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domingo, 8 de febrero de 2026

EL LOGOS DEL REY: EL REY LEÓN COMO RELATO DE INICIACIÓN AL ESPÍRITU

Autor: Psicología Junguiana

 

EL DESPERTAR DEL REY: GNOSIS, ARQUETIPOS Y EL COMBATE CONTRA LA SOMBRA




​En un mundo que parece haberse sumergido en la aridez de una Tierra Baldía global, el mito no es un escape de la realidad, sino la única lente capaz de descifrarla. Tras la aparente sencillez de una fábula animal, late en El Rey León una de las representaciones más perfectas de la Individuación humana y del drama metafísico que hoy asola a nuestras sociedades.

​Este tratado no es un análisis cinematográfico; es una invitación a la Anamnesis. A través de la lente de la psicología de las profundidades y la sabiduría ancestral, exploraremos cómo el espíritu desciende a la materia, cómo el Yo se pierde en el olvido del hedonismo y cómo la Sombra, bajo la forma del narcisismo maligno y la psicopatía, usurpa hoy los tronos del mundo contemporáneo.

​Desde los desiertos de la Nigredo hasta el reencuentro con las centellas divinas de lo inconsciente, este recorrido es un mapa para todo aquel que sienta que su reino interno ha sido invadido por simulacros de poder. Es hora de dejar de mirar al suelo de la selva y volver la vista hacia las estrellas. El regreso del Rey no es una promesa futura, sino un imperativo del presente.

​"Recuerda quién eres" no es un susurro al pasado, es el rugido que debe reconstruir el futuro.

INTRODUCCIÓN 

1. El Sol como el "Primer Motor Inmóvil"

​La primera imagen es un sol rojo surgiendo del horizonte. En la Hermenéutica de los Indios Pueblo, el Sol (Tayau) es el ojo del Creador que vigila el equilibrio del mundo.

  • ​El Rojo Alquímico: No es casual. El rojo es el color de la Rubedo, pero también de la materia prima despertando. Es el fuego sagrado que sale del Amenti (el inframundo egipcio) para dar orden al caos.
  • ​El Cántico (Ciclo de la Vida): El sonido precede a la imagen. Es el Om hindú o el Logos cristiano. Es la vibración que convoca a la multiplicidad (los animales) para converger en la unidad (la Roca).

​2. La Peregrinación hacia el "Axis Mundi"

​Todos los animales corren hacia la Roca del Rey. En geografía sagrada, este es el Omphalos (el ombligo del mundo).

  • ​Jerarquía del Ser: Vemos hormigas, elefantes y aves. Es la representación de la Gran Cadena del Ser de Platón. Todos los niveles de la existencia, desde el más denso hasta el más sutil, deben estar presentes para la manifestación del nuevo Rey.
  • ​La Roca como Templo: La Roca del Rey no tiene vegetación en su cima; es piedra pura. Simboliza la estabilidad del espíritu frente a la impermanencia de la selva. Es el altar donde el cielo y la tierra se comunican.

​3. Rafiki: El Hierofante y el Intercesor Divino

​Rafiki no llega con los demás animales; él aparece desde el lateral, como alguien que no pertenece al orden horizontal del mundo, sino al eje vertical.

  • ​El Abrazo con Mufasa: Mufasa (el Rey Solar) se inclina ante Rafiki (el Chamán). Esto representa la sumisión del poder temporal ante la autoridad espiritual. El Rey reconoce que su corona solo es legítima si está validada por lo sagrado.
  • El Ritual de la Unción (El Bautismo):
    • ​La Fruta Sagrada: Rafiki rompe un fruto rojo. En el esoterismo, el fruto es el conocimiento. Al extraer el jugo, está extrayendo la esencia de la naturaleza.
    • ​La Marca en la Frente: Al pintar la frente de Simba, está abriendo simbólicamente el Ajna Chakra (el Tercer Ojo). Le está diciendo al alma que acaba de encarnar: "Tus ojos físicos verán el reino, pero tu visión espiritual debe ver la Verdad detrás de la forma".
    • ​El Polvo/Ceniza: Esparcir polvo sobre el niño es recordarle su origen terrestre ("Polvo eres..."), creando el equilibrio entre su herencia divina y su vehículo mortal.

​4. La Elevación: La Epifanía del Avatar

​El momento en que Simba es elevado sobre el abismo es un Acto Teúrgico.

  • ​El Rayo de Luz: En el instante en que Simba es mostrado, las nubes se abren y un rayo de luz (el Lux Fiat) lo ilumina. Esto es la Investidura Divina. El cielo reconoce su propia imagen en la tierra.
  • ​La Reacción de la Naturaleza: Los animales no aplauden; se postran. La postración es la aniquilación del ego ante la presencia de la Luz de Luces. No se postran ante un cachorro, sino ante el Principio del Rey que Simba representa.

​Interpretación desde los Indios Pueblo

​Para las culturas del suroeste americano (como los Hopi o Zuni), el mundo se mantiene gracias a que los seres humanos (y sus líderes) actúan como "sostenedores" del orden solar. El nacimiento de Simba es visto como el regreso de la Serpiente Emplumada o el Joven Maíz: una promesa de que el ciclo de las lluvias y las cosechas seguirá adelante porque el "Corazón del Cielo" tiene un representante en la tierra.

​Hermenéutica Junguiana del Inicio: El nacimiento del héroe es el nacimiento de un nuevo Centro de Conciencia en la psique. Mufasa es el "Viejo Orden" que ya ha alcanzado su plenitud; Simba es el potencial puro, el "Niño Divino" (Puer Aeternus) que debe ser protegido antes de que la Sombra (Scar) intente devorarlo.

I. El Puer Aeternus: El Iniciado y el Peregrino

​En la tradición de los misterios, el Puer Aeternus no es una patología —como a veces se reduce en la psicología clínica simplista— sino el "Eterno Retorno de la Inocencia" y el estado del Iniciado. Representa al Logos encarnado, al peregrino que, como Jesús el Cristo, posee la chispa divina pero aún no la ha manifestado plenamente en el plano de la materia. Bajo esta perspectiva crística y teúrgica, el joven Simba es el iniciado que debe ser "como un niño" para entrar en el Reino, poseyendo una pureza que le permite penetrar en las tinieblas sin ser corrompido de inmediato.

El inicio de la película no es una mera presentación zoológica; es una Teofanía. El sol que asciende sobre la sabana es el Sol Invictus, la luz de la conciencia que emerge del caos indiferenciado de la noche para iluminar el Reino.

  • El Puer Aeternus: Simba es presentado bajo el arquetipo del Puer Aeternus (el Niño Eterno). En la tradición de los misterios, este estado no es una debilidad, sino el "Eterno Retorno de la Inocencia". Es el Iniciado primordial que, como el Cristo o el Horus egipcio, posee la chispa divina (centella) en estado puro. Representa la conciencia en potencia que aún no ha sido fragmentada por el ego ni mancillada por el contacto con la sombra.
  • La Presentación en la Roca del Rey: La Roca del Rey funciona como el Axis Mundi, el centro del mundo donde el cielo y la tierra se encuentran. Cuando el Hierofante (Rafiki) eleva al infante hacia el firmamento, está realizando un acto de consagración teúrgica. El iniciado es mostrado a las "estrellas" (los ancestros/arquetipos), estableciendo desde el primer aliento que su origen no es biológico, sino espiritual.
  • El Ungüento de la Tierra: El gesto de Rafiki de marcar la frente de Simba con el jugo de una raíz simboliza la unción del Logos encarnado. Es la unión de la sabiduría terrestre con la herencia solar. En este estadio, el niño es el Iniciado Peregrino que posee el linaje real pero carece de la experiencia del abismo; es el Rey que debe "caer" en el tiempo y la materia para, tras su transformación, recuperar su trono con una conciencia actualizada.

​II. El Cementerio de Elefantes: El Umbral y los Arcontes

​El descenso al Cementerio de Elefantes constituye la Cámara de las Pruebas de los misterios antiguos. Representa la necesidad del alma de confrontar el Reino de la Muerte (Descensus ad Inferos).

  • El Velo de la Iniciación: Simba, como el Cristo joven entre los doctores, busca entender los límites de la vida y la muerte. El lugar de los huesos representa la Tradición Primordial que ha quedado muda; un mundo donde la conexión con lo divino se ha osificado.
  • Los Arcontes: Las hienas, en la cosmogonía gnóstica, actúan como los Arcontes o Vigilantes. Son entidades parasitarias, los carceleros del mundo material que intentan impedir que la chispa divina escape de su dominio. No atacan su cuerpo, atacan su conciencia de linaje. El enfrentamiento no es físico, sino vibratorio: el iniciado corre el riesgo de perder su Unidad interna ante la multiplicidad del caos que representan estos seres.

​III. La Noche de la Instrucción: Gnosis de lo Inconsciente y los Arquetipos Estelares

​Tras el rescate en el umbral, la narrativa se desplaza de la densidad de la materia a la inmensidad del firmamento. Esta es la Gnosis de lo inconsciente, donde el iniciado recibe la estructura del mundo espiritual.

  • La Huella y la Sincronización con el Sí-mismo: Simba coloca su pata dentro de la huella de Mufasa. Esta discrepancia ontológica simboliza la brecha entre el Yo (la conciencia limitada) y el Sí-mismo (la totalidad de la psique). El iniciado reconoce que su identidad actual es solo una potencia que debe ser actualizada mediante la asunción del Arquetipo. La reprimenda del Padre es una Metanoia, una rectificación del alma para alinear el deseo con la Ley Universal.
  • Las Centellas Divinas como Arquetipos: Cuando Mufasa señala el cielo, entrega la brújula definitiva. En la cosmogonía de los indios pueblo, las estrellas son fragmentos del Fuego Primordial. Mufasa revela: "Los Grandes Reyes del pasado nos observan desde las estrellas". Aquí, las estrellas son los Arquetipos de lo inconsciente: estructuras eternas y universales que preexisten al individuo y operan desde el trasfondo de la psique.
  • La Anamnesis: Siguiendo la tradición platónica, el alma olvida su origen divino al encarnar. Mufasa implanta la semilla del recuerdo: la soberanía no se inventa, se recuerda. Al vincular la figura del Padre con las centellas divinas, asegura que Simba siempre tendrá acceso a la Fuente, pues el linaje espiritual es eterno.

