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viernes, 28 de julio de 2017

DESCUBRIENDO TU AUTÉNTICA VOCACIÓN. ENTREVISTA A JOSE GONZÁLEZ



Entrevista de Gunther Emde al psicólogo y terapeuta de orientación junguiana José González con motivo de la publicación de su último libro Descubriendo tu auténtica vocación.

 28/06/2017

Reproducimos en Psicología Profunda y Espiritualidad la entrevista que concedimos a Gunther Emde para su blog www10voces.com  y que tuvo la amabilidad de realizar y publicar.

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Gunther Emde: Hola José, antes de empezar te felicito por tu nueva obra, creo que era necesaria una aproximación al tema de la vocación desde la perspectiva de la psicología profunda.

José González: Muchas gracias, Gunther, por tus palabras. También yo considero necesaria una aproximación al fundamental asunto de la vocación desde la perspectiva de la psicología profunda. En todo caso, este libro es fruto de un trabajo interior de esclarecimiento y comprensión de lo que significa e implica el descubrimiento de la auténtica vocación y de la relación que existe entre vocación e iniciación a la propia profundidad.

GE: La imagen de portada del libro es un mandala. Cuando lo vi pensé que esta es una forma particularmente hermosa de ilustrar el proceso interno que nos podría llevar a descubrir nuestra auténtica vocación en la vida. 

JG: Me alegra que digas eso porque, en efecto, ese fue mi propósito al elegir un mandala como imagen del descubrimiento de la vocación auténtica y del encuentro con la propia profundidad. En realidad, cuando me dispuse a buscar una imagen que representara el contenido del libro del modo más acertado posible tuve en mente cuatro posibilidades distintas: dos arcanos mayores del tarot, un signo del zodíaco y un mandala. Los arcanos eran el Loco y el Ahorcado o Colgado; el signo del zodíaco era el Aguador o Acuario y la cuarta posibilidad, como digo, era la imagen de un mandala. Después de sopesarlo bien, me decanté por el mandala azul. ¿Por qué esas cuatro posibilidades? Y ¿por qué elegí finalmente el mandala?
La imagen del Loco en el tarot es una representación simbólica del peregrino que realiza un viaje hacia Tierra Santa, en donde accede al Templo que es el alma, "el lugar del no lugar" en el que se manifiesta el Misterio divino. Esta es una bella expresión del viaje hacia la auténtica Patria y, por lo tanto, del reencuentro con la chispa divina que habita en el corazón del hombre.
La imagen del Ahorcado o del Colgado representa simbólicamente al iniciado, al ser humano que ha descubierto la auténtica Realidad y tiene vivencia de los arcanos que rigen y mueven todo cuanto sucede en el Mundo como ámbito de la manifestación, es decir, de aquello que es perceptible a través de los sentidos exteriores. De ahí que su punto de vista sea inverso al de la realidad aparente, pues sabe que esta es una proyección y expresión de aquella realidad metafísica a la que Jung denominó inconsciente colectivo.
El Aguador o Acuario es un símbolo muy elocuente que expresa el derramamiento de la sabiduría divina a través del cántaro que es el alma.
Todos estos símbolos están presentes y son tratados en el libro. Forman parte del tejido interno del texto y, por lo tanto, aparecen en todo proceso de realización auténtica. Ahora bien, el mandala o círculo sagrado es un símbolo que se manifiesta de forma recurrente en los inicios de un proceso de individuación y representa no solo el origen del proceso, sino también el destino hacia el cual se encamina el yo. Por lo tanto, el mandala abarca y comprehende a todos los demás símbolos y ese fue el motivo por el cual lo elegí como imagen para la portada.  

GE: En algunos ámbitos New Age se afirma que el universo conspira para que tus sueños se cumplan. Pero ¿no depende eso más bien de la honestidad y la profundidad de tu pregunta? Quiero decir, no creo que sentarse y esperar a que el universo te ilumine sea lo más adecuado... Para que "el universo conspire", ¿no sería necesario antes un importante trabajo psicológico interno?

JG: Esta es una cuestión que también abordo en el libro. El mundo en el que vivimos, la sociedad de la que formamos parte y, por lo tanto, la educación que recibimos no está preparada para facilitar que el hombre encuentre su verdadera vocación. Para empezar, la consciencia ilustrada del contemporáneo parece haber olvidado qué significa ser hombre. La palabra hombre significa etimológicamente "habitante de la tierra" y tiene la misma raíz que humus. Los términos cultura y cultivo también tienen una raíz común y, de hecho, de un sabio se dice que es un hombre "cultivado". Pero todas estas expresiones se comprenden solo en un sentido limitado al saber meramente intelectual o libresco. Nuestra sociedad considera que la persona que ha estudiado varias carreras, que ha realizado un doctorado y/o ha leído muchos libros es alguien culto, esto es, cultivado. Y, sin embargo, esto es un tremendo error. La cultura implica el trabajo de la tierra negra que es la profundidad del hombre, es decir, el cultivo del alma. Y esto no se logra sino con el trabajo, el esmero, la atención y el amor por el alma y, en definitiva, por el propio Camino.
Otro de los graves malentendidos de nuestra cara sociedad lo encontramos en el modo en que concibe la psicología y lo psicológico. La palabra psicología está formada por dos vocablos: psique y logos. El primero de ellos significa hálito de vida, soplo, viento y, también, espíritu o alma. El segundo alude a la "palabra"  o "verbo". Psicología es, por lo tanto, aquella disciplina que se encarga del estudio del alma. Ahora bien, si las palabras aún tienen algún sentido, podríamos decir que la psicología sería el estudio de la "palabra" o "verbo" tal y como se presenta en el alma. En otras palabras, se trata de aquella ciencia que estudia las manifestaciones del verbo en la psique, siendo el alma aquello que anima el cuerpo. Sin embargo, en los estudios académicos de la Psicología como disciplina el alma no aparece por ningún lado, limitándose casi exclusivamente al estudio de la conducta observable.
Por tanto, respondiendo a tu pregunta, el trabajo psicológico, entendido como un remover una y otra vez la tierra negra que es la profundidad del  hombre, es una condición indispensable para el descubrimiento y la realización de la vocación auténtica.

GE: Cuéntanos un poco tu propio descubrimiento de tu vocación. ¿Fuiste científico medioambiental y después psicólogo? 

