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viernes, 30 de septiembre de 2011

VIOLENCIA DE GÉNERO: UN TESTIMONIO DE TRANSFORMACIÓN A TRAVÉS DE LA CRISIS


En un ensayo anterior, sobre la violencia en las relaciones de pareja, que titulé ¿Violencia de Género o Conflicto Intrapsíquico?, desarrollé la idea de la existencia de conflictos intrapsíquicos no resueltos en toda relación de pareja conflictiva y/o violenta. De igual modo, insistía en la importancia de no convertir a ninguno de los miembros de una pareja en "chivo expiatorio" o "cabeza de turco", puesto que, con ello, no sólo se descubre la inconsciencia y la ignominia de quien así procede, sino que, y esto es lo más importante, se aumenta la tensión social y se dificulta la necesaria transformación individual. 


Me llamó la atención la respuesta que recibí por parte de algunas personas, vinculadas al sector de la seguridad pública, advirtiéndome que mi ensayo no ayudaba a las mujeres maltratadas. También se me reprochó que son los hombres los “violentos”, los “maltratadores”, y a quienes “hay que recordarles” que están saltándose las normas. Si bien, no les falta razón a quienes afirman que, por norma general, en un porcentaje muy alto, son los hombres los que ejercen violencia física y verbal sobre las mujeres (aunque, no siempre, y, en más de una ocasión el agresor se convierte en agredido), vuelvo a insistir en que el conflicto no se resuelve “culpando” a los “malhechores”, a los “agresores”, a los “violentos”. Pues estos son víctimas, igualmente, de su propio proceder. Salvo en los casos de sociopatía o psicopatía, como en los trastornos antisociales o psicóticos, por ejemplo,  no parece que, los así llamados “maltratadores”, decidan y quieran conscientemente agredir a sus parejas. La experiencia enseña más bien que son “poseídos” o “dominados” por ciertos factores inconscientes. Además, los “agresores” son, en realidad, personas que encarnan en sus propias vidas conflictos irresueltos e irreconocidos (reprimidos o sojuzgados) por la sociedad a la que pertenecen. De igual modo, las mujeres maltratadas no elijen conscientemente un tipo de perfil psicológico de pareja, ni una relación afectiva destructiva, más bien se "enredan" en ella.

Desde luego, en un artículo o en un ensayo divulgativo no me es posible realizar un tratamiento exhaustivo de los fenómenos que emergen en la casuística de la violencia en la pareja.  Por mi parte, me limito a enfocar mi interés y a llamar la atención de los lectores  a un punto ciego muy importante: La necesidad de mantenernos entre los opuestos psíquicos, entre la luz de la consciencia y la sombra que ésta genera, sin identificarnos con el uno ni con el otro. Y, por ello, cité el excelente libro de la psicoterapeuta junguiana Barbara Hanna,  titulado "Encuentros con el Alma", donde su autora aborda el problema del arquetipo del "animus", utilizando el método de meditación conocido como  Imaginación Activa. Entiendo, no obstante, que no en todos los casos se está capacitado, o está indicado, este tipo de inmersión en lo Inconsciente y que, aún estándolo, se requiere un trabajo previo. Pero es interesante, y muy esclarecedor, de cara a ver cómo surge este conflicto desde lo Inconsciente y el modo en que, desde ese paradigma, se enfrenta. Desde luego, en la práctica clínica, resulta muy difícil no abordar los conflictos en las relaciones de pareja sin tomar en consideración los elementos inconscientes, que están involucrados cuando una mujer “elije” a un hombre que la “maltrata”.

Así pues, lo que trato de señalar (y fíjense que en ningún momento uso el término culpabilizar) es que todos y cada uno de nosotros portamos en nuestro interior ese "conflicto". Y que, por lo tanto, haríamos bien en ser conscientes de los factores inconscientes que operan ahí. En el momento en que proyectamos ese conflicto en uno de los dos polos, en el agresor o en el agredido, entonces dejamos de mantener el conflicto en nuestro propio interior, dejamos de trabajar dentro de nosotros, y descargamos eso fuera. Al así hacerlo, aumentamos, inconscientemente, con nuestras propias oscuridades (inconsciencia) el conflicto en el mundo y hacemos un flaco servicio a la humanidad. Si queremos trabajar en sanar una sociedad enferma, debemos ser conscientes de que esa misma enfermedad está también en nosotros y, por lo tanto, que debemos responsabilizarnos de nosotros mismos, sin culpabilizar a nadie. Esto que es válido en el caso de las relaciones de pareja, también es válido para los conflictos bélicos y, en general, en todo cuanto sucede en nuestra vida.

