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domingo, 25 de febrero de 2024

RELACIÓN ENTRE PERSONAS CON ALTAS CAPACIDADES Y NARCISISMO: UN ANÁLISIS BASADO EN LA EVIDENCIA CIENTÍFICA.

 

RELACIÓN ENTRE PERSONAS CON ALTAS CAPACIDADES Y NARCISISMO: UN ANÁLISIS BASADO EN LA EVIDENCIA CIENTÍFICA

José Delgado González. Psicólogo y terapeuta de orientación junguiana.

Resumen.

El presente artículo aborda la relación entre las personas con altas capacidades intelectuales y el narcisismo, explorando los hallazgos científicos que respaldan esta conexión. A través de un análisis crítico de la literatura, se examinan los posibles factores que contribuyen a esta asociación, así como las implicaciones para la comprensión y el apoyo a las personas con altas capacidades en diversos contextos.

Palabras clave: Personas con altas capacidades, Narcisismo, Autoestima, Autoconcepto, Psicología.

Introducción.

Las personas con altas capacidades intelectuales han sido objeto de interés y estudio en el ámbito de la psicología y la educación. Sin embargo, una cuestión que ha surgido en la literatura es la posible relación entre las altas capacidades y el narcisismo. Este artículo se propone explorar esta relación, examinando la evidencia científica disponible y sus implicaciones para la comprensión y el apoyo a esta población.

La Relación entre Altas Capacidades y Narcisismo.

La investigación ha sugerido que las personas con altas capacidades pueden mostrar tendencias narcisistas en ciertos aspectos de su comportamiento y cognición. Por ejemplo, algunos estudios han encontrado que los individuos con altas capacidades pueden exhibir niveles más altos de autoestima y autoconcepto positivo en comparación con la población general (Stankov, 2013).

Además, la percepción de superioridad intelectual y el deseo de destacarse pueden estar presentes en individuos con altas capacidades, lo que podría relacionarse con características narcisistas (Peterson & Deary, 2014). Sin embargo, es importante tener en cuenta que estas tendencias no son universales y pueden variar según el contexto social y cultural en el que se encuentre la persona.

Factores que Contribuyen a la Asociación.

Varios factores pueden contribuir a la asociación entre altas capacidades y narcisismo. Por ejemplo, el reconocimiento temprano de las habilidades excepcionales de un individuo y el elogio constante pueden alimentar un sentido de superioridad y autoimportancia (Gallagher & Kaufman, 2005). Asimismo, las expectativas sociales y familiares de excelencia pueden generar una presión adicional sobre la persona con altas capacidades para destacarse y sobresalir.

Además, la falta de oportunidades adecuadas para el desarrollo y la expresión de sus intereses y habilidades puede llevar a la frustración y la búsqueda de validación externa, lo que puede manifestarse como comportamientos narcisistas (Neihart, 1999).

Implicaciones y Consideraciones Futuras.

La comprensión de la relación entre altas capacidades y narcisismo tiene importantes implicaciones para la identificación, evaluación y apoyo de esta población en diversos contextos, incluida la educación y la salud mental. Es fundamental adoptar un enfoque equilibrado que reconozca las habilidades excepcionales de estas personas, al tiempo que fomente el desarrollo de habilidades sociales, emocionales y éticas que promuevan relaciones saludables y una contribución significativa a la sociedad.

Conclusiones.

En conclusión, la relación entre personas con altas capacidades y narcisismo es un tema complejo que requiere una exploración cuidadosa y empírica. Si bien existen evidencias que sugieren una asociación entre altas capacidades y ciertas características narcisistas, es importante evitar generalizaciones simplistas y considerar los múltiples factores que contribuyen a esta dinámica. Al promover un enfoque holístico y centrado en el bienestar de las personas con altas capacidades, podemos apoyar su desarrollo integral y su contribución positiva a la sociedad.

Bibliografía:

Gallagher, S. A., & Kaufman, J. C. (2005). Gender differences in mathematics: An integrative psychological approach. Cambridge University Press.

Neihart, M. (1999). The impact of giftedness on psychological well-being: What does the empirical literature say? Roeper Review, 22(1), 10-17.

Peterson, E., & Deary, I. (2014). The measurement of intelligence: The revised Wechsler Adult Intelligence Scale (WAIS-III). Handbook of Intelligence, 107-131.

Stankov, L. (2013). The construct of general intelligence. Springer Science & Business Media.

Webgrafía:

APA Style. (s.f.). Recuperado de https://apastyle.apa.org/

American Psychological Association. (s.f.). Recuperado de https://www.apa.org/

Principio del formulario

 

martes, 20 de febrero de 2024

EXPLORANDO LA BÚSQUEDA DE SENTIDO Y PROPÓSITO: PERSPECTIVAS DESDE LA PSICOLOGÍA Y LA NEUROCIENCIA

 

Explorando la Búsqueda de Sentido y Propósito: Perspectivas desde la Psicología y la Neurociencia

José González Delgado. Psicólogo y terapeuta de orientación junguiana.

 

Resumen:

La búsqueda de sentido y propósito en la vida es un aspecto fundamental de la experiencia humana. Desde una perspectiva psicológica y neurocientífica, este artículo explora las dimensiones de la búsqueda de sentido y propósito, así como los procesos cognitivos y neurales involucrados en este proceso. Se examinan los factores que influyen en la búsqueda de sentido y propósito, así como los beneficios para la salud mental y el bienestar asociados con su realización.

Introducción:

La búsqueda de sentido y propósito en la vida es una motivación fundamental que impulsa el comportamiento humano y da forma a nuestras experiencias y decisiones. A lo largo de la historia, filósofos, psicólogos y pensadores han explorado las complejidades de este tema, buscando comprender qué significa vivir una vida significativa y cómo podemos encontrar un propósito que nos guíe en nuestro camino.

Dimensiones de la Búsqueda de Sentido y Propósito:

La búsqueda de sentido y propósito abarca múltiples dimensiones, que incluyen la búsqueda de significado en las experiencias personales, la conexión con los demás y con algo más grande que uno mismo, y el establecimiento de metas y valores que guían nuestras acciones y decisiones. Esta búsqueda puede manifestarse de diversas formas, incluyendo la exploración espiritual, el compromiso con actividades significativas y la búsqueda de relaciones auténticas y significativas.