JG: En nuestra sociedad estamos acostumbrados a vincular la palabra vocación con la profesión que cada uno ha elegido. Del mismo modo, también suele relacionarse la palabra vocación con la religión. Si bien estas relaciones son correctas, se circunscriben a ámbitos muy concretos y limitados. En mi libro Descubriendo tu auténtica vocación entiendo por vocación algo mucho más amplio, que abarca ambas acepciones pero que, al mismo tiempo, las trasciende.
La palabra vocación proviene del término latino vocatus que significa llamada. Una llamada implica a alguien que llama y a alguien que escucha la llamada y, eventualmente, responde. Ahora bien, ¿quién llama y quién es llamado? La llamada procede de una voz que proviene de la propia profundidad y a quien se dirige esa voz es al yo del individuo, al centro de la consciencia. Esa profundidad podemos llamarla dios en su sentido etimológico de "brillar". Dios significa, por lo tanto, algo así como la luz que brilla en la oscuridad del microcosmos del alma, la chispa divina en el corazón del hombre. De hecho, el subtítulo de otro de mis libros, Al final del túnel. Una historia sobre el despertar del alma, alude precisamente a esta experiencia. Para poder seguir la llamada de la profundidad a la realización de la chispa divina en la vida de la persona es imprescindible que el yo esté firmemente posicionado en la realidad. Es decir, que el yo no esté enfermo (falto de firmeza). Un malentendido muy extendido en las sociedades modernas es aquel que considera que el yo, como centro de la consciencia, debe desaparecer para dar paso a lo divino. Si el yo "desapareciera" ¿quién escucharía la llamada y quién respondería a ella? Al contrario, el yo debe de estar sano y firme para poder soportar los embates, las tremendas dificultades y las múltiples muertes y renacimientos que tienen lugar en el peregrinaje hacia sí mismo,  y esto entronca con tu anterior pregunta.
Dicho esto, mi vocación como terapeuta de orientación junguiana fue un verdadero descubrimiento. Cuando estudiaba Ciencias Ambientales, en la década de los noventa, me interesé vivamente en los múltiples impactos que la actividad humana provocaba en su entorno y, muy especialmente, por los preocupantes cambios que se estaban generando en el delicado equilibro de los ecosistemas planetarios. El cambio climático, el agujero en la capa de ozono, la pérdida de la biodiversidad específica, genética, cultural, paisajística y edáfica, el uso indebido de la energía, el incremento insostenible de residuos y la superpoblación planetaria eran algunos de los temas relacionados con la crisis ecológica planetaria que más me preocupaban. Durante algún tiempo, influido por lo que fui aprendiendo durante mi formación académica, pensé que la solución a aquellos desequilibrios tendría que buscarla en el estudio científico y en una más avanzada tecnología. Pero, poco antes de terminar mi formación como científico ambiental, experimenté un "encuentro con lo inconsciente" y me di cuenta de lo equivocado que estaba. Durante aquella experiencia terrible con la profundidad me percaté de que la crisis ecológica planetaria es la expresión de una enfermedad que carcome las entrañas de las personas que formamos parte de las sociedades contemporáneas. Dicha enfermedad es la falta de una relación viva con el Misterio. Comprendí que había estado alejado de aquella Presencia divina que, en aquel momento, irrumpía en mi consciencia con la violencia de un mar embravecido. Poco a poco fui expresando, de la mejor manera que pude, todo lo que fue surgiendo desde mi profundidad. Al mismo tiempo, puse todo mi empeño en comprender el significado de aquella voz que se manifestaba de múltiples maneras en un lenguaje simbólico. Tardé más de una década en comprender la importancia y la profundidad de aquella terrible presencia, al tiempo que maravillosa y sanadora experiencia. Poco a poco se me fue haciendo presente el Sentido profundo de todo cuanto había ido haciendo durante mi vida y que la expresión de la auténtica vocación es un proceso que se va descubriendo y desplegando en el devenir de la vida.
 
GE: Cuando te involucras intensamente con el descubrimiento de tu ser interior aparece el fascinante fenómeno de las sincronicidades. ¿Hay una relación entre procesos internos en la psique y procesos exteriores en el mundo? ¿Descubrir tu vocación podría ir acompañado de ese tipo de fenómenos?

JG: En efecto, Gunther, los fenómenos de sincronicidad son "el pan nuestro de cada día" para quienes están descubriendo y realizando su vocación. Las sincronicidades son la expresión de que la auténtica Realidad, que es metafísica, se manifiesta en dos órdenes que semejan distintos: el mundo físico y el psíquico.

GE: La sociedad está atravesando una gran transformación. Cada vez más personas se dan cuenta de que la vida tiene que ser algo más que trabajar para ganar dinero y luego sentarse en el sofá a ver la televisión. Descubrir la verdadera vocación forma parte de ese proceso de tomar conciencia acerca de quiénes somos y de cuál es nuestra misión dentro de la sociedad. Creo que tu libro, José, llega en un momento muy oportuno.

JG: Los hombres que formamos parte de esta cara sociedad contemporánea padecemos de una enfermedad. Y esa enfermedad se manifiesta de múltiples formas posibles, a través de trastornos mentales y padecimientos físicos de diverso tipo. Uno de los más significativos es el narcisismo maligno y la psicopatía adaptada porque son una manifestación palmaria del mal que asola al mundo: la ausencia de una relación viva con las potencias espirituales que dominan todo lo presente. Hay un anhelo profundo en las personas de las sociedades opulentas que les hace sentirse vacías y profundamente insatisfechas, a pesar de disponer de todas las necesidades materiales cubiertas. Esta situación de crisis de Sentido, desde luego, no es nueva en la historia de la humanidad. Sucedió en la época de la Roma imperial con los excesos de los emperadores y emergió entonces el símbolo de Cristo, el Mesías, (entre otros redentores, como Orfeo, Attis o Mitra) enviado por Dios para la redención de la humanidad. Hoy nos hallamos en una situación similar y se hace necesaria una nueva relación con el Símbolo que renace en la profundidad. Precisamente es en el alma, en esa Realidad desechada por la mayoría de los científicos académicos, en donde tiene lugar el renacimiento de Dios. El descubrimiento de la auténtica vocación implica saber que es Dios quien se expresa en nuestra vida, incluso en el absurdo de una vida sin sentido como la que viven la inmensa mayoría de los contemporáneos. Supone un darse cuenta de que Dios se mira a sí mismo a través de la consciencia del hombre que realiza su vocación de un modo auténtico. Y es precisamente el encuentro con la Presencia que habita en el alma, el despliegue de la vocación auténtica, lo que produce una verdadera sanación.

28/06/2017

lunes, 22 de julio de 2013

ENTREVISTADO PARA EL BLOG INTEGRAL DE GUNTHER EMDE

La semana pasada Gunther Emde publicó la entrevista que me hizo en su blog integral. Dejo a continuación dicha entrevista, que podéis ver también en el muy recomendable  blog de Gunther,  a quien agradecemos su amabilidad y su apertura.

El Blog Integral entrevista a José González

José González es psicólogo, terapeuta de orientación junguiana y escritor. 

Licenciado en Ciencias Ambientales por la Universidad Europea de Madrid 
y graduado en Psicología por la UNED. 

Gunther Emde:  Hola José, antes que nada gracias por concedernos esta entrevista para los lectores de El Blog Integral. Mi primera pregunta se refiere a las experiencias personales que nos impulsan en ocasiones a plasmarlas en forma de ensayo o de novela. ¿Es este el caso de tu primera novela, "Encuentros en la oscuridad", publicada en 2007? Si así fuera, ¿podrías explicar alguna experiencia o cambio en la percepción de la vida que tuvieras en los meses o años previos?  


http://www.elblogintegral.com/2013/07/el-blog-integral-entrevista-jose.html
José: Gracias a ti, Gunther, por entrevistarme, y enhorabuena por tu blog. Con respecto a tu primera pregunta, entiendo que cada novela que escribo es un fragmento de mi propia vida interior. Desde mi punto de vista, la vida puede caracterizarse, algo que hizo ya Miguel de Unamuno, como una novela en curso o, como decía Jung, un mito en despliegue continuo. Mi primera novela, “Encuentros en la oscuridad”, la escribí en un completo aislamiento con respecto a la sociedad, casi toda ella de noche, y sumido en un estado de arrobamiento. Apenas tardé una semana en escribirla y, para serte sincero, gran parte del texto lo escribí al dictado de un “otro” al que, de hecho, he llamado daimon en la novela. Durante las dos noches en las que plasmé el grueso del libro, me sucedieron numerosos fenómenos extraños. Uno de ellos es realmente significativo. Mientras pensaba en lo que iba a escribir, salí a dar una vuelta en mitad de la noche. Un búho chico me sobrevoló, pasó por encima de mi cabeza, se golpeó con la pared de un edificio y cayó aturdido al suelo. Yo me aproximé a él, cogí una pequeña caja de cartón que encontré cerca de allí, lo introduje en ella como pude, me alejé del edificio en el que se había golpeado, abrí la caja y emprendió de nuevo el vuelo. Esta y otras experiencias extrañas me llevaron al convencimiento de que existe un mundo misterioso, ajeno a la consciencia diurna, que funciona de un modo autónomo. Gracias a esas experiencias, y a otras por el estilo, comprendí aquello a lo que Jung se refería cuando hablaba de lo inconsciente colectivo o, como lo denomina en El Libro Rojo, del espíritu de las profundidades.