​IV. El Regicidio Metafísico: El Asalto de la Sombra y el Colapso del Orden

​El drama exige que la Gnosis sea probada en el Athanor (horno alquímico) de la existencia material. Representa la caída del espíritu en las regiones más bajas de la generación.

  • El Cañón y la Estampida: El desfiladero es el vientre de la generación. Scar (la Sombra/el Demiurgo) incita al iniciado a practicar su rugido desde un Yo inmaduro. Este sonido desencadena la estampida: la materia primordial en estado de agitación ciega que no responde a la luz, sino al pánico del instinto.
  • El Sacrificio de la Forma: Scar lanza a Mufasa al vacío. En términos de lo inconsciente, Scar solo destruye la forma física del Rey, el "Viejo Rey" o la Ley Antigua. Esta muerte es necesaria para que el iniciado se vea obligado a buscar las centellas divinas en su propio templo interior.
  • La Noche Oscura del Alma: Simba, ante el cuerpo inerte, experimenta la desolación absoluta (Eli, Eli, lama sabachthani). Scar utiliza la culpa para velar las estrellas, convirtiendo la tragedia en una prisión que impide mirar hacia los arquetipos. Simba huye hacia el desierto de la Nigredo (putrefacción alquímica), donde los buitres —complejos devoradores de la psique— consumen los restos de su identidad regia.

​V. El Letargo y la Anamnesis: El Despertar del Sí-mismo

​En la selva, el iniciado entra en un estado de amnesia ontológica. El "Hakuna Matata" es la renuncia a mirar los arquetipos, sustituyendo la Ley del León por una existencia vegetativa y sensorial.

  • El Reclamo del Ánima: Nala aparece como la Shakti o fuerza anímica que rompe la inercia del Yo. No es un encuentro romántico, es un imperativo de la realidad que exige el retorno del orden sagrado.
  • Rafiki, el Hierofante: El chamán actúa para recuperar el alma. Al calmar las ondas del espejo de agua, induce la visión del Sí-mismo. Simba comprende que el Padre vive en él como Arquetipo.
  • La Teofanía: Las centellas divinas vuelven a constelarse en la tormenta. El mandato "Recuerda quién eres" activa la Anamnesis. El golpe del bastón de Rafiki es el choque iniciático que integra el conocimiento en la voluntad. El iniciado ya no huye de la Sombra; se dirige hacia ella para integrarla y trascenderla.

​VI. El Regreso y la Apoteosis: La Restauración del Centro

​El regreso de Simba es la Gran Obra para restaurar el Eje del Mundo (Axis Mundi).

  • La Tierra Baldía: Bajo Scar, el reino es estéril. La salud de la tierra es indisociable de la salud espiritual del Rey. La ausencia de conexión con las centellas divinas ha convertido el jardín en un osario.
  • Coniunctio Oppositorum: El combate final ocurre entre el fuego (purificación) y la lluvia (gracia). Simba integra su sombra para vencer al usurpador. El mal, al carecer de sustancia real, termina devorado por sus propios complejos (las hienas).
  • El Rugido del Logos: Al subir a la Roca del Rey, Simba emite el rugido del Logos pleno, el sonido primordial que reordena los elementos. La lluvia cae porque el canal espiritual se ha reabierto. El orden cósmico (Rta) vuelve a estar vigente.

​VII. El Espejo Actual: Narcisismo Maligno y Psicopatía Global

​El mito se manifiesta hoy en el dominio de la Tríada Oscura (psicopatía, narcisismo maligno y maquiavelismo).

  • Scar como Prototipo: El gobernante narcisista no busca construir, sino compensar una herida de inferioridad mediante el dominio. Utiliza la manipulación del lenguaje y la culpa colectiva para paralizar a la sociedad.
  • La Alianza con las Hienas: Representa el populismo de la sombra; la movilización de sectores resentidos mediante promesas de privilegios sin esfuerzo, lo que conduce inevitablemente al colapso del país.
  • España y Europa: España refleja la fase de la Roca del Rey profanada, con una fragmentación social deliberada que impide mirar hacia los valores permanentes. Europa ha sustituido sus principios fundacionales por una burocracia técnica y vacía, sumergida en una amnesia colectiva similar al letargo de la selva.

​VIII. Reflexión Final: El Discernimiento y la Soberanía

​El discernimiento espiritual es la capacidad de ver a través del velo de la Sombra. Identificar al narcisista maligno por sus frutos —división, esterilidad y mentira— es el primer paso para la liberación.

​El regreso del Rey no es la llegada de un salvador externo, sino el despertar del Logos en cada individuo. Solo cuando el ser humano recuerda que es una centella divina y que su lealtad pertenece a los arquetipos de lo inconsciente, el poder de la Sombra se desmorona. El ciclo se cierra en una octava superior: la Rueda de la Medicina vuelve a girar en armonía con el Corazón del Cielo.

IX. Bibliografía: Fuentes de la Tradición y la Psique

​Para es escribir este artículo hermenéutico, se han consultado las obras fundamentales que vinculan la psicología de las profundidades, la filosofía perenne y el análisis de las patologías del poder.

​1. Fundamentos de lo Inconsciente y los Arquetipos

  • Jung, C. G. (2002). Los arquetipos y lo inconsciente colectivo (Obra completa Vol. 9/1). Editorial Trotta.
  • Jung, C. G. (2005). Símbolos de transformación (Obra completa Vol. 5). Editorial Trotta.
  • Neumann, E. (2023). La gran madre: Fenomenología de las configuraciones femeninas de lo inconsciente. Editorial Trotta.
  • Von Franz, M.-L. (1999). Sobre los sueños y la muerte. Kairós.

​2. Mitología Comparada y el Viaje del Iniciado

  • Campbell, J. (2014). El héroe de las mil caras. Atalanta.
  • Eliade, M. (2019). El mito del eterno retorno. Alianza Editorial.
  • Hillman, J. (2000). El código del alma. Martínez Roca.
  • Platón. (2021). Fedón. (C. García Gual, Trad.). Gredos. (Original c. 387 a. C.).

​3. Cosmogonía de las Centellas Divinas (Tradición Pueblo y Hopi)

  • Pueblo Cultural Center. (2020). Cycles of Life: The Cosmology of the Pueblo People. Museum of New Mexico Press.
  • Waters, F. (2011). El libro de los Hopi. Fondo de Cultura Económica.

​4. Patologías del Poder y Narcisismo Maligno

  • Garrido, V. (2021). El psicópata: Un camaleón en la sociedad actual. Ariel.
  • Kernberg, O. (2017). Narcisismo maligno y patologías de la personalidad. Paidós.


miércoles, 21 de febrero de 2024

LA GNOSIS EN LA PSICOLOGÍA DE CARL GUSTAV JUNG: UN ANÁLISIS PROFUNDO

 

LA GNOSIS EN LA PSICOLOGÍA DE CARL GUSTAV JUNG: UN ANÁLISIS PROFUNDO

José Delgado González. Psicólogo y terapeuta de orientación junguiana.

Resumen:

La influencia de la gnosis en la obra de Carl Gustav Jung ha sido un tema de interés y debate en la psicología analítica. Jung, influido por corrientes místicas y filosóficas, incorporó elementos gnósticos en su comprensión de la psique humana y el proceso de individuación. En este artículo, se examina la interpretación junguiana de la gnosis, explorando sus raíces históricas, su significado psicológico y su relevancia en la teoría junguiana. A través de una revisión crítica de la literatura, se arroja luz sobre la comprensión única de Jung sobre la gnosis y su impacto en la psicología moderna.

Introducción:

Carl Gustav Jung, pionero de la psicología analítica, exploró una variedad de tradiciones espirituales y místicas en su búsqueda de comprender la psique humana. La gnosis, con sus raíces en la antigüedad, capturó la atención de Jung y lo llevó a desarrollar ideas innovadoras sobre la naturaleza de la conciencia y el individuo. En este artículo, se examina cómo Jung integró la gnosis en su marco teórico y cómo influyó en su comprensión de la psicología profunda.

Las Raíces Históricas de la Gnosis:

La gnosis, un término que deriva del griego "gnosis" que significa conocimiento, representa una corriente espiritual y filosófica que busca la autoconciencia y la revelación de la verdad espiritual. Surgió en la antigüedad y se manifestó en diversas tradiciones religiosas y filosóficas, incluyendo el gnosticismo cristiano y las escuelas herméticas.

La Interpretación Junguiana de la Gnosis:

Jung, influenciado por las corrientes gnósticas, interpretó la gnosis como un proceso de autoconocimiento y revelación interior. Consideraba que la gnosis ofrecía una visión profunda de la psique humana, explorando los aspectos más oscuros y luminosos del ser humano y su búsqueda de la totalidad.

La Gnosis y el Proceso de Individuación:

Para Jung, el proceso de individuación, que representa la realización plena del potencial humano, se asemejaba al viaje gnóstico hacia la iluminación y la comprensión de uno mismo. La integración de los aspectos conscientes e inconscientes de la psique, según Jung, reflejaba el despertar gnóstico hacia la verdad interior.

La Relevancia Contemporánea de la Gnosis en la Psicología:

La interpretación de Jung sobre la gnosis sigue siendo relevante en la psicología contemporánea, especialmente en el campo de la psicoterapia y el crecimiento personal. Muchos psicoterapeutas han incorporado elementos gnósticos en su práctica, reconociendo la importancia de la autoexploración y el autoconocimiento en el proceso de sanación psicológica.

Conclusiones:

La gnosis, como concepto fundamental en la obra de Carl Gustav Jung, ofrece una perspectiva única sobre la naturaleza de la psique humana y el proceso de individuación. A través de su interpretación de la gnosis, Jung enriqueció la psicología moderna y proporcionó un marco teórico para comprender la búsqueda espiritual y el desarrollo humano.

