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domingo, 14 de octubre de 2012

ESPIRITUALIDAD: LA RENOVACIÓN DE UNA CULTURA


Les dejo a continuación el texto completo de la ponencia que presenté en el Primer Congreso Internacional de Salud Integral: Espiritualidad, Reto del Siglo XXI, que ha tenido lugar en los Mochis, Sinaloa, México, los días 12 y 13 de Octubre del 2012. 

"Muy buenas tardes a todos ustedes y gracias por su presencia.  Quería expresar mi gratitud a los organizadores de este evento, y muy especialmente a Maira Sainz por haberme invitado a participar, brindándome la oportunidad de compartir con ustedes un tema del que llevo cerca de veinte años ocupándome:  La práctica de una vida espiritual como el modo de renovar la cultura, entendida esta como el conjunto de modos de vida y costumbres, conocimientos y grado de desarrollo artístico, científico, industrial, etc., de la época  materialista en la que vivimos. Como fruto de mis investigaciones he publicado varios libros. Uno de ellos lleva por título precisamente  El retorno al Paraíso Perdido. La renovación de  una cultura, que es el tema central del que voy a hablarles hoy.

Comienzo mi exposición mostrándoles una imagen que seguramente les será conocida a la mayoría de ustedes. Se trata de una imagen de la película Avatar, dirigida por el cineasta norteamericano James Cameron. Y comienzo con ella porque nos muestra, en un lenguaje imaginal o simbólico, lo que desarrollaré en mi exposición. 

Si se fijan bien en el fondo de la imagen, al lado izquierdo de la pantalla, podrán observar la figura de un gran ojo de color verde. James Cameron, en la película Avatar, da prevalencia al ojo y, por ende, al sentido de la vista. Desde una perspectiva simbólica, cuando se insiste en la representación de los ojos, lo que se pretende indicar es la necesidad de agudizar la "mirada interior". Por lo tanto, esto nos da una clave para comprender el resto de la imagen. El entorno selvático, que nos recuerda incluso a la imagen del Paraíso Bíblico, no se está refiriendo a una realidad exterior, es decir, a un bosque o a una selva terrestres, sino a un entorno interior, a una selva celeste. Se trata de una representación del mundo interior del ser humano, es decir, de esa Alma de la que el ser humano occidentalizado parece haberse desarraigado. Pero, pese a que los hombres de nuestra cultura desconocen la existencia de ese "otro mundo" que es el Alma (el psiquiatra suizo C. G. Jung denominó a ese dominio intermedio entre el hombre y el Misterio divino lo Inconsciente Colectivo o Psique objetiva, y Henri Corbin, el hermeneuta islámico, Mundo Imaginal) y que habita en lo más profundo de sí mismos, eso no significa que no exista. En realidad, se trata del fundamento mismo de este mundo físico o material del que muchos están convencidos de que es lo único existente.

Los habitantes de ese "otro mundo" que es el Alma del hombre han recibido muchos nombres a lo largo de la historia. Los griegos se referían a ellos como a dioses; los chamanes los denominan espíritus de sus ancestros; los cristianos los han llamado ángeles;  la parapsicología moderna los llama "seres extraterrestres" y la Psicología Analítica se refiere a ellos como arquetipos.   

Les voy a narrar un sueño, que incluí en mi libro La Hermandad de los Iniciados, que expresa en un lenguaje simbólico todo esto que les acabo de decir. El sueño fue así:

"Viajando a través del tiempo llego a un país extraño. Ese lugar no era de este mundo, sino del mundo del más allá, donde se originan los cuentos, las fábulas y los mitos. Ese mundo es, también, el mundo del que hablan los profetas, los místicos y los grandes maestros de oriente. Aquél al que suelen referirse como el corazón del hombre. Podríamos decir que se trataba de la Jerusalén Celestial, del mundo del Mago Merlín, el Rey Arturo y los caballeros de la Tabla Redonda. Sí, todos ellos se refieren al mismo lugar. Al visitar ese espacio pude percatarme de que estaba formado por diferentes niveles, al estilo de los horizontes edáficos, yendo desde la zona más superficial, donde habitan los humanos, a la zona inferior o profunda, en la que se halla una mezcla abigarrada de seres, incognoscibles e irreconocibles. Sé que están ahí porque actúan y moldean todo lo que es visible, mas ellos mismos no son nada. Son potencias invisibles. Estas potencias sólo son reconocibles cuando afloran a niveles más próximos a la superficie, es decir, a niveles sub-superficiales. Yo estoy en el interior de un edificio medieval. Se trata de un castillo y, junto a mí, están mis compañeros humanos. De pronto, aparecen unas hormigas gigantes que suben ganando terreno hacia nosotros. Mis compañeros y yo luchamos contra aquellas fuerzas venidas del averno, hasta que logramos vencerlas en una guerra campal sin precedentes y las hacemos retroceder, regresando al lugar del que procedían. La lucha fue muy dura y se produjeron numerosas bajas en ambos bandos. Al poco tiempo, cuando todo parecía estar calmado, volviendo a la normalidad, una nueva irrupción de hormigas tuvo lugar por las mazmorras del castillo. En este caso, mis compañeros y yo logramos ganar terreno a las hormigas, hasta que, de repente, entré en una región que me era completamente desconocida. Pude acceder a un nivel subterráneo, vetado hasta ese momento para los humanos. No sabía cómo había descendido hasta allí, pues las mazmorras constituían la estancia más profunda del edificio y, hasta ese día, pensábamos que no era posible descender más. De hecho, sólo los seres de niveles inferiores, como los dragones rojos y verdes, los elfos, las hadas, los enanos o los duendes, entre muchos otros entes fabulosos, parecían tener acceso a esa estancia, atravesando la misteriosa interfase que separaba ambos mundos. Sin embargo, una puerta secreta se abrió y, tras ella, un mundo mágico y enigmático, colmado de vida... Y también de muerte.”

Como vemos, el sueño está aludiendo al acceso a un mundo que no es el mundo exterior, el mundo material, sino a ese otro mundo que reside en lo más profundo del hombre y del que, para desgracia de nuestra cultura moderna, los seres humanos han perdido el contacto con él. No se trata de un mundo inaccesible y refractario a la consciencia del hombre. Al contrario, es lo más íntimo y lo más próximo al ser humano, solo que éste, con su afán egocéntrico de perseguir todo bien material y efímero de la existencia, como si se tratase de lo único real y válido, se ha perdido a sí mismo y ha perdido la vinculación con la divinidad que habita en su propio interior.  Este es, en el fondo, el verdadero malestar de la cultura moderna.

