Mostrando entradas con la etiqueta SEXO. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta SEXO. Mostrar todas las entradas

viernes, 5 de septiembre de 2025

La Noción de Género y la Disociación Psíquica: Un Análisis desde la Psicología Junguiana


1. Introducción

He dedicado gran parte de mi vida al estudio de la psique humana, y lo que observo en la sociedad actual me resulta profundamente inquietante. El fenómeno de la diversidad de géneros, lejos de ser una simple evolución sociocultural, me parece una manifestación patológica de un malestar más profundo: la disociación psíquica del hombre posmoderno. A través de este análisis, quiero postular que la crisis de identidad de género no es más que un síntoma de una conciencia que se ha desconectado de sus raíces más profundas. Sigo las ideas de la psicología analítica fundada por Carl Gustav Jung para exponer cómo esta desconexión genera una interpretación errónea y desordenada del género, que se proyecta en el mundo social y cultural.

2. Marco Teórico: Los Arquetipos subyacentes al Género

Mi tesis se fundamenta en la teoría de los arquetipos de Carl Gustav Jung, un pilar de la psicología analítica. Según Jung, lo inconsciente colectivo no es un mero repositorio de recuerdos, sino un ámbito psíquico que contiene patrones universales heredados, los arquetipos. De estos patrones, el Ánima y el Ánimus son cruciales para entender el concepto de género. Sin embargo, el arquetipo central que abarca la totalidad de la psique, la armonización de todos los arquetipos, es el sí mismo.

 * El Ánima es el arquetipo femenino en la psique del hombre. Representa las cualidades femeninas subyacentes, como la receptividad, la intuición y la emoción. Es la imagen interna de lo femenino con la que un hombre se relaciona.

 * El Ánimus es el arquetipo masculino en la psique de la mujer. Encarna las cualidades masculinas, como la asertividad, la lógica y la acción. Es la imagen interna de lo masculino en el alma de una mujer.

 * El sí mismo es el arquetipo de la totalidad. Es el centro organizador de lo inconsciente colectivo y la psique en su conjunto. Este arquetipo representa la unificación de los opuestos, la integración de la conciencia con lo inconsciente, el Ánima con el Ánimus. Su función es la de mediar entre el mundo interno y externo, buscando la armonía y la individualización.

Desde esta perspectiva, la expresión del género no es una simple construcción social. Es, más bien, la manifestación de estas tendencias psíquicas profundas que residen en lo inconsciente colectivo y que están subordinadas a la totalidad del sí mismo. La desconexión con estos arquetipos se acentuó drásticamente a partir de la Ilustración, cuando la razón y el intelecto se impusieron sobre la intuición y la conexión con el alma. Es en este cisma donde encuentro el punto de origen del desorden.

3. Análisis de Resultados: El Desorden como Consecuencia del Cisma Psíquico

Mi análisis me ha llevado a una conclusión que puede resultar incómoda para muchos: el rechazo de las profundidades del alma ha generado una verdadera esquizofrenia de la conciencia. Esta conciencia, ahora disociada de su base natural y arquetípica, es incapaz de reconocer que las tendencias de género no son más que expresiones de la desorientación de la consciencia del hombre posmoderno por una incapacidad de comprender el lenguaje simbólico que es característico de la psique humana. El símbolo se ha degradado en signo, el arquetipo en estereotipo y la consciencia es incapaz de reconocer y de vincularse con la realidad trascendente. Todas ellas señales inequívocas del colapso de toda una civilización.

3.1. La Proyección como Mecanismo de Defensa

En este estado de confusión, la psique individual, incapaz de reconciliar la disonancia interna, se expresa en la proyección. Lo que es un desorden interno se proyecta hacia el exterior, dando lugar a la creación de nuevas categorías y discursos ideológicos. No me refiero solo a los términos de género, sino a la ideología que los sustenta. El individuo, al no entender la naturaleza profunda del Ánima y el Ánimus, ni su relación con el arquetipo unificador del sí mismo, busca una explicación en el mundo exterior, y la encuentra en discursos que, en mi opinión, son esencialmente vacíos.