G: Tu última obra "Al final del túnel", ¿podría explicarse en función de algo similar, o es algo diferente?

J: Sí, Gunther, “Al final del túnel” podría entenderse como una ampliación de las experiencias que viví cuando escribí “Encuentros en la oscuridad” y, al mismo tiempo, es la precuela de otro libro mío titulado “La hermandad de los iniciados”. Lo que diferencia “Al final del túnel” de mis otros libros es que intento representar, a través de un relato que narra la vida de un hombre moderno, cómo veo yo la situación espiritual en la que nos encontramos, y cuales son los conflictos que nos afectan, hasta cierto punto, a todos los que vivimos en este momento histórico; conflictos a los que debemos enfrentarnos, cada cual a su modo particular. De ahí que su prologuista, el Dr. Salvador Harguindey, clasificara “Al final del túnel” como novela psicológica, dentro del género iniciado por Hermann Hesse.

G: ¿Te consideras un escritor metódico o caótico? Ya sabes, los hay que escriben de 9 a 5, y otros sólo cuando lo permiten las musas...

J: Bueno, considero que tengo un poco de ambas características. Aunque, si las musas no acompañan, entonces prefiero no escribir y dejar que las ideas vayan madurando en mi interior. Normalmente, siento una gran actividad onírica e imaginativa poco antes de ponerme a escribir, y esa actividad me suele acompañar durante todo el proceso de elaboración de una obra. La lectura, investigación y recopilación de datos es la parte que me hace ser algo más “metódico”.

G: ¿Sigues haciendo pesas? Se te ve en forma.

J: Sí, hago ejercicio físico siempre que puedo. Practico pesas en un gimnasio, al que voy unas tres veces por semana. Sin embargo, el deporte que más me gusta es el montañismo y el senderismo, aunque también monto en bicicleta de montaña. De hecho, en el primer lugar en el que experimenté el efecto de los “arquetipos” fue durante una jornada de montañismo, en lo alto de una montaña. Allí, en plena naturaleza, rodeado de robles o pinos, me siento como “en casa”.

G: ¿Efectúas algún tipo de práctica espiritual? ¿Has tenido alguna clase de experiencias que puedan calificarse como espirituales?

J: Sí, aunque es un tema que mantengo en la intimidad. No obstante, lo que sí puedo decirte es que no separo mi vida espiritual de la ordinaria. Para mí, lo importante no es la “práctica espiritual” concreta que alguien lleve, sino la actitud que uno tenga ante todas las dimensiones de la existencia.

G: Tú eres un experto en Jung. ¿Opinas que Jung alcanzó la máxima cota de trascendencia (iluminación), o bien lo consideras, como hace Wilber, como una persona que tuvo importantes vislumbres de los estadios psíquico y sutil, pero que en ocasiones confundió lo pre-personal con lo trans-personal?

J: Bueno, para ser honestos, no podría afirmar con rotundidad si Jung, o menganito de tal, ha llegado a la cota máxima de la trascendencia. Para eso, habría que estar en una situación que contemplara la totalidad del destino de los hombres, y eso es algo que le corresponde a “Dios”. Dicho esto, en mi opinión, siempre condicionada por mi propia ecuación personal, considero que Jung ha sido un maestro espiritual, un iniciado en los misterios de la naturaleza, es decir, un gnóstico. La obra de Jung, pese a que ha habido bastantes personas que la han leído parcialmente, aún permanece desconocida para la mayoría. Especialmente, para los lectores de habla española. Y esto es así porque aún no se ha traducido toda su extensa obra al español. Así que, incluso los que llevamos muchos años estudiándole, hay partes de su obra que desconocemos. No obstante, hasta donde yo conozco, en Jung vemos dos facetas distintas. La primera es la del empírico, fenomenólogo y hermeneuta, que es tal vez la “más conocida”. Y una segunda, más íntima, más oculta si se quiere, en la que se mostraba sólo ante un grupo reducido de personas. A esta última faceta pertenecen sus últimos escritos, como El Libro Rojo, sus memorias y algunas de sus epístolas, entre otros. La lectura de la obra de Jung, especialmente esta última tan desconocida, requiere prestar mucha atención y, en mi opinión, haber recorrido o estar recorriendo el camino que él describe en sus textos. De lo contrario, se puede malinterpretar lo que él escribe, como les ha sucedido a Victor Frankl o a Ken Wilber, por ejemplo.



G: ¿Has leído "El libro rojo" de Jung? Si es así, ¿qué opinión te merece? ¿Crees que aporta algo que sea adecuado para el siglo XXI?

J: Sólo he leído parte de El Libro Rojo, aunque he sobrevolado la obra entera. Se trata de un libro incalificable e inclasificable, en el que Jung escribió, dibujó y pintó las experiencias visionarias que tuvo durante su viaje del alma. Cuando uno se adentra en su lectura se da cuenta de que es como si accediera a una catedral. Contiene multitud de imágenes simbólicas, de sueños, de textos polisémicos que resultan muy difíciles de comprender si no se lee despacio, pensando detenidamente, meditando y, sobre todo, contemplándolo a la luz de la propia experiencia personal. Esta última es la verdadera piedra de toque. Cuando te adentras en este magnífico libro, rápidamente acuden a la memoria otros textos de la literatura universal, como la Odisea de Homero, la Divina Comedia de Dante, el Así habló Zaratustra de Nietzsche, la Eneida de Virgilio, etc. Sin embargo, a diferencia de todos ellos, El Libro Rojo contiene la experiencia de una odisea del alma de un hombre contemporáneo. Eso es lo que le hace realmente significativo, y que contenga, en cierto modo, un mensaje “profético”, en el sentido de que descubre asuntos de gran relevancia para el hombre de nuestro tiempo. Es difícil sintetizar en unas líneas lo que aporta este libro al hombre del siglo XXI, y lo que diga siempre será erróneo por escueto y parcial. Máxime, teniendo en cuenta que no lo he leído entero con detenimiento. Pero, considerando estas limitaciones, yo diría que el mensaje de El Libro Rojo de Jung, para el hombre de esta época, es el siguiente: “El alma existe; es una entidad autónoma que habita en lo profundo del ser humano. La consciencia del hombre puede y debe entablar una relación dialéctica con su alma, si desea restablecer el equilibrio que la humanidad ha perdido con la supremacía del racionalismo patriarcal y su consciencia unilateralmente desarrollada. Ese viaje por el alma “culmina” en el renacimiento de la imagen de dios en el “interior” del ser humano, y supone, para el hombre, una completa transformación de su actitud hacia todas las esferas de su existencia: la vida, el mundo, la sociedad, las relaciones interpersonales, la naturaleza, etc., adquieren una dimensión simbólica (religiosa=religio=unido y ligado a Dios), es decir, sagrada.”