Factores que Influyen en la Búsqueda de Sentido y Propósito:

La búsqueda de sentido y propósito está influenciada por una variedad de factores, que incluyen la cultura, la educación, las experiencias de vida, y las creencias y valores personales. La investigación sugiere que las personas que tienen una sensación de propósito en la vida tienden a experimentar mayores niveles de bienestar emocional, satisfacción con la vida y resiliencia frente a la adversidad.

Procesos Cognitivos y Neurales:

La búsqueda de sentido y propósito involucra una serie de procesos cognitivos y neurales complejos. Estudios neurocientíficos han identificado regiones del cerebro asociadas con la reflexión sobre el propósito de la vida, la toma de decisiones basada en valores y la experiencia de significado y trascendencia. Se ha encontrado que la activación de estas regiones está relacionada con una mayor satisfacción con la vida y un mayor bienestar emocional.

Beneficios para la Salud Mental y el Bienestar:

La investigación ha demostrado que la búsqueda de sentido y propósito en la vida está asociada con una variedad de beneficios para la salud mental y el bienestar. Las personas que encuentran un propósito en la vida tienden a experimentar niveles más bajos de estrés, ansiedad y depresión, así como una mayor capacidad de recuperación frente a la adversidad y una mayor longevidad.

Conclusiones:

La búsqueda de sentido y propósito en la vida es un proceso fundamental que contribuye al bienestar emocional y psicológico de las personas. Desde una perspectiva psicológica y neurocientífica, entender los procesos y mecanismos involucrados en esta búsqueda puede proporcionar ideas valiosas para promover el bienestar humano y mejorar la calidad de vida de las personas en todo el mundo.

 

sábado, 12 de febrero de 2022

CRÍTICA A LA PSIQUIATRÍA Y A LA PSICOLOGÍA MODERNAS

 CRÍTICA A LA PSIQUIATRÍA Y A LA PSICOLOGÍA MODERNAS


José González. Psicólogo y terapeuta de orientación junguiana.




En este breve artículo que hoy escribo para Psicología junguiana me voy a referir específicamente a una serie de críticas que desde la práctica de la psicoterapia junguiana me veo en la necesidad de hacer a los valores presentes en la consciencia colectiva contemporánea. 

Para empezar, el objeto de estudio de la psicología, como su propio nombre indica, es el alma o la psique. Por lo tanto, no se reduce solo a la mente racional o consciente, y menos aún a la biología del cerebro. El alma es el ámbito de la emoción y de la imaginación, abandonada y maldita no solo por la ciencia, sino también por las confesiones. 

Uno de los temas fundamentales que surge en la consulta es el modo en que se aborda la psique en el modelo de psicología occidental. Así, se pretende trasponer al estudio del alma el modelo somático o biológico, más propio de la medicina que de la psicología. Con ello, desaparece el auténtico objeto de tratamiento y estudio de la psicología: la psique o el alma.

Como decíamos más arriba, el alma se expresa en el ámbito de las emociones y de las imágenes. Es un mundo de imágenes que fluye cual ripario discurrir de las aguas, o bien, se refleja en el espejo de una fuente cuya agua vuelve al lugar del que procede. Lo observamos los psicólogos en los sueños, en la imaginación y en la actividad creativa (y, por supuesto, en todo aquello que el paciente refiere). La psique es, en verdad, una imagen del mundo. La consciencia puede ver el mundo desde dentro cuando observa el alma. De ahí que todos los conflictos que acontecen en el mundo también están ocurriendo en la psique de los individuos que participamos en el mundo. La guerra de Ucrania no solo ocurre entre Rusia y Ucrania, siendo que están involucrados otros países y, en el fondo, dos paradigmas o modos de ver el mundo. La guerra ruso-ucraniana también acontece en la psique de quienes vivimos en esta época convulsa.

Así pues, la psiquiatría moderna adolece no solo de un desconocimiento del objeto de estudio de la psicología, sino además de una lamentable carencia de una verdadera psicopatología. Los dioses ya no están en el Olimpo, ni los observamos en la actividad de la naturaleza. Sin embargo, los vemos actuar en los padecimientos psíquicos, creando pandemias que son potenciadas por los medios de comunicación de masas y las redes sociales.

Por ejemplo, el modelo imperante en el actual manual de trastornos mentales (DSM-V) es descriptivo, procede de un paradigma decimonónico aunque la publicación del primer manual tuviera lugar a mediados del siglo XX, y está compuesto por un conjunto de rasgos que en la práctica muchas veces resulta imposible de aplicar a casos concretos. 

De hecho, visto en detalle, cualquier persona es susceptible de presentar varios rasgos o criterios diagnósticos sin por ello adolecer de trastorno alguno o, también, se producen solapamientos que dan lugar a comorbilidades. Y es que la psicología no se reduce a la etología humana, como pretende la orientación conductual. Repetimos: la psicología es el estudio científico del alma. En todo caso, la psicología engloba el estudio de la conducta y de la mente racional (cognitiva gusta en denominarse en la academia), pero no se agota con ello. Pues la dimensión inconsciente, en la que prima la emoción y la imagen, es el verdadero objeto de estudio de la psicología. Precisamente la represión o el abandono de la imaginación, que es lo que caracteriza a la civilización occidental y que arranca en la Ilustración, es el factor causante de toda la psicopatología actual.

Resulta cuanto menos gracioso, cuando no penoso, que el modelo psicopatológico de la psiquiatría se presente como ateórico. Esto es desde luego inconcebible, y con ello lo que ocurre es que el paradigma de la psiquiatría pierde todo su carácter científico. Pues como venimos señalando son bastante evidentes sus premisas teóricas. 

La psicología cognitiva, que deriva en una psicología positiva de la mano de un autor norteamericano, Martin Seligman, pretende reducir lo psíquico a lo mental. Con ello, el objeto de estudio de la psicología, el alma, se circunscribe únicamente al ámbito de la consciencia. Por si esto fuera poco, se pretende desde ese enfoque presentar un modelo para alcanzar la felicidad. La felicidad, por supuesto, consistiría en ser exitoso socialmente. Todos deberíamos aprender de aquellos que han conseguido triunfar. Así, las personas más felices deben ser las más exitosas. Hagámonos todos influencers, participemos en operación triunfo, convirtámonos  todos en “gurús” de la espiritualidad o seamos ricos y famosos y, con eso, según la psicología positiva, seguro que seremos felices y comeremos perdices.

