lunes, 30 de junio de 2014

ENCUENTROS ENTRE MIGUEL SERRANO, CARL GUSTAV JUNG Y HERMANN HESSE

Presentamos aquí a Miguel Serrano, amigo de Herman Hesse y Carl G. Jung, ex embajador en la India, y escritor chileno buscador del secreto final de la existencia que resuelva el enigma del amor, la muerte, y la esencia de Chile. Sus libros "Ni por mar ni por tierra" y "Las Visitas de la Reina de Saba", son narraciones, de alta intensidad poética. En esta entrevista, Serrano recuerda con detalle su encuentro con Hesse, revela claves para entender desde su cosmovisión esotérica el mundo actual y recuerda a sus amigos desaparecidos de la generación del 38. Al final, un vídeo sobre la entrevista a Miguel Serrano sobre su encuentro con Carl G. Jung y Hermann Hesse.

MIGUEL SERRANO

..... Son las seis de la mañana del día 8 de junio. Abro las puertas de mi cuarto en Nueva Delhi, que da a una pequeña terracita blanca, que ya refulge con el sol. El calor tremendo de junio comienza temprano. Estoy semidesnudo y empezaré mis ejercicios yogis de adoración al sol, el "Suryanamaskar". El verdor increíble de los árboles, aun en este tiempo, el canto de infinidad de pájaros me saludan. Un sirviente local, con turbante, se acerca con ese andar cadencioso de los indios y me dice: "Salam, Sahib". Es su saludo respetuoso. Me extiende un papel. Es un telegrama. Lo abro sin apuro, casi sin poner atención. Veo que viene de Zurich y me extraña que así sea. Empiezo a leerlo y quedo perplejo. El cable dice así: "El Dr. Jung murió ayer a mediodía, apaciblemente. Recuerdos". Lo firman Beiley y Jaffe. La señorita norteamericana que acompañaba al Dr. Jung, llevándole a su casa, una mujer extraordinaria, y su secretaria privada, de nacionalidad suiza.
..... Una emoción grande me inmoviliza ahí, con los ojos húmedos, tal vez por el sol tan intenso, o quizás no. Hace tan poco que he estado con el Dr. Jung en su casa de Küsnacht, junto al lago de Zurich. Tal vez habré sido el último amigo extranjero que le viera. Esta noticia me ha llegado al alma. Mis relaciones con ese gran hombre, con ese genio extraordinario, han sido en verdad únicas. (...) He tenido la suerte enorme de ser prologado por Jung, siendo la primera vez y la última que él diera un prólogo para una obra puramente literaria.
..... Recibí una carta suya cuando nuestros terremotos del año pasado. Me decía: "Aunque los hombres de ciencia modernos no lo acepten, hay una relación entre el alma y la Naturaleza. La Madre Naturaleza se pone ahora a tono con nuestra civilización y empieza también a destruir. Por desgracia le ha tocado a su país. ¡Cuánto he pensado en Chile últimamente!".
.....
..... El recuerdo vuela, veo su imagen, la tengo presente. Llegué hace muy poco a su casa bajo una fina lluvia. La casa de Jung queda en las afueras de Zurich, en Küsnacht. En el pórtico de la entrada se lee una frase en latín, que dice, más o menos: "Piénsese o no en Dios. El está siempre presente". Adentro hay cuadros y objetos bellos, grabados antiguos, pinturas medievales. Me recibió la señorita Beiley, quien me invitó a pasar a una salita en donde sirvió el té.
..... Hablamos del Dr. Jung. Ella me dijo que no había estado bien los últimos días, sintiéndose muy cansado a causa de un trabajo intenso en un ensayo de ochenta páginas que había escrito a mano, como siempre, directamente en inglés, para una publicación norteamericana que aparecerá próximamente con el título de El hombre y sus mitos. La señorita Beiley está preocupada. Me cuenta que Jung le ha dicho: "Deseo partir, pero usted me sujeta aquí". Ella no lo cree, pues piensa que el Dr. Jung todavía siente atracción por la vida y la tierra: "Tiene aún demasiado sentido del humor, dice, demasiado entusiasmo". (...) Acabo de encontrarme en Montagnola, en la Suiza italiana, con Hermann Hesse y le he preguntado sobre lo mismo. El me ha dicho que "morir es ir al Inconsciente colectivo de Jung, para luego, desde ahí, volver a las formas, a las formas...". Hesse también me ha dicho que "Jung es un gigante, una montaña gigantesca de nuestro tiempo". Y me ha pedido que le lleve sus saludos, "los saludos del Lobo Estepario", ha dicho.
..... Jung no ha estado bien, en verdad, pero no padece de enfermedad alguna. Ese día se ha sentido mejor y se ha levantado para recibirme. La señorita Beiley me pide que subamos, pero me recomienda que no me quede mucho tiempo para no cansarle. Entramos a su cuarto de trabajo. Y allí está Jung, sobre su silla, junto a la ventana que da al lago. Tiene puesta una bata japonesa que le hace parecer un monje del budismo zen, un samurai antiguo o un mago de otros tiempos. Le nimba una luz de atardecer y le rodean grabados de la alquimia y un gran cuadro del dios hindú Shiva, sobre la cima del Monte Kailash. (...)
..... El sonríe con ésa, su sonrisa, llena de malicia, de sabiduría y de bondad. Estira su mano hacia su pipa, pero no la alcanza. Le digo: "Qué bella bata japonesa". Es una bata ceremonial. Saco de mi bolsillo una cajita de Cachemira, que le he traído de regalo. Él la mira y me dice: "Es de turquesa". Y luego agrega: "No he estado nunca en Cachemira, recorrí el sur de la India, Madora, todas esas zonas tan "Interesantes"". Luego me habla de los hindúes y de los chinos, se refiere a un libro de un maestro chino del budismo zen, cuyo nombre no recuerdo ahora, y dice que es lo mejor que ha leído al respecto. Le doy los saludos de Hermann Hesse y le cuento mi conversación sobre la muerte con el escritor. Le explico que le he preguntado si hay importancia en saber si existe algo más allá de la muerte. Jung medita un rato y afirma que la pregunta ha sido mal hecha, que debí preguntar "si hay alguna razón para creer que exista algo más allá de la muerte".
..... Yo le pregunto ahora al Dr. Jung: "¿Y qué cree usted, hay?". Me responde: "Si la mente puede actuar al margen del cerebro, entonces funciona al margen del espacio y del tiempo. Y si la mente funciona al margen del espacio y del tiempo, es incorruptible".