G: ¿Crees que la maduración personal sigue unas etapas definidas, después de los estadios descritos por Piaget? Me refiero a si crees que es posible algo así como la iluminación "de un solo salto", o bien hay que recorrer de forma ineludible unas etapas que son las mismas para todos.

J: Considero que el proceso de maduración personal pasa por diferentes etapas, en efecto. Y que esas etapas hay que experimentarlas, asimilando las vivencias a las que convoca. Ahora bien, hay que tener cuidado con las clasificaciones que la consciencia realiza de un proceso que es autónomo y que, por definición, las trasciende. Conocer intelectualmente las “etapas” que otros han descrito no significa que uno haya conseguido la “iluminación”. El Camino se conoce recorriéndolo. Y, si se hace así, uno no puede menos que recordar las palabras de Antonio Machado: “caminante, no hay camino, se hace camino al andar.” Si hay algo que el proceso de maduración tiene de característico es que el individuo accede a un territorio ignoto para su consciencia, y que, por más que otros hayan descrito ese viaje en etapas, éste siempre será único para él. Pongamos un ejemplo. Sabemos que hay ciertos motivos que se repiten en los sueños de los diferentes individuos y que, además, aparecen en los mitos, el folklore y los cuentos de las más variadas culturas. Sin embargo, nunca he conocido a dos personas que sueñen exactamente el mismo sueño, sin variación alguna. Y esto es así, porque la “ecuación personal” del individuo es única e irrepetible.



G: Volviendo a tu obra recién publicada, "Al final del túnel", ¿consideras que es imprescindible una inmersión en las penumbras del alma humana antes de poder vislumbrar la luz de la comprensión? ¿La evolución de una persona sería algo así como un "retroprogreso", por emplear un término de Pániker, es decir un constante avance hacia arriba y hacia adelante, y a la vez una profundización también cada vez mayor en el pasado, en las oscuridades de las heridas de la infancia, por ejemplo? ¿De qué forma se plasma todo esto en tu obra?

J: Sí, considero que es imprescindible una inmersión en las simas del alma humana, si quiere uno conocerse a sí mismo. Porque el hombre, por más que les pese a algunos, es un auténtico desconocido para sí mismo. Y, cuando empieza realmente a conocerse y atraviesa la epidermis de su consciencia, pronto se da cuenta de que en él hay un espacio interior que tiene vida propia. Una vida que la conciencia no ha producido y que, por lo tanto, tampoco puede controlar, ni manejar a su antojo. De ahí la importancia del silencio, del tener un espacio en el que apartarse del “mundanal ruido”, a fin de poder escuchar y contemplar esa vida que habita en nosotros. Si hay algo que le cuesta al occidental un trabajo ímprobo es el aprender a tener paciencia y permitir que las cosas se den por sí mismas, sin que el yo consciente interfiera en el proceso. Nuestra consciencia diurna está habituada a controlar y a manipularlo todo, para que las cosas se den de acuerdo a como ella lo ha planificado. Pero esta actitud es completamente errónea cuando lo que está en juego es el proceso interior.

Con respecto a tu segunda pregunta, el término de Pániker, “retroprogreso”, pienso que es muy acertado, porque hace justicia a esa paradoja que tiene lugar durante el proceso de evolución individual (y que también se observa en el grupal o en el social). El símbolo que suelo utilizar para ejemplificar el proceso de individuación, es decir, la evolución de la Conciencia (entendida esta como una Totalidad), es la imagen de un árbol. Precisamente porque en éste lo que está arriba y lo que está abajo, las raíces profundas y las ramas aéreas, está relacionado lo uno con lo otro. Y, en el símbolo del árbol hallamos las tres dimensiones en las que podemos dividir la Realidad: la aérea o el Cielo; la profunda o el mundo ctónico subterráneo; y el mundo intermedio. Por algo es el árbol una epifanía de Dios y, también, como símbolo del arquetipo de la Madre, el lugar en el que tiene lugar el renacimiento de la divinidad.



En toda mi obra puede rastrearse, como si de un hilo de Ariadna se tratara, ese “retroprogreso” al que se refiere Pániker. Y trato de hacerlo en un lenguaje sencillo, divulgativo, accesible a todo tipo de público. Así, por ejemplo, en mi última novela, “Al final del túnel”, describo este proceso a través de un relato heroico que, por cierto, está basado en hechos reales. Pero es heroico en el sentido de que describe un viaje que parte del mundo de la consciencia ordinaria, aquél en el que se desenvuelve a diario el hombre contemporáneo, y el protagonista se aventura hacia el ignoto mundo del alma, con las dificultades y los conflictos inherentes a esa odisea. Y, en ese recorrido, tiene lugar una experiencia de iniciación (=de muerte y renacimiento a la realidad del alma y sus arcanos), entre otras muchas sorpresas que el lector encontrará en sus 217 páginas. De ahí que el título del ensayo novelado que continúa la historia del protagonista de “Al final del túnel” sea “La hermandad de los iniciados”, puesto que en él describo las experiencias y las enseñanzas de una comunidad de monjes que han experimentado una iniciación, y que está dirigida por un Maestro o guía espiritual.

martes, 26 de febrero de 2013

ENTREVISTADO POR EL ESCRITOR E INVESTIGADOR MOISÉS GARRIDO



Entrevista al escritor, estudioso de la Psicología Analítica y científico ambiental, José González:

“LA ACTUAL CRISIS GLOBAL NOS OBLIGA A RENOVARNOS INTERIORMENTE”  

Texto y fotos: Moisés Garrido Vázquez


“Las emergencias espirituales -asegura el psiquiatra checo Stanislav Grof- pueden definirse como etapas críticas y difíciles de atravesar en una profunda transformación psicológica que abarca todo nuestro ser. Se dan como estados alterados de conciencia, e implican emociones intensas, visiones y otros cambios sensoriales, pensamientos extraños y diversas manifestaciones físicas”. Es evidente que lo inconsciente se manifiesta con más fuerza en momentos de crisis social o de transformación colectiva como el que vivimos actualmente. Ahora, más que nunca, los arquetipos se proyectan al exterior, irrumpiendo las vivencias paranormales y sincronísticas, los sueños recurrentes, los casos de canalización, recuerdos de supuestas vidas pasadas, experiencias extracorpóreas, episodios de conciencia cósmica, etc. Hay una profunda necesidad en el hombre de explorar su ser interior y orientar su destino hacia cuestiones espirituales. Todo este síntoma de renovación psicológica, coincide a su vez con el desmoronamiento de los dogmas teológicos impuestos por las religiones institucionalizadas, cada vez más cuestionadas. La política y la cultura también están atravesando por un serio proceso deconstructivo. No digamos la crisis medioambiental que sufre nuestro planeta clamando urgente ayuda. Y en el campo científico, vemos cómo se resquebrajan viejas ideas reduccionistas para dar paso a un nuevo paradigma más receptivo hacia lo transpersonal y lo holográfico. El papel tan determinante que juega la conciencia en la realidad que nos rodea, como propone la física moderna, posiblemente guarde estrecha relación con todas estas emergencias espirituales que ahora mismo están protagonizando muchas personas. La psique construye la realidad que observamos, pero también la transforma. Mente y materia formando un todo. “La fragmentaridad es una ilusión de la mente: el verdadero estado de las cosas es una totalidad indivisible”, propone el físico David Bohm. De todo ello, nos habla nuestro entrevistado, José González (Madrid, 1972), licenciado en Ciencias Ambientales y especialista en Psicología Analítica. En su reveladora obra El retorno al paraíso perdido (Sotabur, 2004), explora aquellos aspectos más profundos de la crisis personal y colectiva, la sombra y las convulsiones sociales, la interrelación entre Anima y Animus y muchas otras cuestiones que tienen que ver con la evolución interior. Además, en breve aparecerá en librerías su última novela,  titulada  Al final del túnel,  precuela de su ensayo novelado La hermandad de los iniciados (Entrelíneas Editores, 2011; LibrosMundi, 2011), que se inauguró con Encuentros en la oscuridad (Nuevosescritores, 2007), y en donde se dan cita la psicología, la gnosis, la alquimia, el sexo sagrado, el hermetismo y la astrología, teniendo especial relevancia también el Evangelio de Judas y la figura de María Magdalena, en una historia fascinante sobre la búsqueda y el encuentro del sentido de la vida.

