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domingo, 5 de abril de 2015

¿QUÉ SON LOS ARQUETIPOS? ACLARACIONES



Como el post anterior ha dado pie a varios comentarios y, entre ellos, observé algunos malentendidos fundamentales he decidido realizar una nueva entrada tratando de explicar, de un modo sencillo y conciso, algunas ideas que tal vez sirvan para aclararnos. 

Gracias Christian Rodway por el ejemplo que traes a colación. Muy acertado. Así es, cuanta más vivencia de los arquetipos tanto más puede aumentar la comprensión de los mismos. Precisamente, en estos días estaba debatiendo el tema, peliagudo por cierto, de cómo se desvirtúa el mensaje de las personas que han tenido una experiencia directa o una revelación de tipo espiritual por quienes  lo estudian y, también, por aquellos que se dicen seguidores suyos. Esto es algo que ha sucedido en muchas tradiciones, y como ejemplo tenemos la cristiana. El mensaje original es comprendido, en su esencia esotérica, por un pequeño grupo de personas que han vivido una experiencia similar, y el resto tiene acceso a los retazos exotéricos. En fin, un asunto complejo. Como dice Joseph Campbell:


”Es imposible comunicar una experiencia a alguien que no ha tenido la experiencia. Tratar de comunicar la experiencia de esquí de montaña abajo es imposible para alguien que nunca ha estado en esquís. Tratar de comunicar la experiencia de ser en el amor cuando le pasa a la gente que nunca han conocido de esta experiencia es inútil. No se puede hacer. Puedes hablar sólo por analogía. Para un sistema de símbolos mitológico el trabajo debe estar operando en el campo de una comunidad de personas que han tenido esencialmente análogas experiencias; de lo contrario, nada está pasando allí.”

Introduzco esto, un poco de soslayo, porque me da pie a realizar unas breves apreciaciones sobre los comentarios anónimos que han dejado sobre lo que entienden por "arquetipo". En dichos mensajes, el autor se está refiriendo a modelos de comportamiento manifiesto, que se observan en grupos diversos, y que, en efecto, tienen que ver con arquetipos. Ahora bien, hay un malentendido fundamental en lo que expresa, que de hecho convierte al arquetipo en estereotipo, lo que es un ejemplo de degradación de una realidad "metafísica" o "espiritual" en el plano comportamental. Es algo muy propio del intelecto, especialmente cuando se extrae de contexto.

Debemos tener en cuenta, en primer lugar, que el término arquetipo, dentro de la psicología analítica, surge de la experiencia en el ámbito clínico. Por lo tanto, se trata de un concepto psicológico para expresar determinados hechos psíquicos que el psiquiatra (y el psicólogo) encuentra, en principio, en el trabajo psicoterapéutico. Por cierto que, dichos arquetipos, son los constituyentes de una instancia o dominio de experiencia psíquica que recibe el nombre de Inconsciente Colectivo. El término, desde mi punto de vista, no es muy feliz, pero es importante comprender que Jung lo utiliza para recuperar ese ámbito de la experiencia e introducirlo de nuevo en la corriente científica de su época. Sea como fuere, lo cierto es que está aludiendo a un dominio de la experiencia que, como he dicho en el texto, aún sigue estando muy alejado de la consciencia pública. 


El arquetipo, como Jung lo describe en el texto que aparece en el post anterior, es una realidad viva, autónoma (es decir, no dependiente de la voluntad consciente del hombre) y numinosa (ejerce un poderoso efecto mágico o fascinante sobre la consciencia). De hecho, es el núcleo de aquellos motivos (versiones repetidas) que aparecen en los más diversos mitos, cuentos y folclore de los pueblos de todo el mundo. Así, por ejemplo, encontramos el motivo del "sacrificio de los inocentes" no solo en la historia de Jesús, sino, también, en la de Moisés. De igual modo, hallamos otro motivo frecuente en el héroe que es engullido por un monstruo marino (Leviatán, una ballena, etc.) tanto en el relato de Jonás, cuanto en el cuento de Pinocho.

El hecho de que el arquetipo sea autónomo, es decir, que tenga vida propia, es especialmente importante. Resulta un grave malentendido el pretender que el hombre, con su propia voluntad, pueda manejar un arquetipo a su antojo. Esto supondría que la consciencia tiene un peso y un poder superiores a lo inconsciente, cosa que está más que demostrado por la experiencia clínica que no es, ni mucho menos, así. De hecho, la realidad es, en verdad, la contraria. Es la consciencia, especialmente si es muy primitiva, la que puede ser dominada por lo inconsciente (y, por lo tanto, por un arquetipo) y no a la inversa. En el vídeo al que estamos aludiendo, Jung expresa esto con mucha claridad, y pone el ejemplo del enamoramiento y de la persona que acaba diciendo  "por Dios, Dr., ayúdeme a librarme de esta mujer", cuando un hombre es literalmente atrapado en una relación con una mujer que "no le conviene". 


Pongamos otro ejemplo. El arquetipo de la sombra o de la oscuridad y maldad inherentes a la naturaleza humana. Es un error conceptual grave pretender que el arquetipo es algo que el hombre usa para convertir a un ser humano en un criminal. El arquetipo puede "poseer" a un individuo y convertirlo en un criminal, y una vez  atrapado por el influjo del arquetipo, podría aprender el modo de llevar a cabo en la práctica ese comportamiento criminal. De nuevo, es importante tener en cuenta la autonomía del arquetipo y su carácter numinoso.