- ¿Y qué cree usted, doctor, qué piensa?
"He visto hombres heridos a bala en el cerebro, durante la guerra, con todas sus funciones cerebrales paralizadas y, sin embargo, tienen sueños y los recuerdan después. ¿Qué es lo que sueñan? Hay niños pequeños, que aún no tienen un yo definido, con su conciencia difusa, repartido en el cuerpo, quienes tienen sueños personales y profundos que les marcan para toda la vida. Ahí no hay yo. ¿Qué es eso otro que sueñan?".

- ¿Cree usted, doctor, que exista algo así como un cuerpo sutil, astral, el "Linga-Sarira", de la filosofía hindú, que se desprenda con la muerte?
"No lo sé; pero he visto materializar objetos y a los mediums mover objetos a distancia sin tocarlos con el cuerpo físico".

El doctor prosigue:
"Hace algún tiempo estuve muy enfermo, en estado casi de coma; todos creían que moriría y tal vez pensaban que sufría mucho, porque en ese estado a menudo el cuerpo hace creer que está sufriendo. Pero en verdad, yo tenía la impresión de flotar y experimentaba una sensación maravillosa de libertad. Después lo recordé.

..... El doctor Jung llevaba siempre en su mano izquierda un anillo con una gema gnóstica. Egipcia. Hablamos del significado de ese anillo y él lo explicó: "Todos estos símbolos, me dijo, están vivos en mí". Era maravillosa su memoria, y su cultura increíble, aún a los 85 años.
..... Hablaba a veces como un poeta, como un mago, como un místico. Una vez me dijo: "Mi mensaje no es entendido plenamente; sólo los poetas me comprenden".

Ahora le pregunto:

- ¿Qué va a pasar con el hombre, en la supercivilización técnica que se avecina? ¿Cree usted que alguien volverá a preocuparse, dentro de veinte años, del espíritu de los símbolos, en plena era de los viajes interplanetarios con los "sputnik", los Gagarin y los Shepard? ¿No llegará a aparecer el espíritu, "démodé"?

El doctor Jung sonríe maliciosamente, y afirma:
- Tarde o temprano el hombre tendrá que volver a sí mismo, aunque desde los astros. Todo esto que está pasando es una forma extrema de escapismo porque es más fácil llegar a Marte que encontrarse a sí mismo. Si el hombre no se encuentra a sí mismo, entonces corre el más grande de todos los peligros: su aniquilación. También en los viajes al espacio exterior hay un inconsciente intento de solucionar el más grave de todos los problemas que el hombre deberá afrontar en el futuro: la superpoblación.

..... El doctor Jung iba a seguir hablando sobre este tema importantísimo cuando la señorita Beiley entró a decir que la hija y el yerno del doctor Jung estaban esperando. Mi promesa de una conversación breve no se había cumplido.
..... Pero ahora sé que no importa, pues mi entrevista iba a ser la última. Y algo tal vez me lo indicaba de este modo, pues al llegar a la puerta me detuve y volví la cabeza. Jung estaba ahí mirándome fijamente, con su suave sonrisa y levantaba su mano para hacerme un gesto de despedida. El último. Su mano con el anillo gnóstico. Me incliné respetuosamente.




jueves, 22 de mayo de 2014

ENCUENTRO ENTRE MIRCEA ELIADE Y CARL GUSTAV JUNG




Publicamos en esta entrada un extracto del libro  El Vuelo Mágico, de Mircea Eliade, disponible en la edición en castellano publicada por la editorial Siruela. Se trata de una entrevista que Mircea Eliade realiza a Jung, con motivo de las conferencias realizadas en el círculo Eranos, y en la que también participó M. Eliade.



Este verano en Ascona se ha hablado mucho de Job y Yahvé; el último libro de Jung se llama, en efecto, Respuesta a Job. Como todos los años desde 1932, el profesor Jung ha pasado la segunda quincena de agosto en Ascona, a orillas del Lago Mayor, para asistir a las conferencias organizadas por el círculo Eranos. Algún día tendrá que escribirse la historia de este círculo tan difícil de definir. Fue Rudolf Otto quien le dio nombre: en griego, eranos significa «comida frugal donde cada uno aporta su parte». Eranos es la creación del entusiasmo, de la voluntad y de la perseverancia de la Sra. Olga Fröbe-Kapteyn, holandesa educada en Inglaterra pero establecida en Ascona desde hace treinta años. Interesada por el simbolismo, apasionada por las investigaciones de jung, la Sra. Olga Fröbe-Kapteyn se ha propuesto invitar todos los años a un cierto número de sabios para discutir un tema común desde la perspectiva de la especialidad de cada uno de ellos. Así, se han tratado temas tan diferentes como El Hombre y la Máscara, la Gran Diosa, la Meditación en Oriente y Occidente, el Tiempo, el Yoga, los Ritos, etc. La intención de Eranos consiste en considerar el simbolismo desde todos los ángulos posibles: psicología, historia de las religiones, teología, matemática e incluso biología. Sin dirigirlo directamente, Jung es el spiritus rector de este círculo al que ha comunicado sus primeras investigaciones sobre la alquimia, el proceso de individuación y, recientemente (1951), sus hipótesis concernientes a la sincronicidad. Un editor con coraje y clarividencia, el Dr. Brody, se ha encargado de publicar los textos de estas conferencias. Hoy en día los veinte volúmenes de Eranos-Jahrbücher constituyen con sus ocho mil páginas una de las mejores colecciones científicas referidas al estudio de los simbolismos.