Bibliografía:

  1. Jung, C. G. (1959). The Archetypes and the Collective Unconscious (Vol. 9, Part 1). Princeton University Press.
  2. Jung, C. G. (1968). Psychology and Alchemy (Vol. 12). Princeton University Press.
  3. Edinger, E. F. (1992). The Mystery of the Coniunctio: Alchemical Image of Individuation. Inner City Books.
  4. Hoeller, S. A. (2002). Gnosticism: New Light on the Ancient Tradition of Inner Knowing. Quest Books.
  5. Segal, R. A. (1992). Jung on Mythology. Princeton University Press.

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domingo, 14 de marzo de 2021

PSICOTERAPIA DE ORIENTACIÓN JUNGUIANA. EL PROCESO DE INDIVIDUACIÓN


PSICOTERAPIA JUNGUIANA. LA CURA DEL ALMA. PARTE 5.

José González. Psicólogo y terapeuta de orientación junguiana.




Mani y el maniqueismo

Continuamos en este artículo escrito para psicología junguiana con el simbolismo presente en la figura de Mani. 

Como vimos en nuestro anterior artículo, el nombre de Mani, Manes, significa vaso. Este símbolo alude al recipiente en el que tiene lugar la obra alquímica de transformación del plomo en oro. Pero como dijimos Mani se cambió de nombre. Su nombre original era Gabricus, que se asemeja mucho al nombre con el que los alquimistas se referían al azufre (kibrit). 

Además, Mani fue un niño huérfano, adoptado por una mujer aristócrata, por lo que estos detalles biográficos están relacionados con los símbolos del huérfano, del solitario y del hijo de la viuda, a los que ya nos hemos referido en un artículo anterior

Recordemos que Mani obtuvo de su padre adoptivo cuatro libros procedentes del sabio Escitiano, maestro de su padre adoptivo, pero que le llegaron como legado de su madre adoptiva. Desde un punto de vista psicológico esto se puede interpretar como el descubrimiento que el yo consciente hace de un conocimiento proveniente del anciano sabio, una personificación del sí mismo, como resultado de la relación del yo con lo inconsciente colectivo (la Madre). En definitiva, la sabiduría que proviene del principio espiritual simbolizado por el anciano sabio.

De hecho, Jung relaciona a Mani con el azufre negro, al que se refiere como "la oscuridad activada en la materia, la sombra del Sol, que representa la virginal y materna materia prima". Lo que probablemente aluda al conocimiento que se obtiene cuando la consciencia mantiene relaciones con lo inconsciente que, como vimos, es un acto simbolizado por la alquimia mediante la coniunctio, la hierogamia o el incesto.

E. Edinger, en sus conferencias sobre el libro de Jung Mysterium Coniunctionis, se refiere de un modo acertado a ese conocimiento que se obtiene mediante la relación de la consciencia con la oscuridad ctónica o subterránea de lo inconsciente y lo contrapone al conocimiento obtenido mediante la adopción de un sistema filosófico o una religión ya formulada y altamente diferenciada. 

Nosotros nos hemos referido anteriormente a la vía seca cuando hablamos de ese camino que honra al tabú del incesto y sigue al padre. Una forma moderna de este camino sería aquél conocimiento que se obtiene del saber científico proveniente de las figuras que representan la autoridad científica en un determinado ámbito (el padre), y que confieren a la consciencia colectiva racional (logoterapia, psicoanálisis clásico, terapia cognitivo conductual, etc.) la máxima importancia. 

Como dijimos anteriormente, ya desde los primeros siglos del cristianismo, Cristo ha adoptado para el cristiano dogmático la imagen luminosa de ese conocimiento espiritual que desciende de las alturas, mientras que Mani, como azufre negro, es un contrapunto a ese Cristo exclusivamente luminoso, bueno y "espiritual", es decir, una especie de hermano oscuro de Cristo.

Los psicólogos de orientación junguiana estamos especialmente familiarizados con ese conocimiento que proviene de la profundidad de lo inconsciente a través de las experiencias visionarias (sueños y visiones) y de los productos creativos de la imaginación activa: la vía húmeda.

Para aquellas personas que siguen una vía seca, Jung y, en general, lo junguiano, es concebido como "errado", "equivocado", "no científico", "místico", "meramente psicológico", "maniqueo", "gnóstico", etc., y las críticas se suceden y repiten, muchas veces por un desconocimiento profundo de la obra junguiana, pero sobre todo porque quienes lo critican, bien no pertenecen al ramo, bien desconocen los hechos psíquicos a los que Jung, y la psicología junguiana, se refiere. Hay que indicar aquí que un mero conocimiento intelectual no basta para la comprensión del proceso y sólo aquellos que están recorriendo el camino pueden darse cuenta del tremendo esfuerzo que hizo Jung para hacerlo perceptible e inteligible a otros peregrinos.

No obstante, como se desprende de lo que venimos diciendo, la vía húmeda junguiana es un camino inadecuado para los "hijos del padre". Para estos últimos, repetimos, es la vía seca la adecuada y sería un terrible desatino, no exento de consecuencias desafortunadas, adentrarse en la oscuridad de las entrañas de la madre (lo inconsciente). 

Lo mismo puede decirse de los prístinos hijos de la Madre, para quienes, en la medida en que quede un resquicio del padre, la consciencia no podrá acceder a los dominios de la profundidad. Esto puede expresarse en sueños mediante una batalla entre la consciencia colectiva, simbolizada por ejemplo en un grupo de hormigas guerreras o legionarias, y la consciencia individual y sus contenidos, simbolizados por el yo y sus compañeros, teniendo acceso a los dominios del espíritu de la profundidad, después de que el yo haya derrotado a los representantes de la consciencia colectiva (las hormigas).

Por ese motivo, los psicólogos de orientación junguiana sabemos que es imprescindible conocer y respetar las necesidades anímicas del paciente y sólo en determinados casos es adecuada una intervención que conduzca a la consciencia a las oscuras profundidades de lo inconsciente.

Hace casi veinte años, en un artículo que escribí para la Jung's Page norteamericana, titulado El Reino de Acuario: la Unión de los Opuestos, me referí a la importancia que han tenido los hallazgos descubiertos en un lugar de Egipto, cerca del monasterio de San Pacomio, en Nag Hammadi, a unos cien kilómetros de Luxor. Me referí entonces, y lo retomé de nuevo en mi libro La hermandad de los iniciados, a que el descubrimiento de los manuscritos del cristianismo gnóstico primitivo parecía apuntar a que nuestra época está más próxima a poder asimilar la sombra colectiva del cristianismo oficial, al hermano oscuro del Cristo luminoso y exclusivamente bondadoso de la postura dogmática. 

En todo caso, debo hacer una aclaración antes de proseguir. A Jung le han tildado de maniqueo, así como también de gnóstico. Estas designaciones tienen en el occidente cristiano un significado peyorativo, porque se refieren sobre todo a la defensa de una posición dualista de la realidad y de Dios. Al criticar Jung la posición dogmática cristiana de Cristo como sumo bien y, con ello, la idea de la privatio boni, señalando que en el ámbito de la psicología los productos de lo inconsciente que simbolizan la imagen de Dios, es decir, el sí mismo, son paradójicos; como, por cierto, también lo son las imágenes tradicionales de Cristo. Al así hacerlo, los defensores del padre le han dicho que sigue los pasos del maniqueísmo o del gnosticismo. 

Pero Jung, y los terapeutas de orientación junguiana, está en las antípodas del maniqueísmo. En Mani el bien y el mal tienen ambos una existencia sustancial, el mismo grado de realidad, sí, y en eso coincidimos; ahora bien, para el maniqueísmo se trata de opuestos irreconciliables. Mani y, en general, el gnosticismo cristiano considera el mundo, la materia, como la expresión del mal, al hombre como caído en este mundo dominado por el maligno, y, por tanto, de acuerdo con esa concepción, habría que hacer todo lo posible para dirigirse hacia el bien, que está en el Pleroma

Sin embargo, Jung habla de la unión de los opuestos: mediante el autoconocimiento de la paradójica esencia del sí mismo, y gracias a la integración de los contenidos de lo inconsciente y la retirada paulatina de las proyecciones. Para ello se hace indispensable la meditación, es decir, la introspección, la comprensión de los sueños y los productos de la imaginación, lo que conduce a la toma de consciencia del sustrato arquetípico que convoca todo cuanto la consciencia vive, y que esta considera, erróneamente, como proveniente del mundo. En definitiva la individuación.

Por último, antes de finalizar este artículo, creo necesario hacer una observación respecto de las experiencias visionarias que forman parte de la terapia de orientación junguiana. El trabajo con las imágenes consiste básicamente en que el paciente preste atención y se involucre activamente en la captación de las imágenes de los sueños, de los estados emocionales o las visiones que le sobrevienen en estado de vigilia. Escribir sobre ellos, anotarlos en un diario fechado, dibujarlos o esculpirlos ayuda a seguir la pista a sus transformaciones. Buscamos con ello una integración en la consciencia de los contenidos que surgen objetivamente desde lo inconsciente.

Se diferencia, por lo tanto, de aquellos métodos, de tipo hipnótico o meditativo, dirigidos por un terapeuta o un guía, en los que este introduce una imagen o un tema elegido subjetiva y conscientemente, y que se han vuelto muy populares en occidente: por ejemplo, el mindfullnes, la hipnosis, la meditación cristiana inspirada en los ejercicios de San Ignacio y otros ejercicios espirituales de inspiración hindú. Todos ellos tienen el valor de que intensifican la concentración y ayudan a consolidar la consciencia, permitiendo que esta se fortalezca, evitando así la irrupción de lo inconsciente. Pero en lo que se refiere al acceso a la profundidad y la síntesis de consciente e inconsciente no tienen ningún valor.


 Bibliografía


González, J. (2004). El retorno al Paraíso Perdido. La renovación de una cultura. Soria. Editorial Sotabur. 