Dado que la sombra o el reverso tenebroso es consustancial a la naturaleza humana,  todo ser humano puede llegar a exteriorizarlo o manifestarlo si las circunstancias lo propician. Cuanto más inconsciente sea el hombre de esta realidad, tanto más peligroso se torna para sí mismo y para los demás. La inconsciencia le hace pensar al hombre, con una ingenuidad mal disimulada, que la maldad pertenece a "otros ", que son "malvados, trastornados o enfermos mentales ", y que por supuesto nada tienen que ver con uno, dice el ingenuo, puesto que ese uno nunca haría nada de lo que hace el enfermo, el trastornado o el malo. Y ahí se sigue sin reconocer que, la barbarie del mundo, y de un hombre concreto, le está interpelando a todo hombre o mujer. Seguimos manteniendo una situación mental y un nivel de consciencia demasiado primitivo como para reconocer  la capacidad de hacer el mal dentro de uno mismo, y no digamos ya el de mantenerlo en jaque y combatirlo en uno mismo.  Esto, en la práctica, significa que la consciencia del hombre que realiza un comportamiento positivo es importante que reconozca en si mismo la capacidad de hacer lo contrario; el hombre tiene la oportunidad de controlar el mal siempre que lo reconozca en él mismo, le dé expresión interna (por ejemplo, mediante un diálogo interior), luche con esa tendencia contraria al bien y, también, se enfrente directamente a sus tendencias destructivas. Cuanto más autoconsciente sea el hombre de su capacidad para hacer el mal, estará en mejores condiciones para hacer frente y para soportar las tendencias destructivas que anidan en su interior. La realidad social y el estado del mundo actual no hacen sino reflejar esta realidad.


De lo dicho antes se desprende que tampoco se  puede "romper un arquetipo" voluntariamente, ni mucho menos. Sí puede romperse la consciencia, por cierto, o ser inundada por lo inconsciente en lo que clínicamente se denomina brote psicótico. De hecho, el término esquizofrenia hace alusión a la ruptura en fragmentos de la personalidad de un individuo.

Jung dice en el texto antes citado que el problema de nuestra época es el alejamiento de la consciencia (de la mente racional, si queremos) del sustrato instintivo/espiritual. Y, para curar ese estado de disociación o escisión -lo que se relaciona con  las epidemias psíquicas que el hombre moderno padece- , el médico psiquiatra prescribe una relación renovada con esa instancia psíquica a la que él denomina Inconsciente Colectivo y, por lo tanto, una relación consciente con los arquetipos. Esto equivale a decir que se precisa un viaje heróico a las profundidades para tomar contacto con la fuente o con el Misterio. En otras palabras, que el alma humana es una puerta de acceso al  Misterio insondable, y en esa alma los arquetipos  se manifiestan en forma de símbolos.

La simple observación externa de ciertos patrones de comportamiento, la descripción externa del modo en que algunos arquetipos se expresan en la vida de las personas, es importante, sin duda, pero no cambia un ápice la realidad interior del observador. El verdadero trabajo está en observar esos arquetipos, no sólo en grupos, en el cine, en el teatro, en los cuentos, en los mitos, en las teorías científicas, etc.,  que también es importante, sino, sobre todo, en la vida individual de cada uno. Para ello, la consciencia se pone en una situación de apertura hacia una realidad que está más allá de ella (la realidad del alma), una realidad que es autónoma y que es orientadora (orienta a la consciencia en un proceso de individuación o realización de la Totalidad del individuo). En otras palabras, la consciencia deja de creerse la dueña y señora de su destino, y comienza una relación dialéctica (un diálogo) con ese Otro, que se expresa de un modo polimórfico y polifacético, que habita en él (como habita en todo ser humano).  

Uno de los peligros de la mentalidad occidental/occidentalizada es el de querer "utilizar" los arquetipos para su propio beneficio; el de querer conquistar el alma, para hacer  lo que al yo le venga en gana. La instrumentalización y utilización pragmática y yoica de este conocimiento, degrada el arquetipo y lo transforma en estereotipo; y la realidad viva del símbolo en un mero atavío despojado de vitalidad, es decir, mera pose. Desgraciadamente, podemos observar esto en prácticamente cualquier ámbito de la experiencia, desde aquellos cursillos de fin de semana que prometen la iluminación express, pasando por el desprecio de la realidad anímica que el racionalismo desencantado realiza (por ejemplo, en la negación de toda realidad trascendente); y, en la política, so pretexto de un estado aconfesional, tratar de introducir una espiritualidad laica, cometiendo una contradicción en sus propios términos.

Para finalizar, creo que es importante reseñar aquí que, desligar los conceptos del contexto en el que fueron expresados para tratar de definir una serie de hechos y sucesos, y utilizarlos de un modo pragmático sin comprender el sentido y la realidad a la que se refieren, puede provocar muchos malentendidos. Como un  colega dijo en una ocasión: "un texto sin contexto es un pretexto para decir cualquier cosa".  


lunes, 24 de marzo de 2014

CURSO "EL VIAJE DEL HÉROE (VIAJE INTERIOR) EN EL CINE"




El ojo en Avatar: Símbolo de la Imaginación Creadora.
  Se ha CANCELADO este curso. 
Avisaremos con tiempo si se vuelve a convocar.

Objetivo:



 Presentar etapas y símbolos en el proceso de autoconocimiento a través del visionado de fragmentos de varias películas de cine ( autores de referencia: Carl G. Jung, Joseph Campbell, Mircea Eliade, Henry Corbin, entre otros). 

A quién va dirigido:

Este curso está dirigido a todo tipo de público interesado en un acercamiento psicológico y espiritual al cine. 
De especial interés para Psicólogos, Psiquiatras, Filósofos, Pedagogos y personas cuya profesión esté relacionada con la salud.

Profesores:

- Maribel Rodríguez (Médico Psiquiatra, Psicoterapeuta y Directora de la Cátedra Edith Stein de la Universidad de la Mística de Ávila).

- José Antonio Delgado (Licenciado en Ciencias Ambientales, Escritor y Experto en Psicología Analítica).
 




Contenidos: 




  • Qué es el viaje del héroe.

  • Qué es la imaginación creadora y cómo se manifiesta en el cine.

  •  Propósitos del viaje del héroe: encontrar sentido a la vida, individuación, autorrealización, autoconocimiento, etc.

  • Introducción a los arquetipos básicos que aparecen en las creaciones cinematográficas: persona, sombra (personal y colectiva), anima/animus, héroe, sí-mismo. 

  • Etapas y símbolos en el viaje del héroe. La máscara, la sombra, el anima/animus, el Anciano y Anciana Sabios en Avatar, Matrix  y el Señor de los Anillos.