- Tu libro El retorno al paraíso perdido se estructura en capítulos a modo de grados de evolución en el sendero de la iniciación. Comienzas con la sombra del ser humano, analizando el mal, hasta llegar al despertar de la conciencia. ¿Era tu objetivo marcar la pauta del iniciado, de quien se sumerge en el sendero? ¿De algún modo es una autobiografía?...


- “Como muy bien apuntas, el libro tiene un propósito eminentemente iniciático. Su estructura de doce capítulos divididos en cuatro apartados es ya una señal indicativa de lo que podemos esperar de su contenido: una invitación cartografiada a emprender el viaje hacia la Fuente. No creo que pueda concebirse el libro como una autobiografía, en el sentido de una exposición de acontecimientos biográficos. Esto lo puedes hallar en mi novela Encuentros en la oscuridad, en la que sí describo algunas de mis experiencias vitales, combinadas con otras surgidas de una mixtura que aúna productos de mi imaginación creativa y la exposición de los problemas de fondo que afectan a toda nuestra civilización. El retorno al paraíso perdido es, más bien, el producto destilado de mi encuentro con mis ancestros, de mi trabajo personal con los arquetipos junguianos, en definitiva, de mi entrada en la cueva o útero materno de la Diosa. Por ese motivo, en ocasiones, dejé a lo Inconsciente que se expresara libremente, siendo mi yo un simple instrumento a su servicio. Fue así como surgió, por ejemplo, el capítulo en el que presento la teoría del sistema psíquico, donde afirmo que la psique puede ser concebida como un sistema abierto y disipativo”. 

INVESTIGANDO LA SOMBRA


Según nos explica José durante la entrevista mantenida en Madrid, cuanto mayor sea el número de individuos que se dediquen a la investigación, a la elucidación y al trabajo con los arquetipos, especialmente con la sombra, desde los más diversos ámbitos del saber, tanto más nos aproximaremos a la ‘masa crítica’ necesaria para que el cambio de consciencia que el espíritu de los tiempos demanda se extienda exponencialmente al colectivo. “El único modo de dominar la sombra es conociéndola. Y, para ello, el individuo debe enfrentarse al conflicto que este conocimiento conlleva. La sombra es la inevitable oposición que toda génesis de un centro de luz, al que llamamos ego, genera. En el camino de iluminación de la sombra, el ser humano ha de comenzar por tomar consciencia de lo que de oscuro y negativo hay en su personalidad, de aquellos contenidos biográficos reprimidos por diversos motivos, retirando las proyecciones que antes espetaba en los demás. Hasta aquí, con autocrítica y cierto trabajo interior, la sombra es susceptible de hacerse consciente sin demasiadas complicaciones”. Asimismo añade: “Ahora bien, cuando la sombra aparece como arquetipo, entonces da lugar a las mayores dificultades, puesto que el individuo se encuentra cara a cara con el mal absoluto, con el reverso tenebroso de Dios. Y esta sí es una experiencia iniciática, a la que no todo el mundo tiene acceso”. Para nuestro entrevistado, es importantísimo tomar consciencia de la sombra de la que cada cual es portador, pues es de la mayor relevancia adquirir una actitud de alerta ante los conflictos colectivos que asedian a occidente, ya que, se quiera admitir o no, nos afectan a todos.

- ¿Crees que el caos en el que está sumergido actualmente el mundo, sobre todo occidente, es señal del emerger de una nueva conciencia colectiva, de un cambio de paradigma psicológico, social, científico y religioso?

- “Sí, estoy convencido de ello y así lo afirmo, no sólo en El retorno al paraíso perdido, sino también en mi novela Encuentros en la oscuridad y en gran parte de mis ensayos y artículos publicados en la red.  Una experiencia de más de una década con lo inconsciente, tanto en mi mismo, cuanto a través de las crisis existenciales padecidas por mis analizandos, ha afianzado mi originaria intuición”.



EMERGENCIAS ESPIRITUALES

Una crisis de transformación puede desencadenarse por muchos factores, desde una enfermedad o accidente hasta un fracaso sentimental o una pérdida laboral. Lo emocional juega un papel fundamental en toda emergencia espiritual. Precisamente nuestro protagonista atravesó por una amarga experiencia relacionada con una ruptura de pareja que le hizo adentrarse por los derroteros de lo espiritual y transpersonal, sufriendo una profunda transformación interna y descubriendo las graves consecuencias de la escisión entre el hombre interior y la realidad exterior. Su vida cotidiana se vio, de improviso, trastocada. El perturbador proceso tuvo finalmente consecuencias positivas, más bien terapéuticas. “Pasé por una crisis muy tumultuosa con mi pareja y luego vino la separación, con el consiguiente conflicto interior de si volver con ella o no. Encontrándome en esta encrucijada, comencé a estudiar estos temas. En esos momentos, me sirvió de ayuda la obra de Erich Fromm, de quien leí todos los libros que a la sazón tuve a mi alcance,  y, poco después, pasé a estudiar a Jung, iniciándome con su libro “Los complejos y el inconsciente”, que lo leí varias veces, para extraer su máximo jugo. Entonces, desde ese momento, me dediqué a estudiar en profundidad la psicología junguiana, viendo que ahí encontraría la clave para comprender lo que entonces me estaba pasando a mí y  lo que estaba sucediendo en el colectivo”. Otro libro fundamental para nuestro protagonista fue el que escribió Jung y Pauli sobre la sincronicidad. “Empecé a enlazar todos los eventos sincronísticos que me sucedían a mí, comprobando a su vez que existía un paralelismo entre lo que sucede en el inconsciente colectivo a nivel psíquico y lo que sucede después en el mundo exterior, esa relación que no es de causalidad, sino de coincidencia significativa”, recuerda con entusiasmo.     

 También protagonizó una curiosa y más que significativa vivencia en el ámbito académico, cuando se preparaba para doctorarse en Psicología Analítica por la Universidad Autónoma de Madrid. En sus propias carnes, sufrió la censura que el establishment universitario tiene hacia determinadas cuestiones heterodoxas del conocimiento, como es el caso de la astrología, la alquimia y el tarot     -temas que pensaba abordar en su tesis doctoral únicamente desde el punto de vista de la psicología junguiana-, a pesar de que recibió el apoyo de ciertos profesores de mente abierta. Su determinación fue drástica: decidió no doblegarse a las exigencias académicas y abandonó sus estudios de doctorado para seguir su formación de manera autodidacta, que casi siempre resulta mucho más fructífera que la marcada por el sistema educativo, obsoleto y dogmático en muchos aspectos. “Cuando tenía prácticamente 200 páginas escritas de la tesis doctoral se las presenté a Luis Montiel, mi director de tesis, historiador de la medicina y muy versado en psicología profunda. Me advirtió que estaba tocando asuntos que dentro de las líneas de investigación de la universidad no encajaban. Se salían de la ortodoxia académica. Agregó que si seguíamos adelante por esa línea, nos desprestigiábamos tanto él como yo. Entonces decidí no continuar con el doctorado y publicar mi trabajo investigativo, una vez concluido, como libro. Y eso hice”.      
  