Veamos, a vuela pluma, qué es lo que parece haberle sucedido al hombre moderno en los últimos tiempos, para llegar a esta situación de desarraigo. Como bien sabemos por la historia de la Filosofía, la antropología antigua entendía que el hombre es un ser tridimensional, compuesto  por Physis, Psique y Nous (materia, alma y espíritu). Esta antropología tripartita sigue estando presente a lo largo de la historia del cristianismo (la trinidad cristiana como Padre, Hijo y Espíritu Santo), y reaparece en ese mandala o círculo sagrado que preside como bandera de la Paz este congreso. Piensen que la Paz, como viene simbolizado en la bandera, solo se consigue cuando el ser humano, en un principio alienado, desintegrado o desunido, logra unificar todos los contrarios que lo constituyen, convirtiéndose en un hombre  completo. Al llegar al siglo XVII, primero con la expresión del pensamiento cartesiano y luego con el comienzo del culto a la Razón humana, especialmente en la época de la Ilustración (siglos XVIII y XIX) se empezó a entender al hombre como un ser bidimensional, constituido por mente y materia. Esta antropología dualista se fue extendiendo por todas las creaciones del hombre, incluida la ciencia. No ha sido hasta el siglo XX que la Psicología, heredera de una cosmovisión desacralizada y dualista, y con un complejo de inferioridad por los constantes ataques por parte de las ciencias puras, dado su objeto de estudio (originalmente, el Alma; hoy, en cambio, parece que sólo la mente), que se empieza a defender un modelo Bio-Psico-Social del ser humano. Es decir, un modelo que entiende la interrelación entre los factores físicos, psíquicos y sociales en la salud y la enfermedad. Pero no ha sido hasta el siglo XXI cuando Naciones Unidas ha incluído la espiritualidad como un factor más que determina la salud del ser humano -la OMS aún continúa con una definición obsoleta de salud, que no incluye al factor espiritual-. Así, el modelo que actualmente se defiende en la Psicología es un modelo Bio-Psico-Socio-Espiritual.  La salud en este modelo se entiende como un proceso dinámico en el que están involucrados e interrelacionados los factores físicos (cuerpo), mentales (pensamientos, atribuciones, memoria, etc.), sociales (vida social, vida familiar, vida marital) y espirituales (entendidas como las experiencias que trascienden los fenómenos sensoriales).


De acuerdo con el modelo que impera en la Psicología académica, al menos en España, el cognitivo o cognitivo-conductual, si bien se acepta la existencia de una dimensión espiritual del ser humano, se considera que la evolución del hombre lo ha llevado desde un simio inteligente, hasta un complejo procesador de información. Pero la dimensión espiritual parece más bien un nuevo añadido, del que no se sabe muy bien qué es o cómo se manifiesta en la vida individual y colectiva. La neurociencia, por ejemplo, salvo científicos excepcionales que confirman una regla, reduce la mente consciente al funcionamiento del cerebro. Y cuando se refiere a lo inconsciente está  diciendo que muchos de los procesos que tienen lugar en el cerebro suceden sin que el  hombre sea consciente (no es consciente de las sinapsis, por ejemplo). Las experiencias espirituales se estudian, desde esta nueva disciplina, mediante técnicas computacionales modernas (neuroimagen) para observar qué áreas del cerebro se activan cuando los individuos están meditando.

Ahondemos un poco más en algunas manifestaciones modernas de la necesidad de recuperar el contacto con la dimensión espiritual.  Como ya había comentado al principio, una de las manifestaciones más claras de esta necesidad de renovación de nuestra cultura es la de recuperar nuestras raíces anímicas, es decir, el contacto con el mundo interior o con el espíritu de las honduras que nos habita.  La carencia del contacto con nuestra Alma ha tenido varias consecuencias. Las más importantes son:

1. El desarrollo unilateral de la consciencia científico-tecnológica, lo que ha llevado a una cada vez mayor especialización y, con ello, una unilateralidad en el desarrollo del hombre. No sólo las distintas disciplinas se han separado las unas de las otras, sino que el hombre se ha alienado, tanto de sí mismo, como del mundo y de la naturaleza, por semejante especialización. Por supuesto, la perspectiva extravertida, es decir, aquella que considera como únicamente válido y de existencia real lo que proviene del mundo exterior, aquel que podemos captar con nuestros sentidos físicos (o con sus sustitutos, los equipos tecnológicos). La carrera por la conquista del espacio exterior es un ejemplo de esa tendencia. La vida que bulle en el interior del ser humano apenas ha recibido atención.

2. Esto ha supuesto que muchos seres humanos modernos sean completamente ignorantes de la realidad del Alma, de la existencia de ese mundo trans-psíquico que es el Alma. Un mundo autónomo del que su yo consciente no es sino la parte más pequeña  y visible del edificio anímico. Esto permite comprender que se diagnostiquen y traten transformaciones de tipo espiritual, como lo es atravesar una etapa de oscuridad y caos semejante a la descrita por San Juan de la Cruz en su noche oscura del alma, como si se tratase de una depresión o, lo que es aún peor, de una psicosis cuando va acompañada por "imágenes intelectuales", como las denomina Santa Teresa de Jesús.

3. Otra de las consecuencias de ese desarraigo anímico del hombre es su perspectiva utilitarista y desacralizada. El hombre sabe el precio de todo, y el valor de nada. El extremo de esta desacralización de la vida es que la vida humana puede comprarse y venderse en el mercado, y el ser humano es un recurso más, como lo puede ser un ordenador o un vehículo que, además, tiene una fecha de caducidad.

4. Si no hay nada más allá de lo que nuestros cinco sentidos  pueden detectar,  la materia es lo único que importa. Lo que nos conduce a la perspectiva materialista moderna.  Sin embargo, aunque el Espíritu desaparezca en apariencia de la consciencia del hombre, éste, que tiene una realidad objetiva, acaba precipitándose en el centro mismo de la materia. Así, podemos ver cómo los científicos parecen buscar el misterio de la evolución humana  en la doble hélice del ADN, a Dios en el núcleo del átomo (o en el Bosón de Higgs) y  la mente del  hombre en el funcionamiento del cerebro. 