  •  Prácticas de meditación para facilitar la toma de contacto con el mundo interior, tratando de hacer una aproximación experiencial a alguno de los fenómenos descritos.

  • Propuestas para el trabajo interior y para la interpretación de películas.




El anillo de poder: Símbolo del Sí-Mismo, origen y destino del viaje.
Metodología:




  • Clases introductorias, con posterior debate e interacción con los alumnos.

  • Visionado de fragmentos de películas e interpretación de los símbolos y etapas del viaje del héroe en Avatar, Matrix y el Señor de los Anillos.
  •  Lectura de textos.
  •  Puesta en común voluntaria y preguntas sobre las experiencias de trabajo interior y sobre los temas propuestos. 

Para un óptimo aprovechamiento del curso conviene que los participantes hayan visionado antes las siguientes películas: AVATAR, MATRIX, LA GUERRA DE LAS GALAXIAS (a ser posible la saga completa), EL SEÑOR DE LOS ANILLOS, EL SEÑOR OSCURO y EL REINO DEL ANILLO (2004). 
Yoda: Arquetipo del Anciano Sabio (Sí-Mismo) en La Guerra de
 las Galaxias.


El curso tendrá lugar el fin de semana del 4 al 6 se abril de 2014, con un total de 13 horas lectivas.

Horario:

Viernes 4 de abril

Desde las 19:00 hasta las 21:00 horas

Sábado 5 de abril

Mañana de 10:00 a 14:00 horas

Tarde de 16:30 a 20:30

Domingo 6 de abril

Desde la 10:30 hasta las 13:30


El precio del curso es de 90 euros (20% de dto. a estudiantes y desempleados)

Limitado a un máximo 15 personas

miércoles, 19 de febrero de 2014

SÍMBOLO, MITO Y EXPERIENCIA MÍSTICA

Mientras escribía acerca de los aspectos de la cultura que dificultan la experiencia de la fe (entendida esta como una actitud global de sumisión y compromiso hacia el Misterio), así como de los rasgos comunes a la experiencia mística, a los que me referiré más adelante, he encontrado una definición de mito en el libro de Francisco García Bazán, titulado Aspectos inusuales de lo sagrado, escrito en el año 1926 por el antropólogo anglo-polaco B. Malinowski tras publicar los resultados de sus investigaciones de campo sobre los indígenas de las islas Trobriand.

Malinowski dice así:

"El mito en una sociedad primitiva, es decir, en su forma viviente original, no es simplemente la narración de un cuento, sino una realidad que vive. No pertenece al género de sucesos inventados que tenemos en nuestras novelas, sino que es una realidad viva que se cree acaecida en los tiempos primordiales e influyentes desde entonces sin cesar sobre el mundo y sobre el destino de los hombres (...). Tales relatos no se mantienen vivos por alguna curiosidad vana; no son considerados como historias inventadas, ni tampoco como crónicas verdaderas. Son, más bien, para los indígenas manifestaciones de una original realidad superior y mucho más importante, la que determina su existencia, el destino y las actuales actividades de la humanidad, mientras que los hombres derivan de esos relatos, bien motivos para los actos rituales y morales o bien advertencias sobre cómo ponerlos en práctica." (Pág. 19, Nota a pie número 5).

En ese mismo libro, García Bazán dice muy certeramente:

"Decir mito es igual que decir símbolo mítico. El mito es un símbolo desplegado por la lengua que relata una cadena o serie de hechos que tuvieron lugar en el marco del origen, una instancia que es extraña al desplazamiento interno o externo de la sucesión y el movimiento temporal. Fueron protagonistas de estos hechos seres sobrenaturales, los autores directos de unas acciones extraordinarias que dieron nacimiento al cosmos o a algún aspecto nuevo de él."

El mito es un fenómeno, un hecho cultural que se presenta, y se presenta como una palabra reveladora que comunica un mensaje. Por lo tanto, no es una mera fabulación fantástica, como lo entiende el pensamiento moderno, del que el mismo Ken Wilber está impregnado cuando habla de "mito" y de "mítico" en su libro "Sexo, Ecología y Espiritualidad. El alma de la evolución". Esa palabra que transmite el mito, ese mensaje que revela, es además tradicional, o sea, un bien que se transmite de generación en generación, y lo que interesa es que la entrega de lo que se trasmite se cumpla honrosamente y que se conserve en las mismas condiciones en que se recibió. Así, se hace especial énfasis en la transferencia o transmisión del legado que el mito encierra, de pasa de sujeto a sujeto de un modo anónimo, y no tanto en el origen personal (en quién lo hizo) o histórico (en el cuándo lo hizo).

Por símbolo debemos entender aquí una entidad sensible, es decir, un soporte psíquico, que puede ser material, verbal, imaginal, gestual o mental y que manifiesta un sentido oculto, o sea, se refiere a algo que está más allá del propio símbolo. Así, el símbolo expresa una realidad que no es accesible a la consciencia sino como símbolo, por lo que el símbolo es siempre la mejor expresión posible de una realidad que trasciende a la consciencia. Por lo tanto, un símbolo siempre contiene dos niveles de significación: uno explícito o literal, aquel que es posible descubrir conscientemente; y un nivel encubierto. El símbolo sugiere y aproxima a aquello que no dice, de ahí que no deba confundirse con lo que es un signo, pues este último puede sustituirse por una palabra o por una frase, sin que se pierda el sentido.

De acuerdo con Bazán (véase páginas 5-22 del mentado libro) la estructura comunicativa del símbolo es la siguiente:

1. El símbolo es imagen. Realidad auxiliar y reflejo de lo insondable, de un misterio escondido que pone de manifiesto.

2. El símbolo es una realidad más débil que aquello de lo que es revelación y, en cierto sentido, un espejo en el que se refleja aquello que expresa.

3. Aún siendo una imagen refleja, endeble e invertida es inseparable y necesaria en relación con lo que manifiesta. Así, su origen no es ni convencional, consecuencia de un acuerdo, ni algo arbitrario, sino superior al dominio humano individual y colectivo, al que se le impone. 