Sin una actitud de este tipo, que haya tomado consciencia de las propias oscuridades, y sin la experiencia de un descensus ad inferos, lejos de poder ayudar a solventar los conflictos intrapsíquicos (y sus correlatos externos) en los/as pacientes “enredados” un una relación violenta, se incrementará, de una manera inconsciente, el problema que se trata de resolver (o de ayudar a resolver).

En mi novela Encuentros en la oscuridad narro la historia de un personaje que ha sido condenado, injustamente, a cumplir cuatro años de cárcel, habiéndose convertido en un “chivo expiatorio” de su sociedad. En la  historia trato de reflejar el ambiente en que nace, las relaciones entre sus padres y familiares, el clima cultural imperante durante su desarrollo, así como los conflictos que emergen durante su adolescencia, y cómo esa trayectoria vital lo lleva a cometer un acto calificado por la sociedad como de “violencia de género”. El protagonista de la novela es condenado a cumplir cuatro años de cárcel, pero, gracias a la ayuda de una mujer, logra resolver sus conflictos intrapsíquicos y, finalmente, encuentra el verdadero sentido a su vida.  

Esta novela surgió como un honesto intento de mostrar al público interesado cuales son los motivos (inconscientes) que pueden llevar a un hombre a ejercer violencia contra una mujer. Así como, también, que uno de los factores principales que propician las violentas relaciones de pareja es la pérdida del Alma del ser humano moderno, lo que le convierte en un ser desalmado.

Así mismo, tras publicar el ensayo mencionado más arriba sobre violencia de género,  tuve la suerte de contar con la amabilidad de una mujer que expuso su experiencia personal, y el trabajo de transformación que tuvo que llevar a cabo para superar una relación de pareja conflictiva y violenta. Su caso es el siguiente:


“¡Hola! Con mucho agrado me encuentro con tu blog. Te felicito porque es muy claro y encontré interesantes todos los post que fui leyendo.

Concuerdo con la parte individual del tema violencia de género, y lo digo por haber pasado por la experiencia y haber tenido que enfrentar mis proyecciones y conocer mi sombra. Todo se me derrumbo cuando me moví para salir de esa situación, y hoy puedo decir que era lo que necesitaba vivir para salir del estado de adormecimiento en el que me encontraba.
Pero, por otro lado, se que tuve la posibilidad de:

1- Tomar la distancia suficiente de quien ejercía la violencia, sostenida por una institución que, en muchos casos puede parecer extrema en sus metodologías, pero hoy reconozco que de otra manera no hubiese podido.

2- tener la terapeuta adecuada, que poco a poco y muy amorosamente me fue llevando a desplazarme de mi "punto ciego", como a mi me gusta llamarlo.

3- Haber encontrado un círculo de mujeres que me abrió al mundo de la conexión espiritual.

4- También, el apoyo de mi familia, porque tuve los recursos económicos y afectivos en el momento en que los necesité.

Por todo esto, sé que soy una mujer privilegiada porque no todas las mujeres que pasamos por esta experiencia cuentan con todas estas redes. Tampoco los hombres que ejercen la violencia. Y acá es donde me surge la pregunta de ¿qué pasa cuando la otra parte no puede/quiere hacer ese trabajo?

Lamentablemente, la proyecciones son a veces muy violentas y las mujeres siguen muriendo a cusa de estos actos.

Saludos y gracias.-



A su pregunta, le respondí así:


Querida Mariana:


Muchas gracias por contarnos tu historia personal, que es el testimonio valioso de una transformación, sin lugar a dudas. ¡Mi más sincera enhorabuena!


Estoy de acuerdo contigo en que, en muchos casos, sin una institución que medie, y sin un apoyo social y familiar, sería muy difícil, para muchas mujeres, salir y tomar distancia de una relación destructiva (para ambos, aunque exteriormente parezca que sólo afecta a la mujer. Uno de los graves prejuicios de esta sociedad es pensar que, en una relación de pareja, el daño sólo lo recibe la mujer).


Ahora bien, el trabajo de toma de consciencia, de transformación y, eventualmente, de realización individual es una labor cuya responsabilidad recae sobre el individuo (mujer o varón). Muy poco podemos hacer para cambiar el colectivo; a veces, ni siquiera podemos ayudar a cambiar a la otra persona. En eso, casi no disponemos de libertad para cambiar nada. Ahora bien, la libertad individual es enorme, como tú misma has podido comprobar.