3.2. Las Ideologías de Género como Patologías Sociales

He llegado a ver movimientos como el feminismo y la teoría queer no como liberaciones, sino como síntomas de una conciencia extraviada. Considero estas construcciones sociales como "monstruos" ideológicos. No me malinterpreten, no es una crítica a las personas, sino a la ideología. Estas construcciones no solo malinterpretan la naturaleza del género al reducirlo a una simple etiqueta social, sino que también profundizan la separación del individuo de su propia esencia psíquica. Al centrarse en la creación de nuevas identidades, se desvía la atención del verdadero problema: la necesidad de reconciliar la conciencia con lo inconsciente colectivo y, en particular, con el arquetipo del sí mismo.

4. Conclusiones y Propuesta de Reintegración

En mi trabajo, he sostenido y sigo sosteniendo que la crisis de identidad de género de la posmodernidad no es más que una consecuencia directa de la desconexión entre la conciencia y lo inconsciente colectivo. Por eso, creo que la solución no reside en la proliferación de nuevas categorías o la validación de un sinfín de identidades. La única vía para restaurar la coherencia psíquica y resolver esta confusión identitaria es a través de un proceso de reintegración.

Este proceso implica que la conciencia regrese a sus raíces arquetípicas. Es un viaje de regreso al alma, un proceso de individualización. Requiere una introspección profunda para reconocer y asimilar los arquetipos del Ánima y el Ánimus en su verdadera naturaleza simbólica, para finalmente llegar a la totalidad que es el arquetipo del sí mismo, el arquetipo que armoniza los contrarios. Es solo a través de este proceso que podemos superar la disociación y proyectar una imagen de género coherente y en armonía con nuestra esencia más profunda. Mi trabajo en Odisea del Alma y mis libros como Cine y Espiritualidad tienen como objetivo guiar a las personas en este viaje. La paz interior y la coherencia psíquica solo pueden ser restauradas cuando la conciencia se reencuentra con sus raíces arquetípicas. Es la única forma de sanar esta herida contemporánea.

Para más información sobre mis ideas, puedes consultar los siguientes recursos:

 * Entrevista a José Antonio Delgado González - Odisea del Alma: https://www.odiseajung.com/noticias/entrevista-a-jose-antonio-delgado-gonzalez/

 * CINE Y ESPIRITUALIDAD. José Antonio Delgado - Odisea del Alma: https://www.odiseajung.com/libros-amigos/cine-y-espiritualidad-jose-antonio-delgado/

 * Todos mis libros: https://www.todostuslibros.com/autor/delgado-gonzalez-jose-antonio

 * Mis libros en Librería Soriano: https://libreriasoriano.com/es/autor/delgado-gonzalez-jose-antonio/


jueves, 30 de mayo de 2019

¿QUÉ DIFERENCIA A HOMBRES DE MUJERES A LA HORA DE ENAMORARSE?

¿QUÉ DIFERENCIA A HOMBRES DE MUJERES A LA HORA DE ENAMORARSE? 

José González. Psicólogo y terapeuta de orientación junguiana. 


En el artículo que publico hoy para Psicología profunda y Espiritualidad voy a hablar de un tema especialmente polémico y sensible. Ruego al lector un poco de paciencia si en la descripción que hago no se ve del todo reflejado. He tratado de realizar una abstracción y una generalización sobre decenas de observaciones clínicas (y fuera de la consulta) que, como es natural, pueden no encajar totalmente con los casos particulares. 

En mi labor como Psicólogo y terapeuta me doy cuenta del avance de una serie de ideologías que parecen ir dominando el panorama público, no sólo en España y en otros países sudamericanos, sino también en gran parte de Europa y, por supuesto, en Estados Unidos. 

Esta extensión casi planetaria parece estar vehiculada, desde el plano objetivo, por una agenda política que emana desde organismos supranacionales como la ONU y la OMS,  y que, como sucede con la normativa internacional,  va "trasponiéndose" poco a poco al resto de países del mundo occidental. 

Cuando esto sucede sabemos que en lo inconsciente colectivo hay un arquetipo que está constelado y que es el auténtico actor de estos cambios en la mentalidad occidental.

Como la consciencia del occidental moderno y postmoderno se ha diferenciado solo en el plano horizontal de la existencia, valga decir en el material, y parece haber experimentado un retroceso equivalente en el plano vertical o espiritual, las consciencias de la inmensa mayoría apenas sospechan hasta qué punto están siendo manejadas, como si de marionetas se tratara, por esas tendencias inconscientes a las que en psicología junguiana denominamos arquetipos.