EL 11-S Y SUS CLAVES SIMBÓLICAS

Para el entrevistado, la fecha del 11-S significó un importante hito en el mundo de los arquetipos, incluso hubo acontecimientos astrológicos muy significativos. “No se trata de que la constelación astrológica sea causante de los atentados terroristas, aclara. Este es un asunto muy delicado y es importante ilustrarlo bien, pues de su comprensión depende el que luego se entiendan las relaciones. En primer lugar, la astrología no causa nada, sino que se relaciona de un modo sincronístico, o simbólico, si se prefiere, con lo que tiene lugar en el mundo de la materia. Los gnósticos y los alquimistas expresaban este principio universal aplicable a la astrología en la máxima siguiente: ‘así es arriba, como abajo’. Hoy, gracias a las aportaciones combinadas de Carl Jung y Wolfgang Paulí, esta ley recibe el nombre científico de sincronicidad. Así, respondiendo a tu pregunta, la oposición entre Saturno y Plutón simboliza una lucha entre dos tendencias arquetípicas con connotaciones muy desagradables. No se trata de que dicha oposición provoque la guerra, sino más bien, que, tanto a nivel colectivo, como en la vida privada de cada cual, hay material proveniente de las profundidades más arcaicas de lo inconsciente colectivo que está presto a emerger a la consciencia. Dado que los contenidos de ese estrato son primitivos, y hasta bestiales, la consciencia lucha por mantenerlos en jaque, ocultándolos. Cuando esto sucede dichos contenidos son proyectados al ámbito exterior y se manifiestan en fenómenos y circunstancias que parecen provenir y estar fuera del colectivo humano, como el ataque terrorista que sufrió Estados Unidos el fatídico 11 S. Quizás la imagen arquetípica más elocuente de esta constelación astrológica la constituya la carta del Tarot denominada ‘La Torre’. Traducido a términos sencillos este gran hito arquetípico significa que la pretendida invulnerabilidad y omnipotencia del Ego colectivo de los países que integran occidente, a la cabeza de la cual se encuentra Estados Unidos, ha sufrido un duro golpe que lo ha hecho caer de las alturas de su hybris heroica, es decir, de su inflación, para morder el polvo”. Según explica González, el número 11 es un símbolo de discordia, oposición, enfrentamiento entre tendencias contrapuestas. Lo cual se correlaciona significativamente con el simbolismo de Géminis (los hermanos gemelos). En lenguaje psicológico esto representa la lucha entre el Ego colectivo y el alter Ego, es decir, su sombra. Y esta coincidencia significativa de acontecimientos separados en el espacio y en el tiempo tiene su razón de ser en la constelación de un arquetipo que lleva años actuando: la Diosa en su faceta destructiva. En definitiva, tras todo ello, se vislumbra el desmoronamiento de los pilares sobre los que se sustenta la cultura occidental.

- Reconozco mi escepticismo hacia la astrología. Sin embargo, observo que muchos que os adentráis en el universo junguiano, en el mundo de los arquetipos, de los símbolos ocultos de la psique, dais una gran relevancia al conocimiento astrológico. ¿Qué razones tenéis para mezclar astrología con psicología?

- “Me alegra que me hagas esa pregunta, Moisés. La Astrología es contemplada en el ámbito académico con mucho recelo, considerándola como una pseudociencia. De hecho, cuando cursaba estudios de Astronomía en la facultad de Ciencias, el profesor que impartía la asignatura comenzó su primera clase exponiéndonos la radical diferencia, según su parecer, entre la Astronomía, considerada por él una verdadera ciencia, y la Astrología que concebía como una pseudociencia, más propia de un falso profeta que de un científico serio. Algo parecido sucede con la parapsicología, por ejemplo, que tengo la impresión de que es el nombre moderno para designar a la metafísica. Desde luego que existen numerosos casos de fraude en todo lo relacionado con la Astrología, así como con el Tarot y otras “mancias” similares. Máxime en estos días de oscuridad y caos, donde la inconsciencia y la ignorancia de los principios universales parecen haberse adueñado de buena parte del colectivo. Sin embargo, eso no significa que la astrología, como la parapsicología o la ufología, verbigracia, no puedan ser objeto de un estudio científico riguroso. Ni siquiera la ciencia ortodoxa, rigurosamente académica, se libra del fraude, como bien sabes. Lastimosamente, el prejuicio que acompañaba a mi antiguo profesor de Astronomía está muy extendido y afecta, por igual, al profano y al erudito, al científico y al sacerdote, porque forma parte del espíritu de la época. No obstante, esto no debe ser un obstáculo para el verdadero Científico, para el buscador de la Verdad, puesto que si somos capaces de librarnos de los prejuicios que gravitan en torno a la astrología, nos daremos cuenta enseguida del ingente manantial de formaciones arquetípicas presentes en su simbología, las cuales auxilian al terapeuta a iluminar las consciencias, gravemente turbadas, cuando emerge material procedente del inconsciente colectivo, algo que sucede siempre que se atraviesa una crisis existencial. Del desconocimiento y de la incompetencia de los legos no es responsable el psicólogo”.

LA MANIFESTACIÓN DE LO FEMENINO

- ¿Qué papel juega en todo este rol de la búsqueda de la verdad la emergencia del arquetipo femenino?

- “Bueno, habría que diferenciar entre lo que está sucediendo en el ámbito de los epifenómenos materiales, es decir, a un nivel manifiesto o consciente, de lo que se está gestando en las capas profundas del Inconsciente Colectivo. Uno de los fenómenos de mayor relevancia en el mundo occidental es, junto a la progresiva preocupación por el deterioro del medio ambiente planetario, el que está teniendo lugar con la mujer moderna. El creciente interés por la igualdad de derechos entre las mujeres y los varones revela un cambio de consciencia cuya trascendencia apenas empezamos a vislumbrar. En el fondo, esto no es sino la manifestación más obvia de la paulatina superación del patriarcado psicológico al que ha estado sometida la humanidad, afectando tanto a las mujeres como a los hombres, desde los remotos tiempos del helenismo. Tal y como he desarrollado en mi último trabajo, Feminismo y Autorrealización, el patriarcado ha minusvalorado la mayor parte de los atributos asociados a lo Femenino y, con ello, ha despreciado y lacerado aquellos valores que son más afines a la personalidad femenina. De ahí que, como afirmo rotundamente en mi ensayo, ha sido la mujer la más perjudicada con la perpetuación de la orientación patriarcal que ha prevalecido, y que aún prevalece en gran medida, en la cultura occidental. Sin embargo, la Era de Acuario se caracterizará por la búsqueda de la Verdad, y esa búsqueda no estará circunscrita a ningún género, sino que será extensible a toda la humanidad. De modo que, la Individuación de la mujer moderna es la necesaria contrapartida a la unilateralidad que ha caracterizado a los últimos tiempos de la era de los peces. De ello depende que la cultura occidental logre sanar su lacerante herida, renovándose interiormente a sí misma. Sobre estas afirmaciones versa gran parte de mi último ensayo novelado titulado ‘La hermandad de los iniciados’, cuya primera edición ha sido publicada por la editorial Entrelíneas Editores y la segunda por la LibrosMundi.