Así que, si la persona con la que uno convive no quiere hacer el trabajo de cambiar, poco o nada puede uno/a hacer para modificar eso. (En realidad, si entrásemos en mayores profundidades, seguramente el cambio de uno/a mismo/a también incide, a nivel inconsciente, en la otra persona, aunque él/ella no sea consciente de ello.)
 
Pero, como decía más arriba, lo que sí se puede hacer es asumir la libertad y la responsabilidad individual en la relación y, en general, en la propia vida. Eso sí está en manos de cada uno.

Si esa libertad y responsabilidad (no hay una, sin la otra) individual la asumieran y la ejercieran las mujeres y los hombres, entonces el conflicto interpersonal probablemente se solventaría de un modo exitoso, dándose cuenta, tanto una, como otro, de que en el fondo de cada conflicto (de cada crisis) se encierra una oportunidad de transformarse y de crecer como seres humanos adultos.
 

Un saludo muy cordial


Agradezco sinceramente a su autora que se haya atrevido a contarnos su experiencia personal.


jueves, 15 de septiembre de 2011

¿VIOLENCIA DE GÉNERO O CONFLICTO INTRAPSíQUICO?

El periódico digital de Murcia, laverdad.es, publicaba hace unos días la noticia de que “Las denuncias por violencia de género aumentan un 3,5 % con respecto al 2010”.  El diarioVasco, por su parte, publicó la noticia de que el departamento del interior del País Vasco “ultima un plan para que escoltas de políticos proteja a mujeres amenzadas” en esa comunidad.  Unos días después, el día 14 de septiembre del 2011, el periódico laopinióncoruña.es, publica la noticia de la “nueva campaña de Sanidad para prevenir la violencia de género”, donde la Ministra de Sanidad, Política Social e Igualdad, Leire Pajín anunciaba la necesidad de anticiparse a “los violentos”.

Estos pocos ejemplos, extraídos de las decenas de noticias que se publican a diario sobre el concreto tema de la “violencia machista” o “violencia de género”, nos muestran que este es uno de los problemas más serios de nuestra sociedad. Un problema que manifiesta un conflicto que se encuentra, también, en el Alma de todo ciudadano español (aunque me refiera en estos momentos a España, dicho conflicto afecta a todo el mundo occidentalizado).

Y es que el problema del amor, en las relaciones de pareja, se ha agravado en nuestra cultura “civilizada”, en parte porque no se acepta el primitivismo y el salvajismo que hay en todo hombre y mujer, y que no sabemos como afrontar. Tanto los hombres, cuanto las mujeres, parece que han de tomar consciencia, asumir, enfrentar y, en última instancia, integrar ese fragmento de salvajismo interior, si se quiere conquistar tanto el Eros, el principio que rige las relaciones interpersonales, así como el principio femenino que sostiene a la mujer, y que guía al hombre en sus relaciones, cuanto al Espíritu, y al animus o principio masculino diferenciador.

Con esto último quiero decir que, tanto la mujer, cuanto el hombre, han de tomar consciencia de sus instintos más primarios, en lugar de proyectarlos en la figura del otro. Algo a lo que tiende esta sociedad hipócrita, que demoniza más a unos que a otros, incrementando con ello la tensión en las relaciones interpersonales.  En este sentido, afirmaba en otro lugar que:

“La situación en la que se encuentra el alma del español, al igual que su hermano europeo, es tan miserable y enjuta que le impide comprender la importancia de las enseñanzas religiosas y contra qué luchaba el primitivo cristiano. Cuando el cristianismo se ve amenazado por la relegación y la desidia, por no mencionar el rechazo y la repulsa, entonces se corre el peligro de que emerjan de lo inconsciente los contenidos contra los que luchaban los cristianos primitivos. Pues los atentados terroristas, el fanatismo, la violencia de género, las actitudes antisociales y vandálicas de algunos jóvenes, las guerras y las posiciones xenófobas y racistas son algunas manifestaciones del estrato arcaico y bestial sobre el que se edificó la religión cristiana. Por tal motivo, se hace indispensable la reeducación del europeo moderno. Pues la imitación de Cristo que se realiza de un modo superficial, así como las procesiones de Semana Santa y otros actos rituales, no mueven un ápice el pagano estado de miles de españoles cristianos. Los mensajes de la religión cristiana ya nada le dicen al hombre moderno. Y, mientras la función religiosa no se convierta en experiencia personal el estado anímico permanecerá intacto. El Gran Misterio cristiano no es sólo un ministerio exterior al hombre, sino que acontece, ante todo, en el interior del ser humano. Si no se ha tenido esta experiencia se podrá ser un docto en teología, pero no se tendrá ni idea de lo que se está hablando.