González, J. (2020). Cómo integrar tu sombra. Madrid. Ed. El hacedor de lluvia.

González, J. ( 2020). INICIACIÓN. El estertor del patriarcado. Madrid. Ed. El hacedor de lluvia.

González, J. (2020). La hermandad de los iniciados. Madrid. Ed. El hacedor de lluvia.

Jung, C. G. (2011). Aion. Contribuciones al simbolismo del sí mismo. Madrid. Ed. Trotta Vol.9/2.

Jung, C. G. (2002) Mysterium Coniunctionis. Madrid. Ed. Trotta. Vol. 14.



lunes, 8 de marzo de 2021

PSICOTERAPIA DE ORIENTACIÓN JUNGUIANA. EL PROCESO DE INDIVIDUACIÓN.


PSICOTERAPIA JUNGUIANA. LA CURA DEL ALMA. PARTE 4.

José González. Psicólogo y terapeuta de orientación junguiana.


Proseguimos en este artículo hablando sobre las experiencias convocadas por la profundidad para el blog psicología junguiana. 

En nuestro anterior artículo hablamos de las experiencias convocadas por el sí mismo (imagen de Dios en el alma) durante el proceso de individuación, y nos referimos al simbolismo alquímico de la piedra filosofal como sinónimo del "hijo de la viuda". Decíamos que este sinónimo procedía del maniqueísmo, dado que a los seguidores de Mani se los conocía como "hijos de la viuda".

En los próximos artículos quiero profundizar en el significado simbólico de Mani y el maniqueísmo en un proceso de individuación, y en la importancia que tiene comprender el rechazo que provocó en los padres de la Iglesia.

Mani y el maniqueísmo

Los datos biográficos sobre Mani de que disponemos son fragmentarios pero desvelan hechos muy interesantes para la comprensión de ciertas experiencias convocadas durante un proceso de individuación. 

Según parece Mani fue un niño huérfano y, por lo tanto, es el ejemplo del "hijo de la viuda" por excelencia. Su nombre original debió de ser Cubricus que cambió posteriormente por el de Manes, palabra esta última babilónica que significa en castellano vaso. Fue vendido con cuatro años como esclavo a una rica viuda, quien le tomó cariño y le adoptó haciéndole heredero de su fortuna. No obstante, con la fortuna de su madre adoptiva Mani heredó, a ojos de la tradición cristiana, el verdadero veneno de su doctrina gnóstica. Se trata de los cuatro libros de Escitiano, también conocido como "Buddha", maestro de su padre adoptivo Terebinto. Dicho nombre podría ser una alusión al budismo, dado que se cree que Escitiano pudo haber hecho un viaje a la India y quizá haber sido un Brahman. De hecho, la transmigración de las almas que la doctrina de Manes contiene podría proceder del budismo.

La biografía de Escitiano es legendaria: se dice que había estado en Jerusalén en tiempos de los apóstoles. Profesaba una doctrina dualista que, de acuerdo con Epifanio, se ocupaba de los pares de opuestos "blanco y negro, amarillo y verde, húmedo y seco, cielo y tierra, noche y día, alma y cuerpo, bueno y malo, justo e injusto". 

Para el cristianismo, Mani extraía de aquellos libros su perniciosa herejía, envenenando a los pueblos. Esto es especialmente importante porque el maniqueísmo representa, junto con el resto de sectas gnósticas, la sombra colectiva del cristianismo.

Como sabemos, Agustín de Hipona, uno de los padres de la iglesia, responsable, entre otros, de la construcción de la consciencia colectiva occidental (cristiana) abrazó el maniqueísmo durante su juventud. Tras una serie de vivencias, que Agustín expone en sus Confesiones, se convirtió al cristianismo volviéndose especialmente vehemente y vituperante contra Mani y su doctrina. 

Esta reacción es un ejemplo histórico temprano de lo que tiende a ocurrirles a los conversos que abandonan una religión o una ideología para abrazar otra. Esto es especialmente así cuando la consciencia no se ha liberado de la heimarmene, de la compulsión de los astros, es decir, de la identificación con uno de los opuestos. Estos giros enantiodrómicos pueden producirse, por ejemplo, cuando una persona que durante la juventud abrazó una ideología racionalista y materialista, como lo es el comunismo o el marxismo o neomarxismo, en la adultez se convierte al cristianismo, al judaísmo o al Islam. O bien, a la inversa, cuando un cristiano decide abrazar una ideología comunista, abandonando el monasterio

Agustín defendió la doctrina cristiana de la privatio boni. Para él, Cristo es el sumo bien, excluyendo a su antagonista, el poder maligno. El mal, para Agustín y para la tradición cristiana, carece de sustancia, es sencillamente una ausencia de bien o de perfección. Por consiguiente todo bien procede de Cristo, y según esa concepción, todo mal solo puede proceder del hombre. 

Sin embargo, Mani concede al mal el mismo grado de realidad que el bien, y una existencia sustancial. En eso coincide con el resto de sectas gnósticas. De hecho, la secta cátara o albigense, aniquilada por la ortodoxia cristiana del modo más atroz, tenía raíces maniqueas. Con toda probabilidad, Mani tuvo experiencia directa con la realidad del mal, con el Diablo, de ahí el dualismo de su doctrina. Esto le valió la animadversión de los padres de la iglesia, y Agustín lo consideró la encarnación del Diablo. 

Este hecho histórico es un ejemplo temprano de lo que sucede cuando a un/a hijo/a del padre le señalas al Diablo y sus maquinaciones: identificará al Diablo con el mensajero y testigo. Creerá que la persona que ha experimentado, visto e identificado el mal es él mismo el mal del que le trata de alertar. De ahí que lo más prudente para una persona con un conocimiento así sea ver, oír, identificar y callar. La consciencia colectiva, y sus portadores, no comprenderán sobre qué se les está hablando y se producirá una proyección, pues es lo que ocurre siempre que la consciencia se topa con un contenido que le es completamente desconocido.

Un ejemplo de esto lo hallamos en el ámbito de la investigación de los trastornos de la personalidad, y en especial de la psicopatía. La consciencia colectiva (la sociedad) apenas tiene idea de la realidad a la que nos referimos los profesionales cuando hablamos de psicopatía. Incluso nos resulta muy difícil trasladar a un colega psicólogo o a un psiquiatra que no haya tenido un mínimo de experiencia con el mal personificado en un psicópata, los rasgos que lo caracterizan. Los malentendidos y las proyecciones están siempre presentes, como en una especie de juego de espejos, en el seno del cual el profesional mismo a veces corre el riesgo de ser confundido con el mal que intenta ayudar a identificar. 

Continuaremos en próximos artículos hablando del mito de Mani y su relación con algunas experiencias convocadas por la profundidad. 

Para leer la séptima parte de este artículo pincha aquí.


 Bibliografía


González, J. (2004). El retorno al Paraíso Perdido. La renovación de una cultura. Editorial Sotabur. 

González, J. (2020). Cómo integrar tu sombra. Ed. El hacedor de lluvia.

González, J. ( 2020). INICIACIÓN. El estertor del patriarcado. Ed. El hacedor de lluvia.

González, J. (2020). La hermandad de los iniciados. Ed. El hacedor de lluvia.

Jung, C. G. (2002) Mysterium Coniunctionis. Ed. Trotta. Vol. 14.

lunes, 1 de marzo de 2021

PSICOTERAPIA DE ORIENTACIÓN JUNGUIANA. PROCESO DE INDIVIDUACIÓN.

 

PSICOTERAPIA JUNGUIANA. LA CURA DEL ALMA. PARTE 3.

José González. Psicólogo y terapeuta de orientación junguiana.



Proseguimos nuestro extenso artículo sobre el proceso psicoterapéutico de orientación junguiana escrito para Psicología junguiana. En esta ocasión vamos a hablar del proceso de individuación, y continuaremos describiendo algunas de las experiencias numinosas convocadas por el arquetipo del sí mismo durante dicho proceso.


El proceso de individuación



Todas las experiencias vitales que vive nuestra consciencia a lo largo de la existencia están convocadas por la profundidad. Dichas experiencias son percibidas por nuestra consciencia como provenientes de la realidad objetiva. Por ese motivo resulta inevitable la proyección, dado que es el modo en que la consciencia puede conocer su trasfondo arquetípico. Ahora bien, nuestra consciencia no puede retirar las proyecciones, es decir, no puede liberarse de la heimarmene o de la ilusión creada por maya (anima/animus), si antes no experimenta hasta sus últimas consecuencias el trasfondo arquetípico. Esto se asemeja mucho a la descripción que hace Platón en el mito de la caverna. Dicho trasfondo es proyectado en la realidad exterior, en el mundo circundante, a través de las diversas personas, circunstancias, acontecimientos o sucesos que nos ocurren. Esto es en esencia la individuación: un hacerse consciente del trasfondo arquetípico de la existencia.

Ahora bien, este proceso puede ser comprendido como un camino convocado por el sí mismo, que recorren solo unos pocos individuos -aquellos llamados por el sí mismo-. Dichos individuos, a medida que van avanzando en la retirada de las proyecciones/ilusiones creadas por esos arquetipos denominados anima en el varón y animus en la mujer, van haciéndose conscientes de la procedencia transpersonal de sus experiencias vitales y, last but not least, de su más íntimo destino.

El huérfano y la viuda.

Una de las experiencias vitales que la consciencia ha de vivir durante el proceso de individuación viene simbolizada en la alquimia por la imagen del lapis como huérfano. Huérfano es uno de los sinónimos con los que se conoce a la piedra de los filósofos, es decir, al sí mismo proyectado en la materia. Jung cinceló en una de las caras de su piedra, en la Torre que construyó en Bollingen, una inscripción alquímica de Arnaldo de Vilanova que dice así:

“Soy huérfano, estoy solo; sin embargo, se me encuentra en todas partes. Soy una unidad pero contrapuesto a mí mismo. Soy joven y anciano a la vez. No he conocido padre ni madre, porque se me tuvo que extraer de las profundidades como a un pez. O porque caí del cielo como una piedra blanca. Voy vagando por bosques y montañas, pero estoy oculto en lo más íntimo del hombre. Soy mortal como todos, sin embargo, no me afecta el curso de los tiempos.”