La gran problemática de la psicología y psicoterapia modernas reside, en cambio, en la carencia de una certeza científica acerca de la importancia de la actitud moral en el tratamiento y cura de los trastornos psíquicos. Es fundamental lo que el paciente hace con los contenidos psíquicos que provocan su sufrimiento y malestar. Que los integre en la consciencia y se responsabilice de ellos es vital, no solo para su cura, sino también para el proceso de maduración que el tratamiento psicológico junguiano promueve y propicia.

Por último, no puedo dejar de señalar el reduccionismo filosófico que impera en la psiquiatría moderna. Se refleja en cómo se pretende reducir todo lo psíquico a un funcionamiento neuronal, con lo que el objeto de estudio de la psicología, el alma, desaparece o se desvanece en el tratamiento.

No es de extrañar que la psiquiatría oficial abogue por la prescripción de psicofármacos, todos ellos derivados de analgésicos, con el objetivo de erradicar o reducir el dolor o el sufrimiento del paciente. Desde luego que se ha avanzado mucho en la investigación de los psicofármacos y pueden resultar de gran ayuda para ciertos pacientes. Pero tiende a convertirse en la primera opción de tratamiento en el sistema sanitario.  Con ello disminuye o se elimina lo fundamental en todo tratamiento psicoterapéutico: la responsabilidad del yo consciente de hacerse cargo de los contenidos que provocan su padecimiento. Es decir, que el paciente se responsabilice de su vida anímica.  

En esto precisamente radica la madurez del paciente y no, como sostiene la psicología oficial, en la mejor adaptación a la realidad social. Se puede ser psíquicamente un adolescente y estar perfectamente adaptado al ámbito público. En cambio, la individuación o realización de la profundidad del paciente exige que la persona sea fiel a sí misma, a la voz que procede del espíritu que habita en su más profunda inmanencia (el alma). 

Desgraciadamente, la psicología moderna, como parte del espíritu de este tiempo, malinterpreta el significado del término sí mismo, que los junguianos utilizamos para referirnos a la experiencia de lo sagrado o numinosa, al núcleo de la psique, diferenciándolo expresamente del yo como centro de la consciencia.

Esa falta de comprensión, esta confusión manifiesta entre las dimensiones personal y transpersonal, se expresa en la necia equiparación entre  la atención diligente a la profundidad y una especie de "narcisismo espiritual". Lo que equivale a identificar individualismo con individuación. Por supuesto, esta identidad inconsciente tiende a ocurrir cuando no se ha logrado una diferenciación suficiente entre ambas dimensiones: no se tiene la más remota idea de las dimensiones profundas de la psique, esto es, de aquello a lo que los psicólogos junguianos denominamos inconsciente colectivo. 

Se cree que con el término, muy poco afortunado, de "Narcisismo Espiritual" se ha logrado descubrir algo singular o novedoso, cuando en realidad es un fenómeno muy frecuente, que puede rastrearse en la historia de la humanidad, y que en psicología junguiana denominamos inflación de la consciencia o, también, "posesión" por el efecto de un arquetipo. Los antiguos griegos lo denominaban hybris heroica.

La inflación de la consciencia ocurre cuando el yo es afectado por la acción de un arquetipo. Durante un cierto tiempo, el yo se identifica con los contenidos constelados o activados por el campo de acción de un arquetipo. Ejemplos de inflación por el efecto del arquetipo de la máscara social o persona están a la orden del día en políticos, siendo especialmente evidente en presidentes del gobierno, en ministr@s y en todas aquellas personas que ejerzan funciones en puestos de trabajo con cierto poder; también son frecuentes en directores generales de grandes corporaciones, en médicos, psiquiatras, catedráticos, etc.

Cuando la inflación se debe a la acción del arquetipo del sí mismo (o de la personalidad maná) entonces el yo puede sentir que dispone de un conocimiento superior, o que es espiritualmente superior al resto de seres humanos: se produce una identidad inconsciente entre el yo y el sí mismo. Este es, de hecho, el estado inicial o punto de partida en todo proceso de individuación. Si bien, puede producirse el fenómeno contrario, denominado deflación de la consciencia, como ya desarrollé en el artículo Fenomenología del Espíritu. La individuación consiste en la progresiva diferenciación de los contenidos de lo inconsciente colectivo, esto es, los arquetipos, por la consciencia.

Otro ejemplo de inflación lo encontramos en la identificación entre los contenidos de un dogma y el yo. En este caso, el comportamiento inflacionista se expresa en una identidad inconsciente con la ortodoxia y es especialmente perceptible en las actitudes más o menos fanáticas. La historia de las religiones está plagada de ejemplos de este tipo y la inflación es la responsable de la creación de posiciones ortodoxas que se enfrentan a las heterodoxas. En este caso se produce una identificación con las ideas de Verdad, de Belleza y de Bondad y, por lo tanto, la sombra es proyectada en las posiciones heterodoxas, y viceversa. La persona "poseída" se siente moralmente superior al resto de los mortales. Tanto en el cristianismo oficial como en los movimientos gnósticos encontramos el fenómeno inflacionario de la "posesión" de la consciencia por el efecto numinoso de un arquetipo. 

En la actualidad, los psicólogos junguianos estamos observando la expansión de los efectos de la "posesión" de la consciencia por la acción de un arquetipo, el arquetipo de la Diosa, en la extensión de la ideología feminista. La consciencia de la masa (por no hablar de la nula autoconsciencia de sus integrantes) es prácticamente inexistente y el efecto del arquetipo se hace notar en forma de pandemia psíquica (ideología). Cuando esto ocurre, lo que observamos es una terrible perturbación que lo inconsciente provoca en la consciencia colectiva de una época. Las masas son arrastradas por potencias arquetípicas en un movimiento que precipita una reacción enantiodrómica cuyas consecuencias son aún imprevisibles. 

Ante el avance de las ideologías el único antídoto posible es el fortalecimiento del individuo, esto es, el hombre que mantiene una relación con su propia profundidad. 


viernes, 15 de enero de 2021

Lanzamiento de la Serie novelada LA RENOVACIÓN DEL SÍMBOLO de José González

Después de una ausencia de varios meses he decidido retomar la pluma para escribir este ensayo para Psicología junguiana. Lo hago para informar a mis lectores de una serie de modificaciones en los títulos de varios de mis libros, así como para contextualizarlos de cara a la comprensión adecuada de su contenido.