Ahora bien, si ajustamos las lentes y multiplicamos los aumentos, nos daremos cuenta de que la emergencia del aspecto oscuro del arquetipo de la Diosa es un síntoma elocuente de la grave crisis estructural en la que está sumido occidente. Tanto Carl Jung, cuanto más recientemente Stanislav Grof, entre otros psiquiatras transpersonales, han evidenciado que la emergencia del arquetipo de la Diosa oscura, identificado con la diosa Kali hindú, o con la egipcia Sejmet, tiene lugar en aquellos períodos de profunda crisis espiritual, tanto a nivel individual, cuanto en el ámbito colectivo o social. Mi experiencia de más de una década en la investigación del inconsciente colectivo me ha demostrado que ambos investigadores estaban en lo cierto. Asimismo, hay un símbolo, asociado al mismo arquetipo, que emerge en los períodos de crisis existencial, y es el del gran dragón lunar. Este, en algunos de los sueños de mis analizandas, se presenta arrasándolo todo a su paso y sumiendo al mundo en la oscuridad y el Caos, como en  una noche de luna nueva. Los hindúes denominan a esta fase arquetípica con el nombre de Kali Yuga y se refieren a ella como a una edad oscura en la que se produce el despertar de la destructividad, la violencia, la enemistad entre los seres humanos, el deseo sexual depravado, el materialismo prosaico y la ignorancia de los principios universales, es decir, la completa carencia de Sabiduría. De ahí mi afirmación de que la emergencia de lo Femenino, en su aspecto oscuro, sea síntoma de una grave crisis estructural que afecta a los pilares sobre los que descansa la civilización occidental. Pero toda crisis encierra en su seno una oportunidad de renovación. Y, en este caso, la oportunidad estriba en saber aprovechar la radical transformación de la consciencia que el encuentro con la oscura diosa plutoniana puede provocar a aquel que esté dispuesto a ser sacrificado, para renacer renovado. Quien ha de morir es, por supuesto, el ego en su ignorancia y estrechez de miras para dar a luz al arquetipo del andrógino. Con ello, mujeres y hombres, habrán de apartar sus intereses egoístas para regir sus vidas de acuerdo al principio universal encarnado en su Ser esencial. Motivo por el cual, dedico un capítulo completo a estudiar este arquetipo plutoniano a través de los símbolos de varias diosas relacionadas con la serpiente o el escorpión, en definitiva, con las distintas caras con las que se presenta el Dragón Lunar. Y lo hago a sabiendas de que en este arquetipo femenino reside no sólo el veneno que se ha extendido por el mundo como una metástasis, sino también el remedio a ese cáncer que se ha adueñado de toda manifestación vital”. 

Posiblemente, ese arquetipo emergente al que alude nuestro entrevistado materialice mejor que ningún otro esa fascinación que hay en estos momentos hacia las culturas ancestrales, la filosofía perenne, las religiones mistéricas, el cristianismo gnóstico, el papel iniciático de María Magdalena como Hieródula (servidora sagrada del templo), etc.

- ¿Percibes ese interés cada vez mayor hacia la sabiduría primordial, tal vez para conocernos mejor a nosotros mismos y descubrir nuestros orígenes?...

- “Así es. Permíteme que te responda con un fragmento extraído del libro: ‘La recuperación del Hombre y la transformación de la situación actual, sólo es posible regresando a la fuente de la sabiduría primordial. Otrora brotaba a borbotones, su fluir era caudaloso y colmado de vida. Hoy, apenas fluye un pequeño reguero, que con dificultad recorre el rocoso y contaminado lecho por el cual serpentea. Esa Sabiduría de lo Trascendente nace en un determinado momento de la evolución del individuo, y, a través de su efímera y diminuta existencia, es capaz de manifestar la grandeza de lo Eterno. Su primer estadio es la intuición, pero ésta no es sino un pálido reflejo de aquella fuente primordial. De ella surgen todos los dioses y diosas que gobiernan la existencia del Hombre. Esa fuente se llama videncia, comunión con Dios, contemplación de la eterna sabiduría de la vida y reside en los lares más íntimos del alma humana’. El retorno a la fuente, que es una inmersión en el océano de lo Inconsciente Colectivo, verdadero anhelo del ser humano, nos lleva a todos los que nos adentramos en estos parajes de la existencia, a veces inhóspitos, a reencontrarnos con la Verdad. Una Verdad que se conoce desde siempre, como nos muestran los evangelios gnósticos, los misterios pre-cristianos, los sabios orientales, los grandes místicos, los filósofos, etc., pero que debe ser eternamente experimentada y reformulada. A la sencillez del arquetipo del andrógino, del arcaico engranaje del Tao, le acompaña una inabarcable e inagotable exégesis. De modo que, en propiedad, quien retorna al interior de si mismo encuentra el paraíso perdido, el Reino de los Cielos, la luz primordial, la chispa divina de los gnósticos. Así, poco importa desde que ámbito del saber inicies tu viaje, puesto que, como bien dices, todos convergemos hacia un mismo punto”.

- Los sueños y su trasfondo arquetípico tienen una importancia vital en los temas que estamos tratando. ¿Qué te han aportado en tu particular búsqueda?

 
- “En efecto, son numerosos los sueños que emergieron desde lo inconsciente colectivo psicoideo hasta el ámbito de mi consciencia, en sincronicidad con los atentados terroristas del 11-S. De hecho, podría decirse que el germen de todo cuanto he escrito y, Deo Concedente, espero escribir en el futuro, está contenido en aquellos sueños, visiones, imágenes y fantasmas. En cierto sentido, gracias a ellos he sido plenamente consciente de la realidad unificada a la que Jung denominó Unus Mundus, un mundo único, en el que materia y espíritu no son sino las dos caras de una misma realidad”.

- El héroe se adentra en los misterios del otro mundo, se transforma, renace a una nueva vida. Es otro de los asuntos que has tocado en tus ensayos. ¿Hablamos de algo meramente simbólico o puede llegar a ser experimentado por todo verdadero buscador o iniciado? ¿Acaso sería el paso del hombre material al hombre espiritual?

- “Al hablar de la entrada del héroe en el otro mundo estoy representando y describiendo simbólicamente un acontecimiento que tiene lugar en todo individuo que sufre una transformación de su consciencia. Desde un punto de vista psicológico, lo que sucede es, como bien dices, una muerte al estado de ser anterior, o sea, al estado ‘hílico’ o material de ignorancia e irresponsabilidad infantil, y un renacimiento al ámbito del Espíritu. Y esto, por definición, es una iniciación. Jung denomina a este proceso Individuación, dando a entender con ello que el objetivo último de toda iniciación es la más completa realización del individuo. También podría decirse que se trata de una muerte del ego y un renacimiento del Rebis Hermafrodítico o Andrógino de la Alquimia, del Anthropos gnóstico, del Atman hindú o del Tao oriental, nombres todos ellos que aluden al arquetipo del Ser o personalidad total. Durante este proceso, la consciencia se hunde en las profundidades de lo Inconsciente Colectivo, desapareciendo durante un tiempo del mundo de la materia, para reaparecer transformada y portando un tesoro de conocimientos a los que tiene acceso aquél que ha convivido con los espíritus de sus ancestros. En definitiva, simboliza una bajada a los infiernos, que es, como digo, una inmersión de la consciencia en lo Inconsciente Colectivo”.