La experiencia de la orfandad, que es percibida ya en la niñez por muchos de mis pacientes intuitivos, se refiere a que la vivencia del sí mismo ocurre cuando se pierden todos los asideros, el soporte de las figuras paternas desaparece y la consciencia se siente huérfana, desterrada o abandonada, precisamente porque desaparece toda fuente de seguridad exterior. Solo así puede experimentarse la fuente que proporciona seguridad a la existencia. Por lo tanto, dicha experiencia, mediante la cual la conciencia siente que ha sido despojada de todo cuanto le proporciona seguridad exterior, es imprescindible para descubrir el sólido soporte de la piedra. Resulta cuanto menos significativo que, en plena época de pandemia, se haya constelado precisamente el arquetipo que sustenta esta experiencia (o sea, el sí mismo) lo que permite comprender el motivo por el cual una canción sudafricana, cantada en una lengua desconocida por occidente como es la zulú, se haya convertido en un auténtico éxito viral. Me estoy refiriendo a la canción Jerusalema, cantada por la cantante Nomcebo y el artista Master KG.

Otra experiencia, muy relacionada con esta, viene expresada en el término alquímico del “hijo de la viuda” referida a la piedra filosofal. Parece que el término tiene su origen en el maniqueísmo puesto que a los maniqueos se los llamaba “hijos de la viuda”. También se les conoce así a los masones y a Malkut, en la Cábala, se la conoce como “viuda”. Estas designaciones aluden a que la piedra no tiene padre. El término viuda proviene del latín videre que significa en castellano “separarse”. Por lo tanto, es imprescindible separarse de aquello a lo que permanecemos unidos en identidad inconsciente, aquello que nos hace estar ligados y, por ende, que nos mantiene en un estado de dependencia y de falta de libertad, si es que queremos ser conscientes del trasfondo arquetípico, de la realidad detrás de la proyección.

Además de esta experiencia de retirada de proyecciones/desilusión, la viuda se refiere a la madre, esto es, al origen de la vida; en lo que atañe a la consciencia su origen es lo inconsciente. Que el hijo no tenga padre representa, desde un punto de vista simbólico, que la consciencia ha de estar completamente desprendida de las ideas que conforman el saber colectivo (el padre). La consciencia no puede acceder a la profundidad si están presentes en el hijo (la consciencia), en alguna medida, las ideas colectivas. Pues la consciencia se mantendría unida a las ideas superiores, al padre, lo que le impediría toda conexión incestuosa con lo inconsciente. 

Los psicólogos de orientación junguiana, así como las personas que realizan un proceso de individuación, tratamos con las regiones oscuras, ctónicas o subterráneas de lo inconsciente. Esto contrasta con las ideas que provienen de una consciencia luminosa, ligada al padre, que se adquiere cuando se abraza una religión o un sistema filosófico altamente diferenciado. Esta sabiduría proviene de lo alto, de ideas abstractas y “elevadas”, a diferencia de la consciencia del “hijo de la viuda” que es incestuosa porque tiene oscuras relaciones con la madre (lo inconsciente). De ahí que, para una consciencia colectiva resulte cuanto menos sospechosa, cuando no directamente escandalosa.

Con esta última afirmación me estoy refiriendo a dos modos de relación con la realidad numinosa que, por ser opuestos, muchas veces provocan en quienes los experimentan profundos malentendidos, cuando no directamente enemistades insalvables. Esto forma parte en todo caso del juego de opuestos y de cómo cada parte tiende a identificarse con un opuesto,  rechazando a su contrario. Pero lo cierto es que, para una mentalidad que honra al Padre, y por lo tanto, a todas aquellas ideas metafísicas, filosóficas o religiosas que proceden de una religión establecida, de un sistema filosófico/científico o, incluso, de una ideología laica ese es el modo adecuado para ellos de experimentar el trasfondo arquetípico/numinoso. Estás personas pueden ser llamadas "hijos del padre" y su camino es una vía seca.

Por el contrario, para quienes el padre ha muerto y son, por tanto, "hijos de la viuda", el camino hacia la obtención del lapis proviene de la relación directa con la profundidad de lo inconsciente, con la madre, y para ellos el trasfondo arquetípico es experimentado mediante las imágenes arquetípicas que, por cierto, están en el origen de las diversas religiones, sistemas filosóficos e ideologías laicas. Estas personas pueden ser llamadas "prístinos hijos de la madre". Y su camino es una vía húmeda.

  Iglesia Espiritual

Otra experiencia que tiene una base arquetípica es aquella que viene representada por la Iglesia Espiritual. A diferencia de las Iglesias colectivas y exteriores, esta idea de la Iglesia Espiritual alude a la unión fraternal de todas aquellas personas que han tenido la profunda experiencia del sí mismo. Sobre esta experiencia dice un texto alquímico lo siguiente: “Espíritu es Dios y quienes Le adoran han de hacerlo en el espíritu y en la verdad”.  La vivencia individual de la profundidad hace que todas aquellas personas que se han visto convocadas desde el sí mismo (el espíritu de Mercurio) a experimentar un proceso de individuación se encuentren unidas a través de un vínculo espiritual, que trasciende todas las barreras materiales. No es una congregación de corderos alrededor de un pastor, sino una unión de seres humanos que se han separado del rebaño para convertirse en individuos.  

Para ir a la quinta parte de este artículo pincha aquí

Bibliografía:

González, J. (2020). INICIACIÓN. El estertor del patriarcado. Ed. El hacedor de lluvia. 

González, J. (2020). La hermandad de los iniciados. Ed. El hacedor de lluvia. 

Jung, C. G. (2002) Mysterium Coniunctionis. Ed. Trotta. Vol. 14.

martes, 23 de febrero de 2021

PSICOTERAPIA DE ORIENTACIÓN JUNGUIANA. CURA DEL ALMA.


PSICOTERAPIA JUNGUIANA. LA CURA DEL ALMA. PARTE 2.

José González. Psicólogo y terapeuta de orientación junguiana.



En la segunda parte de este extenso artículo escrito para Psicología junguiana  decíamos que el encuentro del yo con lo inconsciente resulta penoso para la consciencia. Los pacientes experimentan que su mundo, todo por cuanto han luchado y por lo que se han sacrificado, comienza a tambalearse; incluso empiezan a sentir que ya no tiene sentido, o que no les motiva continuar sosteniendo lo que hasta ese momento les hacía sentirse vivos.

La Herida

La alquimia representa la experiencia del yo en sus primeros contactos con lo inconsciente mediante el símbolo de la herida. En efecto, el yo se siente herido en el encuentro con lo inconsciente, siendo el primero de ellos el más terrible. Esto ocurre siempre que la psicoterapia conduce a una cierta profundidad y, allende los contenidos de la sombra, comienzan a aparecer en los sueños motivos de carácter arquetípico. Es importante comprender que se trata de una experiencia inevitable, y no un fenómeno anómalo que deba tratarse con psicofármacos, por ejemplo.

Esa experiencia de la consciencia ha sido simbolizada mediante diversas representaciones: Ra herido en el pie por la serpiente que Isis le pone en su camino; el lobo engullendo al Rey; el mordisco del perro enloquecido; cupido hiriendo con sus flechas los corazones de sus víctimas, etc. Todos estos motivos aluden al símbolo de la mortificación, de los padecimientos del alma, también presentes en la Noche Oscura de Juan de la Cruz.

La coniuntio o el arquetipo del incesto

Además de esta experiencia de la herida, hay otras experiencias que la consciencia experimenta en sus primeros encuentros con lo inconsciente. Una de ellas es el sentimiento de culpa. La relación de la consciencia con lo inconsciente es simbolizada en la alquimia mediante el símbolo de la coniunctio o del hierosgamos, es decir, de la conjunción de los opuestos. Este símbolo central se relaciona con el arquetipo del incesto, tan caro al psicoanálisis. Freud comprendió y explicó el incesto desde un punto de vista concreto y personal. Y se refirió al tabú del incesto también desde un punto de vista personalista, siendo el padre el responsable de instaurar la prohibición del incesto. Sin embargo, además de este punto de vista, el incesto puede comprenderse como un símbolo arquetípico, y por tanto alude a la experiencia de un retorno a la fuente o al origen (la Madre) de la consciencia, es decir, lo inconsciente. El título de mi primer libro, El retorno al Paraíso Perdido. La renovación de una cultura, se refiere a esa experiencia.

En sueños suele representarse mediante un retorno a la infancia, y pueden surgir símbolos como el árbol (la Madre), el jardín en el centro de una estructura circular o la fuente. A través del tabú del incesto se prohíbe la unión del yo con lo inconsciente, dado que en el proceso evolutivo la consciencia tiene que hacer un tremendo esfuerzo por separarse de la Madre-Origen-Infancia-Inconsciente para conseguir una posición de madurez y responsabilidad, separada del grupo familiar. Un ejemplo de este proceso, y de la prohibición del incesto, lo podemos ver en la saga El Padrino. Y el final del patriarcado, como etapa psíquico-espiritual dominada por el arquetipo del padre y, por lo tanto, con el fortalecimiento de la consciencia desde un punto de vista colectivo-nacional, lo vemos en España durante el franquismo, y, en especial, en su transición a la democracia con el golpe de estado del 23F de 1981.

Solo se produce una pérdida de esta situación tan duramente ganada cuando un hecho vital provoca una introversión profunda. Un ejemplo de tabú del incesto lo hallamos en el Decálogo del Antiguo Testamento, concretamente en el Segundo Mandamiento en donde se prohíben expresamente las imágenes. Estas aparecen precisamente en el encuentro con lo inconsciente y abren las puertas a la profundidad. Que esto ocurra, que exista una prohibición expresa al retorno al origen, significa que el acceso de la consciencia a la profundidad no es adecuado, ni apropiado, sino solo para unos pocos “transgresores de la ley”. De ahí el sentimiento de culpa que surge como consecuencia de la ruptura del tabú. En la mayoría de los casos las explicaciones personalistas, reductivas y concretas, que honran el tabú del incesto, son las adecuadas.