La novela Al final del túnel. Una historia sobre el despertar del alma ha pasado a denominarse INICIACIÓN. El estertor del patriarcado. El contenido de la obra es el mismo, salvo algunas correcciones menores, y el lector encontrará en ella una síntesis novelada de un proceso al que los psicólogos de orientación junguiana denominamos individuación. Por individuación entendemos un camino que conduce hasta una estrecha puerta que da acceso a un mundo desconocido para la consciencia: el mundo del alma.

La prueba de fuego que describe la primera parte de esta novela es el encuentro con uno mismo, con la propia sombra, lo que constituye una de las situaciones más desagradables que puedan existir; de ahí que la inmensa mayoría de las personas lo evita mientras le sea posible proyectar todo lo negativo en el entorno. Solo cuando esto se hace imposible, y la persona, tal como vemos que le ocurre al protagonista de la novela INICIACIÓN, enfrenta problemas que no puede solucionar con sus propios medios, entonces puede que preste atención a los sueños que se presentan en tales circunstancias, o bien, reflexione sobre ciertos acontecimientos que le están ocurriendo precisamente en esos momentos.

El encuentro con uno mismo supone atravesar una puerta, o un angosto túnel, que da acceso a un pozo muy profundo. La consciencia del hombre muere por unos instantes a la realidad exterior, desaparece en esa hondura, pero a cambio descubre una región de ilimitada extensión: lo inconsciente colectivo o el mundo del alma. De esa región aparentemente inhóspita le salen al encuentro al hombre aquellas fuerzas que le permiten orientarse en medio del caos y la incertidumbre en el que se encuentra sumida su consciencia. A dichas fuerzas interiores la psicología junguiana las denomina arquetipos. En el mundo antiguo los denominaban dioses.

Estas fuerzas adormecidas en la naturaleza profunda del hombre son las hacedoras de lo que ocurre, no solo en lo más íntimo del hombre, sino también en la realidad objetiva: de los delirios fantasmagóricos propios de las ideologías, de las revueltas políticas y sociales, y hasta de los extraños e inusuales fenómenos de la naturaleza que amenazan la vida del hombre.

INICIACIÓN. El estertor del patriarcado describe una experiencia que han vivido algunas personas, gracias a la cual han llegado a comprender que el auténtico tesoro no es que le toque el premio gordo de la lotería, sino que descansa en lo profundo del océano de su interioridad y por ello se esfuerzan por descubrirlo y sacarlo a la luz. Se convertirán en pescadores que pescan con caña, con red, con arpón y, algunos quizá, se vean en la tesitura de hacer pesca submarina siguiendo a algunos seres que se mueven en las profundidades. Con toda probabilidad habrá necias ilustradas, puros necios y estúpidos de todo tipo que no comprendan lo que hacen los pescadores. Sin embargo, no por ello quienes tienen por vocación ser pescadores van a dudar del sentido de su profesión, pues su oficio es mucho más antiguo que el de cualquier ilustrado moderno.

Cuando el pescador mira en el espejo del océano lo primero que ve es su propio rostro (mito de Narciso). Pero, cuando logra penetrar lo suficiente, verá que el mar está plagado de seres vivos (trascendencia del mito de Narciso). Al principio puede que solo vea peces, algunos tendrán colores vivos, otros serán, en cambio, fantasmagóricos; y otros realmente peligrosos. Sin embargo, la cosa no termina aquí (descubrimiento del misterio que habita en la profundidad del hombre). El pescador puede que pesque otro tipo de seres que habitan en las zonas abisales: ninfas, sirenas u otros seres fabulosos semejantes a los avatares que aparecen en la película de James Cameron o en el mundo submarino de la Saga de Star Wars. Algunos de estos seres parecen extraterrestres, y de hecho lo son, auxiliando al pescador submarino u orientándolo como harían un delfín o una ballena. Pero hay seres extraños, humanoides, que resultan realmente peligrosos y que pueden desorientarlo. El pescador puede ser arrastrado por el poder de esos seres que pueblan las zonas abisales a vivir aventuras vetadas a la mayoría de las personas. A una de esas criaturas abisales, polimórfica y polifacética, la psicología junguiana la denomina anima, pues se personifica en los sueños bajo una forma femenina. Otra, en cambio, tiene forma masculina y habita en el océano de la mujer, por lo que la denominamos animus.

En la novela INICIACIÓN, el anima aparece ya en los primeros capítulos y se la describe como una mujer anciana y joven al mismo tiempo. Pues el anima habita en la profundidad de los hombres desde tiempos inmemoriales. El anima es un factor causante de proyecciones en la psique del varón. Es la actriz por detrás de la escena de amor entre un hombre y una mujer. Es la causante de los cambiantes estados de ánimo en el hombre, de su susceptibilidad y vanidad, de sus juicios envenenados, etc.; y es el factor que provoca que un hombre quede cautivado y fascinado por una mujer que no le conviene. El anima es, al mismo tiempo, la señora del alma, por lo que es la musa del artista, la que susurra al oído la idea feliz que el científico necesita para elaborar una teoría, para describir la estructura y el funcionamiento de una molécula o para organizar la tabla periódica de los elementos.

El animus es el factor causante de proyecciones en la mujer. Es el actor por detrás de la escena de amor entre una mujer y un hombre. El animus se corresponde con el logos del padre (consciencia colectiva o espíritu de la época) de una mujer, pues es este el primero en el que se deposita la proyección. Este factor suscita en la mujer malentendidos e interpretaciones erradas porque, lejos de lo que la mujer piensa, sus reflexiones están basadas en opiniones apriorísticas que tienen la pretensión de verdades absolutas. El animus tiene preferencia por discutir, y es en las discusiones en las que la mujer pretende llevar siempre la razón donde con más facilidad se le ve actuar. Se manifiesta en formas de comprender, en interpretaciones, opiniones e insinuaciones totalmente erróneas cuyo resultado es la obstrucción o la imposibilidad de relación entre dos seres humanos. Para colmo cuenta, en no pocas ocasiones, con el apoyo de familiares y amigos, en donde el animus retroalimenta sus erróneas interpretaciones, abundando en los malentendidos. Cuando el animus actúa en la mujer se apodera de la consciencia de esta hasta tal extremo que resulta imposible influir en sus opiniones e interpretaciones por erradas que sean. Cuanto más obcecada sea su pretensión de tener razón tanto más aumenta su sentimiento de inferioridad, lo que imposibilita el reconocimiento de la realidad del otro, sin el cual no hay relación posible.