4. Su carácter de imagen hace del símbolo una analogía, siendo diferente e idéntico a lo que revela, puesto que, como imagen especular se torna visible, comparte y participa de aquello que refleja. Cuando la naturaleza analógica del símbolo se pone en movimiento se cumple su función develadora, que es ascendente, anafórica o anagógica, ya que lo participado como don se otorga gratuitamente (Gracia) como experiencia participante de una experiencia originante (es decir, el Misterio es el que hace que todo sea originado en todo momento). Lo oculto se hace humanamente patente. No obstante, añado que el Misterio es lo absolutamente trascendente).

Hecha esta breve introducción al significado del mito como símbolo nos aventuramos a sintentizar las características comunes de la experiencia de la fe, a la que aludía al comienzo de este ensayo. Todos los místicos afirman que les ha sucedido algo que les ha cambiado la vida por completo. Es decir, tras la experiencia de la fe, se produce un antes y un después (algunos términos para esta experiencia son metanoia o conversión). Y es habitual que quieran dejar constancia escrita de dicha experiencia, que anotan con la fecha precisa del suceso extraordinario.

Algunos de los rasgos comunes al fenómeno místico son (para más información véase el libro de Juan Martín Velasco, titulado El fenómeno místico, editado por Trotta):

1. La experiencia tiene un carácter totalizador. Involucra toda la vida de la persona. Surge y se extiende desde el fondo de Sí-Mismo, desde la raíz más profunda. Así, la vida toda es coloreada por dicha experiencia, que toma posesión del ser entero, toda el alma se hace el medio de la recepción de esa Realidad. Se percibe de manera inmediata en el alma misma. Se trata de una inmediatez mediada por el alma.

2. Pasividad de la experiencia. Dios, o el Misterio, se nos da a conocer. La persona responde a la presencia que se le impone. Y dicha presencia se hace cada vez más palpable. De ahí que de la primacía ontológica se pase a una primacía psicológica (de arriba hacia abajo). Es decir, el individuo toma consciencia de la prioridad de Dios. El Misterio es el agente, el que actúa, y el alma es el recipiente. El proceso se hace en lo más íntimo del ser humano, es decir, en el alma que es donde el Otro se presenta. De modo que comenzamos buscándole y acabamos encontrándonos en Él.

3. Experiencia por contacto. Los ojos del alma acaban siendo aquellos que le miran a él. La experiencia subjetiva inmediata de la Presencia de Dios. Se producen toques sustanciales de Dios en el alma, como dicen los místicos, y se puede llegar a sentir un Amor que se experimenta en todo el cuerpo.

4. Experiencia fruitiva (de gozo): Se produce una experiencia de gozo, de ternura, en la que la persona puede romper a llorar, con lágrimas de alegría y de consuelo. Depende de la intensidad y de la calidad de los sentimientos. R. Otto afirmaba que la experiencia del Misterio sobrecogía (fascinosum) y cautivaba (tremendum).

5. Simplicidad y sencillez de la experiencia. Se produce de un modo muy simple y en personas cuya vida es sencilla, despojándose de lo más superficial y banal. 

6. Inefabilidad de la experiencia. La experiencia de la fe le hace llegar a la persona al extremo de su capacidad de expresión. A veces se necesita tiempo para poder poner en palabras dicha experiencia. Y, pese a todos los esfuerzos posibles, no se puede expresar lo que ha experimentado. El lenguaje se queda corto.

7. Experiencia cierta y oscura. La persona tiene la certeza de que se ha puesto en contacto con lo Real. Queda imprimido, esculpido o grabado a fuego en el alma.

8. Noche como elemento estructural. Parte del tránsito a la unión con el Misterio es noche. El camino es la fe y Dios es noche para el hombre. Se tiene una certeza inamovible pero no claridad. Se trata de un no entender entendiendo, o sea, de una claridad oscura, o de una tiniebla cegadora.


 

miércoles, 18 de septiembre de 2013

ASTROLOGÍA ¿Pseudo-ciencia o complejo sistema simbólico?

Durante mi adolescencia tuve la oportunidad de conversar con una astróloga profesional acerca del significado de la Astrología como herramienta para estudiar el carácter, así como el destino que el ser humano está llamado a realizar en esta vida. En aquel entonces, en un alarde de ignorancia e incompetencia, cuestionaba continuamente todos los argumentos que aquella astróloga, con mucha paciencia, me fue explicando. Tardé cerca de tres años en darme cuenta de los prejuicios que hacían presa de mí, y de que en el fondo aquello a lo que ella se refería me daba cierto resquemor, casi un temor a que lo que me estaba diciendo sobre mi personalidad (y tipología psicológica) fuese cierto.


Con el transcurso del tiempo, entrado ya en mis veinte años, me fui percatando de cuán certeras habían sido aquellas explicaciones que me había dado la astróloga, a quien tenía por una persona extraña, y cuyo enfoque me parecía infantil (mítico en el lenguaje de Wilber).


Pero cuando realmente comprendí los fundamentos de la Astrología, que comparé después con los que rigen en el I Ching y en otras mancias o artes adivinatorios, fue al experimentar la disolución de la máscara social, de mi consciencia identificada con el  espíritu de esta época, para quien la consciencia científico-racional era el único modo de conocimiento. Me vienen  a la memoria en estos momentos las palabras de C. G. Jung sobre la identificación de la consciencia individual con la consciencia colectiva: "No se puede jugar con el espíritu de la época, pues constituye una religión, más aún, una confesión o un credo, cuya irracionalidad no deja nada que desear; tiene, además, la molesta cualidad de querer pasar por el criterio supremo de toda verdad y la pretensión de detentar el privilegio del sentido común. El espíritu de la época escapa a las categorías de la razón humana. Es una inclinación sentimental que, por motivos inconscientes, actúa con una soberana fuerza de sugestión sobre todos los espíritus débiles y los arrastra. Pensar así es popular; y, por tanto, decente, razonable, científico y normal”.