Por este y por otros motivos me veo ante la tesitura, cada vez más penosa, de tener que realizar una labor de psicoeducación en anatomía del alma. Las personas parecen haber olvidado qué significa ser hombre o mujer, qué significa ser humano en definitiva, y en un estado de confusión realmente peligrosa, construyen "castillos en el aire" sobre quienes son y por qué hacen lo que hacen. 

Y lo hacen por cierto con una ingenuidad que corre pareja a la infantilidad en la que parecen haberse asentado miles de consciencias occidentales. Consciencias que deberían, aunque sólo sea por la experiencia de vida que debieran dar los años, saber más sobre cómo funciona el mundo y sobre quienes son y por qué actúan como lo hacen. 

Por ejemplo, resulta cuanto menos patético, aunque a la postre es triste por el sufrimiento que provoca, comprobar día sí, y día también, cómo la cultura así llamada occidental parece estar asentada en una actitud que es propia de la etapa evolutiva adolescente. El mito de la eterna juventud permea todas las esferas públicas, haciendo que miles de mujeres sean adictas al Botox y a la cirugía plástica,  en una lucha por "congelar el tiempo", en una batalla que desde luego está perdida de antemano, con un terrible miedo a afrontar la vejez y la muerte.

Y los hombres, al igual que sus pares, pasan decenas de horas en los gimnasios, no con la intención de realizar ejercicio físico para mantener su cuerpo en un estado de salud deseable, sino para mostrar un físico que se asemeje al de un adolescente, como expresión de esa adolescencia psíquica en la que parece haberse congelado su mentalidad. 

Otra idea que en la actualidad está muy extendida es aquella según la cual la sexualidad se puede sublimar hacia la esfera espiritual. De hecho, hay personas que se consideran terapeutas "tántricos", aludiendo a la tradición espiritual India del Tantra en la que se realiza un trabajo de tipo trascendente a través de la sexualidad. Una idea que, si bien tiene un fundamento arquetípico, desde luego el modo en que se enfoca es, desde un punto de vista psicológico, bastante desafortunado por desorientado. Buena muestra de que la Espiritualidad y la Sexualidad, o mejor, de que Logos y Eros no son dioses que se puedan intercambiar lo hallamos en el “experimento” de la comunidad cuyo líder espiritual es conocido por el nombre de OSHO. 

Los psicólogos junguianos sabemos que la diferenciación de la dimensión erótica en el proceso de individuación corre pareja con la constelación (activación y preparación para la emergencia en la consciencia) del arquetipo del anima negra. 

La virgen negra, personificada en la tradición judeocristiana por la Reina de Saba o por la morena del Cantar de los Cantares, es el arquetipo presente cuando de diferenciar las dimensiones eróticas en el varón se trata.

Debo puntualizar aquí otra de las grandes diferencias en la psicología de hombres y mujeres: mientras que para la psique femenina apenas encontramos separación entre sexualidad y espiritualidad, puesto que para la mujer el cuerpo y el sexo, por tanto, son “espirituales “, para expresarlo de un modo sencillo, en la psique masculina la cosa es bien distinta. 

En el varón la dimensión espiritual, el Logos, es un principio que tiende a regir su consciencia y, por lo general, se encuentra en una posición antagónica con el Eros, del que la consciencia masculina tiende a desconfiar. En sueños ambos principios se personifican bajo la forma de un ave (Logos, espíritu) y una serpiente (Eros, sexo). A veces, en algunas mujeres, el toro aparece en sueños y representa el gran falo que la persigue para someterla y fecundarla.

En psicología junguiana hablamos del arquetipo del anima cuando nos referimos a unos contenidos de lo inconsciente colectivo referidos a las dimensiones femeninas en una personalidad masculina.

En pocos trabajos de psicología junguiana se habla de la doble personificación del anima en el proceso de individuación masculino.

En sueños suele aparecer bajo el aspecto de dos mujeres con características diferentes. Por ejemplo, como una mujer Rubia y otra Morena ; como una mujer de raza blanca y otra de raza negra; etc.

El anima Rubia o Blanca personifica aquella dimensión o dimensiones de lo femenino que nutren, cuidan, alimentan y apoyan a la consciencia en su crecimiento y diferenciación de la Persona. Esto es de la adaptación al mundo: apoyo en la profesión, en el desarrollo de la Espiritualidad, la mejora y diferenciación de las funciones superiores de la consciencia, la faceta luminosa de lo divino. 