En la novela INICIACIÓN. El estertor del patriarcado encontrará el lector, también, cómo se personifica la imagen de dios en el alma del protagonista, en una época post-cristiana, como lo es la nuestra, y cómo el patriarcado, que es la era espiritual que dio comienzo hace unos cinco mil años y que ha regido y vehiculado los valores cristianos en la cultura occidental durante más de dos milenios, está llegando a su fin. Una era que se ha caracterizado por la separación de los principios opuestos de la imagen de dios, de los principios masculino y femenino, yang y yin. La nueva era, la era de Acuario, que según algunos investigadores dio comienzo en el año 1997, mientras que para otros aún no ha empezado y nos hallamos en un período transicional entre la era de los peces y la incipiente era del aguador, parece que favorecerá la unidad de los contrarios que han estado en conflicto durante la era de piscis ♓ (cristianismo).

Esta última temática, que es con la que finaliza la novela INICIACIÓN, se retoma y desarrolla en la segunda parte de la novela cuyo título es La hermandad de los iniciados. Ambas novelas forman parte de una única serie titulada La renovación del símbolo. El lector podrá comprobar en ambas novelas que se ha producido un cambio en el nombre artístico del autor.

 

 

jueves, 9 de abril de 2020

UNA SOCIEDAD DE ZOMBIS


Una de las más fecundas enseñanzas que he podido aprender en el trato, indirecto, a través de pacientes que han convivido con personalidades psicopáticas y narcisistas, y directo, con psicópatas subclínicos y personalidades con trastornos del grupo B (narcisistas, límite o borderline, histriónicas y antisociales), es la importancia que tiene el contacto directo con la Vox Dei, con la Voz interior, es decir, con la sabiduría de la Naturaleza interior.

La fidelidad a esa Naturaleza íntima a la que los psicólogos de orientación junguiana denominamos psique inconsciente es, también, lo que algunos de mis pacientes terminan aprendiendo después de todo un proceso psicoterapéutico de reconstrucción, iniciando a partir de entonces un camino que les conduce a devenir aquello que auténticamente “Son” desde que nacieron. 

Los pacientes que inician dicho Camino agudizan los sentidos interiores, lo que les permite "escuchar",  "ver", "percibir por adelantado",  etc., no sólo los contenidos de su propio interior, a través de insights y de sueños, sino también la relación entre su vida psíquica y lo que les acontece en la realidad objetiva.

Una de las habilidades que desarrollan consiste en que pueden detectar en la realidad objetiva aquellos comportamientos, y señales, que proceden de personalidades psicopáticas y/o narcisistas, neutralizando su acción cuando es preciso, y alejándose de su radio de acción apenas los detectan si fuera necesario. Quizás la enseñanza más importante proceda de la toma de consciencia de su estado de fragmentación, de su necesidad de apoyarse en puntos de vista colectivos, de en qué medida ellos explotan y absorben de un modo infantil y rapaz a su entorno, en lugar de enriquecerlo con su presencia y su actitud.

Los psicópatas y los narcisistas malignos se sirven de las personalidades "zombi" como "monos voladores", para tratar de succionar la vitalidad de aquellas personas que aún conservan cierto grado de conexión emocional con su interioridad. De ahí la necesidad que tienen estas personalidades muertas en vida de alimentarse de un modo parásito de personas empáticas.

Asimismo, algunos pacientes comprenden que las personalidades del grupo B, así como los psicópatas, son la expresión palmaria de un mundo en decadencia. De una sociedad que ha perdido su alma, como se refleja en las series y películas de Zombis, representantes del insaciable deseo de consumir. Una cultura en donde el símbolo unificador ha dejado de ser efectivo para todo un colectivo, es decir, la imagen cristiana de Dios ha fallecido. Dichas personalidades plutocráticas necesitan alimentarse (parasitándolas) de aquellas personas que aún mantienen la frescura y vitalidad que les confiere el contacto, consciente o inconsciente, con el mundo anímico. Y es que esa "hambre de trascendencia", esa pérdida irreparable del Símbolo, esto es, de la expresión tangible a los sentidos del alma de lo absolutamente trascendente, no podrá nunca satisfacerse con ningún objeto de consumo, con ningún bien material.

De igual modo, algunos pacientes adquieren con el tiempo la capacidad de comprensión de la relación existente entre la realidad subjetiva y la objetiva, en esos arreglos que los junguianos denominamos "sincronicidades".

Estos aprendizajes, provenientes de la experiencia, son especialmente importantes para comprender lo valioso que resulta la transformación de una oveja en un hombre, de una personalidad colectiva en un individuo completo, máxime atendiendo al peligroso avance de las ideologías, y de los grupos espiritualistas regentados por psicópatas adaptados (Garrido) o cotidianos (Marietan). 

Hoy, más que nunca, el alma constituye un objeto de interés cuya potencia de atracción es tanto más alta, cuanto mayores son los conflictos sociales y religiosos en el mundo.

José González 
Psicólogo y terapeuta de orientación junguiana.

miércoles, 8 de abril de 2020

AVATAR ¿El nacimiento de un nuevo paradigma?



Hace algunos años publiqué un libro titulado “Cine y Espiritualidad”, en el que abordaba la interpretación simbólica de la película Avatar, de James Cameron. En mi opinión, en dicha película el afamado director de cine expresaba de un modo gráfico lo que acontece en la cultura occidental, y al mismo tiempo manifiesta una salida a la crisis en la que el mundo está sumido. 

En estos días estoy trabajando en una reedición de dicho libro, con un título distinto, más acorde con la época, y que probablemente lleve el título de “Avatar. ¿El nacimiento de un nuevo paradigma?”.

 En él desarrollo la idea de que en nuestra época materialista de progreso tecnológico y científico, cada vez más se está manifestando una profunda crisis como consecuencia de la pérdida de la imagen de Dios, de aquel símbolo que representa el valor más alto; el valor que da vida y sentido a la existencia del ser humano.

