analítica de Carl Jung emerge no solo como una herramienta terapéutica, sino como un camino de restauración. Jung redescubrió que los arquetipos son los órganos inmutables de la psique, constantes que vinculan al hombre de hoy con el iniciado de Eleusis. El proceso de individuación es, en última instancia, el retorno al "Conócete a ti mismo" délfico.
Sin embargo, como ha ocurrido en todas las épocas de decadencia, este camino no es una autopista para las masas, sino un sendero estrecho. La recuperación del alma y el reconocimiento de la naturaleza inmutable es una tarea reservada a una élite del espíritu. No se trata de una exclusión aristocrática por linaje, sino de una selección natural por capacidad de introspección: el misterio solo se revela a quien está dispuesto a sacrificar su "yo" superficial por la verdad profunda.
La Influencia desde el Profundo Anonimato
Esta élite, consciente de que nos encontramos en el ocaso de un ciclo, no busca la transformación de la sociedad a través de la política externa o el activismo ruidoso. Su labor es el anonimato. Siguiendo la tradición de las escuelas pitagóricas y los misterios antiguos, estos custodios operan desde el silencio, influyendo en el acontecer de los tiempos a través de la preservación de la relación con los arquetipos de lo inconsciente colectivo.
El anonimato es hoy el último acto de resistencia. En una era de transparencia obligatoria y exhibicionismo digital, la vida oculta protege la "chispa divina" de la profanación. Quien vive conforme a la naturaleza humana inmutable actúa como un ancla para la especie; su sola presencia impide que el tejido de la realidad se desgarre por completo bajo la hybris moderna.
Conclusión
Cuando una civilización se suicida internamente al negar su propia esencia, el futuro depende de aquellos pocos que, en el anonimato, conservan el fuego. La naturaleza humana es inmutable: siempre habrá una sed de trascendencia, una polaridad entre lo masculino y lo femenino, y una necesidad de orden espiritual. Aunque la modernidad lo ignore, estas verdades permanecen en el subsuelo de la historia, esperando que el ciclo termine para volver a brotar.
El ocaso no es el final absoluto, sino la transición necesaria para que el hombre, tras agotar sus ilusiones de omnipotencia, vuelva a mirar hacia adentro y redescubra que su alma es el único territorio que nunca podrá ser conquistado por el tiempo.
Referencias Bibliográficas
Fuentes Clásicas (Naturaleza, Ética y Política)
- Aristóteles. (1988). Política (M. García Valdés, Trad.). Gredos. (Obra original publicada ca. 330 a. C.).
- Aristóteles. (2014). Ética Nicomáquea (J. Pallí Bonet, Trad.). Gredos. (Obra original publicada ca. 350 a. C.).
- Jenofonte. (1993). Económico (J. Zaragoza, Trad.). Gredos. (Obra original publicada ca. 362 a. C.).
- Platón. (2003). Diálogos IV: República (C. Eggers Lan, Trad.). Gredos. (Obra original publicada ca. 375 a. C.).
- Rufo, M. (2005). Discursos y fragmentos (P. P. Fuentes González, Trad.). Editorial Hierba Verde. (Obra original publicada en el siglo I d. C.).
Psicología Analítica y Pensamiento Tradicional
- Jung, C. G. (2002). Los arquetipos y lo inconsciente colectivo (Obra Completa vol. 9/1). Trotta.
- Jung, C. G. (2009). Recuerdos, sueños, pensamientos (A. Jaffé, Ed.). Seix Barral.
- Jung, C. G. (2015). Presente y futuro. Editorial Entelegia. (Obra original publicada en 1957).
- Guénon, R. (2013). La crisis del mundo moderno (J. J. Llopis, Trad.). Paidós. (Obra original publicada en 1927).
- Hillman, J. (1999). El código del alma. Martínez Roca.
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