   A sus setenta y siete años el profesor jung no ha perdido nada de su extraordinaria vitalidad, de su sorprendente juventud. Ha publicado uno tras otro tres libros nuevos: sobre el simbolismo del Aión, sobre la sincronicidad y, finalmente, esta Respuesta a Job que ha provocado ya reacciones sensacionales, sobre todo entre los teólogos.


   -Siempre había pensado en este libro -me confiesa el profesor Jung, una tarde en la terraza de la Casa Eranos-; pero he tardado cuarenta años en escribirlo. Cuando leí por vez primera, aún niño, el Libro de Job, quedé terriblemente conmocionado. Descubrí que Yahvé era injusto, que incluso es un malhechor. Pues se deja persuadir por el diablo. Acepta torturar a Job por la sugestión de Satán. En la omnipotencia de Yahvé, ninguna consideración hacia el sufrimiento humano. Por lo demás, aún subsisten en ciertos escritos judíos rastros de la injusticia de Yahvé: en un texto tardío, Yahvé pide la bendición del gran sacerdote, como si el hombre fuera superior a Él...

   -Pudiera suceder que todo esto fuera una cuestión de lenguaje. Pudiera ser que lo que usted llama «injusticia» y «crueldad» de Yahvé no fueran más que fórmulas> aproximativas, imperfectas, para expresar la total trascendencia de Dios. Yahvé es «aquel que es», por tanto está por encima del Bien y del Mal. Es imposible captarlo, comprenderlo, formularlo; por consiguiente, es a la vez «el misericordioso» y «el injusto». Eso es un modo de decir que ninguna definición puede circunscribir a Dios, ningún atributo lo agota...

   -Yo hablo como psicólogo -continúa el profesor Jung- y, sobre todo, hablo del antropomorfismo de Yahvé¿ y no de su realidad teológica. Como psicólogo compruebo que Yahvé es contradictorio y también creo que se puede interpretar psicológicamente esta contradicción. Para poner a prueba la fidelidad de Job, Yahvé concede a Satán una libertad casi sin límites. Ese hecho no carece de consecuencias para la humanidad: se esperan acontecimientos futuros muy importantes a causa del papel que Yahvé pensó tener que ceder a Satán. Ante la crueldad de Yahvé, Job calla. Ese silencio es la más hermosa y noble respuesta que el hombre haya podido dar a un Dios todopoderoso. El silencio de Job anuncia ya a Cristo. En efecto, Dios se hace hombre, Cristo, para redimir su injusticia con respecto a Job...

    El teólogo protestante Hans Schär, al que ya se debe un bello volumen sobre la psicología religiosa de Jung, se pregunta si dentro de cien años Respuesta a Job no será considerado un libro profético. Cuando Jung había publicado sus primeros estudios sobre el inconsciente colectivo y, por consiguiente, se había despegado del freudismo, parece ser que Freud decía de su antiguo colaborador: «Al principio era un gran sabio, ¡pero ahora se ha convertido en profeta!». ¡En la broma del Maestro algunos ven el mayor de los elogios: en efecto, consideran al profesor Jung como un profeta de los tiempos modernos. Pues si Freud tuvo el gran mérito de descubrir el inconsciente personal, Jung descubrió el inconsciente colectivo y sus estructuras, los arquetipos. Y con ello aportó una luz nueva a la interpretación de los mitos, las visiones y los sueños. Más aún: muy pronto Jung se liberó de los prejuicios cientifistas y positivistas del psicoanálisis freudiano: no redujo la vida espiritual y la cultura a epifenómenos de complejos sexuales de la infancia. Finalmente Jung tiene en cuenta la Historia: mira la psique como naturalista y como historiador; según él, la vida de las profundidades psíquicas es la Historia. Dicen los junguianos que sus descubrimientos cambiarán completamente el universo mental del hombre moderno. Freud no se equivocó: Jung no podía quedarse en ser un simple «sabio», tenía que ampliar cada vez más el horizonte de sus descubrimientos y trazar un camino para que el hombre moderno saliera de su crisis espiritual. Pues para Jung, como para muchos otros, el mundo moderno está en crisis, y esta crisis está provocada por un conflicto aún no resuelto en las profundidades de la psique.

    -El gran problema de la psicología -continúa Jung-, es la reintegración de los contrarios: eso se encuentra por todas partes y en todos los niveles. Ya en mi libro Psicología y alquimia (1944) tuve ocasión de ocuparme de la integración de Satán. Pues mientras Satán no sea integrado, el mundo no se curará y el hombre no se salvará. Pero Satán representa el Mal y ¿cómo integrar el Mal? Sólo existe una posibilidad: asimilarlo, es decir, elevarlo a la conciencia, hacerlo consciente. Eso es lo que la alquimia llama «conjunción de dos principios». Porque realmente la alquimia retorna y prolonga el cristianismo. Según los alquimistas, el cristianismo ha salvado al hombre, pero no a la naturaleza. El alquimista sueña con curar el mundo en su totalidad: la piedra filosofal es concebida como el Filius Macrocosmi que cura el mundo. El fin último de la «obra» alquímica es la apokatastasis, la Salvación cósmica.