Un yo inmaduro podría sufrir todo tipo de desgracias si tuviera acceso a lo inconsciente, como por ejemplo un brote psicótico, una esquizofrenia u otro trastorno mental grave. Recuerdo un sueño de un paciente de veinte seis años en el que se expresaba este peligro: en la escena aparecía el soñador queriendo mantener relaciones sexuales con una mujer desconocida (lo inconsciente, la Madre), por la que se sentía muy atraído, pero que no llegó a consumarlas porque se dio cuenta de que su falo era demasiado pequeño (yo inmaduro). A otro paciente le ocurrió que, a la edad de veinte años, quiso experimentar con marihuana y sufrió un brote psicótico.

Para ir a la cuarta parte de este artículo pincha aquí


Bibliografía

González, J. (2004). El retorno al Paraíso Perdido. La renovación de una cultura. Editorial Sotabur. 

González, J. (2020). Cómo integrar tu sombra. Ed. El hacedor de lluvia.

González, J. ( 2020). INICIACIÓN. El estertor del patriarcado. Ed. El hacedor de lluvia.

González, J. (2020). La hermandad de los iniciados. Ed. El hacedor de lluvia.

Jung, C. G. (2002) Mysterium Coniunctionis. Ed. Trotta. Vol. 14.


sábado, 13 de febrero de 2021

PSICOTERAPIA JUNGUIANA. LA CURA DEL ALMA

PSICOTERAPIA JUNGUIANA. LA CURA DEL ALMA. PARTE 1.

José González. Psicólogo y terapeuta de orientación junguiana.




Proseguimos en este artículo, escrito para Psicología junguiana, hablando de algunos de los básicos de la psicoterapia de orientación junguiana. Decíamos en nuestro anterior artículo que cualquier intervención terapéutica de cierta profundidad conduce al paciente a la confrontación con la parte oscura de su personalidad, es decir, con aquella parte de la personalidad desconocida y desagradable para la consciencia racional del paciente. Esta es una etapa del proceso terapéutico de especial importancia y el conflicto que experimenta el paciente es tan inevitable, como penoso. El paciente muchas veces me formula la pregunta de qué hacer, y tiende a proyectar sobre mí la propia responsabilidad, pensando ingenuamente que con mis conocimientos psicológicos puedo realizar un acto apotropaico que haga desaparecer el conflicto y el sufrimiento que el proceso comporta. Pero lo cierto es que no puedo hacer nada. Por supuesto mi actitud no es enteramente pasiva, puesto que me esfuerzo en hacer comprensibles los contenidos que lo inconsciente produce a la turbada consciencia del paciente; por ejemplo, mediante la interpretación de sueños e imágenes fantásticas (experiencias visionarias). El paciente, por su parte, tiene que hacer lo que esté en su mano para aterrizar lo que penosamente va comprendiendo, al principio solo intelectualmente, así como para evitar que el impulso negativo que emerge desde lo inconsciente se apodere de su consciencia.

Alquimista meditando en el estado de nigredo.
De H. Jamsthaler, Viatorium spagyricum,
Fráncfort,1625, p. 27.


Esta primera etapa del proceso terapéutico, el denominado encuentro con la sombra, se corresponde con la etapa del opus alquímico denominada nigredo. De ella dicen los alquimistas que experimentan graves dificultades y tristezas, comparables a las expresadas por Juan de la Cruz en su noche oscura del alma, y que se corresponden con las graves aflicciones del alma que se experimentan durante este período crítico. De ahí que un alquimista como Michael Maier diga sobre esta etapa que “en la química hay cierto cuerpo noble (lapis) al comienzo del cual reinan la miseria y la amargura, pero en cuyo fin reinan la delectación y la alegría; supuse, pues, que esto también habría de ocurrirme a mí, es decir, que al principio encontraría dificultades, tristeza y disgustos, pero que al fin me sería dado ver las cosas más alegres y más ligeras”, conduciéndole a “meditar en los bienes celestiales”  arrojando de él “todos esos cuidados sin importancia, como comer y vestirse, y es como si hubiera vuelto a nacer”.

En el siguiente fragmento un maestro alquimista llamado Morieno introduce en el arte a un discípulo (Calid) del siguiente modo:

“A decir verdad, esta cosa que buscaste durante tanto tiempo no puede obtenerse por violencia o pasión. Se obtiene únicamente en virtud de paciencia, humildad y un amor decidido y perfecto. Pues Dios concede esta ciencia divina y pura a los que creen en Él y lo sirven, es decir, a aquellos a los que Él decidió concedérsela desde la naturaleza original de las cosas… Y ellos -los elegidos por Dios- no eran capaces de retener nada si no era por la fuerza que Dios les concedía, ni tampoco dirigir la mente por sí mismos, si no era hacia la meta que Dios les había impuesto. A decir verdad, Dios encarga a aquellas personas que Él mismo escogió deliberadamente que investiguen esta ciencia divina, oculta a los hombres, y que conserven en sí lo investigado. Esta es, en efecto, la ciencia que aleja a su señor -o sea, al que la ejerce- de la miseria del mundo y lo conduce al conocimiento de los bienes futuros.

                Cuando el rey preguntó a Morieno por qué prefería vivir en montes y desiertos antes que en monasterios, este le respondió: No dudo de que en los conventos y comunidades he de encontrar mayor paz, y en los desiertos y en las montañas, fatigoso trabajo; pero nadie cosecha lo que no siembra… El acceso a la paz es extremadamente estrecho y nadie puede entrar en ella si no es por el sufrimiento del alma.”

Los alquimistas coinciden en general en que la realización de su obra solo es posible con la ayuda de Dios (Deo concedente), que es Él mismo (Dios) quien los introduce en semejante proceso, para el que han de padecer terribles tormentos, sufrimientos del alma. Desde un punto de vista psicológico se produce primero una desorientación de la consciencia, una oscuridad por falta de comprensión; posteriormente, tiene lugar una reorientación que, en parte, consiste en la visión y la escucha de la ley interna, de la naturaleza interior o de la propia profundidad. Tal cambio de actitud es simbolizado mediante una muerte y un renacimiento.

Así pues, durante la etapa de nigredo, de confrontación con la parte oscura de la personalidad que denominamos sombra (inconsciente personal), tanto el paciente, como yo mismo, debemos esperar paciente y penosamente, con cierta confianza en Dios (en lo inconsciente o en el proceso interno) hasta que del conflicto que el paciente soporta con valentía surja una solución desde la profundidad, que yo no puedo prever, y que está destinada únicamente a la persona sometida al tratamiento. Con el encuentro con el mal (entiendo por mal todo aquello que dificulte, impida, desvíe, se oponga o destruya la realización de la personalidad total), el paciente ha de aceptar al pecador que hay en él; experimentará que el amor nos mejora, mientras que el odio y la culpa nos empeora, aunque seamos la misma persona.

Para ir a la tercera parte pincha aquí

Bibliografía:

Jung, C. G. (2005). Psicología y Alquimia. O.C. Vol 12. Ed.  Trotta.

jueves, 22 de mayo de 2014

ENCUENTRO ENTRE MIRCEA ELIADE Y CARL GUSTAV JUNG




Publicamos en esta entrada un extracto del libro  El Vuelo Mágico, de Mircea Eliade, disponible en la edición en castellano publicada por la editorial Siruela. Se trata de una entrevista que Mircea Eliade realiza a Jung, con motivo de las conferencias realizadas en el círculo Eranos, y en la que también participó M. Eliade.



Este verano en Ascona se ha hablado mucho de Job y Yahvé; el último libro de Jung se llama, en efecto, Respuesta a Job. Como todos los años desde 1932, el profesor Jung ha pasado la segunda quincena de agosto en Ascona, a orillas del Lago Mayor, para asistir a las conferencias organizadas por el círculo Eranos. Algún día tendrá que escribirse la historia de este círculo tan difícil de definir. Fue Rudolf Otto quien le dio nombre: en griego, eranos significa «comida frugal donde cada uno aporta su parte». Eranos es la creación del entusiasmo, de la voluntad y de la perseverancia de la Sra. Olga Fröbe-Kapteyn, holandesa educada en Inglaterra pero establecida en Ascona desde hace treinta años. Interesada por el simbolismo, apasionada por las investigaciones de jung, la Sra. Olga Fröbe-Kapteyn se ha propuesto invitar todos los años a un cierto número de sabios para discutir un tema común desde la perspectiva de la especialidad de cada uno de ellos. Así, se han tratado temas tan diferentes como El Hombre y la Máscara, la Gran Diosa, la Meditación en Oriente y Occidente, el Tiempo, el Yoga, los Ritos, etc. La intención de Eranos consiste en considerar el simbolismo desde todos los ángulos posibles: psicología, historia de las religiones, teología, matemática e incluso biología. Sin dirigirlo directamente, Jung es el spiritus rector de este círculo al que ha comunicado sus primeras investigaciones sobre la alquimia, el proceso de individuación y, recientemente (1951), sus hipótesis concernientes a la sincronicidad. Un editor con coraje y clarividencia, el Dr. Brody, se ha encargado de publicar los textos de estas conferencias. Hoy en día los veinte volúmenes de Eranos-Jahrbücher constituyen con sus ocho mil páginas una de las mejores colecciones científicas referidas al estudio de los simbolismos.

   A sus setenta y siete años el profesor jung no ha perdido nada de su extraordinaria vitalidad, de su sorprendente juventud. Ha publicado uno tras otro tres libros nuevos: sobre el simbolismo del Aión, sobre la sincronicidad y, finalmente, esta Respuesta a Job que ha provocado ya reacciones sensacionales, sobre todo entre los teólogos.