No obstante, ya a mis veinte años, me había parecido de una arrogancia propia de un pensamiento adolescente esa pretensión del espíritu de estos tiempos, de la consciencia colectiva actual, de que la ciencia, esa expresión de la diferenciación de las funciones racionales del hombre, que ha llegado a un estado en el que se ha desligado de su fundamento arcaico, de esa alma del mundo o mundus imaginalis (Henry Corbin) a la que Jung ha rebautizado con el nombre de Inconsciente Colectivo Psicoideo, sea la medida de todas las cosas.


No se me ocurriría cuestionar ahora la importancia de esa diferenciación de la consciencia racional del sustrato inconsciente, que con tanto esfuerzo ha logrado su independencia. Desde un punto de vista mitológico, esto se puede expresar como un "matricidio", es decir, como un intento por parte de una consciencia patriarcal de aniquilar al fundamento del que la consciencia ha sido dada a luz. En cierto modo, esto se relaciona con un estado de la consciencia que podríamos denominar juvenil. No obstante, creemos que es importante hacer hincapié aquí en que no entendemos lo "mítico" como lo hace Wilber, ni mucho menos. De ahí los malentendidos que se repiten una y otra vez, cada vez que en el ámbito de la Psicología Analítica nos referimos a los mitos. El mito y lo mitológico lo entendemos de un modo semejante a como lo hace Joseph Campbell, Mircea Eliade, Herry Corbin, Erich Neumann, Karl Kereny, Gilbert Durand o C. G. Jung, entre otros. Simplificando mucho entendemos que representan patrones o pautas de comportamiento en el lenguaje de lo inconsciente, es decir, el lenguaje de los símbolos, que es el de la "naturaleza" del alma. En este sentido, la Astrología, que es también un modo simbólico de comprender esos mismos patrones (o leyes, como se las consideraba antes), y que nos habla de las características de aquello que ha sido dado a luz en un momento dado, permite comprender -hay otros medios simbólicos, por supuesto- cuál es la pauta o modo de expresión al que el individuo está "sujeto" o “circunscrito”. Todo ser humano, desde un determinado punto de vista, es expresión de un mito. Y la astrología, como otros sistemas simbólico-mitológicos, puede ayudarnos a comprender ese mito que nos habita y del cuál somos expresión. Desgraciadamente, la inmensa mayoría de las personas somos completamente ignorantes de ese "mito" o "pauta" que está antes (pre-racional) y después (trans-racional) del nivel racional, y que es el verdadero "dueño" de nuestro destino. Por ese motivo, creemos que el trabajo no reside en buscar descalificaciones a los sistemas simbólico-mitológicos, como hace la ciencia oficial en un despliegue de ignorancia sin parangón, sino en tratar de servirnos de ellos para conocernos mejor a nosotros mismos, y colaborar en el despliegue efectivo del mito que somos. Esto implica un DIÁLOGO, una relación dialéctica, entre la consciencia y lo inconsciente, entre la razón y el mito. Al parecer, en eso estamos de acuerdo, tanto aquellos que defienden el “modelo integral” de Ken Wilber, como los que nos dedicamos a la Psicología Analítica y a la Transpersonal. En lo que diferimos es en la importancia que concedemos a lo SUPRACONSCIENTE, a ese ámbito de la psique al que Jung ha denominado Inconsciente Colectivo Psicoideo o Psique Objetiva (no biográfica). Consideramos que la consciencia, en relación con lo supraconsciente, por más que se haya hipertrofiado en los últimos años, es una pequeña parcela en comparación con ese otro ámbito, que, por cierto, parece hallarse más allá de las categorías del espacio, del tiempo y de la causalidad. La física cuántica comienza, de hecho, a comprobar la existencia del fenómeno de la sincronicidad, y de esta idea de que, en ese ámbito subatómico, las categorías de espacio, tiempo y causalidad parece que no tienen aplicación. El enlace al vídeo que dejo a continuación, lo aclara bastante bien: Vídeo obtenido de la noticia Materia Oscura: El entrelazamiento cuántico.

 
 Y, además, entendemos que el viaje del héroe o el proceso de individuación, parece que comienza,  se dirige y culmina en un centro inmóvil que es el que mueve todos los hilos (el arquitecto de todo, el Sí-Mismo,  “Dios en nosotros” o el Rey del Castillo de diamante del que habla Teresa de Jesús en las Moradas), y ahí ya no hay imágenes. La consciencia es importante porque acompaña al proceso, que en sí mismo es autónomo, y sin su colaboración no podría hablarse de proceso de individuación. Parece como si Dios necesitara del hombre para hacerse consciente de Sí-Mismo. En otras palabras, según parece ese proceso circular, centrovertido, por el que el complejo del yo gira como la tierra alrededor del Sol, siendo éste último su centro regulador, necesita de la consciencia del ser humano para hacerse consciente de Sí Mismo. De ahí su importancia, que no pongo en duda en ningún momento. Lo que discuto es la preeminencia o superioridad que, según parece, se le concede a la consciencia racional, como si ésta última, que es precisamente hija de lo Inconsciente Colectivo o Alma del Mundo, estuviese por encima o más allá de aquello que constituye sus raíces y hasta el sustrato del que se alimenta (sin que la consciencia tenga la menor sospecha, al parecer). Sobre este mismo asunto, véase el ensayo de José Carlos Aguirre, acerca de Stanislav Grof, y cómo este último autor habla de una Consciencia Cósmica, como sinónimo de anima mundi (alma del mundo).  El paso siguiente sería considerar a la consciencia racional la hacedora del proceso, es decir, la creadora de todo. Y ese es un camino que conduce, en última instancia, a un peligroso endiosamiento, del que parece imbuido el espíritu de esta época.  Claro que el destino de Lucifer, al creerse igual a Dios, fue precisamente su Caída (la crisis financiero-económica que azota a los países “ricos” es una manifestación de esa Caída). Aunque, al mismo tiempo, ese atrevimiento de creerse igual a Dios, que, al parecer, es algo que sólo el ser humano puede llegar a experimentar, o sea, esa temeridad de igualarse a los mismos dioses, puede conducirle a alcanzar los más grandes logros y, al mismo tiempo, a provocar los mayores desastres. Pese a todo, incluso esto último pareciera estar regulado o contenido en el Plan divino. Aunque este ya es otro cantar. 