Paradójicamente, las investigaciones de la física cuántica han llegado a unas conclusiones que deberían haber roto la visión materialista del mundo. Y es que los ladrillos de los que, supuestamente, está compuesta la materia no son partículas físicas, como antes se pensaba, sino campos, patrones de interacción, movimiento de plegamiento y despliegue de un vacío en perpetuo movimiento. Tan es así que algunos prestigiosos físicos han encontrado que las descripciones espirituales de los místicos orientales  y occidentales se corresponden muy bien con los últimos hallazgos de la física cuántica.

5. Desde hace ya varias décadas asistimos a la proliferación de un interés, casi obsesivo, por la figura histórica de Jesús. Muchos son los libros, las tertulias y los debates que tienen como protagonista a aquella época convulsa, en algunos aspectos similar a la nuestra, en la que tuvo lugar el nacimiento de Jesús de Nazaret.  Lo cual nos indica que existe una tendencia a retornar al origen, es decir, de buscar cuales son las raíces espirituales de la cultura occidental.

6. Uno de los temas que me llevó algunos años de investigación, junto al que acabo de mencionarles, es el de los evangelios gnósticos y los rollos del Mar Muerto. El fruto de esas investigaciones fue un libro titulado LA HERMANDAD DE LOS INICIADOS. Estos documentos antiguos, una vez traducidos por los especialistas desde su lengua original, al inglés primero y después a otros idiomas, como el español,  nos descubren una imagen del cristianismo que completa y compensa la perspectiva cristiana más "ortodoxa", exotérica o literalista (católica, ortodoxa o protestante). Lo que de esos textos se desprende es que hubo una serie de sectas cristianas, llamadas en su conjunto "gnósticas"o esotéricas, que defendían la existencia de lo que podríamos llamar un "Cristo interior", con el cual el adepto podía "comulgar" (comunicarse con) sin que para ello tuviese que recurrir a mediadores (sacerdotes). Así, los textos gnósticos apuntan a la vivencia interior de la divinidad, y al camino que conduce al gnóstico a la expresión de esa experiencia.

7. Uno de los signos más claros de esa pérdida de las propias raíces espirituales en el hombre occidental es la huida hacia países exóticos, o a tradiciones espirituales foráneas, como el Budismo, el Taoísmo o el Hinduismo, en la creencia de que, importando ideas que surgieron en una cultura distinta de la nuestra, después de una evolución espiritual larga y progresivamente adquirida, será feliz y completo. Salvo en los casos de vocación genuina, la recuperación de esa Alma perdida no será posible sin un viaje al verdadero oriente que es el mundo imaginal (y el contacto con y la expresión del espíritu de las profundidades). 

8. Otro de los signos de esta época, que indican esa necesidad de recuperar el contacto con el Alma,  es lo que se ha denominado, a raíz de la publicación del libro de Edward Whitmont,  El retorno de la Diosa. Es decir, una revalorización de los aspectos femeninos de la existencia y de la vida, a los que los orientales denominan Yin. Manifestaciones claras de la activación de este arquetipo, de esta pauta colectiva, son, por ejemplo, la declaración de los derechos universales,  la revalorización de la mujer en el ámbito social, laboral, e incluso, religioso, lo que se puede observar en el acceso cada vez mayor de la mujer a puestos de trabajo de gran responsabilidad, impensable hace solo unas décadas (aunque, desde luego, aún quede mucho por hacer), y la celebración de este congreso es una ejemplo de ello. Sin embargo, todo lo que tiene una cara, también tiene su cruz. Y cierta tendencia a la uniformidad u homogeneidad individual, como si los hombres y las mujeres fuesen psicológicamente idénticos, o la exacerbación de los aspectos más instintivos, en detrimento de los racionales, tanto en mujeres como en hombres, puede dar lugar al desequilibrio, a la confusión y la relativización de los valores universales y, en  último término, a un caos (ejemplo: el supermercado New Age, donde se confía en que el acceso al mundo interior y, en definitiva, la expresión de la divinidad en el interior del alma se puede obtener realizando algún cursito de fin de semana, o mediante las indicaciones de la tarotista o astróloga de turno, sin ningún esfuerzo, y sin la intervención de ese don que es la gracia divina). Las crisis actuales, desde la ecológica, hasta la financiero-económica, pasando por la de pareja tienen su origen en la pérdida de las raíces espirituales.



Una de las imágenes arquetípicas que suelen aparecer en los sueños de algunas personas en los inicios de una crisis de sentido es la figura de un dragón contra el que el soñador tiene que luchar. Esto nos recuerda, por ejemplo, al mito de Heracles/Hércules cuando lucha contra la Hidra de siete cabezas. Lo que esos sueños, que reproducen situaciones ante las que los seres humanos de todas las épocas han tenido que enfrontar,  representan es la lucha entre el yo consciente y las energías caóticas desatadas en lo Inconsciente.  Por ese motivo, el predominio de la matriz maternal instintiva frente a la consciencia racional puede dar lugar a un auténtico eclipse de cordura, a una psicosis colectiva, en términos clínicos. Y de lo que se trata, en casos como el de la persona que ha tenido un sueño así, es de vencer a las fuerzas caóticas de lo inconsciente para acceder a los tesoros que en esa región tenebrosa yacen ocultos: una transformación de la consciencia que tenga en consideración tanto los aspectos masculinos, racionales y activos, cuanto los femeninos, a-racionales e instintivos. Sin dar preeminencia a unos, en detrimento de los otros.

Ahora voy a hablarles de los dos polos principales en los que podemos dividir la existencia humana. Por supuesto, esto que les digo es un mapa desde el que representar un territorio que cada uno de ustedes deberá recorrer o habrá recorrido en parte. Por eso, puede que no coincida con toda exactitud en cada caso particular. Pero puede servirnos como orientación.


El primero de los polos es ascendente, dirigido hacia el ambiente exterior, y conduce al individuo a separarse de la atracción que en él ejerce el ambiente familiar de su infancia; deja tras de sí el paraíso de seguridad e ignorancia infantil y se integra en el colectivo social de su época. Se prepara estudiando una carrera, o un oficio, que, eventualmente, lo hará convertirse en un miembro respetable de un colectivo; se enamorará y puede que forme su propio grupo familiar; diversificará el centro de sus intereses en el mundo, etc. La tarea del terapeuta en esta primera etapa de la vida será ayudar al individuo a que levante el vuelo y a desatar los lazos invisibles que lo mantienen amarrado a la infancia. Jung manifiesta que, en este primer polo de la existencia, una incursión prematura en el mundo interior puede servirle al individuo para evadir sus responsabilidades inmediatas. Observó que el giro pendular hacia el otro polo de la vida se produce sobre los 35-40 años, más o menos en la mitad de la vida. No obstante, si bien es cierto que, como norma general, esto suele ser así, los fenómenos concomitantes de la actual crisis de valores que padece el mundo occidentalizado, como por ejemplo la desintegración del núcleo familiar, están provocando que los jóvenes tengan que buscar en su propio interior un sostén y una guía para su propia vida, que compense el desorden y la falta de orientación que, por desgracia, cada vez son más comunes en los hogares occidentales. En el  otro extremo, nos encontramos con personas de edad avanzada, en torno a los 60 años, cuya maduración emocional se corresponde con la de un adolescente, y que aún no han logrado romper el cordón umbilical que les liga al ambiente de su más tierna infancia.