    Jung ha comprendido muy bien que la alquimia, desde sus orígenes hasta su fin, no fue sólo una pre-química, una «ciencia experimental» embrionaria, sino una técnica espiritual. El objetivo de los alquimistas no era estudiar la Materia, sino liberar al Alma de la materia. Jung llegó a esta conclusión leyendo los textos de los alquimistas clásicos. Se sorprendió ante la semejanza entre los procesos alquímicos por los cuales se pensaba obtener la piedra filosofal y las imágenes en los sueños de algunos de sus pacientes que, sin darse cuenta, estaban trabajando en la integración de su personalidad. En estudios acerca de la alquimia asiática publicados entre 1935 y 1938, mostramos que las operaciones de los alquimistas chinos e indios perseguían igualmente la liberación del alma y la «perfección de la materia», es decir, la colaboración del hombre en la obra de la naturaleza. Esta convergencia de resultados adquiridos en ámbitos diferentes y por métodos diferentes nos parece una confirmación manifiesta de la hipótesis de Jung.

   -He estudiado alquimia durante quince años, pero no se lo dije nunca a nadie. No quería sugestionar ni a mis pacientes ni a mis colaboradores. Pero después de quince años de investigaciones y de observaciones, las conclusiones se impusieron con una fuerza ineluctable: las operaciones alquímicas eran reales, sólo que esa realidad no era física sino psicológica. La alquimia representa la proyección de un drama en términos de laboratorio que es a un tiempo cósmico y espiritual. El opus magnum tenía como finalidad tanto la liberación del alma humana como la curación del Cosmos. Lo que los alquimistas llamaban «materia» era en realidad el «sí mismo». El «alma del mundo», anima mundi, identificada por los alquimistas con el spiritus mercurius, estaba aprisionada en la materia. Por eso los alquimistas creían en la verdad de la materia: pues la materia era en efecto su propia vida psíquica. Se trataba de liberar esa materia, de «salvarla»; en una palabra, obtener la piedra filosofal, es decir, el «cuerpo glorioso», el corpus glorificationis. Pero ese trabajo es difícil y está sembrado de obstáculos: la «obra» alquímica es peligrosa. Ya en el inicio se encuentra al «Dragón», el espíritu ctónico, el «Diablo», o como lo llaman los alquimistas, el «Negro», la nigredo. Y ese encuentro produce sufrimiento. La «materia» sufre hasta la desaparición de la «negrura»; en términos psicológicos el alma se encuentra en las ansias de la melancolía luchando con la «Sombra». El misterio de la conjunción, misterio central de la alquimia, persigue justamente la síntesis de los opuestos, la asimilación del «Negro», la integración del Diablo. Para el cristiano «despierto» eso constituye un acontecimiento psíquico muy grave, pues es la confrontación con su «Sombra»: ésta representa la «negrura» (nigredo), lo que permanece separado, es decir, lo que jamás podrá ser totalmente integrado en la persona humana. Al interpretar la confrontación del cristiano con su «Sombra» en términos psicológicos, se descubre el miedo secreto de que el Diablo sea más fuerte, de que Cristo no haya logrado vencerle completamente. De otro modo, ¿por qué se ha creído, y se continúa creyendo, en el Anticristo? ¿Por qué se ha esperado, y se espera aún, la llegada del Anticristo? Pues sólo después del reino del Anticristo y después de la segunda venida de Cristo, el Mal será vencido definitivamente en el mundo y en el alma humana. Todos estos símbolos y creencias son solidarias en el plano psicológico: siempre hay que luchar contra el Mal, con Satán, y vencerle, esto es, asimilarlo, integrarlo en la conciencia. En el lenguaje alquímico la materia sufre hasta la desaparición de la nigredo, cuando la «aurora» es anunciada por la cauda pavonis y aparece un día nuevo, la leukosis, albedo. Pero en ese estado de «blancura» no se vive en el sentido propio del término. De algún modo, es una especie de estado ideal, abstracto; para vivificarle se necesita «sangre» y hay que obtener lo que los textos alquímicos llaman la rubedo, lo rojo de la Vida. Sólo la experiencia total del ser puede transformar ese estado «ideal» de la albedo en una existencia humana integral. Sólo la sangre puede reanimar una consciencia gloriosa en la que se ha disuelto el último rastro de la «negrura» en la que el Diablo ya no tiene una existencia autónoma sino que se incorpora a la unidad profunda de la psique. Entonces la «obra», el opus magnum de los alquimistas, ha sido realizada: el alma humana está perfectamente integrada...

    No voy a analizar aquí esta grandiosa reconstrucción de la alquimia emprendida por Jung. Baste con recordar que la integración del «Mal» constituye para él el gran problema de la consciencia moderna. Algunos le han reprochado su esfuerzo orientado a la Unidad Total, a costa de sacrificar las polaridades, la abolición de contradicciones, la integración de Satán. Pero Jung no pretende hacer ni teología ni filosofía de la religión. 