En otro lugar expresamos nuestra opinión, tanto Raúl Ortega como un servidor, sobre el proyecto atman Wilberiano, y en qué punto consideramos que había patinado. También expresamos la diferencia fundamental entre nuestra cosmovisión y la cosmovisión de Wilber. Básicamente, nosotros tenemos en cuenta tanto la parte inconsciente o a-racional, cuanto la parte consciente o racional, y tratamos de mantener un diálogo con esa alma del mundo a la que antes me refería; no compartimos la idea de Wilber del desarrollo espiral-lineal ascendente, porque comprendemos que las ramas del Árbol están conectadas con las raíces, y, por lo tanto, tenemos en cuenta tanto lo uno, como lo otro. El proceso de individuación, tal y como lo entendemos, supone un estar atento a las señales que lo Inconsciente Colectivo o Alma del Mundo (espíritu de las profundidades) le envía a la consciencia, a través de sueños, experiencias visionarias y, por supuesto, teniendo en cuenta ese otro principio a-racional que Jung bautizó con el nombre de "sincronicidad", y que es conocido desde muy antiguo.

De igual modo, considero que es una pretensión de una arrogancia que roza la megalomanía situar TODO lo que no esté en el nivel racional (me refiero aquí a lo simbólico, al ámbito de los mitos, de las leyendas y de todo producto de lo inconsciente), por "debajo" de la razón; y equiparar lo a-racional con la etapa mítica (en el sentido de una de las etapas por las que pasa el niño según Piaget) me parece el mayor de los desatinos. El lenguaje simbólico es una llave de acceso al Misterio, no algo personal que la razón pueda abarcar y explicar. Si así fuese, entonces hablaríamos de un lenguaje icónico. Por ejemplo, el símbolo de la Cruz, ese arcaico engranaje del que también habla simbólicamente el Tao, jamás podrá ser agotado en su interpretación consciente. Porque alude a un "otro", a un "algo", que es un Misterio.

Para los seguidores de Wilber, según parece, lo único que puede denominarse con justicia espiritual es lo transracional que, ¡vaya novedad!, se equipara con estados que se describen en la espiritualidad oriental pero que, y esto es muy curioso, culmina en el nivel de consciencia occidental ¿americano? Pero no me voy a meter en ese berenjenal. Porque está dentro del desarrollo natural de la consciencia que el yo consciente luche por separarse de la influencia poderosa que ejerce sobre él lo Inconsciente. Sólo después de que aquél haya adquirido una posición de firmeza, puede acceder a la siguiente etapa y atravesar el oscuro y terrible umbral que lo conduce al ignoto mundo de lo Inconsciente, sin que padezca un grave trastorno mental. Hasta que ese momento llegue, si es que llega, la consciencia necesita ir afianzando su posición y luchar contra lo que puede considerarse "pensamiento mítico", "superstición", etc. Es decir, el peligroso ámbito de la Madre (lo Inconsciente Colectivo). Y eso que el tránsito por el Reino de la Madre (por lo Inconsciente Colectivo Psicoideo), es decir, el viaje interior a la Luna, no es el final del Camino, sino una de las estaciones del viaje hacia el Eje del Mundo (la gran fuente).


miércoles, 10 de agosto de 2011

VISITANDO LA TORRE DE BOLLINGEN DE CARL G. JUNG



Con esta entrada hago un inciso en la crónica sobre mi viaje de luna de miel a Costa Rica, para hablar de la visita que hice con mi esposa el pasado mes de julio del 2011, a la localidad de Bollingen, en Suiza, para ver tanto el pueblo, cuanto la Torre de Bollingen, que Carl G. Jung construyó en piedra, una suerte de Templo personal. Para no extenderme demasiado, escribiré varias entradas relacionadas con mi visita, tanto a Bollingen, cuanto a su tumba en Küsnacht. Un artículo completo sobre la Torre de Bollingen y su significado para Jung, titulado Símbolos de Transformación en el Torreón de Bollingen, puedes consultarlo pinchando aquí


En Bollingen estoy en el centro de mi propia vida, soy mucho más yo mismo. Por momentos siento que soy parte del paisaje y que estoy dentro de las cosas, que estoy viviendo en cada árbol, en el batir de las olas, en las nubes, en los animales que van y vienen, en la sucesión de las estaciones”.   C. G. Jung.

En mi último viaje con mi esposa por la vieja Europa, y tras visitar Montségur (el monte seguro), último bastión cátaro, Carcassone, los Alpes franceses, y los suizos en Interlaken (entrelagos), donde hicimos montañismo en Grindelwald, después de haber tomado un teleférico durante más de 25 minutos al alto de Firsbahn; decía que, después de visitar todos estos lugares,  nos dirigimos hacia el poblado de Bollingen, el lugar en que construyó Carl Gustav Jung su Torre. Se trata de un pequeño poblado, con una bonita Iglesia, dispone de un carril para bicis y peatones que discurre paralelo a la vía del tren, y que pasa frente a la parcela de Jung. Desde aquí, realizamos algunas fotos.

Detrás de mí se encuentra la parte superior de la Torre de Bollingen.

Según los datos de que disponemos, Jung compró la finca de Bollingen tras la muerte de su madre, en el año 1921: “Desde el comienzo, yo sabía que me iba a construir una casa cerca del agua. Pero no fue hasta 1921 que compré un terreno en Bollingen”, afirma Jung en su autobiografía.
En esta foto apreciamos tanto el tejado del Torreón, cuanto una segunda parte de la casa de Carl G. Jung, en Bollingen.