El Mito cristiano afirma que dicho valor supremo hoy perdido en nuestra cultura se ha transformado. El cuerpo según el mito no lo encontraron allí donde le habían sepultado. Pero el cuerpo en realidad simboliza la forma exterior y visible,  la concepción hasta ese momento aceptada pero transitoria, del valor supremo que proporciona sentido a la vida del ser humano en una época históricamente determinada.

La película Avatar escenifica de un modo magnífico esa pérdida del sentido de la vida, que representa la muerte de Dios. Que una  sociedad pierda a su Dios e incurra en graves crisis sociales y psicológicas desde luego que no constituye un acontecimiento extraño, sino que es un acontecer típico que se repite con frecuencia en la historia de la humanidad. Los dioses mueren y resucitan bajo formas distintas. 

Sin embargo cabe preguntarse dónde se encontrará la nueva imagen de Dios. James Cameron, utilizando un despliegue de efectos especiales impresionante, nos lo muestra en la pantalla de un modo realmente magnífico: en las profundidades del alma es donde encontraremos el nuevo cuerpo en el que se manifiesta la divinidad.

Ese es precisamente el objetivo, por decirlo de algún modo, de la terapia de orientación junguiana: que la persona se encuentre a sí misma, que comprenda cuál es su auténtica vocación y, en definitiva, que su consciencia acceda y se relacione con aquella Naturaleza en la que dios se hace presente. 

Una actitud así orientada le permite adquirir a la persona una independencia y una libertad de acción que lo hacen responsabilizarse de su propia vida, abandonando de ese modo la infantil actitud que busca en el “papá o mamá“ Estado, en el Gobierno de turno, el Papa o en la figura de autoridad religiosa o política de turno, la solución de todos sus conflictos.

José González
Psicólogo y terapeuta de orientación junguiana 

domingo, 13 de octubre de 2019

¿Quién es JOKER? El arquetipo del Guasón, Bufón, Arlequín o Loco.


¿Quién es JOKER? El arquetipo del Guasón, Bufón, Arlequín o Loco.


José González
Psicólogo, terapeuta de orientación junguiana, escritor y ambientólogo.

JOAQUÍN PHOENIX interpretando a JOKER.



El pasado sábado 12 de octubre pude, por fin, ver la película JOKER, protagonizada por Joaquín Phoenix, a quien ya conocía por otros papeles como el que hizo en Gladiator, dando expresión al atormentado emperador Cómodo. 

Dirigida por Todd Phillips a partir del guión escrito por Scott Silver, JOKER cuenta con un reparto excepcional: Joaquin Phoenix, Robert De Niro, Zazie Beetz y Frances Conroy, entre otros.

La película nos muestra la historia de un comediante fracasado, llamado Arthur Fleck, ignorado y repudiado por la sociedad en la que vive. Este comediante de aspecto ingenuo y bonachón tiene que hacer frente a la crueldad, al desprecio y a la humillación constantes de un sistema cuya falta de humanidad ralla lo psicopático. Payaso de día se esfuerza en convertirse en comediante de éxito por la noche. Pronto descubre que el destino hace de su vida una broma, una payasada. Inadaptado e incomprendido por el ambiente que lo rodea, padece de un raro trastorno neurológico denominado Epilepsia gestáltica, que le hace reír incontrolada e inapropiadamente, y que cobra mayor intensidad cuanto más intenta contener su risa, problemática que lo expone a situaciones ridículas y por la que recibe soberanas palizas.

La interpretación que JOAQUÍN PHOENIX hace de JOKER es magistral. La película nos presenta a un hombre con un destino francamente durísimo. Con una infancia de maltrato, una madre con trastorno de la personalidad narcisista y una biografía plagada de malos tratos físicos y psíquicos, ninguneo, desprecio e incomprensión. Arthur es un hombre con un pasado colmado de conflictos intrapsíquicos no resueltos que finalmente desembocan en un comportamiento antisocial.

El director, Arthur Fleck, hace un espléndido trabajo al mostrar al público un tipo de sociedad que es un perfecto reflejo de aquella en la que vivimos los occidentales: una sociedad que premia las actitudes narcisistas y psicopáticas, despreciando a las personas más desfavorecidas, a las personas con algún trastorno mental o con discapacidades psíquicas o físicas y, en general, a todas aquellas personas que no se adaptan a un sistema cada vez más inhumano. Una sociedad en la que, como reverso tenebroso del monstruo del progreso tecnológico y científico, hallamos una involución cultural y civilizatoria que parece hacernos retroceder a los momentos más oscuros de la historia reciente de la humanidad. Y es que, cuando una civilización pierde la cohesión, la unidad y el Sentido que proporciona un Símbolo, podemos afirmar que dicha civilización se encuentra en decadencia. Tal es la situación de nuestra cara civilización occidental.
  
El resultado de semejante sistema es, precisamente, la emergencia de aquello que una sociedad asentada en una serie de valores anticristianos, materialistas e inhumanos promueve: JOKER. En sincronicidad vemos la irrupción de este arquetipo en Barcelona precisamente, durante toda esta semana tras conocer la Sentencia del Proces.

Desde un punto de vista arquetípico este personaje representa al Loco de la Baraja del Tarot. También conocido como Arlequín, Guasón o Bufón. Personifica un principio dionisíaco que procede de lo inconsciente y cuya función es la redención del mundo consciente. Con la guasa que caracteriza a los bufones o arlequines estos personajes son portadores de profundas verdades que disfrazan o presentan con un inteligente sentido del humor. Ahora bien, cuando este principio es rechazado, repudiado por la consciencia colectiva, puede irrumpir en la psique/mundo oponiéndose a aquella y, en su caso, provocando un caos destructivo que fuerza un cambio de actitud. Tal es lo que observamos en la película JOKER.

En un artículo de prensa médica leí que una MIR había diagnosticado al Joker como psicópata epiléptico, según la clasificación de E. Kretschmer, explosivo según la de Kurt Schneider e impulsivo según Homburguer. En nuestra opinión este diagnóstico no es correcto de ningún modo. Joker no es un psicópata, de acuerdo con los conocimientos que hoy tenemos de la psicopatía: ni su estructura de personalidad cumple los criterios diagnósticos de una psicopatía, como son la ausencia de empatía, la crueldad, la cosificación de las personas, la búsqueda de poder, el maltrato emocional, la mentira patológica, la manipulación, la egolatría y un elevado egocentrismo; ni en su biografía observamos la tríada que suele caracterizar el comportamiento psicopático temprano: el maltrato animal, la eneuresis y la piromanía.