   -Siempre había pensado en este libro -me confiesa el profesor Jung, una tarde en la terraza de la Casa Eranos-; pero he tardado cuarenta años en escribirlo. Cuando leí por vez primera, aún niño, el Libro de Job, quedé terriblemente conmocionado. Descubrí que Yahvé era injusto, que incluso es un malhechor. Pues se deja persuadir por el diablo. Acepta torturar a Job por la sugestión de Satán. En la omnipotencia de Yahvé, ninguna consideración hacia el sufrimiento humano. Por lo demás, aún subsisten en ciertos escritos judíos rastros de la injusticia de Yahvé: en un texto tardío, Yahvé pide la bendición del gran sacerdote, como si el hombre fuera superior a Él...

   -Pudiera suceder que todo esto fuera una cuestión de lenguaje. Pudiera ser que lo que usted llama «injusticia» y «crueldad» de Yahvé no fueran más que fórmulas> aproximativas, imperfectas, para expresar la total trascendencia de Dios. Yahvé es «aquel que es», por tanto está por encima del Bien y del Mal. Es imposible captarlo, comprenderlo, formularlo; por consiguiente, es a la vez «el misericordioso» y «el injusto». Eso es un modo de decir que ninguna definición puede circunscribir a Dios, ningún atributo lo agota...

   -Yo hablo como psicólogo -continúa el profesor Jung- y, sobre todo, hablo del antropomorfismo de Yahvé¿ y no de su realidad teológica. Como psicólogo compruebo que Yahvé es contradictorio y también creo que se puede interpretar psicológicamente esta contradicción. Para poner a prueba la fidelidad de Job, Yahvé concede a Satán una libertad casi sin límites. Ese hecho no carece de consecuencias para la humanidad: se esperan acontecimientos futuros muy importantes a causa del papel que Yahvé pensó tener que ceder a Satán. Ante la crueldad de Yahvé, Job calla. Ese silencio es la más hermosa y noble respuesta que el hombre haya podido dar a un Dios todopoderoso. El silencio de Job anuncia ya a Cristo. En efecto, Dios se hace hombre, Cristo, para redimir su injusticia con respecto a Job...

    El teólogo protestante Hans Schär, al que ya se debe un bello volumen sobre la psicología religiosa de Jung, se pregunta si dentro de cien años Respuesta a Job no será considerado un libro profético. Cuando Jung había publicado sus primeros estudios sobre el inconsciente colectivo y, por consiguiente, se había despegado del freudismo, parece ser que Freud decía de su antiguo colaborador: «Al principio era un gran sabio, ¡pero ahora se ha convertido en profeta!». ¡En la broma del Maestro algunos ven el mayor de los elogios: en efecto, consideran al profesor Jung como un profeta de los tiempos modernos. Pues si Freud tuvo el gran mérito de descubrir el inconsciente personal, Jung descubrió el inconsciente colectivo y sus estructuras, los arquetipos. Y con ello aportó una luz nueva a la interpretación de los mitos, las visiones y los sueños. Más aún: muy pronto Jung se liberó de los prejuicios cientifistas y positivistas del psicoanálisis freudiano: no redujo la vida espiritual y la cultura a epifenómenos de complejos sexuales de la infancia. Finalmente Jung tiene en cuenta la Historia: mira la psique como naturalista y como historiador; según él, la vida de las profundidades psíquicas es la Historia. Dicen los junguianos que sus descubrimientos cambiarán completamente el universo mental del hombre moderno. Freud no se equivocó: Jung no podía quedarse en ser un simple «sabio», tenía que ampliar cada vez más el horizonte de sus descubrimientos y trazar un camino para que el hombre moderno saliera de su crisis espiritual. Pues para Jung, como para muchos otros, el mundo moderno está en crisis, y esta crisis está provocada por un conflicto aún no resuelto en las profundidades de la psique.

    -El gran problema de la psicología -continúa Jung-, es la reintegración de los contrarios: eso se encuentra por todas partes y en todos los niveles. Ya en mi libro Psicología y alquimia (1944) tuve ocasión de ocuparme de la integración de Satán. Pues mientras Satán no sea integrado, el mundo no se curará y el hombre no se salvará. Pero Satán representa el Mal y ¿cómo integrar el Mal? Sólo existe una posibilidad: asimilarlo, es decir, elevarlo a la conciencia, hacerlo consciente. Eso es lo que la alquimia llama «conjunción de dos principios». Porque realmente la alquimia retorna y prolonga el cristianismo. Según los alquimistas, el cristianismo ha salvado al hombre, pero no a la naturaleza. El alquimista sueña con curar el mundo en su totalidad: la piedra filosofal es concebida como el Filius Macrocosmi que cura el mundo. El fin último de la «obra» alquímica es la apokatastasis, la Salvación cósmica.

    Jung ha comprendido muy bien que la alquimia, desde sus orígenes hasta su fin, no fue sólo una pre-química, una «ciencia experimental» embrionaria, sino una técnica espiritual. El objetivo de los alquimistas no era estudiar la Materia, sino liberar al Alma de la materia. Jung llegó a esta conclusión leyendo los textos de los alquimistas clásicos. Se sorprendió ante la semejanza entre los procesos alquímicos por los cuales se pensaba obtener la piedra filosofal y las imágenes en los sueños de algunos de sus pacientes que, sin darse cuenta, estaban trabajando en la integración de su personalidad. En estudios acerca de la alquimia asiática publicados entre 1935 y 1938, mostramos que las operaciones de los alquimistas chinos e indios perseguían igualmente la liberación del alma y la «perfección de la materia», es decir, la colaboración del hombre en la obra de la naturaleza. Esta convergencia de resultados adquiridos en ámbitos diferentes y por métodos diferentes nos parece una confirmación manifiesta de la hipótesis de Jung.

   -He estudiado alquimia durante quince años, pero no se lo dije nunca a nadie. No quería sugestionar ni a mis pacientes ni a mis colaboradores. Pero después de quince años de investigaciones y de observaciones, las conclusiones se impusieron con una fuerza ineluctable: las operaciones alquímicas eran reales, sólo que esa realidad no era física sino psicológica. La alquimia representa la proyección de un drama en términos de laboratorio que es a un tiempo cósmico y espiritual. El opus magnum tenía como finalidad tanto la liberación del alma humana como la curación del Cosmos. Lo que los alquimistas llamaban «materia» era en realidad el «sí mismo». El «alma del mundo», anima mundi, identificada por los alquimistas con el spiritus mercurius, estaba aprisionada en la materia. Por eso los alquimistas creían en la verdad de la materia: pues la materia era en efecto su propia vida psíquica. Se trataba de liberar esa materia, de «salvarla»; en una palabra, obtener la piedra filosofal, es decir, el «cuerpo glorioso», el corpus glorificationis. Pero ese trabajo es difícil y está sembrado de obstáculos: la «obra» alquímica es peligrosa. Ya en el inicio se encuentra al «Dragón», el espíritu ctónico, el «Diablo», o como lo llaman los alquimistas, el «Negro», la nigredo. Y ese encuentro produce sufrimiento. La «materia» sufre hasta la desaparición de la «negrura»; en términos psicológicos el alma se encuentra en las ansias de la melancolía luchando con la «Sombra». El misterio de la conjunción, misterio central de la alquimia, persigue justamente la síntesis de los opuestos, la asimilación del «Negro», la integración del Diablo. Para el cristiano «despierto» eso constituye un acontecimiento psíquico muy grave, pues es la confrontación con su «Sombra»: ésta representa la «negrura» (nigredo), lo que permanece separado, es decir, lo que jamás podrá ser totalmente integrado en la persona humana. Al interpretar la confrontación del cristiano con su «Sombra» en términos psicológicos, se descubre el miedo secreto de que el Diablo sea más fuerte, de que Cristo no haya logrado vencerle completamente. De otro modo, ¿por qué se ha creído, y se continúa creyendo, en el Anticristo? ¿Por qué se ha esperado, y se espera aún, la llegada del Anticristo? Pues sólo después del reino del Anticristo y después de la segunda venida de Cristo, el Mal será vencido definitivamente en el mundo y en el alma humana. Todos estos símbolos y creencias son solidarias en el plano psicológico: siempre hay que luchar contra el Mal, con Satán, y vencerle, esto es, asimilarlo, integrarlo en la conciencia. En el lenguaje alquímico la materia sufre hasta la desaparición de la nigredo, cuando la «aurora» es anunciada por la cauda pavonis y aparece un día nuevo, la leukosis, albedo. Pero en ese estado de «blancura» no se vive en el sentido propio del término. De algún modo, es una especie de estado ideal, abstracto; para vivificarle se necesita «sangre» y hay que obtener lo que los textos alquímicos llaman la rubedo, lo rojo de la Vida. Sólo la experiencia total del ser puede transformar ese estado «ideal» de la albedo en una existencia humana integral. Sólo la sangre puede reanimar una consciencia gloriosa en la que se ha disuelto el último rastro de la «negrura» en la que el Diablo ya no tiene una existencia autónoma sino que se incorpora a la unidad profunda de la psique. Entonces la «obra», el opus magnum de los alquimistas, ha sido realizada: el alma humana está perfectamente integrada...

    No voy a analizar aquí esta grandiosa reconstrucción de la alquimia emprendida por Jung. Baste con recordar que la integración del «Mal» constituye para él el gran problema de la consciencia moderna. Algunos le han reprochado su esfuerzo orientado a la Unidad Total, a costa de sacrificar las polaridades, la abolición de contradicciones, la integración de Satán. Pero Jung no pretende hacer ni teología ni filosofía de la religión. 