Resulta de interés, cuando se realiza una incursión en las profundidades del Alma, cómo, el individuo que inicia su camino de evolución de la Conciencia (consciente e inconsciente), llega a tener que enfrentarse al drama interpersonal que hoy afecta a nuestra sociedad. Como muestra de ello, voy a publicar a continuación el resultado de un ejercicio de Imaginación Activa, llevado a cabo por una mujer moderna llamada Anna Marjula, como ejemplo de una confrontación con el “agresor interior” (animus) que ella albergaba.


Anna Marjula fue diagnosticada de "neurosis compulsiva", lo que en la clasificación actual de trastornos mentales se correspondería con el "Trastorno Obsesivo-Compulsivo" o TOC, tal como lo define el DSM IV TR. Tras haber sido tratada, sin éxito, por un psicoterapeuta freudiano, pasó a ser paciente de Toni Wolff.  Posteriormente, fue analizada por Barbara Hannah y, durante algún tiempo, también por Emma Jung. El caso fue seguido y supervisado por Carl Gustav Jung, que quedó profundamente impresionado. Y no es de extrañar, pues Anna Marjula tuvo que enfrentar, en sus propias carnes, un conflicto que hoy está muy extendido en nuestra sociedad. El mismo Jung recomendó, teniendo en cuenta el terrible complejo paterno negativo de Anna (es decir, su mala relación con lo masculino, dentro y fuera de ella), que su analista fuese una mujer. 

Dejo aquí un fragmento de la conversación que Anna mantuvo con el animus (extraído del capítulo siete, titulado Anna Marjula. La influencia curativa de la Imaginación Activa en un caso específico de neurosis, incluido en el  libro Encuentros con el Alma, de la psicoterapeuta y analista junguiana, Barbara Hannah, publicado por la editorial Fata Morgana). Lo considero de obligada lectura para todos los psicólogos, psiquiatras y/o psicoterapeutas que se dediquen a las relaciones de pareja y a las constelaciones familiares y, en general, lo recomiendo a todo el público interesado en conocer el método de la Imaginación Activa, así como los entresijos inconscientes implicados en toda relación de pareja y, en especial, en las relaciones de pareja conflictivas.  

Paciente: Si mi enfermedad son las opiniones del animus, entonces tienes que explicarme cuál es la idea detrás de esto.
Animus:   Tú quieres sufrir, ¿o no? ¿No te conviene para jugar el papel de la heroína masoquista? Te estoy dando la oportunidad de hacerlo.
Paciente: Tal vez en algún momento fui así, pero he cambiado mi política. ¿Cuál es la tuya?
Animus: La mía es ser un esposo para ti. Cuando estás enferma te prostituyes conmigo.
Paciente: Por favor, selecciona tus palabras con más cuidado.
Animus: Te procuro la enfermedad para que puedas experimentar la pasividad, la impotencia, la opresión. Disfrazado de enfermedad soy tu esposo. ¿Lo puse suficientemente bonito para tus oídos remilgosos? (…) Ahora ésta es la razón por la cual aparezco como enfermedad. Durante tu enfermedad eres exactamente como la mujer durante la cópula, pero sin sensaciones eróticas. ¿Te das cuenta?
Paciente: De lo que me doy cuenta es de que ¡eres un demonio! ¡Qué vergüenza! … Sin embargo, señor Demonio, no acepto de ninguna manera sus proposiciones de enfermedad, ni de cópula. Lo que quiero lograr es la aceptación del destino. Mi meta consiste en logar sentirme femenina ante Dios a través de esto. ¿Te queda claro? Mi femineidad se refugia en Dios. Y de esta manera ¡quiero exorcizarte fuera de mi cuerpo, espíritu maligno!