Cuando el individuo ha llegado al cénit de una vida extravertida, identificado con los valores del espíritu de su época, puede que comience a sentir una desorientación vital que le dificulte continuar su vida como hasta entonces. Cuando esto sucede, como los terapeutas de orientación psicodinámica y transpersonal saben bien, suele producirse una regresión hacia etapas evolutivas precedentes y emerge material desde lo inconsciente, pues la energía psíquica se dirige hacia el mundo interior con el fin de encontrar una nueva dirección y orientación vital. En ese momento el individuo trata de buscar una escala de valores que trascienda a su limitado yo consciente. Como diría Jung el espíritu de las profundidades quiere realizarse en él y, por tanto, puede dar comienzo el proceso de individuación.

Les voy a leer las palabras de una joven de 28 años, quien, adelantándose una década a la crisis de la mitad de la vida, describe elocuentemente cómo se siente al atravesar esa etapa de oscuridad, de desorientación que supone el comienzo del viaje hacia las profundidades. Está escrito en la página 159 de mi libro El retorno al Paraíso Perdido y dice así:

"¿Qué he hecho durante mis años de existencia? Nada en lo que me pueda identificar (...) Mi sentimiento de insignificancia se trasmutó en una falta de aprecio por mi vida. Pensé que quizá mejor estaría muerta. Que todo lo vivido hasta la fecha, no tenía ningún sentido y que lo único que había producido era todo un conjunto de pecados capitales, forjados a fuego en el seno de una familia que no tiene apelativos, porque todos se le quedan pequeños. ¿Qué sentido tiene vivir, si todo el potencial está cubierto de lodo? ¿Si el arte se ha transformado en barbarie, el pensamiento en un servidor del Diablo que, con su hybris todo lo destruye y nada aprecia? ¿Si el amor a la vida y a todas sus criaturas se ha convertido impotencia y esta, a su vez, ha abonado el terreno para el nacimiento de la envidia, de la destructividad, del odio, del sadismo, de la crueldad y de la violencia? Ya nada importa, ni tan siquiera la vida tiene valor alguno."

Como vemos, la mujer de este relato, ha llegado a un momento de su vida en el que ya nada tiene sentido. Sin embargo, precisamente esos momentos de "noche oscura del alma" debieran ser entendidos como una llamada de las profundidades para realizar el camino que supone la más elevada realización del individuo. Debo decir que, durante ese período, la mujer de nuestro relato comenzó a tener multitud de sueños, incluso algunas visiones y audiciones interiores, que la hicieron pensar por unos momentos en si no se estaría volviendo loca. Sin embargo, esa "psicosis anticipada", nombre que le dio el psiquiatra Carl Gustav Jung a la primera etapa de la Gran Obra de la realización de la divinidad que nos habita, de la Gran Psicoterapia que Jung denominaba al proceso de individuación. En esos primeros sueños y visiones, en donde lo inconsciente irrumpió abrupta y violentamente en el campo de la consciencia, lo que se produjo fue una muerte del "hombre viejo", es decir, de una consciencia egocéntrica regida exclusivamente por sus propios intereses y deseos egoístas. Resulta de importancia capital, en un momento como el que acabamos de describir, el trabajo creativo del individuo, de modo que pueda dar una forma manifiesta a todos esos contenidos que afluyen desde lo inconsciente. Ya sea mediante la pintura, la escultura, la poesía, la literatura, la música o de un híbrido de ellas, el individuo puede plasmar en imágenes y/o en palabras los diferentes estados emocionales.

El ser humano moderno vive en una situación semejante a la descrita, y es, por lo tanto, un rey decrépito y viejo, es decir, su yo se ha separado tanto de las raíces, de la fuente de la Vida, fuente que brota de un centro que se encuentra más allá y más acá de la consciencia, que está destinado a "morir  para renacer", como el ave fénix o la oruga antes de convertirse en mariposa. El desagradable cuerpo de la oruga, justo antes de introducirse en su capullo, es una representación simbólica del ser interior que aún es pura potencia. Luego, pasado un cierto tiempo en la oscuridad del capullo (representación de la crisis de sentido), el gusano vil se transforma en venusta mariposa. Y, como tal vez sepan, la mariposa es un conocido símbolo del alma. Por lo tanto, la muerte del rey viejo, es decir, del hombre egocéntrico que solo mira por sus propios intereses, da paso al nacimiento del Alma y, con ello, a una vida sagrada. El yo se convierte en un fiel sirviente de un centro que habita en las profundidades de su Alma: la Imagen de Dios en el hombre, el Cristo interior.

Les voy a relatar un ejemplo de imaginación activa, que es un método de meditación a través del cual el individuo involucrado en un proceso de individuación o de realización de la divinidad que lo habita entra en contacto con los habitantes de su mundo interior, como hace Jake Sully en la película Avatar al acceder a Pandora.

"Veo a través de un Gran Ojo interior cómo emerge una gran esfera oscura hacia la superficie. Parece un gran sol oscuro que gira alrededor de un eje imaginario, de derecha a izquierda. Ese sol oscuro, esa gran esfera negra, se transforma en dos columnas o ejes alrededor de los cuales estoy girando. A mi izquierda el giro es de en el sentido de las agujas del reloj, mientras que a la derecha el giro es contrario a las agujas del reloj. En ambos casos, el giro se hace sobre un eje imaginario de la existencia que permanece inmóvil y que no tiene límite alguno, ni por arriba, ni por abajo. Entre ambas columnas giratorias se abre un camino largo, angosto y oscuro que parece dar comienzo en la boca de una gruta o cueva. Me dirijo hacia la entrada y veo a una criatura medio humana, bastante primitiva, que me conduce hacia el interior de la cueva. Me veo caminando detrás de aquél extraño guía, mientras porto una antorcha con la que voy iluminando aquella especie de gruta. El camino es muy oscuro y, por momentos, es sinuoso. Me da la impresión de que voy por una especie de galería húmeda, que desciende hacia el interior de la Tierra, de una oscuridad cada vez más pronunciada  y solo la luz de mi antorcha ilumina el lugar. Después de caminar durante largas jornadas, de enfrentar peligros con la ayuda de mi guía, veo una luz al final del túnel. Después de caminar algunas jornadas más, llego al final de aquella galería oscura y salgo de la gruta a la luz del día".