   -Yo soy un psicólogo. No me ocupo de lo que trasciende el contenido psicológico de la experiencia humana. Ni siquiera me planteo el problema de saber si es posible semejante trascendencia, pues en todos los casos lo transpsicológico ya no es asunto del psicólogo. Ahora bien, en el plano psicológico, me enfrento con experiencias religiosas que poseen una estructura y un simbolismo susceptibles de ser interpretados. Yo considero que la experiencia religiosa es real, es verdadera. Compruebo que semejantes experiencias pueden «salvar» el alma, pueden acelerar su integración e instaurar el equilibrio espiritual. Como psicólogo compruebo que el estado de gracia existe: es la perfecta serenidad del alma, el equilibrio creador, fuente de energía espiritual. Sin dejar de hablar como psicólogo, corroboro que la presencia de Dios se manifiesta en la estructura profunda de la psique como una coincidentia oppositorum. Y toda la historia de las religiones, todas las teologías están ahí para confirmar que la coincidentia oppositorum es una de las fórmulas más utilizadas y más arcaicas para expresar la realidad de Dios. Como decía Rudolf Otto, la experiencia religiosa es numinosa, y yo como psicólogo distingo esa experiencia de las otras por el hecho de que trasciende las categorías ordinarias de tiempo, espacio y causalidad. últimamente he estudiado mucho la sincronicidad (brevemente expresado: la «ruptura del tiempo») y he comprobado que está muy cerca de la experiencia numinosa: espacio, tiempo y causalidad están abolidos. No pretendo establecer ningún juicio de valor acerca de la experiencia religiosa. Compruebo que el conflicto interior es siempre fuente de crisis psicológicas profundas y peligrosas; tan peligrosas que pueden destruir la integridad humana. Psicológicamente, ese conflicto interior se manifiesta por medio de las mismas imágenes y por el mismo simbolismo atestiguados en todas las religiones del mundo y utilizados también por los alquimistas. De ese modo he llegado a ocuparme de la religión, de Yahvé, Satanás, Cristo, la Virgen. Comprendo muy bien que un creyente vea en esas imágenes algo diferente de lo que yo, como psicólogo, tengo el derecho de ver. La fe del creyente es una gran fuerza espiritual y es la garantía de su integridad psíquica. Pero yo soy médico: me ocupo de la curación de mis semejantes. Por desgracia, la fe y sólo ella ya no tiene el poder de curar a ciertos seres. El mundo moderno está desacralizado; por eso está en crisis. El hombre tiene que volver a descubrir una fuente más profunda de su propia vida espiritual. Pero para ello tiene la obligación de luchar contra el Mal, de enfrentarse con su «Sombra», de integrar al «Diablo». No hay otra salida. Por eso Yahvé, Job, Satanás, representan psicológicamente situaciones ejemplares: son como los paradigmas del eterno drama humano...

   En toda su obra, que es inmensa, Jung parece obsesionado con la reintegración de los opuestos. A su modo de ver, el hombre no puede alcanzar la unidad más que en la medida en que logra superar los conflictos que lo desgarran interiormente. La reintegración de los contrarios, la coincidencia oppositorum, es la piedra angular del sistema de Jung. Por eso mismo está interesado en las doctrinas y técnicas orientales. El taoísmo y el yoga le han revelado los medios utilizados por el asiático para transcender las múltiples polaridades y alcanzar la unidad espiritual. Pero este esfuerzo orientado a la unidad por la integración de los opuestos se encuentra también en Hegel aunque sea en un plano bien distinto. Uno se podría preguntar si no se debería llevar aún más lejos la comparación entre Hegel Jung. Hegel descubre la Historia y su gran esfuerzo tiene como fin la reconciliación del hombre con su propio destino histórico. Jung descubre el inconsciente colectivo, es decir, todo lo que precede a la historia personal del ser humano, y se dedica a descifrar las estructuras y la «dialéctica» con intención de facilitar la reconciliación del hombre con la parte inconsciente de su vida psíquica y conducirle a la reintegración de su personalidad. A diferencia de Freud, Jung tiene en cuenta la Historia: los arquetipos, estructuras del inconsciente colectivo, están cargados de «historia». Ya no se trata, como en Freud, de una espontaneidad «natural» del inconsciente de cada individuo, sino de una inmensa cantera de «recuerdos históricos»: la memoria colectiva donde en su esencia sobrevive la Historia de toda la humanidad. Jung cree que el hombre debería aprovechar más esa cantera: su método analítico está dirigido justamente a elaborar los medios para utilizarla.

   -El inconsciente colectivo es más peligroso que la dinamita, pero existen medios para manejarlo sin demasiados riesgos. Cuando se desencadena una crisis psíquica, se está mejor situado que cualquier otro para resolverla. Se tienen sueños y «sueños de vigilia»: hay que esforzarse por observarlos. Se podría decir que cada sueño lleva a su manera un mensaje: no sólo te dice que algo no funciona en tu ser profundo, sino que además te proporciona también la solución para salir de la crisis. Pues el inconsciente colectivo, que te envía estos sueños, posee ya la solución. En efecto, nada se ha perdido de toda la experiencia inmemorial de la humanidad. Todas las situaciones imaginables y todas las soluciones posibles parecen estar previstas por el inconsciente colectivo. No tienes más que observar con sumo cuidado el «mensaje» transmitido por el inconsciente y «descifrarlo». El análisis ayuda a leer correctamente esos mensajes...

   Jung concede una importancia capital a la interpretación de los sueños, esa mitología camuflada en el hombre moderno. No deja de ser interesante recordar que el surrealismo, que representa el esfuerzo más sistemático de renovación de la experiencia poética contemporánea, había aceptado la realidad onírica. 0 mejor aún: el surrealismo ha perseguido, entre otras cosas, la integración del estado de sueño para conseguir la «situación total», más allá de la dualidad consciencia-inconsciencia. Por mucho que los freudianos le hayan acusado de ser más «teórico» que práctico, Jung no ha querido abandonar la perspectiva del psicólogo para proponernos una filosofía basada en la dialéctica de la coincidencia oppositorum. Pero es permisible esperar que sus discípulos retomen y prolonguen un día sus esfuerzos por precisar las relaciones entre la experiencia consciente del individuo y la «Historia» conservada en el inconsciente colectivo. Los sueños representan para Jung un lenguaje coherente y, tanto más rico aún por cuanto está libre de las leyes del tiempo y de la causalidad. Fue a consecuencia de sus sueños, que vanamente había tratado de interpretar en términos del psicoanálisis freudiano, cuando Jung llegó a suponer la existencia del inconsciente colectivo. Eso tuvo lugar en 1909. Dos años más tarde, Jung empezaba a darse cuenta de la importancia de su descubrimiento. Finalmente, en 1914, siempre a consecuencia de una serie de sueños y de «sueños de vigilia», comprende que las manifestaciones del inconsciente colectivo son en parte independientes de las leyes del tiempo y de la causalidad. Como el profesor Jung ha tenido a bien autorizarnos a hablar de esos sueños y de esos «sueños de vigilia», que han desempeñado un papel capital en su carrera científica, ofrezco seguidamente un resumen:
   En octubre de 1913, encontrándose en el tren que le llevaba de Zúrich a Schaffhausen, le sucedió este extraño hecho: una vez en el túnel, pierde la conciencia de tiempo y de lugar, y despierta al cabo de una hora oyendo anunciar al conductor la llegada a Schaffhausen. Durante todo ese tiempo fue víctima de una alucinación, de un «sueño de vigilia»: veía el mapa de Europa y veía cómo el mar la iba cubriendo país por país empezando por Francia y Alemania. Poco tiempo después, todo el continente se encontraba bajo el agua, a excepción de Suiza, que era como una montaña muy alta que las olas no podían sumergir. Jung se veía sentado sobre la montaña. Y, al mirar mejor alrededor de él, se dio cuenta de que el mar era sangre: comenzó a distinguir sobre las olas los cadáveres, los tejados de las casas, vigas medio quemadas...