El anima Morena o la Negra, a la que me refería anteriormente, es aquella que conduce a la consciencia hacia el tártaro, la bajada a los infiernos, al Hades griego, en lenguaje psicológico a lo inconsciente. El Eros es el mundo de esta anima, así como el encuentro con el mal y los aspectos oscuros, por tanto, de la imagen de Dios. El encuentro con esta anima le resulta penoso a la consciencia masculina, pues esta entra en contacto con las funciones inferiores. 

Una manifestación particular de la Negra es lo que podríamos llamar el anima "lolita". En sueños puede aparecérsele a un hombre maduro bajo la forma de un súcubo joven, aniñada o adolescente, expresando el momento de máximo auge hormonal. Personificando la sexualidad sin objetivo reproductivo.

Por tanto, la Virgen o anima Negra, cuando se constela en la psique de un hombre, conduce a la consciencia a realizar un viaje al Hades, de la mano de Perséfone, y, cuando esto sucede, se produce un desarrollo, diferenciación y exaltación de la sexualidad sagrada, del principio del Eros. 

Así pues, a diferencia de lo que sucede cuando se constela el anima blanca en una psique masculina, con la que es factible y oportuno emparejarse, formar una familia, y seguir un camino ascendente o de la mano derecha, con el anima negra lo adecuado es no casarse, ni por supuesto formar una familia. La sexualidad en este caso está dirigida hacia un telos (finalidad) de diferenciación erótica en el varón. Es el sendero de la mano izquierda; de ahí que en ocasiones hayamos dicho que el proceso de individuación conlleva aparejado una especie de tantra occidental.

Además de esta tendencia general que diferencia a hombres de mujeres en su modo de relacionarse, y de enamorarse, existen algunas diferencias fundamentales dependiendo del grado de diferenciación del anima/animus en ambos sexos. 

Por ejemplo, una mujer con un animus en el primer estadio, que podríamos llamar el del héroe deportista, el motero, el culturista, etc., se siente atraída por hombres fálicos o testosterónicos, con un gran poder físico que además le hacen sentirse segura. La altura en muchos casos es también fundamental. 

Habitualmente, y esto es común tanto en intuitivas como en sensoriales, aunque es más típico en intuitivas, a muchas mujeres en el primer estadio del animus les atraen hombres con grandes falos enhiestos. Muchas intuitivas, en el primer estadio del animus, pueden emparejarse incluso con hombres muy agresivos, con hombres primitivos y poderosamente fálicos.

En ocasiones, algunas mujeres intuitivas en el primer estadio del animus se quedan enganchadas con estos hombres fálicos y primitivos, del mismo modo que los varones intuitivos en los primeros estadios del anima son atraídos por mujeres muy voluptuosas a las que desean penetrar por todas sus aberturas practicables.

A medida que se va produciendo una diferenciación del animus, las dotes intelectuales, que también están presentes en el primer estadio antes mencionado, van tomando más importancia en aquello que valoran a la hora de emparejarse. Sin desaparecer del todo la atracción por el hombre fálico, si bien mucho más moderada. 

En ocasiones, cuando la mujer tiene un animus poderoso con una fuerte tendencia espiritual, puede darse un conflicto entre la atracción sexual que les provoca un hombre fálico y el deseo que sienten por emparejarse con un hombre inteligente y con valores espirituales profundos. 

Así como el animus en su primer estadio provoca en la mujer que esta se sienta atraída por hombres fálicos, el anima en el primer estadio provoca que el hombre se enamore de mujeres muy voluptuosas. Esto es especialmente así en personalidades intuitivas. Los sensoriales, aunque también se enamorarán por la vista, pueden valorar otros aspectos en sus respectivas parejas, como su capacidad de ser madres afectuosas y de crear una familia, y que posean una intuición que ellos no tienen. 

Por cierto que las personalidades intuitivas se sentirán fuertemente atraídas por sus contrapartes sensoriales, y viceversa. Es el mayor pegamento posible y, al mismo tiempo, la mayor fuente de conflictos y dificultades en las relaciones.

viernes, 24 de mayo de 2019

¿QUÉ ESTÁ SUCEDIENDO CON LAS RELACIONES DE PAREJA?


¿Qué está sucediendo con las relaciones de pareja?


José González. Psicólogo y terapeuta de orientación junguiana. 