El ejercicio de imaginación activa continuó durante más tiempo pero con este fragmento nos podemos hacer una idea del método. Este método le permite al individuo ver un mundo anímico, objetivo, que lo habita (de modo parecido a como los místicos, los alquimistas y otros maestros espirituales lo han descrito también). El trabajo posterior consiste en interpretar lo que esas imágenes significan en la vida del individuo, y se procede como si se tratase de un sueño.

Esta serie de imágenes, de un modo muy resumido, simbolizan el acceso de la consciencia en lo Inconsciente. Y, más concretamente, se trata de un descenso a los infiernos, de una entrada en las profundidades de la Tierra madre que es lo Inconsciente colectivo. Ese recorrido es, precisamente, el único que posibilita la transformación de la consciencia, la renovación de la vida, por más difícil que ello pueda resultar por momentos (especialmente al principio). Si este recorrido por los infiernos de nuestra propia interioridad no se realiza de un modo consciente y sincero, guiados por el maestro interior (que puede, también, manifestarse en un maestro o guía exterior durante un tiempo), como vemos en el ejemplo de la imaginación, el desastre está servido.


Si iniciamos el camino hacia nuestras raíces, hacia el interior de la Tierra, y nos enfrentamos con las oscuridades que todos albergamos (incluido el mal de la naturaleza humana) en nuestro interior, lograremos sanar nuestro malestar, el mismo que padece nuestra cultura.

En mi novela de próxima publicación, titulada Al Final del Túnel, describo este viaje de renovación y de renacimiento de la divinidad en el interior del ser humano. Aventurémonos a seguir la llamada de nuestra profundidad y permitamos que Cristo nazca en el seno de nuestra Alma. Entonces, podremos decir con Jesús que “ya no soy yo quien vive, sino que es Cristo quien vive en mí y a través de mí”. Muchas gracias."

lunes, 13 de agosto de 2012

1er CONGRESO INTERNACIONAL DE SALUD INTEGRAL: "ESPIRITUALIDAD. Reto del siglo XXI



El fin de semana del 12 al 13 de octubre de 2012 se celebrará, en el Salón Figlos de los Mochis, Sinaloa, en México el 1er Congreso internacional de Salud Integral sobre "Espiritualidad." Reto del siglo XXI, organizado por el Instituto para la formación integral de la mujer. Dirigido a profesionales de la salud, de la educación, a Filósofos, Pedagogos, estudiantes de Psicología, Abogacía, Medicina, Enfermería, Trabajo Social, etc., así como a todo aquel interesado en la Espiritualidad. En él participaremos la Dra. Maribel Rodríguez y el Lcdo. Jose Antonio Delgado Gonzalez.

martes, 3 de abril de 2012

III CONGRESO DE ANTROPOLOGÍA, PSICOLOGÍA Y ESPIRITUALIDAD





El fin de semana del 21 al 23 de septiembre de 2012 se celebrará, en la Universidad de la Mística de Ávila-CITES, un congreso sobre "La experiencia mística". Este congreso será el III Congreso de Antropología, Psicología y Espiritualidad de la "Cátedra Edith Stein" en la mística ciudad de Ávila. Participarán grandes profesionales, expertos en el tema del congreso, que mostrarán diferentes perspectivas sobre la experiencia mística, sobre cómo interpretarla, su relación con el autoconocimiento y con la ciencia, sobre si es o no "locura", sobre qué es lo que ocurre en el cerebro en una experiencia mística, etc.

Os dejo un avance del programa y os animo a acudir a uno de los congresos más importantes en lo que a la "experiencia mística" se refiere. Más información en el blog de su directora y organizadora, la psiquiatra Maribel Rodríguez. También podéis ver el programa en pdf pinchando aquí.



ESTE AÑO SE PODRÁ ASISTIR ONLINE



VIERNES 21 DE SEPTIEMBRE:


Mañana:


- 9:30 -- Recepción y entrega de documentación.

- 10:15 - 10:30 --- Acto de apertura y presentación del congreso.

- 10:30 - 11.30 – Conferencia inaugural:


El "saber místico" como meta de toda ciencia. A la luz de la "experiencia" de Edith Stein

Francisco Javier Sancho

Doctor en Teología Espiritual, especialista en Edith Stein, profesor en el Teresianum de Roma y en la Facultad del Norte de España, director de la Universidad de la Mística


- 11:30 - 12:30 --- Ponencia


El Silencio místico: el No-lugar de los "mil nombres”


Enrique Martínez Lozano


Sacerdote y Psicólogo

- 12:30 - 13:00 --- Descanso.


- 13:00 - 14:00 --- Ponencia:


Relaciones entre psicología y espiritualidad desde una perspectiva sufí. O por qué Nasrudin se cayó del burro


Rafael Millán


Psicólogo y Sufí

Tarde:

16:30 - 17:30 --- Ponencia


Mística y autoconocimiento


Mónica Cavallé


Doctora en Filosofía, asesora filosófica, escritora


17:30 - 18:30 --- Ponencia


La sinfonía interior


Xosé Manuel Domínguez Prieto


Doctor en filosofía, Profesor y miembro del Instituto E. Mounier.


18:30-19:00 --- Descanso

19:00 – 20:30 – Talleres



SÁBADO 24 DE SEPTIEMBRE:


Mañana:


- 10:00 - 11:00--- Ponencia


“La experiencia mística” aproximación desde el psicoanálisis


Carlos Domínguez


Psicólogo, Psicoanalista, Profesor de la Facultad de Teología de Granada


- 11:00 - 12.00 -- Ponencia


El problema cerebro-mente: neuropsicología de la experiencia religiosa


Javier Tirapu


Neuropsicólogo clínico


- 12:30 - 13:00 --- Descanso.