   Tres meses más tarde, en diciembre de 1913, se repite el mismo «sueño de vigilia» a la entrada del mismo túnel. («Era como una inmersión en el inconsciente colectivo», comprendería más tarde.) El joven psiquiatra se preocupa. Se pregunta si no estará «haciendo una esquizofrenia» (según el lenguaje de la época). Finalmente, algunos meses más tarde, sueña lo siguiente: se encuentra con un amigo durante el verano en los mares del sur, cerca de Sumatra. Por los periódicos se enteran de que Europa ha sido invadida por una ola de frío terrible como jamás antes se había conocido. Jung decide partir a Batavia y embarcarse para regresar a Europa. Su amigo le dice que viajará en un velero de Sumatra hasta Hadramaout y que luego continuará su camino por Arabia y Turquía. Jung llega a Suiza. Sólo ve nieve. Una viña inmensa se eleva en algún lugar con muchos racimos. Se acerca y se pone a coger racimos distribuyéndolos entre desconocidos que le rodean pero que no puede ver...

   -A su tercera repetición, el sueño llegó a inquietarme en el más alto grado. Justamente preparaba una comunicación sobre la esquizofrenia para el congreso de Aberdeen y me decía: «¡Hablaré de mí mismo! Probablemente me volveré loco después de la lectura de la comunicación ... ». El congreso tenía lugar en julio de 1914: exactamente en el período en que en mis tres sueños me veía en los mares del sur. El 31 de julio, inmediatamente después de mi conferencia, me enteré por los diarios de que la guerra acababa de estallar. ¡Por fin comprendía! Y cuando al día siguiente el barco me dejó en Holanda, no había nadie más feliz que yo. Ahora estoy seguro de que no me amenazaba ninguna esquizofrenia. Había comprendido que mis sueños y visiones procedían del subsuelo del inconsciente colectivo. Sólo tenía que trabajar para profundizar y dar validez a este descubrimiento. Y es a lo que me dedico desde hace casi cuarenta años...

Poco tiempo después Jung tuvo la alegría de recibir una segunda confirmación a su sueño. Los diarios no tardaron en hablar de las aventuras del capitán de barco alemán Von Mücke, que en un velero había recorrido los mares del sur desde Sumatra hasta Hadramaout y después se había refugiado en Arabia para alcanzar desde allí Turquía...

Extracto de El Vuelo Mágico, por Mircea Eliade. Disponible completo en la edición en castellano publicada por la editorial Siruela.
1ª Edición: "Rencontre avec Jung", en Combat, 9 de octubre de 1952 



miércoles, 9 de abril de 2014

SOBRE LA PERSONALIDAD PARANOICA


INTRODUCCIÓN



Hacía tiempo que tenía pensado escribir unas líneas sobre el trastorno delirante y la personalidad paranoica. Me gustaría comenzar diciendo que el término paranoia deriva del griego para-nous y se podría traducir como "pensamiento paralelo" o "espíritu no centrado", como lo hace J. Vallejo Ruiloba (2003). Si bien el término proviene de Hipócrates, para referirse a un estado que implicaba un deterioro mental extremo o generalizado, hoy en día no se corresponde con lo que en la psiquiatría y la psicología clínica se entiende por trastorno delirante o paranoia.

Quizá sea Buñuel quien mejor haya escenificado este trastorno, personificándolo en el protagonista de su película "El", que, por cierto, manifestaba en gran medida la personalidad del propio L. Buñuel.

Pero, en un contexto clínico, el primero en realizar una descripción de la paranoia como un cuadro delirante crónico, que cursa sin alucinaciones, ni deterioro mental, fue Kraepelin, quien la definió como un "desarrollo insidioso, bajo la dependencia de causas internas y según una evolución continua, de un sistema delirante duradero e imposible de sacudir, y que se instaura con una conservación completa de la claridad y del orden en el pensamiento, el querer y la acción."  Para Kraepelin, la paranoia era un caso de psicosis endógena, interpretación que tanto Eugene Bleuler, como la escuela suiza defendieron, y Freud aportó elementos importantes también en esta línea.  





Tal vez la mayor discrepancia haya surgido al considerar la paranoia como una entidad independiente o como un subtipo de esquizofrenia. Por su parte, el DSM IV, exceptuando los trastornos inducidos por sustancias y por enfermedades médicas, incluye el trastorno delirante, el trastorno psicótico breve y el trastorno psicótico compartido. 

Hecha esta breve introducción voy a realizar una descripción de  los rasgos que caracterizan a una personalidad paranoica, para después referirme a las características clínicas del delirio paranoico. 


PERSONALIDAD PARANOICA



Los rasgos que caracterizan a este tipo de personalidad paranoica son muy típicos, de fácil detección y observación, siendo los más significativos los siguientes:


·     Suspicacia: Se trata de una actitud bien detectable en estos sujetos y se caracteriza por su permanente desconfianza que, en ocasiones, oculta mediante la apariencia de lo contrario. Tienen una exagerada creencia en las posibilidades agresivas y conspiradoras del prójimo, proyectando su propia agresividad y capacidad para conspirar en los demás. Se sienten aludidos y provocados con mucha facilidad, presentando una actitud distante en sus relaciones interpersonales o sociales que exterioriza de dos maneras: 1. Mediante una cortesía y gentileza desmesuradas, mezcladas con una reticencia de fondo. 2. Una agresividad manifiesta, bien directamente, bien disfrazada a través de proyecciones en los demás. 