Este pequeño fragmento, parte de un largo proceso de transformación, nos muestra varias cosas muy interesantes, que deseo reseñar aquí:

  1. El enemigo está en el interior de la mujer. Cuando ella no es consciente del aspecto negativo de su animus (el  hombre interior, un “espíritu maligno”) este acaba tomando cuerpo en la vida manifiesta,  por lo que vivirá a ese “espíritu maligno” en su relación con los hombres.
  2. Que los conflictos interpersonales que genera este “espíritu maligno” (el animus es un arquetipo presente en lo Inconsciente de toda mujer, si bien no en todos los casos se manifiesta del mismo modo), han de enfrentarse en el interior de la mujer. De lo contrario, el conflicto se expresará y se vivirá fuera (en la relación de pareja, por ejemplo).
  3. Que el Animus, como hombre interior en la mujer, es configurado en buena medida por la relación con el padre. Así, un padre racionalista, que valora el éxito material, académico o laboral, sin intereses espirituales honestos, emponzoñará o corromperá la naturaleza de su hija. Esto tiende a manifestarse en la consagración de algunas mujeres a sobresalir profesional o académicamente, reprimiendo su femineidad, normalmente resentida y con una falta de autoestima.
  4. Que el conflicto puede presentarse en forma de una enfermedad. Tanto los trastornos psicosomáticos como, también, los somatomorfos, pueden ser el modo en que ese conflicto tome cuerpo. Por no mencionar el cáncer, la plaga apocalíptica de nuestro tiempo.
  5. Que la mujer con un conflicto así, habrá de iniciar un largo camino de toma de consciencia,  para recuperar y revalorizar el principio femenino que la sustenta.


En mi ya clásico libro, Encuentros en la Oscuridad, en la actualidad reeditado, ampliado y mejorado con la inclusión de experiencias de diferentes persona que han atravesado una crisis vital y han encontrado el Sentido de su vida, bajo el título de AL FINAL DEL TÚNEL, narro la historia de un hombre que ha sido condenado por la sociedad a cumplir cuatro años de cárcel, como consecuencia de haber sido declarado, injustamente, culpable por un delito de violencia de género. En este libro, describo, con bastante lujo de detalles, los distintos escollos que el protagonista ha vivido, a lo largo de todo su biografía, y que lo hicieron cometer un acto, que es fuertemente penado por nuestra sociedad. Y lo hago para mostrar varios puntos importantes:

1.       Que los conflictos de pareja, incluso la agresión física, tienen una prehistoria, a veces sumamente dura.
2.       Que ciertos actos, que la sociedad condena con demasiada ligereza, pese a ser juzgados como malos, acaban produciendo una transformación muy positiva.
3.       Que sólo alguien que se atreve a romper con las normas morales defendidas por la sociedad, sin cuestionamiento alguno, para realizar un viaje a su propio mundo interior, puede encontrar la verdadera ley moral en el interior de sí mismo.
4.       Que la muerte y el renacimiento de un individuo ha de pasar, inexorablemente, por  la toma de consciencia de sus aspectos más oscuros.
5.       Que la crisis vivida por el protagonista, tras ingresar en la cárcel, lo hace encontrar el verdadero sentido de su propia existencia.
6.       Que cuanto más se proyecten los propios instintos agresivos, convirtiendo a los infractores o “violentos” en chivos expiatorios, tanto más insidioso se mostrará el conflicto en las relaciones de pareja.


¿No sería preferible asumir la responsabilidad de cada cual, en el estado actual de las relaciones de pareja, en lugar de inculpar a los “otros”, a los “agresores”, de un mal que, lo queramos ver o no, de un modo u otro, nos afecta a todos? Más les valdría a muchos aplicarse el “quien esté libre de pecado, que tire la primera piedra”. 





miércoles, 14 de abril de 2010

ENCUENTROS EN LA OSCURIDAD. CAPÍTULO SEXTO (continuación)

En esta entrada continuamos con la publicación del Sexto Capítulo de mi novela ENCUENTROS EN LA OSCURIDAD. El diálogo que aparece en el texto constituye un ejemplo de la técnica de meditación que C. G. Jung denominó Imaginación Activa. Así, vemos que, por más que les resulte extraño, y hasta inconcebible, a los racionalistas y/o intelectuales modernos, el conocimiento no se limita a lo aprendido gracias al esfuerzo personal del ego. Existe un medio a través del cual se obtiene un Conocimiento (gnosis) que no depende de la voluntad egoica. Pero, para ello, primero hay que estar abierto -y disponer de una intuición afinada-, ya que "es difícil llenar una taza que ya está colmada".

Como dije en mi entrada anterior, los lectores del blog interesados en recibir los últimos ejemplares de esta novela, podrán solicitarla a través del correo electrónico jose_antonio_delgado_gonzalez@hotmail.com, o bien, respondiendo a este mensaje, por un precio especial de 6 euros, a los que hay que añadir los gastos de envío. Dado que el número de ejemplares es muy reducido, se respetará el estricto orden de solicitud hasta fin de existencias. Los interesados en recibir mi libro que no residan en España, pueden consultarme el modo de conseguirlo enviándome un correo.