Quienes trabajamos con pacientes que han padecido la actuación de un psicópata en sus vidas conocemos la estructura de personalidad de un psicópata, y sus comportamientos, tan característicos, de los que, desde luego, JOKER carece. 

Un psicópata, desde un punto de vista arquetípico, encarna el arquetipo del EMBAUCADOR o TRICKSTER, caracterizado por ser un mentiroso, un manipulador y un impostor.

Por lo demás, sí estamos de acuerdo en el diagnóstico de dicha residente en lo que se refiere al trastorno neurológico que padece.



jueves, 23 de mayo de 2019

INTRODUCCIÓN A LA INTERPRETACIÓN DE LOS SUEÑOS. QUÉ SON LOS SUEÑOS, DE DÓNDE PROCEDEN Y CÓMO SE CLASIFICAN.


INTRODUCCIÓN A LA INTERPRETACIÓN DE LOS SUEÑOS. QUÉ SON LOS SUEÑOS, DE DÓNDE PROCEDEN Y CÓMO SE CLASIFICAN.

José González. Psicólogo y terapeuta de orientación junguiana. 


Hace mucho tiempo que no hablo del mundo de los sueños, del espectro onírico. Del lugar al que nuestra consciencia se dirige todas las noches cuando nos acostamos para descansar y dormir.

Por supuesto siempre que dormimos la consciencia se "apaga" durante un tiempo y entra en la realidad onírica.

Hablemos un poco de sueños y de tipos de sueños. Hablemos del lenguaje de los sueños. Porque, sí, en efecto, los sueños tienen un lenguaje propio: el lenguaje simbólico, mucho más antiguo que el lenguaje discursivo propio de la consciencia. Nuestro lenguaje, el lenguaje consciente, ha surgido de hecho del mundo del sueño, al que los psicólogos denominamos inconsciente.

Para empezar debemos comprender que los sueños, por el lugar del que proceden (lo inconsciente), tienen como digo un lenguaje antiquísimo: el lenguaje simbólico. Tan antiguo como la propia naturaleza, de la que son expresión.

De hecho podemos permanecer bastante tiempo sin comer, semanas incluso, pero no podemos prescindir del sueño durante demasiado tiempo. La ausencia prolongada del mismo provoca de hecho graves consecuencias para nuestro equilibrio psíquico, como lo saben muy bien quienes trabajan en turnos y con guardias de 24 horas.

Así, como toda persona habrá podido experimentar en algún momento de su vida, o en muchos, dependiendo de la permeabilidad de su consciencia a la realidad onírica, los sueños se presentan a nuestra consciencia bajo la forma de imágenes. Es como si estuviéramos presenciando una obra de teatro o una película. En muchos de ellos el soñador se verá involucrado en una serie de peripecias. O más bien la imagen virtual del soñador a la que podemos denominar "yo virtual".

Por cierto que estas imágenes le acontecen a la consciencia, que está dormida durante el tiempo del sueño, y solo en ciertos momentos puntuales es capaz de ver esas imágenes (como si de una película se tratara) y sobre todo de recordarlas.

Aunque existen métodos para recordar mejor los sueños, y todos ellos se basan en una actitud determinada de atención y diligencia hacia el ámbito onírico, de manera general la consciencia no participa activamente en la producción de los sueños. Sencillamente nos suceden. Incluso en contra de la voluntad de la consciencia.

Dicho todo eso a modo de introducción sabemos, además, que no todos los sueños son iguales. Algunos sueños nos dejan trastocados. Provocan un fuerte impacto emocional. A veces positivo, otras negativo. En este último caso sucede aquello que en lenguaje popular solemos expresar cuando decimos que "nos hemos levantado con el pie izquierdo". Una expresión muy elocuente y acertada porque eso es precisamente lo que sucede.

De manera que bien podemos hacer una clasificación tipológica de sueños. Los psicólogos junguianos la hacemos, por ejemplo, en función de si los sueños proceden de la realidad cotidiana, como una expresión compensatoria de esta, o bien, si deja al soñante atónito y sin posibilidad de relacionar el contenido del sueño con ningún evento biográfico, presente o pasado.

Los primeros, los relativos o relacionados con la biografía de la persona, los denominamos sueños personales, biográficos o cotidianos. Se trata, habitualmente, de sueños cuya función es la de compensar o equilibrar la actitud de la consciencia en su adaptación al mundo (exterior y/o interior).

Los segundos, en cambio, presentan contenidos que la consciencia no logra situar o relacionar de ningún modo con experiencias o acontecimientos vividos durante la vida consciente del soñante. Sus contenidos suelen resultarles muy extraños al soñador y las imágenes que aparecen son enigmáticas, raras, sorprendentes: a veces el soñador se refiere a ellos como si se tratara de una película de ciencia ficción o de algo completamente extraordinario.

Estos últimos sueños los denominamos sueños transpersonales, colectivos, arquetípicos o mitológicos.

En psicología junguiana hablamos del arquetipo del anima cuando nos referimos a unos contenidos de lo inconsciente colectivo referidos a las dimensiones femeninas en una personalidad masculina.

Pocas veces se habla de la doble manifestación del anima. En sueños suele aparecer bajo el aspecto de dos mujeres con características diferentes. Por ejemplo, como una mujer Rubia y otra Morena ; como una mujer de raza blanca y otra de raza negra; entre otras.

El anima Rubia o Blanca personifica aquella dimensión o dimensiones de lo femenino que nutren, cuidan, alimentan y apoyan a la consciencia en su crecimiento y diferenciación de la Persona. Esto es, de la adaptación al mundo: apoyo en la profesión, en el desarrollo de la Espiritualidad, la mejora y diferenciación de las funciones superiores de la consciencia, la faceta luminosa de lo divino.

El anima Morena o la Negra es aquella que conduce a la consciencia hacia el tártaro, la bajada a los infiernos, al Hades griego. El Eros es el mundo de esta anima, así como el encuentro con el mal y los aspectos oscuros, por tanto, de la imagen de Dios. El encuentro con esta anima le resulta penoso a la consciencia masculina, pues esta entra en contacto con las funciones inferiores.