·    Autoritarismo y rigidez: Los individuos con personalidad paranoica son extremadamente autoritarios, por lo que toleran muy mal que se les contradiga. Demuestran una incapacidad de hacer autocrítica a su sistema de valores, puesto que están convencidos de que están en posesión de la verdad absoluta. Por lo tanto están cerrados sobre sí mismos y nunca se abren a la realidad y a los problemas de los demás.  Esta es una constante en todas sus relaciones familiares, en las que el paranoico se muestra severo y estricto, asumiendo en ocasiones la actitud de un Juez Universal objetivo e imparcial. Su convicción de estar en posesión de la Verdad es inherente a todas sus manifestaciones, mientras que es incapaz de apreciar los puntos de vista y las verdades de los demás. Precisamente por esta actitud autocrática, a menudo los que están bajo su influencia se hallan atemorizados y cansados de la situación ante la que les mantiene. 


·   Hipertrofia del yo e identificación con la máscara social: Se trata de individuos egocéntricos y ególatras, enamorados de sí mismos (rasgos narcisistas), con una elevada valoración, exagerada y reiterada, de sus logros, aciertos y virtudes, lo que redunda en acentuar su narcisismo, dado que sus palabras y sus acciones son siempre los mejores. Una actitud que retroalimenta su orgullo. Con frecuencia, los paranoicos pretenden haber sido objeto de halago, ayuda o reconocimiento por alguna autoridad o por una persona muy especial (normalmente que les ha servido de espejo de lo que ellos han querido escuchar y ver), afirmando que aquel fue un momento muy importante para sus vidas, porque desde ahí su situación personal mejoró radicalmente. Y, por supuesto, invitan, de un modo sutil o grotesco, a que el sujeto que les ayudó les siga ayudando, y para que todos los que permanecen bajo su influencia conculquen con su pensamiento delirante. Su necesidad de grandiosidad suele ser molesta para los demás, al tiempo que convierten al paranoico en el blanco de aduladores. Es habitual que el sujeto se identifique con el rol social que desempeña en la sociedad, sobre todo si es muy narcisista, (Ej.: Él es el mejor empresario, el padre ejemplar, el esposo modélico, etc.), lleve una vida instintiva ascética y sea totalmente refractario a considerar sus posibles errores y elementos incompatibles con la máscara social que se ha forjado.


·  Sistema mental cerrado: Mantienen un sistema cerrado de pensamientos, afectos  y creencias. Toda percepción, recuerdo o representación vital van a tejerse dentro de este sistema cerrado, y solo permitirá que se añadan nuevas percepciones, recuerdos o representaciones que mantengan el sistema, pero nunca que se modifique. La interpretación de los hechos y circunstancias se hace siempre a su manera, o sea, de acuerdo al sistema cerrado que se ha formado. Así, el paranoico utiliza los argumentos lógicos relacionados con sus convicciones paranoicas mediante un racionalismo mórbido, excluyendo todo aquello que pueda ser distinto o que le suponga una crítica a él o para él (argumentos que denominará peligrosos y contrarios a los "hechos y circunstancias acaecidas"). Sus criterios se asientan sobre prejuicios, inaccesibles e irreductibles a la reflexión racional, y son esos prejuicios los que les sirven para justificar a través de racionalizaciones todas sus conductas. Con mucha facilidad cree que los demás compiten con él, incluso los más cercanos, por lo que se siente justificado para aislarse y esconder sus hallazgos de los que considera sus adversarios.


·   Unilateralidad de criterios y perspectiva polarizada: El paranoico presenta una perspectiva polarizada que se manifiesta en la emisión de  juicios de valor y en la interpretación unilateral de la realidad. Así, por ejemplo, el sujeto tiende a encasillar a las personas en "los que están conmigo" y "los que están contra mí", en "los buenos" y en "los malos", y le resulta imposible adquirir una posición equilibrada o neutral. Lo que parece una expresión de una "guerra" interior entre la estructura consciente paranoica que ha ido construyendo y los elementos inconscientes  reprimidos que pugnan por salir a la superficie para ser reconocidos. 

   Actitud querulante. Aunque no es privativa de los paranoicos, puesto que también la muestran las personas con personalidades inmaduras, como las personas con TLP, es muy común que estén siempre metidos en pleitos. Al creerse en posesión de la verdad absoluta, asumiendo una actitud de juez universal, estará en permante conflicto con todo aquel que no comulgue con su punto de vista.


·    Mecanismos de defensa: Los mecanismos de defensa más significativos en los paranoicos son: La negación, la proyección y la formación reactiva. La negación de la realidad es la primera defensa significativa, muy clara cuando existen ideas delirantes. El paranoico cegado por su propia actitud pasional es incapaz de aceptar la realidad y la niega tanto a sí mismo, como a los demás. Así, evita toda confrontación con aquellos aspectos de su personalidad que le resultan dolorosos, contradictorios o desagradables, por lo que dicha confrontación le resulta inaceptable. Cuando algún hecho rebasa este mecanismo, se puede producir una situación de catástrofe que puede llegar a terminar en el suicidio. Desde un punto de vista junguiano, el yo consciente no puede aceptar los aspectos sombríos de la personalidad y, en lugar de que se produzca una muerte y un renacimiento simbólicos, o sea, un cambio de actitud (para lo que se requiere una flexibilidad de la consciencia capaz de aceptar los elementos más turbios del sujeto), el individuo real-iza dicho cambio (en la realidad manifiesta). Una situación propicia para que se produzca esta fractura o catástrofe es la pérdida de seres con los que mantiene un vínculo afectivo: su esposa, sus hijos, o ambos. Cuando esto sucede, puede aparecer otro mecanismo muy típico del paranoico: la proyección. Para evitar la confrontación con los aspectos no reconocidos de su personalidad, y de los hechos motivados por ellos, el paranoico culpa a los demás de todas sus desgracias.
    Por último, la formación reactiva la utiliza la personalidad paranoica para defender su conciencia de sus instintos criminales y/o violentos, así como de su desprecio y desaprobación del criterio ajeno. Así, aparentará ser honrado y amable, incluso sumiso, como medio para controlar y manipular a los demás; mas, cuando esta estrategia no le funciona, y se le rebate, se transforma en todo lo contrario, expresando su verdadero rostro. 