Lamentablemente para los curiosos, esta propiedad, que alberga el pequeño "castillo" que edificó Jung en vida, pertenece a sus herederos y no está abierta al público. Aunque reconozco que me hubiera gustado acceder al interior de la parcela, ver el "castillo" en su totalidad y, eventualmente, entrar en su interior, no sólo para ver la estructura de la casa, así como su decoración, sino también para sentir las "energías" (o los espíritus) que allí se manifiestan (y que se le manifestaron a Jung), soy muy consciente de que, el mismo Jung, ya advirtió en vida que ese era un lugar para su retiro, donde quería estar en soledad, para acceder a las profundidades de lo Inconsciente Colectivo psicoideo, hablar con los espíritus de sus antepasados y manifestar sus experiencias con el ámbito de los espíritus-arquetipos en su Libro Rojo o Liber Novus. A fin de cuentas, también yo dispongo de mi "Templo" particular, en donde estoy en soledad y no deseo que nadie perturbe mi quietud. Así que, me contenté con hacer algunas fotos desde fuera del recinto, a la parte del edificio que sobresalía de entre la espesa vegetación arbórea que rodea la vivienda, así como a la orilla del lago de Zurich más cercana al edificio. 
A orillas del lago de Zurich se encuentra la casa de Carl G. Jung.

Jung comenzó construyendo este "castillo" por la primitiva torre de piedra, que consideró su Turn ("Torre"), y que es la que aparece en la fotografía que logré hacer desde la valla que delimita la finca, hoy propiedad de sus herederos. Posteriormente, en un período de doce años, fue añadiendo tres edificios a la estructura original, en lo que representa su concepción de la estructura de la psique. Joseph Campbell explica el significado de esta construcción del siguiente modo: "El lugar en que ha nacido un héroe, donde ha realizado sus hazañas o donde ha regresado al vacío, es señalado y santificado. Allí se le erige un templo, con el cual se significa e inspira el milagro de la centralidad perfecta; porque éste es el lugar donde se inicia la abundancia. Porque alguien en este lugar (en este caso, Carl G. Jung) descubrió la eternidad. Por lo tanto, este lugar puede servir como sostén para una meditación fructífera."  Hago un paréntesis aquí, para comentar que esto es exactamente lo que hicimos Maribel y yo, en las ruinas de Montségur, donde visualicé un centro del que emanaba energía que se extendía en círculos concéntricos, a modo de ondas, aproximadamente en el centro del ahora ruinoso edificio, y cuyas paredes de piedra favorecían que esas energías telúricas resonaran y nos atravesaran una y otra vez. Este es, desde luego, uno de esos lugares de los que habla J. Campbell. Ahora, realizado este inciso, continuemos con la explicación de Campbell acerca del significado simbólico de estos santuarios. "Ese tipo de templo se construye, por lo general, simulando las cuatro direcciones del horizonte del mundo y el santuario o altar en el centro (la Turn de Jung) es el símbolo del Punto Inagotable." Ese Punto Inagotable, Jung, sirviéndose de la terminología oriental, lo denominaría Sí-Mismo. Probablemente, Jung estaría de acuerdo con interpretar el significado de su casa-templo de Bollingen, tal y como lo expresa J. Campbell al referirse a los recintos sagrados, incluido su “Castillo” en el pueblo de Bollingen, rodeado de naturaleza y a la orilla del lago de Zurich.

En esta foto se observa más de cerca parte del edificio que construyó Carl G. Jung en Bollingen.



miércoles, 29 de diciembre de 2010

CLAVES OCULTAS EN LOS RELATOS DE NAVIDAD

LA NAVIDAD del fraile dominico  Fra Angélico (1400-1455)
Cuando uno lleva tiempo investigando acerca de los orígenes del Cristianismo, especialmente fascinado por la figura de Jesús el Cristo, se da cuenta de que existen varios niveles o esferas que debe tener en cuenta, si no quiere perderse en una maraña de incoherencias históricas y de malentendidos que, finalmente, lo pueden conducir a caer en un estado de confusión, duda e incertidumbre. 

Así, desde mi punto de vista, que coincide con el expuesto por el esoterista recientemente fallecido Thorwald Dethlefsen, psicólogo y director en Munich del Instituto de Psicología Experimental, estudioso de la Astrología en su aplicación práctica al diagnóstico psicoterapéutico,  en "El significado esotérico de la Navidad", existiría un primer nivel, que es el nivel histórico, en el que se aborda el estudio de los hechos que se narran, tanto en los evangelios canónicos como en los no canónicos, considerando de gran interés los manuscritos de Nag Hammadi o los pergaminos de Qumrán. Esta lectura de los hechos históricos, en torno a la vida de Jesús, se hace de un modo literal, como si aquellos hechos hubieran ocurrido realmente, tal cual se narran. Por ese motivo, a aquellos que sólo se quedan en este nivel de lectura les podemos denominar literalistas

Un segundo nivel, lo constituiría el nivel mítico, que toma el relato "biográfico" de Jesús, en realidad, como un mito, entendido este como el sueño de un pueblo o, en términos de la Psicología Analítica, como la expresión de arquetipos que emergen desde lo Inconsciente Colectivo de un pueblo. Al considerar esta lectura simbólica, acercamos el misterio, expresado en el mito cristiano, a la experiencia anímica, en el sentido de que todo ser humano puede experimentar en su fuero interior las etapas míticas que se describen en el mito. El individuo que así lo hace, puede ser considerado Cristo, pues experimenta su vida como si de un mito o de un patrón interno se tratara, dando expresión a este patrón en el transcurso de su existencia material.

 Y, por último, habría un tercer nivel que es el que tiene que ver con los principios universales o nivel universal (T. Dethlefsen lo denomina nivel cósmico). Este último nivel está referido a los arquetipos universales y lo que estudiamos son los grandes ciclos cósmicos, a lo que accederíamos mediante el estudio del movimiento solar (y planetario) anual, a través del cinturón de las constelaciones, en su recorrido por la eclíptica y, por supuesto, considerando su significado esotérico. 