Podéis escuchar la entrevista (pinchando en el icono de la nota musical) que la emisora de radio PUNTO RADIO me hizo, para el programa "Luces en la oscuridad", quienes así lo deseen.


CAPÍTULO SEXTO. EXTRAÑOS VISITANTES (continuación)


—¡Querido Discípulo! ¡Hijo del Universo! Escucha
con atención todo cuanto te voy a revelar acerca
de la naturaleza del Mal. Hay quienes opinan que Dios
es pura Bondad, que en él reside el Bien Supremo y
que encaminando sus pasos hacia Él conseguirán encarnar
una vida virtuosa, pero en verdad te digo que
esos que así piensan yerran en algo que es de lo más
fundamental, pues la maldad no es un atributo ajeno
a Dios. El Mal es la cara opuesta de Dios, su otro rostro.
En Él residen ambos opuestos, tanto la Bondad
cuanto la Maldad. Ninguno de ellos existiría sin el
Otro. ¿Acaso al día no le sigue la noche? ¿No es la Luz
opuesta a la Oscuridad y, sin embargo, gracias a su
opuesto se da la paradoja de su existencia? Presta mucha
atención a lo que te diga ahora, pues de ello habrás
de extraer gran Sabiduría: se llega a la Luz a través
de la Oscuridad, y al Bien a través del Mal. Ese Mal
que desgarra las entrañas, que compone la tensión de
los opuestos que se separan y luchan entre sí. Esa guerra
entre los elementos contrarios es la madre de todo
Bien. Muerte y destrucción, escisión y distanciamiento
son atributos del Mal de cuyo seno aflorará la semilla
del Bien. Confusión y caos son los prolegómenos
del nacimiento de lo nuevo. Lo nuevo es la
Totalidad, que se reorganiza y ordena sólo a través de
la desorganización y del Caos. Medita largamente sobre
estas enseñanzas, para que extraigas de ellas el máximo
jugo y mantén oculto lo que te he revelado a los
ojos del común de los hombres, pues doctrina tan penetrante
y sagrada enturbiará sus mentes, confundirá
sus escasas capacidades de discernimiento y será fuente
de incomprensión y malentendidos.
—¿Quién eres? ¿Cuál es tu nombre? —Preguntó
Juan a su extraño visitante.
—Soy aquel daimon que quiere el Mal y genera el
Bien. He recibido muchos nombres. Algunos me han
llamado Satán, Diablo, Señor Oscuro, Satanás, etc...
Otros, que han captado mejor mi esencia, me han denominado
Lucifer. Pero incluso esos no acaban de comprender
mi paradójica esencia. Tú puedes llamarme
Abraxas. Soy el puente entre dos mundos, el Dios de
las controversias. Dos rostros poseo y, sin embargo, pocos
son los que me conocen. Unos dicen de mí que soy
rígido, severo, recto, frío, controlador y constringente
y sólo unos pocos me conocen como el dios de la orgía,
la sexualidad, los excesos, el ardor de la pasión y
el furor erótico, pues represento el límite y su ruptura,
el control y el caos; domino y liberto, moldeo y deshago,
estructuro y destruyo; soy el más anciano y el
más joven; los hombres obtienen de mí la diplomacia,
la elegancia y las posesiones materiales que tanto se
afanan en amasar; de mí obtienen sus más íntimos deseos
y todas las consecuencias de lo deseado. A través
de mí conocen los hombres el mundo de arriba y el de
abajo, la luz y la oscuridad, lo anterior y lo posterior,
el Todo y la Nada, el poder y la debilidad, la Materia
y el Espíritu; de mí consiguen el ensalzamiento y la
miseria, la cúspide y las honduras, la dilatación y la contracción,
el cielo y el infierno. ¡Querido Discípulo! Escúchame
con atención: sólo aquél que esté libre de deseos
obtendrá de mí los dones más divinos. Quién no
ansíe nada, lo tendrá todo. Aprende y graba estas palabras
para que sean norma de tu vida. Aquellos que
se afanan por ascender a lo más alto, terminarán cayendo
y su caída los conducirá a un abismo tanto más
hondo, cuanto más alto se hayan elevado. Ésta es mi
ley. Busca siempre la norma de la medianía. En el equilibrio
hallarás la Virtud.