Una manifestación particular de la Negra es lo que podríamos llamar el anima "lolita". En sueños puede aparecer bajo la forma de un súcubo joven, aniñada o adolescente, expresando el momento de máximo auge hormonal. Personifica la sexualidad sin objetivo reproductivo.

Recomendamos la película "La Novena Puerta" para ver de qué modo se expresan ambas "animas" bajo la personificación de la Rubia y la Morena.

https://youtu.be/6QdBiSIgtg4

Seguiremos con los sueños en próximos artículos. Gracias por vuestra atención.


jueves, 17 de mayo de 2018

EL PSICÓPATA EN LA EMPRESA. Segunda Parte.



EL PSICÓPATA EN LA EMPRESA. Segunda Parte.


José González

Psicólogo y terapeuta de orientación junguiana.


 
En la primera parte de este artículo publicado en Psicología Profunda y Espiritualidad describimos el modus operandi de un psicópata en una organización. Vimos que el psicópata evalúa y estudia a los diferentes actores buscando cómo le pueden ser útiles, para convertirlos en sus seguidores, y escudriña para buscar sus puntos débiles para aprovecharse de ellos de cara a manipular, engañar, provocar enfrentamientos y deshacerse de aquellas personas que finalmente descubren su perverso juego de poder.



No obstante, el efecto que provoca entre las distintas personas y departamentos con los que se relaciona es diferente. Podemos clasificar a los distintos actores dentro de la trama orquestada y protagonizada por un psicópata del siguiente modo (Garrido, 2016):



·         Los seguidores: Se trata del grupo de personas que se pondrán del lado del psicópata. Dentro de este grupo encontraremos a su vez a dos subtipos diferentes de personas.



o    El primer subtipo es el de los patronos, protectores o facilitadores y está conformado por aquellas personas que se encuentran en lo alto de la cadena de mando y que suelen tener un trato ocasional con el/la psicópata. La función que cumplen es especialmente importante para el/la psicópata dado que son quienes le respaldarán y protegerán contra los ataques de los otros miembros de la organización. Habitualmente tienen una concepción muy positiva del/la psicópata, han sido embaucados y engañados convenientemente por este/a, mostrándose frente a ellos como una persona capaz y con iniciativa, por lo que consideran que es el principal responsable de los avances y éxitos conseguidos en el departamento del que forma parte. De ahí que tengan un especial interés en  mantener al psicópata y, llegado el caso, en promocionarlo a puestos de mayor responsabilidad y poder. En ocasiones, la propia dinámica organizacional favorece la proliferación y/o perpetuación de psicópatas en la empresa, algo que tiende a suceder cuando el ambiente y/o la cultura empresarial son psicopáticas: se premia el rápido ascenso, la ganancia a corto plazo, se silencian las actuaciones inmorales y se castiga a las personas que ponen de manifiesto los abusos, el acoso y la violencia psicológica y/o física.

o   El segundo subtipo está conformado por peones y monos voladores. Este subtipo le es muy útil al psicópata por el poder que pueden llegar a tener en momentos críticos para la supervivencia o aumento de prestigio y protagonismo de aquel. Los peones son un grupo de apoyo conformado por empleados de igual categoría o de un nivel inferior en la jerarquía de poder con los que el/la psicópata tiene un trato habitual. Estos son relativamente fáciles de manipular por las características de personalidad que pueden presentar: personas muy ingenuas, con poca formación, habitualmente menos inteligentes que el psicópata y muy fácilmente manipulables. El psicópata los utiliza para influir sobre las actitudes y opiniones de otros empleados, así como para distorsionar la comunicación y el funcionamiento del departamento en beneficio propio. Dentro del subgrupo de peones hallamos también a personas que, a pesar de haber sufrido el juego manipulativo del psicópata, y a veces incluso sabiendo que están frente a una persona malvada que les ha perjudicado, actúan como facilitadores del daño a terceras personas. Habitualmente se trata de personas inseguras y temerosas de perder su puesto de trabajo, que llevan muchos años en la misma empresa y han decidido "no pringarse por nadie". Esta facilitación del daño puede producirse bien porque le sirve voluntariamente de informador al psicópata sobre asuntos personales o profesionales de terceras personas a sabiendas de que la información que proporcione va a ser tergiversada por el psicópata para perjudicar a otra/s personas; bien por miedo a que el psicópata "la tome con él/ella" prefiere ser cómplice en el perjuicio de otra u otras personas; bien porque omite decir la verdad a sus superiores sobre las artimañas manipulativas del psicópata cuando estos le preguntan para averiguar la verdad de lo sucedido con alguno/os de sus compañeros de trabajo; por último, porque se niega a descubrir/denunciar ante sus superiores jerárquicos y/o responsables de recursos humanos las mentiras, engaños, manipulaciones y tergiversación de la información que el psicópata realiza para perjudicar a terceras personas cuando aquellos le requieren para hacerlo.  Los monos voladores son personas que el psicópata utiliza para obtener información de terceros, dañar la reputación de otros compañeros, provocar enfrentamientos o dañar emocional o socialmente a sus detractores con la finalidad de desestabilizar y destruir su reputación en la empresa. Estos, a diferencia de los peones, cometen actos inmorales contra terceras personas en nombre del psicópata.



·         Los detractores: Se trata de aquellas personas que critican al psicópata y están en su contra. Dentro de este grupo encontramos tres subgrupos de personas:



o    Los perspicaces: Son personas que detectaron desde el comienzo al psicópata, tachándolo de "mala persona" o de "hijo/a de puta".

o  Los "tránsfugas" o "conversos": Personas que anteriormente fueron seguidores del psicópata, pero que se dieron cuenta posteriormente de su auténtica actitud y se posicionan decididamente en su contra.

o  Policía organizativa: Subgrupo compuesto por auditores, profesionales de recursos humanos, responsables de seguridad en el trabajo o psicólogos que, por su formación y experiencia, detectaron el juego del psicópata desde el principio. Por desgracia, normalmente su información no les permite influir sobre la dirección para actuar en consecuencia con el psicópata.





Bibliografía:



-Garrido Genovés, V. (2016). El psicópata. Un camaleón en la sociedad actual. Valencia: Ed. CientoCuarenta