   -Yo soy un psicólogo. No me ocupo de lo que trasciende el contenido psicológico de la experiencia humana. Ni siquiera me planteo el problema de saber si es posible semejante trascendencia, pues en todos los casos lo transpsicológico ya no es asunto del psicólogo. Ahora bien, en el plano psicológico, me enfrento con experiencias religiosas que poseen una estructura y un simbolismo susceptibles de ser interpretados. Yo considero que la experiencia religiosa es real, es verdadera. Compruebo que semejantes experiencias pueden «salvar» el alma, pueden acelerar su integración e instaurar el equilibrio espiritual. Como psicólogo compruebo que el estado de gracia existe: es la perfecta serenidad del alma, el equilibrio creador, fuente de energía espiritual. Sin dejar de hablar como psicólogo, corroboro que la presencia de Dios se manifiesta en la estructura profunda de la psique como una coincidentia oppositorum. Y toda la historia de las religiones, todas las teologías están ahí para confirmar que la coincidentia oppositorum es una de las fórmulas más utilizadas y más arcaicas para expresar la realidad de Dios. Como decía Rudolf Otto, la experiencia religiosa es numinosa, y yo como psicólogo distingo esa experiencia de las otras por el hecho de que trasciende las categorías ordinarias de tiempo, espacio y causalidad. últimamente he estudiado mucho la sincronicidad (brevemente expresado: la «ruptura del tiempo») y he comprobado que está muy cerca de la experiencia numinosa: espacio, tiempo y causalidad están abolidos. No pretendo establecer ningún juicio de valor acerca de la experiencia religiosa. Compruebo que el conflicto interior es siempre fuente de crisis psicológicas profundas y peligrosas; tan peligrosas que pueden destruir la integridad humana. Psicológicamente, ese conflicto interior se manifiesta por medio de las mismas imágenes y por el mismo simbolismo atestiguados en todas las religiones del mundo y utilizados también por los alquimistas. De ese modo he llegado a ocuparme de la religión, de Yahvé, Satanás, Cristo, la Virgen. Comprendo muy bien que un creyente vea en esas imágenes algo diferente de lo que yo, como psicólogo, tengo el derecho de ver. La fe del creyente es una gran fuerza espiritual y es la garantía de su integridad psíquica. Pero yo soy médico: me ocupo de la curación de mis semejantes. Por desgracia, la fe y sólo ella ya no tiene el poder de curar a ciertos seres. El mundo moderno está desacralizado; por eso está en crisis. El hombre tiene que volver a descubrir una fuente más profunda de su propia vida espiritual. Pero para ello tiene la obligación de luchar contra el Mal, de enfrentarse con su «Sombra», de integrar al «Diablo». No hay otra salida. Por eso Yahvé, Job, Satanás, representan psicológicamente situaciones ejemplares: son como los paradigmas del eterno drama humano...

   En toda su obra, que es inmensa, Jung parece obsesionado con la reintegración de los opuestos. A su modo de ver, el hombre no puede alcanzar la unidad más que en la medida en que logra superar los conflictos que lo desgarran interiormente. La reintegración de los contrarios, la coincidencia oppositorum, es la piedra angular del sistema de Jung. Por eso mismo está interesado en las doctrinas y técnicas orientales. El taoísmo y el yoga le han revelado los medios utilizados por el asiático para transcender las múltiples polaridades y alcanzar la unidad espiritual. Pero este esfuerzo orientado a la unidad por la integración de los opuestos se encuentra también en Hegel aunque sea en un plano bien distinto. Uno se podría preguntar si no se debería llevar aún más lejos la comparación entre Hegel Jung. Hegel descubre la Historia y su gran esfuerzo tiene como fin la reconciliación del hombre con su propio destino histórico. Jung descubre el inconsciente colectivo, es decir, todo lo que precede a la historia personal del ser humano, y se dedica a descifrar las estructuras y la «dialéctica» con intención de facilitar la reconciliación del hombre con la parte inconsciente de su vida psíquica y conducirle a la reintegración de su personalidad. A diferencia de Freud, Jung tiene en cuenta la Historia: los arquetipos, estructuras del inconsciente colectivo, están cargados de «historia». Ya no se trata, como en Freud, de una espontaneidad «natural» del inconsciente de cada individuo, sino de una inmensa cantera de «recuerdos históricos»: la memoria colectiva donde en su esencia sobrevive la Historia de toda la humanidad. Jung cree que el hombre debería aprovechar más esa cantera: su método analítico está dirigido justamente a elaborar los medios para utilizarla.

   -El inconsciente colectivo es más peligroso que la dinamita, pero existen medios para manejarlo sin demasiados riesgos. Cuando se desencadena una crisis psíquica, se está mejor situado que cualquier otro para resolverla. Se tienen sueños y «sueños de vigilia»: hay que esforzarse por observarlos. Se podría decir que cada sueño lleva a su manera un mensaje: no sólo te dice que algo no funciona en tu ser profundo, sino que además te proporciona también la solución para salir de la crisis. Pues el inconsciente colectivo, que te envía estos sueños, posee ya la solución. En efecto, nada se ha perdido de toda la experiencia inmemorial de la humanidad. Todas las situaciones imaginables y todas las soluciones posibles parecen estar previstas por el inconsciente colectivo. No tienes más que observar con sumo cuidado el «mensaje» transmitido por el inconsciente y «descifrarlo». El análisis ayuda a leer correctamente esos mensajes...

   Jung concede una importancia capital a la interpretación de los sueños, esa mitología camuflada en el hombre moderno. No deja de ser interesante recordar que el surrealismo, que representa el esfuerzo más sistemático de renovación de la experiencia poética contemporánea, había aceptado la realidad onírica. 0 mejor aún: el surrealismo ha perseguido, entre otras cosas, la integración del estado de sueño para conseguir la «situación total», más allá de la dualidad consciencia-inconsciencia. Por mucho que los freudianos le hayan acusado de ser más «teórico» que práctico, Jung no ha querido abandonar la perspectiva del psicólogo para proponernos una filosofía basada en la dialéctica de la coincidencia oppositorum. Pero es permisible esperar que sus discípulos retomen y prolonguen un día sus esfuerzos por precisar las relaciones entre la experiencia consciente del individuo y la «Historia» conservada en el inconsciente colectivo. Los sueños representan para Jung un lenguaje coherente y, tanto más rico aún por cuanto está libre de las leyes del tiempo y de la causalidad. Fue a consecuencia de sus sueños, que vanamente había tratado de interpretar en términos del psicoanálisis freudiano, cuando Jung llegó a suponer la existencia del inconsciente colectivo. Eso tuvo lugar en 1909. Dos años más tarde, Jung empezaba a darse cuenta de la importancia de su descubrimiento. Finalmente, en 1914, siempre a consecuencia de una serie de sueños y de «sueños de vigilia», comprende que las manifestaciones del inconsciente colectivo son en parte independientes de las leyes del tiempo y de la causalidad. Como el profesor Jung ha tenido a bien autorizarnos a hablar de esos sueños y de esos «sueños de vigilia», que han desempeñado un papel capital en su carrera científica, ofrezco seguidamente un resumen:
   En octubre de 1913, encontrándose en el tren que le llevaba de Zúrich a Schaffhausen, le sucedió este extraño hecho: una vez en el túnel, pierde la conciencia de tiempo y de lugar, y despierta al cabo de una hora oyendo anunciar al conductor la llegada a Schaffhausen. Durante todo ese tiempo fue víctima de una alucinación, de un «sueño de vigilia»: veía el mapa de Europa y veía cómo el mar la iba cubriendo país por país empezando por Francia y Alemania. Poco tiempo después, todo el continente se encontraba bajo el agua, a excepción de Suiza, que era como una montaña muy alta que las olas no podían sumergir. Jung se veía sentado sobre la montaña. Y, al mirar mejor alrededor de él, se dio cuenta de que el mar era sangre: comenzó a distinguir sobre las olas los cadáveres, los tejados de las casas, vigas medio quemadas...

   Tres meses más tarde, en diciembre de 1913, se repite el mismo «sueño de vigilia» a la entrada del mismo túnel. («Era como una inmersión en el inconsciente colectivo», comprendería más tarde.) El joven psiquiatra se preocupa. Se pregunta si no estará «haciendo una esquizofrenia» (según el lenguaje de la época). Finalmente, algunos meses más tarde, sueña lo siguiente: se encuentra con un amigo durante el verano en los mares del sur, cerca de Sumatra. Por los periódicos se enteran de que Europa ha sido invadida por una ola de frío terrible como jamás antes se había conocido. Jung decide partir a Batavia y embarcarse para regresar a Europa. Su amigo le dice que viajará en un velero de Sumatra hasta Hadramaout y que luego continuará su camino por Arabia y Turquía. Jung llega a Suiza. Sólo ve nieve. Una viña inmensa se eleva en algún lugar con muchos racimos. Se acerca y se pone a coger racimos distribuyéndolos entre desconocidos que le rodean pero que no puede ver...

   -A su tercera repetición, el sueño llegó a inquietarme en el más alto grado. Justamente preparaba una comunicación sobre la esquizofrenia para el congreso de Aberdeen y me decía: «¡Hablaré de mí mismo! Probablemente me volveré loco después de la lectura de la comunicación ... ». El congreso tenía lugar en julio de 1914: exactamente en el período en que en mis tres sueños me veía en los mares del sur. El 31 de julio, inmediatamente después de mi conferencia, me enteré por los diarios de que la guerra acababa de estallar. ¡Por fin comprendía! Y cuando al día siguiente el barco me dejó en Holanda, no había nadie más feliz que yo. Ahora estoy seguro de que no me amenazaba ninguna esquizofrenia. Había comprendido que mis sueños y visiones procedían del subsuelo del inconsciente colectivo. Sólo tenía que trabajar para profundizar y dar validez a este descubrimiento. Y es a lo que me dedico desde hace casi cuarenta años...

Poco tiempo después Jung tuvo la alegría de recibir una segunda confirmación a su sueño. Los diarios no tardaron en hablar de las aventuras del capitán de barco alemán Von Mücke, que en un velero había recorrido los mares del sur desde Sumatra hasta Hadramaout y después se había refugiado en Arabia para alcanzar desde allí Turquía...

Extracto de El Vuelo Mágico, por Mircea Eliade. Disponible completo en la edición en castellano publicada por la editorial Siruela.
1ª Edición: "Rencontre avec Jung", en Combat, 9 de octubre de 1952