- 13:00 - 14:00 --- Comunicaciones


Tarde:


16:00 - 17:00 --- Ponencia


La experiencia visionaria: mística y creación


Victoria Cirlot


Profesora titular de Filología Románica en la Universidad Pompeu Fabra. Experta en cultura medieval y simbología


17:00 - 18:00 -- Comunicaciones.


18:00 - 18:30 --- Descanso.


18:30 - 19:30 – Ponencia


¿Mística o locura? ¿Es posible distinguirlas?


Ignacio Boné


Doctor en Medicina y Cirugía, Médico Psiquiatra, Teólogo, Profesor en la Universidad Pontificia de Comillas


Domingo 25 de Septiembre:


- 10:00 - 11:00--- Mesa redonda con ponentes presentes (para preguntas del público y conclusiones).


- 11:00-11:30 --- Descanso


- 11:30 – 12:30 -- Conferencia de clausura


El hecho místico. Ensayo de fenomenología


Juan Martín Velasco


Doctor en Filosofía, Catedrático emérito de fenomenología de la religión en la Universidad Pontificia de Salamanca, sede de Madrid.


- 12:30 - 12:45 --- Clausura de las Jornadas


Talleres:


1.- Taller de meditación-contemplación teresiana


Equipo de la Universidad de la Mística-CITES


2.-. Meditar: el camino del Silencio y de la Presencia consciente


Enrique Martínez Lozano


3.-. Meditación: La escucha interior


Maribel Rodríguez

martes, 18 de octubre de 2011

LA CRISIS COMO FUENTE DE CREATIVIDAD Y TRASCENDENCIA

Rosarium Philosophorum,1550. El león devora el Sol. 

El pasado fin de semana del 15 y 16 de octubre de 2011 tuve el privilegio y el honor de ser invitado a las XV Jornadas-Encuentro tituladas AFRONTANDO LAS CRISIS. PERSPECTIVA PERSONAL E INSTITUCIONAL” por la Asociación Española de Logoterapia (AESLO). En el Local IESU, última obra de Moneo, que forma parte de una moderna Iglesia, tuvieron lugar estas jornadas, en las que pude participar realizando una comunicación titulada LA CRISIS COMO FUENTE DE CREATIVIDAD (Y TRASCENDENCIA), gracias a la amable invitación de la Dra. María Ángeles Noblejas.

A continuación podéis leer dicha comunicación.





LA CRISIS COMO FUENTE DE CREATIVIDAD (Y TRASCENDENCIA)

José Antonio Delgado González
Lcdo. Ciencias Ambientales, estudioso de la Psicología Profunda, escritor y estudiante de Psicología. 

Aunque se haya mencionado en repetidas ocasiones a lo largo de estas jornadas, nunca se insistirá lo suficiente en que, las crisis que actualmente padece el mundo occidental, y el oriente occidentalizado, atañen, primordialmente, a los valores. Y, con ello, no se está diciendo que, con proclamar a voz en cuello la importancia de la bondad, la libertad, la fraternidad y la igualdad entre todos los seres humanos, sea suficiente. Lamentablemente, no lo es, como muestran las constantes violaciones de los derechos humanos en todas partes del orbe. En estos hechos, vemos retratado el estado moral del ser humano de hoy. 

Desgraciadamente, sólo una pequeña porción de la sociedad es capaz de ver  más allá de los acontecimientos, de los sucesos o de los hechos, así llamados objetivos, para leer entre líneas su significado “simbólico”. Y es que vivimos una época que se caracteriza por un auténtico eclipse de cordura, que parece afectar, de igual modo, a las clases dirigentes, a buena parte de los intelectuales y al colectivo de esta sociedad en la que hemos sido alumbrados. A veces pienso si no vivimos algo parecido a lo que aparece reflejado en la película “El planeta de los Simios”. La regresión cultural que estamos sufriendo y el estado moral de las clases dirigentes así parecen atestiguarlo.

Como antes apuntaba, tengo la impresión de que, lo que al ser humano parece haberle sucedido, en el transcurso de los últimos tiempos (Ilustración, modernidad, post-modernidad), es que ha perdido su Alma, convirtiéndose, por tanto, en un ser desalmado (carente de conciencia, cruel, privado de espíritu). Así, las crisis que padecemos hoy son el resultado de esa pérdida del Alma (de un vacío existencial que diría Frankl). Ahora bien, toda crisis encierra en su seno una oportunidad de renacer de los escombros del pasado. Como ya manifestaron autores tales como Victor Frankl, Carl G. Jung, Mircea Eliade o Joseph Campbell, entre otros,  toda vida humana genuina implica crisis profundas, sufrimiento, pérdida, muerte y resurrección. Y esto es válido tanto para los individuos, cuanto para el colectivo. Así, en estos momentos en que atravesamos una crisis profunda, que parece afectar a todas las facetas de nuestra vida o, al menos, a aquellas que considerábamos de la mayor importancia (especialmente el dinero, al que hemos convertido en una deidad), la única esperanza de resolución parece residir en la posibilidad de que se produzca una renovación total y profunda, una renovación que transforme la vida toda, y de la cual emerja el Sentido de la propia existencia. Entendiendo por Sentido, la orientación vital, el significado de la Vida y el soporte vital que nos sostiene y del cual somos expresión. Y esta tarea le está encomendada, en primer lugar, al individuo, a la persona, que, tras un descensus ad inferos, puede hallar el tesoro de una vida plena de sentido, una vida sacralizada y unificada.

Sobre esta idea, Víctor Frankl, en su libro autobiográfico El hombre en busca de sentido, afirma lo siguiente: "Lo que de verdad necesitamos es un cambio radical en nuestra actitud hacia la vida. Tenemos que aprender por nosotros mismos y, después, enseñar a los desesperados que en realidad no importa que no esperemos nada de la vida, sino si la vida espera algo de nosotros." Aquí, Frankl está apuntando la importancia de transformar el punto de vista egocéntrico (“no espero nada de la vida”, como escuchaba decir a muchos prisioneros que habían perdido el sentido de sus vidas) en una perspectiva centrada en el sentido de la Vida, una Vida que nos ha sido concedida.