EL EFECTO ACUARIANO

- Por último, señalas que el mito de nuestra Era es el mito de Acuario. ¿En qué consiste la era de Acuario sobre la que tanto se habla?


- “Bueno, en realidad, esta idea no es nueva. Hace ya algunas décadas que ciertos grupos de tinte ocultista apuntan que nos encontramos transitando hacia una Nueva Era. Desde un punto de vista astronómico, el punto vernal, que es el punto de corte de la proyección del ecuador terrestre sobre el plano de la eclíptica, se está desplazando desde la constelación de Piscis hasta la de Acuario. Este fenómeno simboliza, según una interpretación astrológica, una transición desde la era de los peces, en la que se ha desarrollado el cristianismo, hasta la era del aguador, que habrá de abrevar con el aqua sapientiae a todo aquel que se embarque en el conocimiento de sí mismo. Estoy convencido de que esta sincronicidad cósmica se correlaciona significativamente con la búsqueda personal de la Sabiduría, entendida ésta como el Conocimiento o Gnosis de los principios universales o patrones arquetípicos allende el mundo de la manifestación. El mundo de la materia, que concierne a la acción y al cambio, tiene su razón de ser precisamente en esos principios universales. Y estos patrones o arquetipos están siendo reformulados bajo una terminología científica, acorde con el nuevo zeitgeist. Mientras que la era de los peces se ha caracterizado por la dominación de la religión cristiana y el conocimiento de la divinidad sólo podía, supuestamente, hallarse en la Iglesia por intermediación de los vicarios de Dios en la tierra, las clases sacerdotales, en la era de acuario la Sabiduría o la Gnosis no estará circunscrita a ningún contenedor material, valga decir institucional, sino que serán los individuos quienes experimentarán la divinidad en el interior de si mismos. Esto trae consigo, por lo tanto, una completa revisión y reestructuración de los pilares espirituales sobre los que descansa occidente. Dicho así, todo esto parece muy bonito. Pero el hercúleo trabajo de demolición y posterior reconstrucción que semejante empresa implica, lo conoce bien aquel que se ha visto ante la necesidad vital de llevar a cabo dicha titánica tarea. La unión del sustrato lunar, femenino, de lo inconsciente con la consciencia es una labor formidable”.


No cabe duda de que estamos protagonizando un momento crucial en la historia de nuestra civilización. La crisis global traerá cambios significativos en todos los niveles. El proceso de transformación colectiva está en su momento más álgido. Cada individuo debe tomar conciencia de la realidad en la que vive y actuar consecuentemente, por eso no debe seguir anclado a tendencias sociales y culturales caducas, manteniendo su intelecto aletargado y a merced de los mandatarios. La actitud crítica es necesaria, pero hacia todo, religión y ciencia incluidas. A su vez, mantengámonos receptivos a los nuevos paradigmas que ampliarán nuestros conocimientos y que posiblemente sirvan de preludio a un futuro en el que la crisis haya quedado definitivamente superada. No olvidemos que, quizás, estemos atravesando un profundo proceso terapéutico a escala global. ¿No siente usted, atento lector, los síntomas en su propio ser?...

Para consultar los trabajos de José González:


(Anexo 1)

“Una paciente soñó con unos alienígenas que se introducían en su cuerpo y la poseían, pese a sus esfuerzos por expulsarlos. Se despertó con una sensación de terror. Al profundizar en el análisis se pudo observar que esta mujer había reprimido ciertos comportamientos reprobables, proyectándolos en las personas de su entorno. El autoengaño era tal y su actitud frente a sus propios complejos inconscientes la alejaba tanto de sí misma, que el sueño reprodujo, en la escena de los alienígenas, la parte de sombra que se negaba a ver. Como tantos otros, nuestra persistencia en mantener nuestras oscuridades fuera del foco de luz de la conciencia acaba por provocar situaciones que generan conflictos y, de ese modo, se emponzoñan las relaciones interpersonales. Ese esfuerzo por evadirse, tapar u ocultar los verdaderos motivos de un determinado comportamiento se produce por la angustia y el miedo que genera enfrentarse a ellos. Pero al mantenerlos en la sombra, estos cobran fuerza, son investidos por un poder inconsciente que los hace apoderarse (posesión) de la conciencia”.

            (EL RETORNO AL PARAÍSO PERDIDO, Cap. I: Introducción al lado oscuro de la psique)
 
(Anexo 2)

“El héroe es el hombre o la mujer que ha sido capaz de combatir y triunfar sobre sus limitaciones históricas personales y locales y ha alcanzado las formas humanas generales, válidas y normales. De esta manera, las visiones, las ideas y las inspiraciones surgen prístinas de las fuentes primarias de la vida y del pensamiento humano (…) El héroe ha muerto en cuanto hombre moderno; pero, como hombre eterno -perfecto, no específico, universal- ha vuelto a nacer. Su segunda tarea y hazaña formal ha de ser volver a nosotros transfigurado y enseñar las lecciones que ha aprendido sobre la renovación de la vida”.

                                                                                         (Joseph Campbell, El héroe de las mil caras)
 
(Anexo 3)

“Todas las manifestaciones de la crisis ecológica actual no serían sino el reflejo del estado de la psique inconsciente del Individuo (todos los hombres y mujeres) Moderno. Y, tal como sucede con los problemas psíquicos individuales, estos se han de transformar con la necesaria toma de conciencia. Y esto no se produce a menos que se adopte una actitud psicológica de profundización”.
                                                                                                                 (José González)

(Anexo 4)

-         ¿Quién eres? ¿Cuál es tu nombre? –Preguntó Juan a su extraño visitante.
-         Soy aquel daimon que quiere el Mal y genera el Bien. He recibido muchos nombres. Algunos me han llamado Satán, Diablo, Señor Oscuro, Satanás, etc… Otros, que han captado mejor mi esencia, me han denominado Lucifer. Pero incluso esos no acaban de comprender mi paradójica esencia. Tú puedes llamarme Abraxas. Soy el puente entre dos mundos, el Dios de las controversias. Dos rostros poseo y, sin embargo, pocos son los que me conocen…
-         ¿De dónde procedes?
-         Del mundo de lo no manifestado…
                                                                                        (Encuentros en la oscuridad, págs. 130-131)

(Anexo 5)

Según José González, existen tres prejuicios principales en la cultura occidental:

1)     La linealidad de la historia. Vemos la historia como una línea continua, olvidándonos de que la vida sigue un curso cíclico. Debajo de los acontecimientos lineales existen ciertos patrones que se repiten continuamente a lo largo de la historia y eso en la cultura occidental está bastante denigrado.
2)    La ortodoxia cristiana. Cuando enfocamos el tema religioso, parece que todo tiene que centrarse en la ortodoxia, cuando en realidad antes del Concilio de Nicea ya existían bastantes movimientos, sobre todo los gnósticos o las “religiones mistéricas”, que trataban la religión de manera más profunda. El gnosticismo es la línea mística del cristianismo, mientras que la ortodoxia es más bien la exotérica.
3)    La post-modernidad. Es un error considerar al ser humano independientemente de la naturaleza, como si pudiera observarla desde fuera sin intervenir en ella, cuando realmente es parte integrante de la misma.