El nivel histórico, el mítico y el universal se relacionan por analogía vertical con las tres dimensiones que componen al ser humano: la material, la psíquica y la espiritual, respectivamente. En este sentido, vemos cómo el mito acontece y se representa mediante imágenes en el alma del ser humano, en lo Inconsciente Colectivo de Carl Gustav Jung o el Mundus Imaginalis de Henry Corbin. Aquí, en este mundo intermedio, toman cuerpo los principios cósmicos universales del nivel universal, en imágenes primigenias, de ahí que sus motivos fundamentales se repitan en todas las culturas de la Tierra. Por eso, coincidimos con Mircea Eliade cuando afirma que "un objeto o un acto no es en teoría real mas que en la medida en que imita o repite un arquetipo...; todo lo que no tiene un modelo ejemplar está «desprovisto de sentido», es decir, carece de realidad... Sería, pues, posible decir que esta ontología «primitiva» tiene una estructura platónica, y Platón podría ser considerado en este caso como el filósofo por excelencia de la «mentalidad primitiva», o sea, como el pensador que consiguió valorar filosóficamente los modos de existencia y de comportamiento de la humanidad arcaica."  (Debo esta última cita a Christian Rodway, y a su blog Vitruvio Cinéfilo). Incluso el teólogo Hans Küng, nacido significativamente un 19 de Marzo, afirmó en su libro Ser Cristiano, que los relatos bíblicos sobre la natividad de Jesús no estaban escritos como crónicas de hechos históricos, sino para salvaguardar una Verdad: el mensaje de la salvación del hombre que se hace uno en Cristo. Esto es, que Cristo y él son Uno y el Mismo. 

De esto último se colige que, los hechos históricos son  manifestaciones de principios universales, siendo éstos la razón de ser de aquellos, en realidad, y, por consiguiente, adquieren interés si se consideran en relación con los otros dos niveles, el mítico y el universal. Visto desde esta óptica, nos damos cuenta de que, los hechos históricos que nos narran la vida de Jesús, su "biografía", coinciden de un modo asombroso con la "biografía" de otros mitos más antiguos, como, por ejemplo, los misterios egipcios del dios de la vegetación Osiris, los del dios iranio Mitra, los del romano Baco, los del griego Dionisos o los del frigio Attis. Estos paralelismos no empobrecen, ni desprestigian el mito de Jesús, como muchos opinan. Antes al contrario, nos permiten entender que, en realidad, el mito de Jesús representa, en un lenguaje simbólico y acorde a una mentalidad como la nuestra, un misterio que es eterno, que entronca con una larga Tradición, a la que René Guénon denomina Tradición Primordial. Esto, en lugar de empequeñecer al mito de Cristo, lo ensalza y lo engrandece, pues favorece que se comprenda desde una luz diferente. 

Asimismo, estos paralelismos entre los motivos principales del mito cristiano y los de otros mitos pre-cristianos, nos acerca el relato mítico a la realidad anímica del hombre, en el sentido de que representa un misterio que tiene lugar, también, en el interior del alma humana, lo que en términos de la Psicología Analítica denominaríamos lo Inconsciente Colectivo. Puesto que, mientras el mito no sea reactualizado y revivificado en el interior de cada hombre y mujer, no moverá un ápice el nivel de consciencia en el que se encuentra el hombre y la mujer occidentalizados. 

Por lo tanto, en el mito cristiano vemos que están representados, tanto los misterios de la vegetación (de la naturaleza), los ciclos vitales del ser humano, así como los del universo mismo. Jesús y sus doce discípulos se relacionan con el sol y los doce signos del zodíaco, nombrados según el inicio de la constelación más próxima a su zona, previamente conocida por los astrólogos antiguos. Los acontecimientos más importantes de la vida de Jesús, como son su nacimiento el día 25 de Diciembre en una cueva, o sea, en el solsticio de invierno, cuando la oscuridad ha ido tragando poco a poco la luz solar; su bautizo a orillas del río Jordán, a manos de Juan el Bautista, el descenso del espíritu santo y el subsiguiente comienzo de su Vida pública, son un ejemplo de ello. Sin embargo, resulta interesante constatar que los ritos de muerte de Jesús se festejan de acuerdo al calendario lunar. Como afirma Thorwald Dethlefsen, "los ritos de la muerte de Cristo, que completan la polaridad de la resurrección y el ascenso, se festejan de acuerdo al calendario lunar. Así celebramos el Miércoles de Ceniza, la Semana Santa, la pascua, el domingo de resurrección y Pentecostés. Estas celebraciones no tiene fechas fijas porque se celebran según el calendario lunar." 

Veamos un ejemplo de cómo, un acontecimiento histórico, se puede entender desde un punto de vista simbólico, lo que hace que adquiera un significado más profundo y global. Se nos cuenta en el Nuevo Testamento que el rey Herodes promulgó un edicto en el que se decía que todos los niños menores de dos años, empadronados en Belén, debían ser sacrificados para evitar el vaticinio de que Jesús se convertiría en el Rey de los Judíos. Este hecho, aparentemente histórico, está remitiéndose a un motivo arquetípico relacionado con el motivo mítico de Saturno que devora a sus hijos. Saturno es el planeta regente de Capricornio y, por consiguiente, nos habla de la época más oscura del año, el invierno. Así, lo que sucede es que la noche devora la luz al inciarse esta estación. La oscuridad y la tiniebla, relacionadas con Saturno-Capricornio, son consideradas en todas las tradiciones las fuerzas enemigas de la luz y del bien. De modo que, Herodes, es el representante, en el mito cristiano, del arquetipo de Saturno, el enemigo de la luz. Y, sin embargo, fijémonos que, el nacimiento de Jesús, tiene lugar precisamente en la oscuridad. Lucha entre la luz y las tinieblas. En palabras de Heráclito, "la guerra es la partera de todas las cosas". Por cierto que, ayer día 28, se festejó el Día de los Santos Inocentes, que es una fiesta en la que se festeja la muerte de los inocentes por el Rey Herodes, que fue instituida por Herodes Agripa II, justo después de las fiestas romanas llamadas Saturnales (Saturno). Tal vez, con este último comentario, adquiera un significado distinto.  

Esta introducción tiene otro propósito, además del de comprender las Fiestas Navideñas desde varios niveles, y es el de hacer comprensible al lector las "claves" de mi libro La Hermandad de los Iniciados, cuya segunda edición ya está disponible, tanto en formato e-book, como en papel, Deo concedente, por la editorial Libros Mundi (para más información, pincha en el enlace). En esta novela, se dan cita los tres niveles de lectura que he desarrollado más arriba, y que el lector deberá tener presente cuando se zambulla en su lectura.