Pero para que esto suceda, primero se ha de producir una muerte de una parte de nosotros. A través de esta muerte “iniciática”, es decir,  de esta muerte “simbólica”, se hace posible una nueva gestación, un nuevo nacimiento. Y, al igual que sucede en todas las iniciaciones tradicionales, lo que muere es un determinado estado de consciencia, una orientación establecida, una identificación parcial y exclusiva con el mundo material,  que se caracteriza por la profanidad, la desacralización, la falta de un sentido último de la existencia, más allá del predominio de una infantilidad patológica que, como ocurre en los niños, mira principalmente por sus propias necesidades egocéntricas, para renacer a un estado de consciencia que se caracteriza por el acceso al mundo del Espíritu (pneuma, hálito o soplo vital, principio generador), a la verdadera cultura (entendida esta como cultivo, crianza o forja del Alma). Así entendida, la cultura reside, no en el ámbito de la razón y del intelecto, sino en lo más profundo del ser humano, allí donde habitan los espíritus de los antepasados, los dioses, los seres sobrenaturales, los daimones o geniecillos o, como los denomina la Psicología Analítica, los arquetipos o potencias espirituales de lo Inconsciente Colectivo (W. Shakespeare expresa esta misma idea en su tragedia Hamlet, donde  escribe: “Hay más cosas en el cielo y en la tierra, Horacio,  de lo que alcance a entender la Filosofía”). La razón y el intelecto se convierten, tras la iniciación, en instrumentos indispensables de reflexión de lo vivido,  transformando las vivencias en experiencias y expresando a través del lenguaje la experiencia de lo vivido. Es decir, dando fe de la experiencia del Sentido. Esta paradoja mercurial se expresa en un koan Zen que dice: “la iluminación no se obtiene pensando, pero tampoco sin pensar.”

Y es que, según parece, toda crisis enseña al hombre una lección que necesita aprender. Quizás la lección más importante es la de no apegarse a ningún logro obtenido, sea este de carácter material o intelectual, tampoco a ningún lugar geográfico, ni a relación personal alguna, pues  todo ha de sacrificarse en virtud de una consagración de la propia Vida, como ofrenda a algo que trasciende nuestro ego. La Vida, después de atravesar una crisis de esta magnitud, adquiere una dimensión sagrada.

Viktor Frankl da testimonio de esta última experiencia al afirmar que, cuando lo había perdido todo, se dio cuenta de la importancia del "Amor como la meta última y más alta a que puede aspirar el hombre". Y, al vivenciar esta verdad, pudo ver la realidad con los ojos de un niño, llenos de asombro ante la belleza de la naturaleza. Podía disfrutar de una puesta de sol o de la imagen de su mujer, evocada en su interior, pese al trato inhumano que recibía en los campos de concentración.

Para poder atravesar la desorientación que parece caracterizar a toda crisis, la creatividad juega un papel fundamental. De hecho, en los momentos de mayor oscuridad, de gran tensión y sufrimiento, la expresión creativa permite dar un cauce a los estados afectivos que emergen durante las crisis. Ya sea a través de la pintura, de la danza,  de la escultura, de la composición musical, de la literatura, o bien, de un híbrido de varias expresiones artísticas, el individuo puede dar “rienda suelta” a esas emociones que lo embargan durante los periodos de crisis.

Un ejemplo de ello nos lo proporciona el recientemente publicado Libro Rojo del psiquiatra Carl G. Jung, donde su autor, a través de un método que él denominó  Imaginación Activa, en el que interactuaba con las imágenes internas, dibuja y escribe su experiencia con el Alma. Jung descubrió este método precisamente cuando atravesaba un periodo de desorientación y crisis, entre 1912 y 1916, hasta el punto de pensar que estaba perdiendo la cabeza.

Muchos otros escritores, poetas y visionarios, como Miguel de Unamuno, Antonio Machado, William Blake, Dante Alighieri, Friedrich Nietzsche o María Zambrano, por poner unos pocos y conspicuos ejemplos,  también accedieron, después de atravesar una crisis, a ese mundo que Henry Corbin, el gran hermeneuta islámico, denominó Mundus Imaginalis o Mundo Imaginal y que Jung rebautizó como Inconsciente Colectivo, lo que puede verificarse tras la lectura de sus obras. Víctor Frankl también recurrió a la imaginación, cuando evocaba la imagen de su mujer, con quien mantuvo incluso varios diálogos interiores, durante su estancia en los campos de concentración, lo que le ayudó a soportar los mayores sufrimientos.

En mi caso particular, mientras atravesaba una crisis que afectó a todas las facetas de mi vida, rompiendo mi cosmovisión egocéntrica, conocí el método propuesto por Jung antes mencionado, la Imaginación Activa, y escribí varios centenares de páginas en las que expresaba el diálogo interior que mantuve con las imágenes, que desde lo inconsciente biográfico y colectivo fueron brotando, mientras permanecía en un estado de consciencia parecido al duermevela.

La crisis, así concebida, puede entenderse como una iniciación al ámbito espiritual, un retorno al paraíso perdido de nuestra interioridad, para utilizar el título de mi primer libro, es decir, la recuperación del contacto con el Alma perdida, donde la consciencia accede a una realidad que no es la realidad material  y ordinaria, sino a un mundo trascendente, allí donde los espíritus se corporeizan y los cuerpos se espiritualizan. Para ejemplificar el contacto con el Alma, es decir, con lo Trascendente, mientras atravesaba una crisis existencial, o mejor, una metanoia, para lo cual me serví de la Imaginación Activa, método que tiene como predecesora la Imaginación verdadera y no fantástica  de la alquimia medieval, vamos a leer el diálogo que mantuve con una imagen interna, ligeramente modificado para su publicación en un libro titulado Encuentros en la oscuridad:

José: Mientras meditaba, tuve una visión que me dejó sumido en lo más
profundo de mí mismo. La imagen de un geniecillo, de
un daimon, apareció ante mi asustada mirada interior y comenzó
a hablarme en un lenguaje extraño y enigmático.

 Daimon: ¡Querido Discípulo! ¡Hijo del Universo! Escucha
con atención todo cuanto te voy a revelar acerca
de la naturaleza del Mal. Hay quienes opinan que Dios
es pura Bondad, que en él reside el Bien Supremo y
que encaminando sus pasos hacia Él conseguirán encarnar
una vida virtuosa, pero en verdad te digo que
esos que así piensan yerran en algo que es de lo más
fundamental, pues la maldad no es un atributo ajeno
a Dios. El Mal es la cara opuesta de Dios, su otro rostro.
En Él residen ambos opuestos, tanto la Bondad
cuanto la Maldad.  Ese Mal que desgarra las entrañas,
que compone la tensión de los opuestos que se separan y luchan entre sí.
 Muerte y destrucción, escisión y distanciamiento
son atributos del Mal de cuyo seno aflorará la semilla
del Bien. Confusión y caos son los prolegómenos
del nacimiento de lo nuevo. Lo nuevo es la
Totalidad, que se reorganiza y ordena sólo a través de
la desorganización y del Caos. Medita largamente sobre
estas enseñanzas, para que extraigas de ellas el máximo
jugo.