El paranoico, como sucede con el narcisista, suele encontrar como complemento "idóneo para él" a una personalidad dependiente, que pueda manipular y controlar a su antojo. No es extraño encontrar una situación de folie a deux, es decir, de delirio compartido entre las personas paranoicas que mantienen una relación sentimental, matrimonial o familiar. Lo tremendamente contagiosa que una idea delirante puede llegar a ser implica que las posibilidades son numerosas y variadas, distinguiéndose tres tipos de infecciones posibles: 


·         Infección simultánea: Cuando el trastorno surge al mismo tiempo en dos personas que conviven y presentan igual predisposición

·         Infección impuesta: El trastorno surge primero en uno de los miembros y este contagia al sano; cuando se separa el sano del trastornado la sintomatología desaparece.
 ·         Infección comunicada: El sujeto inductor transmite el trastorno al receptor y en éste se desarrolla posteriormente de un modo autónomo, y no se interrumpe con la separación del inductor.



DELIRIO PARANOICO


Los rasgos de una personalidad paranoica descritos no siempre determinan que se produzca un delirio paranoico. Sin embargo, parece que es frecuente que los delirios paranoicos se asienten sobre personalidades paranoicas. 


El delirio surge a partir de una tensión afectiva o conflicto psicoafectivo. En las reacciones paranoides, de hecho, existe algún evento precipitante, aunque las causas del delirio en la paranoia aún no están determinadas con claridad.


 Según McKinnon y Michles (1973) hay dos clases de tensiones precipitantes:


 1. Pérdida real, imaginada o temida de objetos de afecto. Y está bien dicho, porque para el paranoico las personas son objetos, dado que es incapaz de considerar al sujeto como entidad autónoma, con sus propios deseos, inquietudes, puntos de vista y destino. Ejemplos de esta clase son: la pérdida de un negocio o trabajo, separación o fracaso matrimonial, pérdida de un pleito, etc.

2. Situaciones que obligan al individuo a someterse pasivamente a una situación sobrevenida real o imaginaria. Por ejemplo, una situación laboral que exige al sujeto la adopción de un papel pasivo de sumisión. 


Por su parte, Cameron (1966) sugiere siete situaciones que favorecen el desarrollo de trastornos paranoides en personalidades predispuestas: 


1.       Situaciones que aumentan la sospecha y la desconfianza

2.       Aislamiento social

3.       Situaciones que promueven la envidia  y los celos

4.       Situaciones que disminuyen la autoestima

5.       Situaciones que llevan al sujeto a ver los defectos en los demás

6.       Situaciones que incrementan las cavilaciones sobre posibles significados y motivaciones (de los demás y de sí mismo)

7.       Expectativas de recibir tratamiento de tipo sádico


Cuando estos factores situacionales rebasan el umbral de tolerancia del paciente, se instaura el delirio, que empezará por una etapa de retiro del individuo de su mundo habitual de relación y en la que se registra un notable grado de ansiedad. Después se produce una cristalización preliminar del delirio; luego una cristalización definitiva, en la que el paranoico crea una "pseudocomunidad paranoide" a la que considera que está en contra de él, atribuyéndoles todo tipo de intenciones, motivos y estrategias de conspiración contra él.


Su inicio suele ser progresivo e insidioso y se basa en una interpretación delirante. La convicción del paranoico es desbordada y todo se reviste de significantes que irán incluyéndose progresivamente en su delirio. Es decir, el paciente tiñe la realidad objetiva con su subjetividad distorsionada. Por supuesto, el delirio se presenta por el sujeto como algo lógico, porque parte de hechos y situaciones reales, pero la nota delirante hace que justifique su relato a través de racionalizaciones. De hecho, cuanto más inteligente sea el sujeto más intrincado y elaborado será su relato en torno al delirio.


La aparente lógica irrefutable propia del delirio hace que sea sumamente contagioso, como ya hemos dicho, y que muchas personas se vean envueltas en sus argumentos delirantes, siendo muy frecuente que se les dé credibilidad por su aparente verosimilitud. Además, al presentarse como un delirio sistematizado, que parte de ideas fijas y estables, organizado en un sistema cerrado bien construido, que se enriquece con nuevas y peregrinas interpretaciones, puede extenderse por contigüidad, continuidad y semejanza a familiares, personas ajenas e incluso a grupos sociales. En el arte cinematográfico, uno de los ejemplos más claros y didácticos tal vez sea la película de Luis Buñuel, titulada "Él", a la que aludíamos en la introducción. 

El funcionamiento interno de muchas sectas es muy semejante al de un delirio compartido, pues se retroalimenta a través de las ideas delirantes de un falso gurú que mantiene su posición jerárquica y autoritaria mediante la despersonalización de sus integrantes, quienes le adoran y obedecen ciegamente




Bibliografía

1.       Caballo, V. E., Buela-Casal, G., Carrobles, J. A. (1995) Manual de psicopatología y trastornos psiquiátricos. Madrid: Siglo XXI de España Editores.
2.       Vallejo Ruiloba, J. (2003) Introducción a la psicopatología y a la psiquiatría. Barcelona: Masón.