Desde hace aproximadamente cuatro años estoy dedicado casi en exclusiva a la investigación de las personas con trastornos de la personalidad. En especial, llegan a mi consulta personas, tanto mujeres como hombres, inmersas en relaciones de pareja completamente disfuncionales. La guerra de sexos, que tan presente está en el ámbito público, en donde se lanzan mensajes de demonización a la masculinidad, vinculándola de inmediato con la violencia de género, es un signo de un problema mucho más profundo que observo en la psique de las personas que llegan a mi consulta.

Frente a esta demonización de la masculinidad encontramos un ensalzamiento de lo femenino. Todo lo malo procede de la masculinidad, todo lo bueno de la feminidad, parece ser la consigna colectiva. Y las sombras que le son propias a lo femenino tienden a ser ocultadas o rechazadas del modo más descarado, como pone de manifiesto la respuesta de los críticos (y de los fans) al final de la exitosa serie "Juego de Tronos" (Games of Thrones).

El "negocio" de las aplicaciones de contactos, como tinder, badoo, meetic o follamigos, de un lado, y las redes sociales como facebook o instagram, del otro, favorece un tipo de contacto de carácter narcisista. De hecho, estos son los medios favoritos, casi podríamos decir que el hábitat predilecto, de personalidades narcisistas, psicopáticas y límite. Un lugar virtual en el que poder triangular con varias personas a la vez, hallar el combustible o suplemento adecuado de cada una de sus presas, al tiempo que les permite no comprometerse con nadie: el clásico modus operandi de las personas con rasgos narcisistas.

No solo las personas con trastornos de la personalidad del clúster b (grupo b: dramáticos, emocionales o erráticos) se sienten como en casa en estos medios cibernéticos; también los asesinos en serie, y los psicópatas, encuentran un medio adecuado para estudiar a sus futuras presas. Y esto convierte a las redes sociales en un lugar francamente peligroso, especialmente para personas ingenuas y, sobre todo, para los jóvenes desorientados.

Además de estos medios virtuales de contacto, la industria de la pornografía está en expansión e internet se ha convertido en un hervidero de consumo parafílico. Por supuesto, la prostitución es una industria que también se encuentra en expansión, en sus múltiples modalidades: desde mujeres casadas que se prostituyen por dinero, a personas que follan sin retribución económica, más allá de una invitación a una cena y una bonita velada, pasando por la prostitución de lujo con mujeres (y/o con hombres) de alto nivel cultural.

El efecto que esta realidad actual está teniendo en el modo en el que se abordan las relaciones de pareja está siendo nefasto: se respira un ambiente "paranoico", en el que las personas sin trastornos se han vuelto muy desconfiadas, recelosas ante la idea de iniciar una relación siguiendo los dictados de su corazón, por miedo a que abusen de ellas, a ser explotadas y maltratadas. El amor parece tornarse en un juego de poder. Dudan una y mil veces cuando conocen a una persona con la que podrían iniciar un camino conjunto: ¿será sincero conmigo? ¿qué otras/os candidatos tendrá para elegir? ¿es la persona adecuada para una relación a largo plazo? ¿se siente atraído/a por mí sexualmente? ¿me atrae él a mí? ¿será un/a mentiroso/a o un manipulador/a? En definitiva, reina un ambiente de suspicacia, de desconfianza y de sospecha que se está extendiendo por todo el planeta.

Ante semejante panorama muchas personas están optando por eludir cualquier relación de pareja en la que los sentimientos de amor auténticos estén asociados al placer y la sexualidad compartidos. Las relaciones basadas en el amor sufren, por tanto, una recesión, lo que podría estar asociado con el vertiginoso auge de las plataformas y aplicaciones de contactos esporádicos.  

Otra posible respuesta ante esta situación colectiva es aquella por la que han optado algunas personas: volcarse en la profesión. Cuanto más tiempo dedican a la profesión, tanto menos tiempo tienen para pensar ni siquiera en tener una relación de pareja. El celibato es otra respuesta posible, que puede ir de la mano de la anterior, pero que también puede surgir sin necesidad de dedicar casi toda la energía y el tiempo a la profesión. Todo dependerá de la disposición psicológica de las diferentes personalidades.

Y ante todo esto, surge la siguiente pregunta: ¿cuál es la actitud adecuada para encontrar el amor en la pareja? Les dejo con esta cuestión para que reflexionen.