José: ¿Quién eres? ¿Cuál es tu nombre?

Daimon: Soy aquel daimon que quiere el Mal y genera el
Bien. He recibido muchos nombres. Tú puedes llamarme
Abraxas. Soy el puente entre dos mundos, el Dios de
las controversias. Dos rostros poseo y, sin embargo, pocos
son los que me conocen. Represento el límite y su ruptura,
el control y el caos; domino y liberto, moldeo y deshago,
estructuro y destruyo; soy el más anciano y el
más joven. A través de mí conocen los hombres el mundo de arriba y el de
abajo, la luz y la oscuridad, lo anterior y lo posterior,
el Todo y la Nada, el poder y la debilidad, la Materia
y el Espíritu; de mí consiguen el ensalzamiento y la
miseria, la cúspide y las honduras, la dilatación y la contracción,
el cielo y el infierno. ¡Querido Discípulo! Escúchame
con atención: sólo aquél que esté libre de deseos
obtendrá de mí los dones más divinos. Quién no
ansíe nada, lo tendrá todo. Aprende y graba estas palabras
para que sean norma de tu vida. Aquellos que
se afanan por ascender a lo más alto, terminarán cayendo
y su caída los conducirá a un abismo tanto más
hondo, cuanto más alto se hayan elevado. Ésta es mi
ley. Busca siempre la norma de la medianía. En el equilibrio
hallarás la Virtud.

José: ¿De dónde procedes?

Daimon: Del mundo de lo no manifestado. He tomado
forma manifiesta para que puedas escuchar mis enseñanzas
y aprender los secretos mejor guardados. Como
forma sin forma, mi mundo es el Pleroma. Como Padre
de los seres manifestados soy Creatura. Como Creatura
me manifiesto a los hombres, pero estos suelen
conocerme a través de mis acciones. En tanto que
Arquetipo pertenezco al Pleroma y, por tanto, soy incognoscible,
inaprensible, innominable e inefable. Y,
sin embargo, mi actuación se hace patente por doquier.
Sólo puedes acceder a mí a través de mi nombre (símbolo) que
es pura manifestación. Sin ellos saberlo la vida de los seres
humanos es un sueño en cuyo seno se entretejen los
más imbricados hilos que conforman el tapiz que habrá
de manifestarse en el mundo fenoménico. Detrás
de los fenómenos que los hombres llaman sucesos
hállase el mundo de las deidades secundarias,
verdaderos regentes de las vidas y destinos humanos y no humanos.

José: Pero, entonces, ¿no somos dueños de nuestros
destinos?

Daimon: No atiendes a lo que te estoy diciendo. Abre bien
tus oídos internos para que comprendas en su justa
medida, extensión y entendimiento mis palabras. El
hombre natural está regido
por los Gobernadores del Destino, también llamados
dioses secundarios o instintos, pues el hombre en estado
natural es un ignorante de las leyes del Espíritu.
Profano en los designios divinos, y ajeno por completo
a la Verdad del Uno, el Gran Andrógino, se halla
perdido y, por consiguiente, es una marioneta cuyos
hilos penden de las manos del Destino.
Pero existe un modo por el cual el
ser humano puede liberarse de la voluntad de los instintos.
Ahora bien, para ello habrá de morir a su estado
natural o instintivo. Sólo a través de esta muerte
podrá el hombre renacer a la verdadera Vida. Y esa
Vida nueva está libre de las ataduras al signo, si bien
las influencias de los Gobernadores seguirán actuando.
Pero al renacer al mundo del Espíritu, el ser humano
deja tras de sí su estado de ignorancia e infantilismo,
comienza a conocer las leyes del Espíritu y se
interna en el conocimiento de sí mismo. Deja de ser
esclavo de las leyes del Destino. El acceso al
vasto universo estelar lo hace penetrar en el Alma
del Universo y, con ello, descubre su esencia dual: su
parte mortal, regida por las leyes del tiempo y del
Destino y la parte inmortal, que se pierde en la lejanía,
allende los límites del tiempo y del espacio conocidos.
Esta vía a la verdadera
Vida no es recorrida sino por unos pocos, los menos.
Entiende bien esto: no es camino fácil. El
enfrentamiento con la muerte y la posterior resurrección
a una nueva vida es dramática experiencia.
En ella el hombre se reconoce a sí mismo, de suerte
que de la unión de lo Femenino con lo Masculino se
engendra el prodigio del Ser Uno, completo, Andrógino
y, por lo tanto, hembra y macho al mismo tiempo.


José: Aquí terminó el primer diálogo. Días después,
sumido en tribulaciones, regreso de nuevo a
un estado de meditación en el que todos mis sentidos
parecían haber quedado suspendidos. En
ese momento, de detrás del telón de fondo de mi interioridad,
surgió una nueva figura que refulgía cual luz
incandescente, aunque esta vez sin forma. Una voz
como de ultratumba empezó a hablarme del siguiente
modo:

Daimon: ¡Querido Discípulo! ¡Hijo del Universo! Parece
que estás cuestionándote lo que muchos hombres antes
que tú se han preguntado. No vas del todo mal encaminado
cuando reflexionas en torno a la Obra que
es la realización de tu propia esencia. No obstante, habrás
de saber que ello no es tarea fácil.
El conocimiento de tu procedencia
divina  no se logra sino después de que hayas muerto.
Sí, querido discípulo, la muerte no es otra cosa que un cambio de estado.
Una transformación que te conduce al conocimiento
de tu esencia divina (…)

Así que, en aquella crisis, en aquél sinsentido, se escondía el Sentido último de mi vida. En definitiva, mi verdadera vocación. Todo cuanto he escrito, y todo cuanto escriba en el futuro, se nutre de los encuentros entre el espíritu inmortal y mi vida finita, entre el Padre y la Madre, entre la Eternidad y el Tiempo. Muchas gracias.



Quiero agradecer desde aquí a todos los conferenciantes y comunicadores, así como a todos los que han hecho posible que este encuentro tuviera lugar, por su magnífica labor de dar a conocer los frutos maduros de la vida y obra del creador de la Logoterapia, también conocida como la “tercera escuela vienesa de psicoterapia”, Victor E. Frankl, centrada en la búsqueda del sentido de la existencia humana.